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lunes, 7 de diciembre de 2015

Torre de Babel.

Llevo toda la noche caminando, todo a mi paso se emborrona y se convierte en una realidad incierta, en algo que tal vez no exista. Que puede ser un simple espejismo de mi realidad atormentada. Me encamino hacia algún futuro que desconozco, hacia algún punto de mi historia que aún no he escrito. Porque estoy demasiado lejos del principio de este viaje, porque he pasado por mucho para llegar hasta aquí, porque no me queda demasiado que hacer tan lejos de casa.
Bajo la última colina del camino, con las manos agarrotadas por el frío, con el corazón acelerado por el cansancio. Miro al frente, con los ojos empapados en lágrimas y veo ante mí aquella ciudad olvidad, aquellas torres de cristal impolutas que brillan recortando el cielo con sus aristas, ese suelo verde moteado en múltiples zonas por flores de muchos colores, aquel cielo lleno de luces que se desdibujan en contraste con el cristal.
Me siento en el suelo mirando aquellas luces y los pájaros piar. Por fin en casa. Por fin lejos de todas aquellas voces desordenadas que no quisiera volverme a encontrar, por fin en mi gélido mundo, donde todo lo que hay soy yo y mis sueños. Y me quedo en silencio un momento, dejando a las lágrimas acudir suavemente a mis ojos, con una inquietante calma, con un silencio impasible que me devora por dentro suavemente. Aquí tumbada, sin decir nada, dejando que todo lo que tenía se desmorone y me devore. Y es entonces cuando otros acuden a mi encuentro y me quedo quieta, dejando que todo pase, que la tormenta se consuma en sí misma y me permita seguir adelante sin pensar en nada más que en mí misma, que es lo que ahora mismo me importa, estar bien para acabar bien esta historia.

martes, 1 de diciembre de 2015

Heridas a Bocajarro.

Me siento en el sofá del salón, con la mirada perdida en algún punto de la pared, sin saber qué decir, ni qué pensar. Ni siquiera sé si estoy respirando ahora, todo lo que hago es mirar crepitar el fuego con la ferocidad de las llamas devorando ávidas las maderas que hay en su interior. Hace calor en casa, pero yo nunca había sentido tanto frío, jamás, solo siento frío y miedo. De pronto despierto de mi shock y estallo en lágrimas, sin poder evitarlo, simplemente me pongo a llorar y noto el nudo infinito de mi garganta. Esa angustia que viene desde lo más profundo de mi garganta y me hace estallar, me hace no querer estar allí.
Ahora sangro estas letras sobre un teclado que no me va a dar más respuesta que la que yo tengo, no me va a decir más que aquello que yo escribo, pero sosiega mis latidos agobiantes que consumen mi respiración y mi vida poco a poco. Sosiega el ritmo de mi respiración hasta ahora contenida, calma mis pensamientos acelerados que ya ha estallado como he estallado yo. Me siento en el suelo, no tengo muy claro cómo cojones llego hasta allí, pero llego. Y cojo mis rodillas en un intento por mantener un calor que se ha escapado de mí, por mantener una calma que ya no existe. Todo mi mundo reducido a cenizas, todo lo que tenía hecho, roto en mil pedazos que nunca podré reconstruir, que jamás volverán a ser lo mismo que fueron.
De nuevo tener que aprender a vivir, de nuevo tener que volver a aprender a seguir adelante con una nueva herida abierta mientras me desangro un poco más, sintiendo que todo lo que tengo se hace pedazos a mi paso. De nuevo aprender a respirar, de nuevo aprender... Con los latidos alborotados de mi corazón que me piden que sea fuerte, que me piden que siga adelante, y lo soy. Y sigo adelante. Pero duele y eso no es algo que nadie pueda arreglar, simplemente la herida sigue ahí, hay que esperar a que cure.

domingo, 22 de noviembre de 2015

Manada.

Llevas mucho caminando, ya se hace duro seguir el camino lleno de baches, ya no te quedan fuerzas en el amasijo de vísceras en que te has convertido. Solo queda miedo, debilidad y prejuicios. Siempre sobre ti, sobre tu debilidad y sobre todas esas carencias caladas de miedo y trampas. De vísceras y sangre, de cerebro y corazón. Te encuentras, aquí parada, como tantas otras veces, notando tu alma silenciosa, inquieta, parada. Notándote agarrotada, en un momento en que poco más nos queda aquí, poco más nos queda por vivir en esta vida profana, maldita, desdichada... Con voz apagada te diriges al mundo, con tus ojos resplandecientes empañados en duda y en todo ese miedo, y es entonces cuando te ves, a ti mismo, reflejado en cada error, y es entonces cuando ves en ti todo lo que podrías hacer y no hiciste, todo el camino que se borra cuando lo emprendes dudando y sufriendo, cuando inicias tu vida cuestionándote la misma. Y es entonces cuando nada importa, y es entonces cuando todo lo que tienes vale exactamente lo que eres: Un amasijo de vísceras y sangre que mancha el mundo a cada paso, con una falsa sonrisa en los labios.
Y otra vez te paras, miras tus errores, todas aquellas veces que te has dado cuenta de que la has cagado, y lo sabes bien, la has cagado muchísimo. Nada volverá a ser lo mismo después de esas palabras que han salido de tus labios, sin decir lo que realmente pensabas, diciendo únicamente lo que tu corazón dolido piensa que es mejor. Y no lo es, sabes que no lo es y eso lo convierte en un error aún más grave. Y en ese momento notas dos manos en tu hombro, de esas dos personas que marcan tus latidos con sus susurros en tu oído, y te das cuenta de que nada importará más a partir de ahora, que tu errores han quedado perdonados hace tiempo y ya no duelen. Ya no tienes ese peso sobre tus hombros, ya no queda más miedo en ninguna parte de ti. Y la ves a ella, tu mujer de verde, abrazándote por la espalda y besándote la mejilla; a él, tu humano, besándote lo labios; a ese otro lobo, mirándote a los ojos mientras te acaricia la mejilla y te levanta en volandas. Y ese ciervo y su joven ario con los que hay mucha historia por delante que contar y que te hacen reír con cualquier chorrada, mi familia, los que yo he elegido y que me hacen feliz. Todos aquellos que han estado ahí en mis errores y en mis victorias, que me han secado las lágrimas y que me han dicho que la he cagado y que he sido muy dura con alguien. Y tenía razón, normalmente siempre la tienen. Te sientas en el suelo, con ellos contigo, y te da cuenta que si es con ellos, la vida vale muchísimo más que cuando estabas sola. Queda mucho camino por delante, pero merecerá la pena si lo recorro con ellos.

lunes, 16 de noviembre de 2015

Luna de Lágrimas.

Oigo voces fuera de mi habitación, es noche sin luna, así que la calle ha quedado terriblemente oscura. Solo las estrellas la iluminan, es lo que tiene que todo se desatara y se llevara consigo la electricidad. Abro los ojos en la oscuridad de mi cuarto, mi oído se centra más en las voces de fuera y mis músculos se relajan: Son Noir y Zephyr. Cuando me quiero dar cuenta, veo por completo la habitación, a pesar de estar a oscuras, la magia hace maravillas. Me pongo mi bata y salgo al pasillo, donde me los encuentro discutiendo a regañadientes, lo más bajo que pueden, pero ambos se dan cuenta de que no es suficiente.
-Sabes que necesita descansar, Noir, no está sana.- Dice Zephyr en un tono lo más calmado posible.
-Y tú sabes que si no salimos de aquí pronto, ninguno estará sano me temo. Puede descansar en la siguiente parada.- Dice el lupino con aire airado, deben de estar cerca.
-Bueno, nenes, ya vale de discutir. Sois como críos. Es mi misión y mi vida, quién no quiera seguirme que no lo haga. Pero aquí mando yo. Y saldremos en cuanto coma algo, me muero de hambre.- Digo pasando entre ellos con una sonrisa pícara que me es devuelta por ambos y me siguen detrás observando mis caderas contonearse. Vaya dos, si es que son más simples que el mecanismo de un chupete, seguro que ya ni recuerdan de lo que discutían hace a penas un minuto. Suspiro pensando que me es demasiado fácil salirme con la mía desde que tengo mis ojos hipnóticos, aunque en cuanto despierten de la hipnosis... Se enfadarán, Noir más que Zephyr. Él ya está acostumbrado a queme salga con la mía.
Llegamos a la cocina y me preparo un emparedado, huelo la sangre antes de que abran la puerta incluso, huelo las vísceras que manchan sus manos y sus ropas, huelo su sudor mezclado en las heridas purulentas que marcan su cuerpo. Simplemente me siento.
Abre la puerta y entra en la cocina al tiempo que Noir y Zehyr se ponen ante mí en forma de defensa, yo solo miro los ingredientes de mi emparedado mientras lo hago con calma.
-Hola Jinete, ¿Cómo tú por aquí?- Le digo con calma a mi viejo... ¿Amigo?
-Te buscan, Eire, deberías tener más cuidado con tus escondites, es demasiado fácil entrar.- Me dice tomando asiento frente a mí en el sillón.
-Lo sé, este par no me dejó proteger la casa porque saldremos tras mi almuerzo, no nos quedaremos mucho, estamos cerca de la Catedral.- Digo mirándolo por fin mientras pongo en un plato mi bocadillo.
-Bueno, pero ya sabes que la seguridad es lo primero, no queremos que Gabriel abra Pandora y solo te necesita a ti para ello. Lo sabes.- Me dice con sus ojos vacíos machados de imágenes que no me gustaría tener que volver a ver. Pero es una habilidad de este ser, te enseña tus peores recuerdos.
-Tranquilidad todo el mundo, por dios, que huelo lo que se acerca antes de que se acerque demasiado... Aunque sé que eso no te servirá de mucho, ¿no?- Le digo mientras muerdo mi comida.-Deberíais comer vosotros también, el camino es largo, quedan 10 kilómetros.- Les digo a los tres sin apenas mirarlos. Queda bastante camino, pero lo importante es llegar antes de que lo hagan ellos.

viernes, 6 de noviembre de 2015

Tres de Tréboles.

Titilan las luces de mi habitación, es noche cerrada, si se funden nada iluminará la estancia para poder cambiar la bombilla... Pero no me importa, me tumbo mirando mi techo abuhardillado, embobada en los tablones del techo, pensando en... Nada. Mi mente simplemente sigue rodando mientras yo no pienso en nada. Simplemente estoy ahí, tumbada, quieta.
Salta encima mío, con su habitual elegancia, me trepa y se tumba sobre mí, ronroneando, soy terriblemente cómoda para ella. Así nos quedamos hasta que amanece, ella durmiendo y yo mirando el techo, otra jodida noche de insomnio de las que pensaba que no quedaban, de esas en las que el sueño no acude a mí, simplemente no puedo cerrar los ojos y dejarme llevar por la calma, simplemente mi mente sigue despierta mientras solo quiero abandonarme y dejarme llevar, mientras solo quiero descansar de una vez.
Suena mi despertador y yo no he dormido, mi gata se despierta al escuchar el sonido de mi móvil y se despereza aún tumbada sobre mí. Me siento agarrotada, toda la noche en la misma postura sin dormir. Así que me levanto con cuidado de la cama, estirándome suavemente para no hacerme daño, moviendo mis músculos con suavidad.
Estoy agotada. No tengo energía para nada y simplemente me toca hacerlo todo, no puedo quedarme en la cama, otra vez no. No puedo dejar que la tormenta me vuelva a arrastrar tan lejos que luego no encuentre la playa dentro de tanta tempestad... No puedo dejarme vencer de nuevo.
Me visto, me arreglo y salgo a la vida. Me dispongo a seguir adelante, a luchar un día más, mientras mi cuerpo me suplica que me quede en la cama, que vuelva a ceder al agotamiento, que vuelva a perder. Pero a mi nadie me gana.

viernes, 23 de octubre de 2015

Sexta Salida.

A veces me quedo un largo rato mirando mi teclado, pensando qué puedo escribir, cómo debo decir las cosas para que queden como quiero. Entonces alguna frase acude a mi consciencia y revoluciona mi mente con ideas dormidas, con esperanzas nuevas, con palabras prohibidas y sonatas silenciosas. Entonces me callo, miro el teclado y simplemente dejo pasear a mis dedos por encima, haciendo de ellos la extensión de mi alma que pide hablar, que pide expresar su dolor y su esperanza. Porque no me queda mucho más, ha llegado un punto en el que estoy formada únicamente de un amasijo de carne atada a unos sentimientos que se mezclan en mis sueños y dan sentido a lo que hago. Dan sentido a mis errores. Dan sentido a mis triunfos. Dan sentido a todo, y aquí es dónde siempre me encuentro, con tantas imágenes perdidas en mi mente que no sé por cuál empezar... Aquella primera lágrima que surco mi mejilla en busca de una calma que en mí no iba a hallar, todas esas noches atada a un corazón destrozado en mil pedazos que solo buscaba la manera de seguir latiendo... Y aquella vez, la peor noche de mi vida, todas las cosas que pensé en aquel momento que me hicieron cambiar de algo dormido a una bestia despertada que estaba cansada de dejarse llevar. Recuerdo como me sentí, todo ese frío que recorrió mi cuerpo y transformó mi mente para hacerla más fuerte, para hacerla poder con aquello, para hacerla seguir luchando. Y aquí sigo. Nada de aquello fue en vano, porque no ha habido día después de aquel que no haya seguido por mi camino, el que yo quiero seguir, el que yo he decidido con esa decisión.
Pero ahora vuelves a verlo todo oscuro, vuelve a superarte todo, vuelves a sentirte como si una avalancha de nieve hubiera caído sobre tu cabeza y estuvieras despierto pensando en como salir de ahí, antes de que el frío congele tu cuerpo y no te quede nada para seguir luchando, antes de que rendirte te parezca la opción más adecuada y que todo lo vivido no ha merecido la pena que te ha causado.

miércoles, 21 de octubre de 2015

Cuarto Creciente.

Hoy me he levantado con ganas de seguir escribiendo, con ganas de gritarle al mundo lo que pienso, de defender en mis letras todo por lo que he luchado en mi vida. Todo lo que tengo, que no es poco. Así que me he puesto de nuevo, boli en mano, y he garabateado muchas palabras sin sentido, muchas cosas carentes de matices que después habría que maquillar para que puedan ser leídas, muchas ideas confusas buscando una recóndita razón. Unas, sueños confusos de noches oscuras y cálidas mantas, otras, pesadillas de frío y miedo, de sangre y suciedad sobre mi piel. Y me he leído a mí misma en esas letras, me he encontrado agazapada en aquella exclamación que se atropella después de decirme que no valgo, después de hundirme, ese aliento que me devuelve al campo.
Pues no hay sonido más ensordecedor que el silencio de los labios que callan una verdad, ni una mirada más triste que aquella a la que ya se le han secado las lágrimas. Que no hay camino más duro que el que tememos transitar, porque nos carga a la espalda más equipaje del que solemos llevar, nos carga con esas preguntas que luego nos dan más miedo. Sobretodo tememos el qué vamos a responder a ellas, normalmente no sabemos qué responder. Miro mi reloj y me percato de que llevo mucho tiempo escribiendo sin darme cuenta, mucho silencio en mis letras. Y me paro, mirando un folio en blanco, que se supone que contiene todos mis pensamientos... Y contiene mil cosas que me asustan, mil miradas que me tientan y mil puñales que me matan. Contienen más pesadillas que sueños, contienen más miedo y más armas de lo que me gustaría que expresara mi alma. Y me encuentro mirando sin mirar y leyendo sin leer, pensando en como he llegado hasta este punto de mi historia dónde los recuerdos pesan tanto y queda tanto de ellos que no sé qué hacer. Porque no los quiero. Porque he pasado página y de aquella que fui no quedan más que trazos en un folio sucio. Grietas en un rostro al que le sobran las penas y le faltan más sonrisas.
Y algún día haré caso a estas cosas que escribo, algún día seré yo quién me lea y diga: Tengo razón, esta sonrisa tiene que ser más fuerte que las lágrimas.

Cuarto Menguante.

Suenan las horas inquietas,
chocando estridentes contra la acera,
cayendo al vacío del olvido,
olvidándose de lo que quisieron ser ellas.

Martillean en mi mente
todas las horas cadentes
de colores, de vida, de gentes...
Dentro de esta historia llena
de silencio y de notas,
de ruidos y de estrofas,
de llantos y suspiros,
de sonrisas y de olvidos.

Cansada caminas hacia
algún lugar que desconoces,
hacia el frío y hacia la nada.
Esperando encontrar algo.
Y una cálida cama.

sábado, 17 de octubre de 2015

Luna de Sangre.

Miro a mi reloj, las tres de la tarde, ¿Dónde está? Comienzo a impacientarme... Quiero Acabar con esto cuanto antes, me carcome por dentro mientras miro algún punto en la lejanía. De pronto su olor inunda mis fosas nasales, sé que está cerca, huele a perro mojado, a pelaje húmedo por la lluvia que lleva cayendo desde bien entrada la mañana. Se acerca por mi espalda, pasando su mano por mi cadera y abrazándome, se siente tan cálido su tacto... Es tan reconfortante... De pronto todo a mi alrededor se seca, ya no hay frío, todo parece más... Humano y menos caos. Pero pronto abro los ojos y miro esa ciudad devastada por las hordas de seres imposibles... Aunque yo soy uno de ellos y protejo todo esto, yo no soy como los demás, nunca lo he sido. Nunca he encajado ni en un bando, ni en el otro.
Ahora todo esta cubierto de cenizas, las calles teñidas de gris, rojo y negro, el silencio se hace palpable... Y yo solo tengo mi mirada rasgada, desafiante y verde azulada. Miro por fin a los ojos amarillos de mi acompañante peludo, el cual me sonríe y besa suavemente en los labios, todo mi cuerpo humano responde a su contacto, todo yo quiere besarlo.
Estamos esperando a alguien más, mi otra mitad se eriza y sale a la superficie, dejando ver mi escapada piel y mi pelo convertido en serpientes de un blanco ceniza precioso. Ya está cerca, ella puede sentirlo. Así que mi lobo me suelta, sabe que mi otra parte se lanzará a su brazos en cuanto gire la esquina.
-Hola chicos, ¿Llego muy tarde?- Dice con esa sonrisa bobalicona que me encanta.
-Solo lo normal, Zephyr, Como siempre.- Dice el lupino mirando con un deje al humano ataviado de cuero negro y varias pistolas. Necesita defenderse de quien quiere matarle... No es corta la lista. Eligió a la gorgona equivocada como esposa. Me acerco y le beso los labios.
-¿Traes algo divertido para mí?- Digo esbozando una sonrisa pícara, le había pedido una daga curva para defenderme a corto alcance, mi humano es el encargado de las armas en nuestro equipo. Este extraño equipo que hemos hecho al desatarse el caos.
-¿De verdad lo necesitas preguntar, nena?- Dice mientras saca de su cinturón dos dagas de hoja curva con el mango de cuero verde entretejido como si fueran escamas. Me encantan. Se las quito de las manos besándole con fiereza, notando como nuestras cuerpos se pegan en uno solo con ese beso, me las meto el la liga que llevo bajo mi vestido de cuero tipo amazona negro y me preparo. Me encantan estos trajes, me permiten mayor movilidad.
-Y yo... ¿No traes nada para mí?- Dice el lobo mirándole socarrón.
-Claro que sí, Noir, te traigo comida. Y bueno... Puedes elegir una de mis armas de fuego, te la dejo.- Dice sacándole una tajada de carne de una bolsa de cuero. A Noir le brillan fugazmente los ojos al ver la carne reciente chorrear sangre, me rugen las tripas, pero me he prometido aguantar hasta estar con todos antes de comer... Yo como más que ellos, necesito al menos dos conejos para mantenerme bien en el combate que se avecina.
-Bien, chicos, es hora de ir hasta la Catedral del Pecado. Allí están el resto de los nuestros. Hay que prepararse.- Digo mientras me enfundo la capucha del vestido y desaparece mi apariencia de gorgona. Noir pone su cobertura humana también y coge una de las pistolas de Zephyr. Ambos saben que vienen a por mí, ninguno pensamos dejar que nos maten. Se avecina una noche movidita, en el cielo no deja de brillar esa luna roja que salió el día que llegó a la Tierra la oscuridad.

viernes, 2 de octubre de 2015

Eternidad.

Suenan voces lejanas en mis oídos, voces de antiguas sirenas que pretenden volvernos a atrapar, pero que nos quedan demasiado alejadas de nosotros, que están perdidas en algún punto de la eternidad, entre tu miedo y tu valor. Buscas en el tiempo más tiempo, rebuscas esperando hallar una respuesta distinta, y siempre encuentras la misma, siempre un NO en los labios enrojecidos por el llanto, una mirada vacía, un corazón sumido en un mar sin retorno.
Pero te despiertas en la noche, con los oídos embotados por aquellas voces endulzantes, por aquellas sirenas que quieren atraparte. Y sientes miedo, como de costumbre, todo tu cuerpo tiembla al contacto con su piel, todo tú se transforma en otra persona al ver esos ojos encendidos, porque ella es más fuerte. Porque ella puede con algo que tú aún no entiendes. Todo este miedo al mañana, todo el argumento de la historia desparramado por el suelo, todo el tiempo perdido sin saber dónde te colocas respecto a esas preguntas que te haces en silencio. Pasan las horas y simplemente piensas en él, estás con él, te sientes sola. Quieres que esa persona que está junto a ti, este bien, porque cuando no lo está no es él. Porque te destroza mirarlo a los ojos y no ver más allá de su tristeza infinita. Porque el tiempo pasa, no puedes evitarlo y te asusta, el pensar que no es eterno, que algún día tus huesos se transformaran en polvo y de tu recuerdo no quedarán sino alguna foto en algún álbum. Tienes miedo a que vean esa debilidad que escondes tras ella, esa otra cara que todos se esfuerzan en no ver, porque está gritando que tienes que ser fuerte, porque está ella exigiéndote seguir adelante. Mi extraña conciencia escamada, mi refuerzo y mi comodín cuando veo esos ojos anegados en lágrimas que no puedo evitar que se derramen, y siento esa pura impotencia que quiebra mis piernas a la altura de las rodillas, que me deja en el suelo con una nueva herida abierta en el pecho. Sangrando. Liberando de tu cuerpo todos esos sentimientos que te ahogan. Porque la muerte te parece buena idea cuando él está así.
Pero es fuerte, por ti, porque no queda mucho de ti ya dentro de esta maraña de huesos y piel, porque el tiempo ha pasado mucha factura a tu agotado pensamiento y a tu cuerpo magullado por todas partes, porque no quieres seguir adelante si no es de su mano. Porque lo único que tienes es eso, esa seguridad de su presencia a tu lado a pesar de todo.

Once Upon a Time.

Otra vez, como cada maldito momento de mi vida, vuelvo a sentirme así, vuelvo a tener en mi mente mil cosas que no deberían estar ahí, mil sentimientos que me ahogan con mis propias lágrimas, mientras mis músculos se estremecen y me duelen. Mientras mi cuerpo se queja, mientras me grita que siga adelante, joder, que aún queda mucho por delante y no, no puedo rendirme. No estaba en los planes, pero son parte de mi camino. Son parte de mi historia y parte de mí misma, parte de toda esta vida. La noche más oscura, justo antes de un nuevo amanecer que tal vez sea el más brillante de todos. Que tal vez nos dé ese toque de esperanza que necesitamos, ese algo que haga que todo por lo que estamos pasando merezca la pena. Porque son ya muchas penas a la espalda, y empiezan a pesar, empiezan a hacer mella en mi pequeña y asustada alma, en mí. Porque nadie nos dijo que fuera fácil, nadie nos contó lo que había que pasar en esta vida para alcanzar un estado más elevado, nadie nos contó que hay más allá. Simplemente nos lanzaron a la vida, sin libro de instrucciones, sin confianza, desnudos. Pues así es como nacemos, sin nada, y se nos va dando todo y quitándonoslo cuando parece demasiado fácil. Porque la vida es eso, es aprender que si algo es fácil, no durará demasiado tiempo, todo lo bueno se acaba y a veces antes de lo que tú te esperabas. Pero aquí estamos, luchando al pie del cañón, confiando ser la excepción que confirma la regla, confiando en que nosotros sí tendremos ese final feliz que tanto ansiamos, porque nosotros somos diferentes al resto. ¿O no?

lunes, 28 de septiembre de 2015

Mi Único Pecado.

Abro mis ojos, tras otro pestañeo más, tras otro segundo perdida en la oscuridad. Delante de mí la amarilla yesca se amontona a ambos lados de la carretera mientras cruzo medio país para llegar a algún lado, para no volver a sentirme vacía, para no ser solo una cáscara que sigue viviendo de forma autómata, sin un sentido que dar a sus latidos que cantan algún ritmo carente de acordes asonantes o consonantes, carentes de realidad. Huiré de nuevo, como llevo haciendo toda mi vida, en este mundo tan vacío, tan silencioso, tan triste. El autobús se para en aquel andén tan simple, tan vacío de todo. Me bajo del bus y noto el frío de esta tierra, noto en mi cuerpo como mis células me piden que me ponga más ropa. Pero todo mi equipaje está en el maletero del bus, así que tengo que esperar a coger algún abrigo.
De pronto, mientras espero a que me abran el maletero, unas manos se pasan por mi espalda, colocándose en mis caderas y unos labios marcando un cálido beso sobre mi mejilla. Sonrío, no puedo evitarlo, ese olor que llega hasta mis fosas nasales jamás podré olvidarlo. Es mi mayor vicio, mi mayor debilidad y mi fuerza. Paso mi mano, sin mirarlo, por su trasero y la coloco en el bolsillo de atrás del pantalón.
Por fin me abren el maletero y me saca las maletas, por fin lo miro, está tan guapo... Me quedo como una tonta mirándolo, mientras se acerca a mí y me roba un beso de esos que despiertan hasta a los muertos. Cuando me suelta me descubro respirando profundamente mientras la excitación y las ganas cubren cada célula de mi cuerpo, cada centímetro de mí.
Llegamos a su casa, tras un largo paseo por la ciudad, hace frío. Pone mi maleta sobre la cama de su cuarto y después me coge en volandas, me pone contra la pared mas cercana mientras me besa con fuerza.
Empiezan mis vacaciones, de la mejor forma.

domingo, 27 de septiembre de 2015

Laberinto.

Caminamos, dejando nuestra huella sobre la línea etérea que dibuja suavemente nuestro destino, que marca el rumbo por el que nos movemos y limita nuestras decisiones a unas preguntas concretas.
Y, con cada paso que dejamos marcado sobre la línea, vamos abriendo grietas, guardando lo caminado en algún punto de nuestra mente, de éste pensamiento vacío lleno de ideas deformes que damos forma con el cerebro. El camino va llenándose de piedras, trozos de aquellas silenciosas grietas que hemos abierto con nuestras decisiones, piezas que dificultan el seguir adelante e, incluso, cuestionan si merece la pena seguir caminando... Esa horrible pregunta sin respuesta, que jamás podremos saber, pues no podemos ver el premio que nos espera más allá del puro sufrimiento al que exponemos nuestros huesos, que chocan sonando con violencia contra el suelo. Nuestro paraíso tras haber saltado todas las piedras del camino, todas las grietas que nos quebraban las rodillas y atascaban nuestros pulmones, impidiéndonos respirar por el polvo que van levantando a nuestro paso sobre ellas. Dejando escapar por las grietas esos trozos de nuestras almas que no son lo suficientemente fuertes para seguir siendo parte de nosotros mismos y que dejamos escapar muy lejos de nosotros, que jamás vuelvan a entorpecer nuestros pasos, que no nos pongan la zancadilla impidiéndonos avanzar.
Escuchas gritos a lo lejos y dejas que el miedo corrompa tu cuerpo y sigues andando, encarando tus peores miedos, diciéndoles a la cara todo el miedo que ellos te provocan y que te da igual todo lo que hagan. Porque no tienen poder sobre ti, porque tú eres muchísimo más fuerte que todas ellas, porque algún día te darás cuenta que por fin superaste la prueba , que ya no queda nada por lo que seguir corriendo, que aquellos monstruos que pensabas que te seguían, se han muerto en algún punto del camino, que ya no siguen detrás tuyo. Pisándote los talones, sujetándote la sombra para que no puedas llegar más lejos de lo que ellos te permitían.

miércoles, 16 de septiembre de 2015

Amanecer.

Camino, como siempre, 
no creo que sea tiempo de detenerme. 
Es hora de seguir adelante, 
siempre callada, siempre constante, 
con el corazón en una mano y la cabeza en la otra. 
Con el coraje de ser lo que alguna vez te hizo ser idiota,
con la manía perdida de ser tú, esta triste loca. 
Aquí, ahora, nada más importa,
solamente una palabra que mancilla
el susurrante sonido de esta boca,
solo un nombre, un ente,
una sonrisa, una mirada, una persona.
Solo un recuerdo, una razón para seguir
para jamás detenerme, no ahora,

Saber que más adelante aún queda
algún resto de lo que la lluvia
borró, desde aquellas tristes sombras.
Una luz que me lleve más lejos,
un fuego fatuo que jamás deje de brillar.
Una guía perdida allá lejos, en algún hondo mar.
Quiero salir de mi vida, verla entera,
volver a rememorar desde la lejanía,
desde la inocencia de no pensar que es mía.
Y así ver mis errores desde otra perspectiva,
y así reírme de aquellas noches a oscuras,
encerrada en mí misma.

Y otra noche pasa, sin ninguna sonrisa,
pérdida en los sueños de alguien
que ya no sigue con vida.
De una desconocida que fui 
y a la que nunca más quiero volver.
Recordando durante horas, esas nubes,
ese cielo, esas luces, aquel amanecer.


jueves, 10 de septiembre de 2015

Colias Común

Ver pasar una mariposa blanca y recordar aquellas palabras, aquella frase que lo empezó todo, aquel momento que quedará en mi memoria para siempre, por todo lo que ello implica.
Extrañar aquella simplicidad de la felicidad enlatada  en tardes a la sombra tirada en cualquier parte. Extrañar ese apoyo incondicional que ahora me brindan otros que por aquel entonces no estaban en mi vida. Caminar por este sendero lleno de baches, de subidas, de bajadas... Lleno de mi vida que se muestra ante mí con la mirada perdida. Con el corazón alborotado y las ganas de llorar suspendidas en el tiempo, congeladas mientras intento seguir adelante y no encuentro aquel sonido que antes llegaba a mis oídos y enturbiaba mi ya descontrolada mente; Su voz. Ahora llega otra voz, una más grave, que se muestra en un susurro contra mi oído y me despierta una y mil veces de estas pesadillas con las que lidio día a día. Y aquí estamos, la muerte y yo enfrentándonos como de costumbre, como cada día desde que tengo memoria, evitándonos la una a la otra mientras el tiempo da por ganada mi partida, porque tarde o temprano ha de finalizar la primavera, tarde o temprano las flores se secan y dejan paso a los frutos que más tarde se hielan. Miro de nuevo a la cuenca vacía de mi temida enemiga y me veo reflejada en la nada, como de costumbre, me veo inmersa en la oscuridad mientras tratan de hacerme huir de todo. Pero yo soy más fuerte.
Yo tengo algo que ella no, una vida, tengo todo el tiempo del mundo para luchar contra lo que venga y para salir victoriosa en cada partida contra ella. Pues ya he vencido a la muerte, mi fiel compañera, ya te he ganado cuando tengo asumido que soy la única capaz de dejarme atrapar y, que si no soy yo, jamás podrás vencerme, Porque el tiempo me ha enseñado mil caminos que he dejado atrás, mil decisiones que ya no volvería a cambiar, mil situaciones de las que aún no sé cómo conseguí escapar. Aquí me encuentro de nuevo, pensando en todos aquellos recuerdos y descubriendo tantas decisiones que me llevaron a su encuentro, tantas cosas que han hecho que hoy sea parte de esta familia que yo he elegido y que no me ha sido dada por la sangre. Porque he aprendido que la que eliges puede ser tan maravillosa como la que sangra igual que tú.

lunes, 7 de septiembre de 2015

Letras sin Sentido.

Frío, todo mi cuerpo se revuelve en múltiples sacudidas que vienen desde mi diafragma hasta mi garganta. Mientras, mis ojos no paran de emanar demasiadas gotas de agua salada que resbalan por mis mejillas. Está siendo duro. Muy duro. No comprendo qué es lo que hice tan horrible en otra vida o en esta misma para ahora merecer sentirme como una mierda la mayoría de mi tiempo, aunque este reloj tiene las manillas rotas, aunque este tiempo se quiebra a mi al rededor y me cierra la boca mientras otra oleada de dolor escala mi garganta y me dificulta la respiración mientras aprieto mis labios para evitar llorar muy alto. Para evitar que alguien me oiga, para evitar que se den cuenta de lo débil que soy. No soy ninguna heroína, estoy harta de que todos piensen que así es y que luego sus ojos reflejen esa decepción que tanto duele. No soy ninguna heroína, no sirvo para serlo, soy demasiado débil en un mundo en el que serlo es lo que te hace humano y lo que te hace perder.
Noto mis latidos, alborotados en mi pecho. Noto ese dolor, ese que tantas otras noches no me dejó dormir, ese dolor taladrante que quiebra lo poco de persona que queda en mí. Y de nuevo las cascadas emergen de mis ojos, y otra vez mi diafragma se contrae haciendo que aguante la respiración en la oscuridad, tumbada en mi cama, mientras el aire va empapando mis células de dióxido de carbono y yo voy necesitando de nuevo tomar aire. Pero me da miedo,
Temo que si respiro, el mundo se mueva, siga girando y siga matándome como cada día de mi vida hasta ahora. Y pienso en tantas cosas que son culpa mía... Y tantas otras que son culpa de este destino incierto que me tiene ahogada, prisionera de mis emociones y sentimientos. Prisionera de mi propio tiempo.
Cansada del ritmo que marca mi corazón me paro, me quedo quieta observando todo a mi al rededor, todo lo que va pasando sin poder pararlo. Y de nuevo, como siempre, aparece él y me ofrece un descanso, me guarda del miedo, me para las lágrimas y me dice:
"Vamos, pequeña, deja de llorar. Para mí siempre serás mi heroína."
Pero lo que él no ve es que el verdadero héroe de mi historia es, y siempre será, él. Mi príncipe de brillante armadura que vuelve a salvarme de mi misma, porque siempre seré mi mayor enemigo, porque soy la única capaz de hacerme mella en el corazón de esa forma imborrable para nadie. Porque soy la única capaz de convertirme en un borrón escrito entre un montón de letras sin sentido.

viernes, 28 de agosto de 2015

Miradas Felinas.

Abro los ojos tumbada sobre mi cama y sé que ella está conmigo. Lo sé incluso antes de que se desperece a mi lado y salte encima mío. Lo sé porque ya es parte de mi rutina, ya es parte de mí. Y cada mañana al entreabrir los ojos me la encuentro acurrucada en alguna parte de la cama o sobre mí incluso. Es algo que me alegra el despertar, algo que sosiega todos mis fantasmas. Esos que últimamente se empeñan en regresar. Llevo unos cuantos meses pensando, meditando, tomando decisiones que no incluyen a nadie más que a mí, decisiones que son para bien o para mal, mías. Y cada día que pasa me quedo mirándola, a esos ojos de un verde irreal, y me pregunto si ella no es más que una prueba más del destino, si es uno más de mis tantos fantasmas. Quiero huir de todo lo que he hecho hasta ahora, quiero cambiar mi vida al completo, y no  puedo. Muchas cosas me atan ahora mismo aquí, a un sitio que yo no escogí, a un lugar donde nunca he querido estar y a una vida que nunca jamás hubiera querido vivir por elección propia... O quizás sí. Porque puede que tenga mil quejas de esta vida que me ha tocado, mil demonios que me mantienen despierta de noche, hasta que mi cuerpo se rinde y me deja descansar. Pero él es la razón e que siga adelante, siempre lo ha sido a pesar de que no estuviera ahí hasta hace muy poco... A día de hoy sé que todas las decisiones que me llevaron a seguir con vida, incluida alguna que nunca he sido capaz de confesar, era por él. Por encontrarle en mi camino  algún día, porque estaba destinada a tropezarme y enredar mi hilo con el suyo durante lo que espero que sea toda la eternidad. Pero es que ahora también hay una pequeña fiera que me mantiene ocupada, algo que me tensa, que me preocupa, que me hace sonreír y que me hace sentirme querida.Y no, no he tenido una hija, tengo un bebé pero no de mi propia especie. Y esta cachorrita felina me ha conquistado el corazón, me ha ocupado las horas con cosas que hacía mucho tiempo que no disfrutaba, y me ha sacado de mi pozo de nuevo. Porque cada vez que me caigo, se hace más dura la subida a la superficie. Aunque esta vez los tenía a ellos dos conmigo y eso me ha ayudado mucho, aunque el viaje aún no se ha acabado. Aún queda mucho por luchar.
Aún queda mucho que vivir, mucha música que escuchar, mucha belleza para ver, muchas pieles que tocar, muchos perfumes que oler y muchas veces que saborear su boca.

lunes, 24 de agosto de 2015

Cazando el Camino Correcto.

Caminas a ciegas por el hilo que están tejiendo aquellas viejas hilanderas. No sabes cuántas cosas ocurren a tu al rededor mientras dejas de respirar durante escasos instantes, mientras contienes el aliento enfrascándolo en tus pulmones por miedo a que ese aire te delate. Por miedo a que empañe el aire que hay a tu al rededor y dibuje en tu cara la expresión que ocultas, el miedo de tu alma. Corres sin rumbo fijo por miles de caminos, tomando  decisiones precipitadas para evitar las caídas que acaban llegando. Y son mucho más atroces de lo que pensabas, y son mucho más dolorosas de lo que deberían.
Te paras un segundo a mirar las opciones y ya no se te permite avanzar, te estancas, te quedas varado en un mar que quedó lejos hace tiempo ya, en un mar congelado por el que han quedado estancados mil barcos antes del tuyo, un mar plagado de viejos espíritus que te cazan y te destrozan en mil pedazos.
Solo querías meditar, solo querías decidir con calma por una vez, tomarte tu tiempo para reflexionar antes de decidir otra vez algo que te marque para siempre, algo que te deje marca en algún punto de tu alma. La cual grita encerrada en aquel hielo mientras se le van agotando los minutos, mientras se va acabando el tiempo, mientras se va muriendo poco a poco.
Caes por un precipicio hondo y resurges en la penumbra, te quedas en silencio, mirando una luz que se ve al fondo. De pronto te descubres andando, tus pies han tomado el control absoluto de tu cuerpo, han tomado el ritmo para no estancarse. Para seguir avanzando hacia delante mientras atrás quedan tantas otras cosas que tal vez deberían acompañarte en este camino, pero no quieren hacerlo. No quieren seguirte porque tienen miedo. Igual que tú lo tuviste mucho antes que ellos, pero ellos aún no han visto esa luz que ilumina el camino correcto, aún no han visto como el miedo acaba desapareciendo cuando las cosas se afrontan luchando y no muriendo. Cuando los pasos los lleva tu corazón guiado por sus deseos y no tu mente guiada por los deseos que otros han dejado instaurados en tu mente.
La nieve tapando tus pasos a tu espalda, la lluvia mojando tu cara y el sol allí adelante esperando tu llegada.

martes, 11 de agosto de 2015

θάνατος του ποτήρι

Tengo en la mano la llave, 
aquella que se perdió hace tantos
años en aquella guerra.
Tengo en mi mente un millón
de recuerdos que preferiría
poder dejarlos atrás, poderlos olvidar.

Me encamino por los pasillos,
con mis pasos resonando fantasmales 
contra el mármol del suelo.
Caigo de rodillas frente a tu puerta,
como cada noche perdida,
como cada olvido resucitado.

Me reconcomen las sensaciones,
el frío de la estancia se vuelve doloroso
frente al aire que hace tanto dejó de correr.
Mi piel escamosa por los escalofríos, 
mis ojos fijos en la nada,
mi pelo enmarañado, lejos de tu mirada.

Oigo tu respiración contra mi cuello,
muerte de cristal, dulce de miel.
Caricias vacías, contra manos llenas.
Pasos firmes en cuerpos desmoronados,
labios que tartamudean, mientras buscan
todas aquellas malditas respuestas.

Me paseo por encima del fuego,
mientras la luna quema mi piel,
mientras  tengo miedo a un mañana sin forjar.
Sales corriendo antes de ver tus miedos,
antes incluso de saber si siguen ahí.
 Guías tus pasos, llegas a islas desiertas...

Te pierdes en aquellas tierras en
las cuales algún día incluso te encuentras.
Me describes mil sonrisas que recuerdo,
me recuerdas mil palabras que digo,
me pierdes en mil laberintos que contruímos juntos.
Camino despacio, ya no sé dónde llegaré.

miércoles, 5 de agosto de 2015

KAOS.

Piensas siempre en la  vida como un camino recto, como un ciclo sin retorno, algo a lo que no te quedan más papeletas que vivir o morir, tienes esa simple elección. Seguir adelante o desaparecer del camino.
Pero hay muchísimas otras decisiones que tomar, hay muchos otros futuros que forjar, otros muchos caminos que añadir y otros tantos que destruir de nuestro abanico de posibilidades.
Esta noche el calor me supone no poder dormir, otra noche en vela, pensando. Otra noche entre los sueños tortuosos y el insomnio, callada en la oscuridad sin saber qué hacer, mientras van pasando las horas y sigo ahí. Mientras pasan los días y sigo sin dormir bien. Y la vida sigue caminando delante de mí y sigo persiguiendo a mi destino, mientras, él sigue huyendo. Y con lo que vale un sueño sigo tejiendo mis hilos, sigo hilando mi destino sin patrones que me indiquen un camino fijo, sin miradas que juzguen mi felicidad encerrada en estos hilos imposibles, en estas cestas de mimbre que no dejo de hilar. Encerrada en mí misma, encerrada en el kaos de una oscuridad imposible, en miles de recuerdos imperdonables y miles de sucesos que siguen sucediendo y perdiéndose en el olvido. Mientras el mundo ajeno al kaos, sigue creciendo, sigue adelante y se sigue destruyendo.
Quiero salir, quiero sacar la cabeza de este pozo tan hondo que me acabo hundiendo cada vez más, más oscuridad, más miedo, más llantos, más silencios, más latidos acelerados, más muertes sin nombre. Perdida en un camino tantas otras veces recorrido que muchos piensan en cómo he podido volver a perderme, pero es que soy tan ingenua que sigo cayendo y sigo buscando el bien dentro del famoso kaos,
Aquí, parada, buscando el kaos para prestarle orden desordenado.