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lunes, 14 de diciembre de 2015

Hambre.

Abro mis ojos en mi cama, destapada y empapada en sudor. A mi lado no está él, ¿dónde puede estar? ¿Dónde ha ido? Me levanto apresuradamente, como esperando encontrarme en otro lugar, que todo lo que ha pasado por la noche haya sido no más que un sueño. Por suerte me equivoco. Sobre la mesa de la habitación ha un desayuno caliente (que supongo que sea la razón de haberme despertado porque huele realmente bien), y una nota.
"Hola preciosa, espero que hayas dormido bien y que te guste el desayuno. Yo he ido a comprar al mercado, en una hora o así estoy aquí y hacemos juntos la comida, ¿Vale?"
Sonrío al leer la nota y me siento a desayunar, no debe hacer demasiado tiempo que se ha ido, pero le echo demasiado de menos. Llevaba demasiado sin verle y no me he saciado de él, aún no. Y no creo que lo haga nunca. Cuando termino mi desayuno lo recojo y lo llevo a la cocina, allí me siento a leer el periódico calmadamente mientras espero a que vuelva. Vaya, nuevas revueltas de seres en las afueras de la ciudad... Debo tener cuidado, esto de estar huyendo no se me da bien. He vivido una vida muy cómoda hasta ahora y... No tengo nada para defenderme. Solo este chico que se ofreció a recogerme en la carretera y me ha protegido los últimos días...
Entra por la puerta, con las manos llenas de sangre.
-¿Qué ha pasado? ¿Estás bien?- No me responde, solo mira con la mirada pérdida a mi cuello, con los ojos sin expresión, con los labios entreabiertos respirando entrecortadamente, mostrando detrás de ellos unos dientes afilados.
No me da tiempo a decir nada más, me coge del cuello y no veo nada más. Caigo al suelo fulminada y él bebe de mí hasta saciar toda su sed, mis ojos vacíos miran al techo de la cocina mientras va escapando de mi cuerpo toda la vida con la que había empezado mi viaje. Poco a poco todo el miedo se desvanece, poco a poco me dejo llevar por la situación, dejo que mi sangre bañe su cuerpo y noto como mi cuerpo se vacía por completo para luego llenarse de golpe con algo nuevo, una nueva energía que me llena de luz, de fuerza y de... Hambre.

lunes, 16 de noviembre de 2015

Luna de Lágrimas.

Oigo voces fuera de mi habitación, es noche sin luna, así que la calle ha quedado terriblemente oscura. Solo las estrellas la iluminan, es lo que tiene que todo se desatara y se llevara consigo la electricidad. Abro los ojos en la oscuridad de mi cuarto, mi oído se centra más en las voces de fuera y mis músculos se relajan: Son Noir y Zephyr. Cuando me quiero dar cuenta, veo por completo la habitación, a pesar de estar a oscuras, la magia hace maravillas. Me pongo mi bata y salgo al pasillo, donde me los encuentro discutiendo a regañadientes, lo más bajo que pueden, pero ambos se dan cuenta de que no es suficiente.
-Sabes que necesita descansar, Noir, no está sana.- Dice Zephyr en un tono lo más calmado posible.
-Y tú sabes que si no salimos de aquí pronto, ninguno estará sano me temo. Puede descansar en la siguiente parada.- Dice el lupino con aire airado, deben de estar cerca.
-Bueno, nenes, ya vale de discutir. Sois como críos. Es mi misión y mi vida, quién no quiera seguirme que no lo haga. Pero aquí mando yo. Y saldremos en cuanto coma algo, me muero de hambre.- Digo pasando entre ellos con una sonrisa pícara que me es devuelta por ambos y me siguen detrás observando mis caderas contonearse. Vaya dos, si es que son más simples que el mecanismo de un chupete, seguro que ya ni recuerdan de lo que discutían hace a penas un minuto. Suspiro pensando que me es demasiado fácil salirme con la mía desde que tengo mis ojos hipnóticos, aunque en cuanto despierten de la hipnosis... Se enfadarán, Noir más que Zephyr. Él ya está acostumbrado a queme salga con la mía.
Llegamos a la cocina y me preparo un emparedado, huelo la sangre antes de que abran la puerta incluso, huelo las vísceras que manchan sus manos y sus ropas, huelo su sudor mezclado en las heridas purulentas que marcan su cuerpo. Simplemente me siento.
Abre la puerta y entra en la cocina al tiempo que Noir y Zehyr se ponen ante mí en forma de defensa, yo solo miro los ingredientes de mi emparedado mientras lo hago con calma.
-Hola Jinete, ¿Cómo tú por aquí?- Le digo con calma a mi viejo... ¿Amigo?
-Te buscan, Eire, deberías tener más cuidado con tus escondites, es demasiado fácil entrar.- Me dice tomando asiento frente a mí en el sillón.
-Lo sé, este par no me dejó proteger la casa porque saldremos tras mi almuerzo, no nos quedaremos mucho, estamos cerca de la Catedral.- Digo mirándolo por fin mientras pongo en un plato mi bocadillo.
-Bueno, pero ya sabes que la seguridad es lo primero, no queremos que Gabriel abra Pandora y solo te necesita a ti para ello. Lo sabes.- Me dice con sus ojos vacíos machados de imágenes que no me gustaría tener que volver a ver. Pero es una habilidad de este ser, te enseña tus peores recuerdos.
-Tranquilidad todo el mundo, por dios, que huelo lo que se acerca antes de que se acerque demasiado... Aunque sé que eso no te servirá de mucho, ¿no?- Le digo mientras muerdo mi comida.-Deberíais comer vosotros también, el camino es largo, quedan 10 kilómetros.- Les digo a los tres sin apenas mirarlos. Queda bastante camino, pero lo importante es llegar antes de que lo hagan ellos.

sábado, 17 de octubre de 2015

Luna de Sangre.

Miro a mi reloj, las tres de la tarde, ¿Dónde está? Comienzo a impacientarme... Quiero Acabar con esto cuanto antes, me carcome por dentro mientras miro algún punto en la lejanía. De pronto su olor inunda mis fosas nasales, sé que está cerca, huele a perro mojado, a pelaje húmedo por la lluvia que lleva cayendo desde bien entrada la mañana. Se acerca por mi espalda, pasando su mano por mi cadera y abrazándome, se siente tan cálido su tacto... Es tan reconfortante... De pronto todo a mi alrededor se seca, ya no hay frío, todo parece más... Humano y menos caos. Pero pronto abro los ojos y miro esa ciudad devastada por las hordas de seres imposibles... Aunque yo soy uno de ellos y protejo todo esto, yo no soy como los demás, nunca lo he sido. Nunca he encajado ni en un bando, ni en el otro.
Ahora todo esta cubierto de cenizas, las calles teñidas de gris, rojo y negro, el silencio se hace palpable... Y yo solo tengo mi mirada rasgada, desafiante y verde azulada. Miro por fin a los ojos amarillos de mi acompañante peludo, el cual me sonríe y besa suavemente en los labios, todo mi cuerpo humano responde a su contacto, todo yo quiere besarlo.
Estamos esperando a alguien más, mi otra mitad se eriza y sale a la superficie, dejando ver mi escapada piel y mi pelo convertido en serpientes de un blanco ceniza precioso. Ya está cerca, ella puede sentirlo. Así que mi lobo me suelta, sabe que mi otra parte se lanzará a su brazos en cuanto gire la esquina.
-Hola chicos, ¿Llego muy tarde?- Dice con esa sonrisa bobalicona que me encanta.
-Solo lo normal, Zephyr, Como siempre.- Dice el lupino mirando con un deje al humano ataviado de cuero negro y varias pistolas. Necesita defenderse de quien quiere matarle... No es corta la lista. Eligió a la gorgona equivocada como esposa. Me acerco y le beso los labios.
-¿Traes algo divertido para mí?- Digo esbozando una sonrisa pícara, le había pedido una daga curva para defenderme a corto alcance, mi humano es el encargado de las armas en nuestro equipo. Este extraño equipo que hemos hecho al desatarse el caos.
-¿De verdad lo necesitas preguntar, nena?- Dice mientras saca de su cinturón dos dagas de hoja curva con el mango de cuero verde entretejido como si fueran escamas. Me encantan. Se las quito de las manos besándole con fiereza, notando como nuestras cuerpos se pegan en uno solo con ese beso, me las meto el la liga que llevo bajo mi vestido de cuero tipo amazona negro y me preparo. Me encantan estos trajes, me permiten mayor movilidad.
-Y yo... ¿No traes nada para mí?- Dice el lobo mirándole socarrón.
-Claro que sí, Noir, te traigo comida. Y bueno... Puedes elegir una de mis armas de fuego, te la dejo.- Dice sacándole una tajada de carne de una bolsa de cuero. A Noir le brillan fugazmente los ojos al ver la carne reciente chorrear sangre, me rugen las tripas, pero me he prometido aguantar hasta estar con todos antes de comer... Yo como más que ellos, necesito al menos dos conejos para mantenerme bien en el combate que se avecina.
-Bien, chicos, es hora de ir hasta la Catedral del Pecado. Allí están el resto de los nuestros. Hay que prepararse.- Digo mientras me enfundo la capucha del vestido y desaparece mi apariencia de gorgona. Noir pone su cobertura humana también y coge una de las pistolas de Zephyr. Ambos saben que vienen a por mí, ninguno pensamos dejar que nos maten. Se avecina una noche movidita, en el cielo no deja de brillar esa luna roja que salió el día que llegó a la Tierra la oscuridad.

lunes, 28 de septiembre de 2015

Mi Único Pecado.

Abro mis ojos, tras otro pestañeo más, tras otro segundo perdida en la oscuridad. Delante de mí la amarilla yesca se amontona a ambos lados de la carretera mientras cruzo medio país para llegar a algún lado, para no volver a sentirme vacía, para no ser solo una cáscara que sigue viviendo de forma autómata, sin un sentido que dar a sus latidos que cantan algún ritmo carente de acordes asonantes o consonantes, carentes de realidad. Huiré de nuevo, como llevo haciendo toda mi vida, en este mundo tan vacío, tan silencioso, tan triste. El autobús se para en aquel andén tan simple, tan vacío de todo. Me bajo del bus y noto el frío de esta tierra, noto en mi cuerpo como mis células me piden que me ponga más ropa. Pero todo mi equipaje está en el maletero del bus, así que tengo que esperar a coger algún abrigo.
De pronto, mientras espero a que me abran el maletero, unas manos se pasan por mi espalda, colocándose en mis caderas y unos labios marcando un cálido beso sobre mi mejilla. Sonrío, no puedo evitarlo, ese olor que llega hasta mis fosas nasales jamás podré olvidarlo. Es mi mayor vicio, mi mayor debilidad y mi fuerza. Paso mi mano, sin mirarlo, por su trasero y la coloco en el bolsillo de atrás del pantalón.
Por fin me abren el maletero y me saca las maletas, por fin lo miro, está tan guapo... Me quedo como una tonta mirándolo, mientras se acerca a mí y me roba un beso de esos que despiertan hasta a los muertos. Cuando me suelta me descubro respirando profundamente mientras la excitación y las ganas cubren cada célula de mi cuerpo, cada centímetro de mí.
Llegamos a su casa, tras un largo paseo por la ciudad, hace frío. Pone mi maleta sobre la cama de su cuarto y después me coge en volandas, me pone contra la pared mas cercana mientras me besa con fuerza.
Empiezan mis vacaciones, de la mejor forma.

martes, 16 de junio de 2015

Dulce de Leche.

Bajo la enorme escalinata de mármol con la mente puesta en verle, en besarle, en estar con él. En aspirar su dulce aroma... Una presencia me saca de mis pensamientos y me hace aterrizar de golpe en la salita en la que me encuentro.
-¿En quién piensas? Te ves muy ensimismada en morderte el labio inferior.- Dices mientras te acercas a mí y me haces soltar mi labio poniendo tu dedo de por medio.
-Pues en ti, ¿en quién iba a ser para morderme el labio?- Digo con una sonrisa lasciva en los labios. Cosa que tu respondes con una de esas cálidas miradas que agitan mi organismo al completo y me hacen desearte. Aunque siempre te deseo. Interrumpes mi mente cogiéndome de la cintura y besándome como solo tú sabes hacer. Mientras absolutamente todo mi cuerpo se concentras en el tacto de tus labios contra los míos, en como todo mi cuerpo te reclama que sigas besándolo, centímetro por centímetro.
Entonces separas tus labios de los míos enrojecidos por la presión, y todo el calor recorriéndome. Me sonríes desde arriba, mirándome a los ojos. "Te quiero, pequeña." me susurras mientras bajas tu mano por mi espalda y agarras mi culo con fuerza. Me creo morir por un momento, mientras tú sonríes. Sabes perfectamente que en este momento podrías hacerme lo que quisieras que yo te diría que sí sin rechsitar ni un solo segundo. Pero en lugar de eso me das un beso en los labios y te vas.

domingo, 7 de junio de 2015

Carmesí.

Acaricio con suavidad su rostro, su mejilla se enrojece al paso de mis dedos sobre ella, sonrío contra sus labios, con mis ojos a la altura de los suyos, su cuerpo subiendo y bajando bajo el mío, con la respiración entrecortada contra mi cuello, sus uñas aferrándose a mi espalda, con fuerza. Haciendo que mi garganta deje escapar algún gemido. Veo sus pupilas dilatarse al sonido de mi voz entrecortada, escucho en mi oído un único susurro "Te quiero, pequeño." y simplemente sonrío. Sin poder evitarlo, sin poder dejar de pensar en lo afortunado que soy, en como he podido llegar al punto de tener una diosa así en mi cama y  en mi corazón. Aunque en el corazón le ha sido muy fácil entrar, es imposible no quererla con esos ojos que hacen que se te olvide todo lo malo, con esa sonrisa que hace desaparecer el miedo, o la tristeza, o cualquier cosa que no sea su perfección imperfecta.Quiero que este momento, que cada segundo que paso a su lado, cada latido superpuesto en su pecho, se detenga aquí y ahora, para siempre, para ir bebiendo de esta felicidad que se atrinchera en mi pecho haciendo que mi corazón solo quiera latir con ella.
Pero el tiempo sigue sucediéndose y sigue pasando haciendo que cada segundo esté más cerca de tener que despedirme, que cada segundo sea ya solo un recuerdo a su lado y que desee repetirlo una y otra vez. Como voy bebiendo de sus besos, respirando de sus caricias repartidas por mi cuerpo, mientras cada vello se eriza al paso de su piel. Desear que toda mi cura sea su piel contra la mía, que cada beso se quede en mí. Deseando que nada más que el tiempo nos separe, que solo se quede entre nosotros el aire y nuestra piel. Porque nuestros corazones, aún estando separados, son uno.

domingo, 31 de mayo de 2015

Piel de Terciopelo.

Sábanas, sudor, gemidos, arañazos, mordiscos... Todo eso se mezcla en mi mente al entreabrir los ojos en mi cuarto a oscuras, todo eso, el resultado de una noche maravillosa.
La luz entra entre las contra ventanas, acaricia con suavidad su silueta desnuda sobre mi cama, esta de espaldas a mi, esa bella criatura que puebla la tierra iluminando cada centímetro con su hermosura. De repente no puedo evitar acariciar su espalda con suavidad, veo como toda su piel se pone de gallina al recorrer con mi dedo su columna.
Despierta por el roce y se gira, abre sus ojos marrones y me mira medio dormida. "Buenos días, pequeña" me susurra. Me encanta la tesitura de su voz contra mi oído. Me acurruco a su lado y me acomodo sobre su pecho.
-Creía que íbamos a levantarnos, peque.- Me dice y me besa la frente.
-Fue mi idea inicial, pero prefiero disfrutar de estos pequeños momentos impagables.- La susurro contra su cuello y muerdo con fuerza. Ella gime y se gira del todo contra mí, me besa dulcemente y luego me muerde con ferocidad el labio, yo me retuerzo de puro placer y me postro encima suyo.
-¿Vamos a levantarnos, o nos quedamos así un poquito más?- La pregunto contra sus labios con una sonrisa lasciva pintada en ellos.
-Creo que me gusta más la segunda opción, nena.- La oigo pronunciar esas palabras y todo mi cuerpo se estremece mientras mi imaginación se deja llevar por mis impulsos y realizo todo aquello que deseo.
Buenos días, de esos que te levantas con una sonrisa en los labios y unos cuántos arañazos de más en la espalda.

sábado, 18 de abril de 2015

Cascada de Hiel.

Le veo sentado en la orilla del lago, con una margarita en la mano. Me quiere, no me quiere, me quiere... Me acerco en silencio, escuchando mi corazón saltar a grandes pasos de mi pecho, queriendo llegar a él. Me quiere. Tengo miedo, pero no puedo quedarme parada, no ahora. No me quiere.
Se ha girado, sé que me ha visto, pero solamente ha agachado la mirada y ha seguido deshojando aquella pobre margarita. Me quiere, no me quiere, me quiere... No sé el resultado final, pero veo como lanza lo que queda de la margarita al lago sin mirarme, y se queda mirando como se hunde, lentamente. Yo me he quedado parada, no me responden las piernas, siento tanto miedo... Todo mi corazón se ha quedado helado en esa pobre margarita.
Finalmente mis piernas reaccionan y sigo avanzando sin escuchar a mi corazón, que me grita que me detenga y que me dé a vuelta. No, no pienso rendirme ahora. No.
Me siento a su lado, mirando el mismo punto que él, y de reojo observo como una lágrima le recorre la mejilla.
-¿Y ya está? ¿Solo por esto te piensas rendir?- Me grita entre lágrimas.
-Estoy aquí por algo, no quiero rendirme sin luchar, no soy así.- Le digo en un tono de voz neutral mientras le miro fijamente a los ojos.
-Entonces... Todo lo que me dijiste...- Le interrumpo antes de que rompa de nuevo a llorar.
-Una simple forma de alejarte de mí antes de hacerte más daño, cariño, no quiero dejarte. Pero me aterra que algo superior a mi me aleje de ti.- Digo apartando mi mirada de sus ojos verde incandescente. Sé que está llorando de nuevo.
El silencio se apodera de la escena, y un sentimiento amargo baja por mi garganta apoderándose de mí. deseo besarle, pero no sé cómo hacérselo ver. No quiero perderle, pero no puedo asegurarle que voy a estar a su lado para siempre. No lo sé.
Noto como un tacto cálido me roza la mano, bajo mi mirada y veo su dedo índice acariciando mi anillo.
-Me acuerdo de esto,-Dice mientras acaricia la inscripción exterior.- te lo regalé en aquel bosque, cuando hicimos un año y medio.-
-Ya hace cuatro años de eso... Me gusta que te acuerdes...-
-Jamás podré olvidar ninguno de los momentos tan especiales que he pasado a tu lado. Mi vida.- Dice y acto seguido, me besa. Pero un beso de esos que dicen "Te amo" con todas sus letras. Y en ese momento la hiel desaparece y yo me doy cuenta que no importa que no pueda prometérselo, pasaré el resto de mi vida a su lado.

miércoles, 4 de marzo de 2015

Alguna Ola perdida en el Desierto.

Solía tener ganas de luchar, ganas de seguir adelante, ganas de sonreír al mundo a pesar de todo los matices oscuros que manchaban los colores del arco iris. Pero es que a veces las cosas son demasiado duras, a veces no se puede pretender estar siempre en pie en mitad de la tormenta, a veces es el viento el que nos quiebra, a la altura de las rodillas. Y manchamos nuestros pantalones con el barro del húmedo suelo, con la sangre de todos aquellos que un día decidieron salir corriendo y dejarnos atrás con todo nuestro miedo encima, con todas las partidas perdidas encima y con una sonrisa falsa en el rostro.
De pronto el sol brilla más fuerte y más alto en el cielo, pero tú te notas demasiado lejos de todo aquello, entre tu propia oscuridad, sumido en el miedo. Quieres gritar, salir corriendo, pero todo lo que te rodea te tiene prisionero. ¿Qué clase de libertad es esta que no nos deja decidir cuando morir? ¿Qué clase de libertad es esa que no nos deja gritar lo que creemos que no es correcto a la cara de los que deberían pensar en nosotros? ¿Qué clase de vida es esa que no podemos vivir sin que nadie nos ate a un trozo de papel o de metal? Tengo miedo, siempre lo he tenido, jamás he sabido por qué creen que soy fuerte. Me paso las noches en vela, con miedo al día que vendrá, con dolor en mi cabeza o en mi espalda o en mi brazo o en mi corazón. Con dolor en tantos lugares que deberían estar ya bien que temo que las cosas cambien de nuevo. Que todo el infierno se enfrente a mi de nuevo y esta vez me gane el pulso que iniciamos hace ya tanto tiempo. Y aquí apareces tú, mi razón por la que sigo en pie, mi talón de Aquiles y mi mayor miedo. Aquí apareces tú, desatas miles de pensamientos, miles de cosas que quiero seguir haciendo, y justo después me besas y todo queda más allá de la tormenta.
Salgo corriendo de aquello que tantas noches me persigue, salgo corriendo antes incluso de verlo, porque ya estoy tan acostumbrada a huir que ni me cuestiono si me seguirá siguiendo. Tengo tantos remordimientos, tanta culpa acumulada en cada mililitro de sangre, en cada célula de mi cuerpo, que siento que me voy descomponiendo poco a poco por dentro. Soy un velero en mitad del mar, mientras sopla fuertemente el viento, mientras lo engulle alguna ola perdida en el desierto.
Quiero salir de este estúpido laberinto y le grito a la historia que me devuelva ese hilo que una vez sacó a tantos de este mismo sitio, grito por poder salir de mi caja mientras el tiempo sigue girando y mientras el mundo me va consumiendo, bebiendo de los pecados que contengo. Quiero escapar del estado intemporal de mis pupilas, del miedo al paso de las horas, quiero reír mientras sigo llorando.

martes, 17 de febrero de 2015

Fénix.

Me encuentro ahora mismo en la cama tumbada, contigo a mi lado, con tu pecho subiendo y bajando en una sucesión rítmica de alientos, en un montón de latidos de los que voy bebiendo para seguir viviendo. Miro tu pelo enmarañado sobre la almohada y se me antoja besar suavemente tus labios mientras coges aire. Respira de mí, mi niño, quiero tenerte. Y es que me tienes toda para ti, soy tuya desde el momento en que enlazamos nuestras vidas a esta fina línea de destino y no imagino otra vida mejor que la compartida a tu lado.
Te desperezas de pronto en la cama, yo me tumbo rápidamente en la cama y tapo mi rostro con las mantas, finjo estar dormida. Tú te levantas, rodeas la cama, y te tiras encima mío besando mi rostro con cariño a la vez que me haces cosquillas. Quiero que pares y a la vez me encanta tenerte así a mi lado. Me encantas.
-Buenos días, mi niña, ¿Te levantas o sigo haciéndote cosquillas un poquito más?- Me susurras en el oído que sabes que oigo.
-Hummm... Prefiero que te tumbes aquí un ratito más conmigo...- Te susurro en los labios mientras te tumbo encima mío con suavidad.- Quiero jugar un poquito...- Tú sonríes y te tumbas a mi lado mientras me besas el cuello que de vez en cuando muerdes con fiereza. Dios, cómo me gusta tenerte a mi lado por las mañanas, se hacen mucho más amenas.
Me despierto al rato al oírte entrar de nuevo en la cama con algo grande y pesado en las manos, abro lentamente mis ojos y allí estás con el desayuno en los brazos. Me muero de amor por momentos, te ves tan sumamente adorable ahora mismo... Y yo te amo tanto...
-Venga, princesa, tienes que coger fuerzas para un nuevo día a mi lado.- Me susurras a la vez que me ayudas a levantarme de la cama lentamente mientras me pones en el regazo el desayuno. Huele muy rico. Aunque no tengo demasiada hambre, la verdad...
-Tienes que comer, te lo ha dicho el médico, si no comes me voy a  enfadar mucho, quiero verte sana.- Me dices muy serio adivinando mis pensamientos.
-Es que... No tengo hambre... Tampoco creo que comer ayude en algo al cáncer.- Digo en un comentario un poco cruel, aunque me doy cuenta demasiado tarde.
-No eres médico, en consecuencia no puedes saber qué te curará más rápido, pero estoy seguro que morir de hambre no es una buena idea. Así que come y luego tómate las medicinas.-Me dices medio enfadado y algo dentro de mí se rompe en mil pedazos.
-Sí.-Solo digo eso y comienzo a comer.
Me ducho, me visto, y vamos al médico como cada mañana, aunque cada noche rezo para que ese día sea el último que tienes que soportarlo, aunque creo que tú rezas justo para lo contrario.

domingo, 8 de febrero de 2015

Vicios Sanos.

Baja por las calles de piedra, con el sonido de sus zapatos chocando contra el asfalto. Lleva la mirada perdida en algún punto entre las nubes y el sol que comienza a salir entre las casas. Lleva un bonito vestido color verde inglés, que le da un aspecto pálido a la piel de su rostro, aún más de lo que es, pero que combina elegantemente con su cabello rizado y rojo como el fuego más ardiente. Sus ojos verdes brillan con un aspecto acuoso, supongo que está a punto de echarse a llorar, aunque no sé decirlo con seguridad.
Llega a la plaza y se sienta en el muro de la fuente, con los pies dentro del agua. Algo que, a los poco transeúntes de la madrugada, les parece extraño estando en enero. De pronto me fijo en que pequeños espasmos recorren su abdomen y, con gran tristeza, me doy cuenta de que sus lágrimas ganaron la partida. Pobre muchacha. ¿Que será lo que hace tan triste a una chica tan hermosa? Me quedo observándola con un triste aire melancólico y, de repente escucho una voz que me pregunta qué quiero entre sollozos, no sé cómo, pero me he levantado del banco en el que estaba y ahora le tiendo un pañuelo de papel a la muchacha.
-Disculpa si te molesto, te vi tan mal que se me encogió el corazón, ¿Qué puede hacer llorar a una mujer como tú?-Dije con la mejor de mis sonrisas
-Un hombre como tú, para empezar. - responde ella con voz enfadada pero sin dejar de llorar.
-No creo que ese hombre fuese como yo, sino no te habría dejado derramar ni una sola de tus lagrimas.-la digo mientras ella me mira sin demasiada confianza y siempre sin dejar de llorar. Finalmente no puedo resistirme, saco otro pañuelo y la enjuto las lágrimas que resbalan por sus mejillas con él. Ella se pone muy tensa.
-¿Te hizo daño ese hombre?- digo mirándola preocupado
-Sí, me hizo daño aquí.-se señala el corazón- y ese es un daño que difícilmente sana.
-¿Sabes lo que le viene bien a ese corazón para sanar más rápido?- La digo mientras ella me observa- Un par de tiritas y mucho Vodka.- Por primera vez sonríe entre lágrimas la joven de la fuente.- Soy Alfred. Encantado de darte mis pañuelos.- Le tiendo mi mano y ella sonríe.
-Anna, y si quieres te los devuelvo, aunque no creo que quieras mis lágrimas.- Dice ella.
-No, tus lágrimas de tristeza no, pero permitirme que te ayude con tu tratamiento contra tus heridas, invitándote a un vodka, por supuesto.- La digo sonriendo. Ella se pone pensativa, se levanta de la fuente y se encamina calle abajo. Me quedo parado, pensando que la he molestado, tal vez he sido muy directo.
-Creía que ibas a invitarme a un vodka, vamos, que conozco un sitio genial. Alfred.- Dice mi nombre como si de un ángel se tratara y yo simplemente la sigo. Buena forma de empezar la mañana, vodka y una mujer preciosa a mi lado.

martes, 23 de diciembre de 2014

Purgatorio.

Cojo con determinación el pomo de la puerta, es hora de acabar con esto, de salir de aquí. Siento mucho frío en alguna parte de mi pecho, creo que algunos llaman a esto soledad, yo creo que es parte de tener la sangre helada por el horror. Abro la puerta y salgo de allí, alejándome lo antes posible de aquella horrible escena, sangre por todas partes de las paredes del salón, trozos de lo que parece algo humano en el sofá... Tengo la boca seca y me encuentro, al salir, un coche patrulla; recuerdo por fin que he sido yo quién los ha llamado, junto a ellos una ambulancia desembarca la camilla y entra atropelladamente en el portal, todo ocurre tan despacio a mi al rededor... Uno de los agentes se acerca y me ofrece llevarme a casa, yo ya no estoy ahí. He huido de toda esa sangre derramada, huyo de ese cuerpecito inmóvil tirado en el suelo, sin nada de vida. Huyo lejos, muy lejos; pero algo realmente consigue despertarme de mi huida: La camilla pasando a mi lado, con ese cuerpo tapado con una sábana blanca que se empapa por momentos de sangre. Despierto de pronto de todo esto, escucho con claridad todas esas voces que antes parecían embotelladas, ya no puedo huir. Todo a mi al rededor cobra de pronto de una rapidez asombrosa que me aterra.
Me subo al coche patrulla y me dejan en casa. Entro en mi cuarto, poso mi jersey verde encima de la camilla blanca, junto al gran ventanal, me dirijo al baño y allí me despojo de toda mi ropa. Al quitarme una bota un fuerte ruido metálico me hace saltar en el sitio, vaya, aquí está en cuchillo. Había olvidado dónde lo había metido y ahora mancha las baldosas blanquecinas de mi cuarto. Lo dejo allí, en el suelo, mientras lavo de mi cuerpo todas las manchas de sangre, opto por darme un baño, será mucho más rápido que tratar de lavarme en el bidé.
Cuando introduzco mi cuerpo en la bañera siento un fuerte escozor en varias partes de mi cuerpo que, al eliminar los restos de sangre, descubren grandes pero superficiales cortes, "No moriré de esto" me digo a mi misma. Cojo el cuchillo del suelo, rajo mis muñecas y las introduzco en el agua.

viernes, 5 de diciembre de 2014

Rock and Roll

Sale el sol sobre los gélidos edificios de la ciudad, tiñendo el cielo de un tono rosado que se refleja en su guitarra blanca de edición coleccionista. Yo estoy tumbada sobre el colchón desvencijado del hotel, o al menos me parece un hotel, mi cuerpo se contrae y relaja mientras los escalofríos me recorren ferozmente. Oigo pasos a mi espalda que se aproximan suavemente a la cama, se sientan y recorren dulcemente el contorno de mi columna con la yema de su dedo. Me giro y me encuentro con sus ojos color avellana observándome... Me siente tan pequeña...
Bajo la mirada y veo que trae el desayuno, ¿Será para mí? Mi corazón pega un vuelco de solo pensarlo.  Él... simplemente me sonríe dulcemente y posa la bandeja sobre mis rodillas mientras me incorporo en la cama, me da un dulce beso en la frente y me susurra al oído: Buenos días, nena.
Con su melodiosa voz de cantante que enciende una chispa en lo profundo de mí.
Por fin miro la bandeja: un zumo, un café, unas tostadas con mi mermelada favorita (¿se lo dije en algún punto de la noche?) y bollería variada. Por primera vez me percato de que tengo hambre, ya que mi estómago emite un quejido que me sonroja.
-Espero que sea de tu agrado, Rose no sabía lo que te gustaba, así que optó por la variedad.- Dice en un tono de voz suave y alegre. ¿Quién es Rose?- Es mi cocinera, lleva en esta casa desde que la compré, es casi como mi segunda madre.- Dice él adelantándose a mis pensamientos, supongo que por la cara de incredulidad que he debido de poner. Comienzo a tomar mi café, escuchando otro quejido de mi estómago, agarro la taza entre mis manos notando el reconfortante calor y le pego un gran sorbo, está delicioso.
-Luego me gustaría darle las gracias a Rose, el café está delicioso.- Susurro con la taza sobre los labios oliendo el suave contraste del café avellanado de mi taza.
-Podrás agradecérselo las veces que desees.- Una luz ilumina su sonrisa confiriéndole un aspecto un tanto tétrico. Pero extrañamente eso enciende una fuerte llamarada de deseo en mi interior.
Devoro mi desayuno con rapidez bajo su atenta mirada, Eso me incomoda de sobremanera, pero no digo nada. Después de desayunar decido darme un baño para eliminar de mi cuerpo toda la purpurina y relajar mis músculos. Cuando salgo del baño él ya no está en la habitación, su guitarra tampoco, y comienzo a escuchar en algún punto de la gran casa unos acordes que me resultan familiares, así que, sin pensarlo salgo en busca de esa deliciosa melodía. Entro en la sala y él está allí, me oye llegar y me mira. Sonríe y un ardor me prende desde dentro, pero no comprendo su reacción.
-Has venido en toalla hasta aquí, nena, así no voy a poder concentrarme.- Dice mientras me miro y, efectivamente, he venido sin nada más que una toalla, me sonrojo y él sonríe.- Valió por hoy, acompañaré a mi invitada a la habitación y le arrancaré esa toalla para poder contemplar ese magnífico cuerpo, desnudo para mí.- Se dice a sí mismo lo suficientemente alto para que yo lo escuche.

sábado, 20 de septiembre de 2014

Camino.

Veo sombras reflejadas en los cristales de las casas que me encuentro a ambos lados de mi, noto el frío y el calor que choca contra él al salir de la casa, yo camino cuesta arriba. Voy lejos. No sé dónde, ni cuánto voy a tardar, no sé si llegaré a mi destino indescifrable, tampoco si viviré una noche más. No sé absolutamente nada del futuro, no quiero nada del pasado y me duele caminar por este presente. No tengo sitio en este mundo, pero tampoco tengo valor para quitarme del medio, no tengo valor así que dejo que sea el tiempo el que hable en mi nombre para hacer aquello que tanto deseo. La oscuridad me rodea por todos lados, llego a un punto del mundo en el que no sé dónde estoy, dónde puedo ir, ni de dónde vengo; aunque mi lugar de procedencia prefiero dejarlo lejos de todo esto, lejos de todo lo que está ocurriendo ahora mismo, lejos de mi vida terrenal, mis últimos días como humana, como parte de este juego infernal que llaman vida aquellos que tienen las piezas para vivirla.
Camino en la oscuridad de las partes más escondidas de mi mente, se tambalea mi realidad entre recuerdos que debería olvidar, me pierdo en el camino laberíntico de pasadizos y recobecos que me guardo en mi atormentado cerebro, en mis cansados pensamientos que solo buscan dormir para siempre, que solo buscan la paz que nunca consiguen encontrar, la felicidad que tantas veces nos ha sido arrebatada de un solo plumazo.
Cada vez noto más oscuridad a mi al rededor, cada vez más frío, cada vez más miedo atenazando mis músculos, los cuales se contraen y tiemblan tratando de mantenerse sanos. Tengo miedo, no sé dónde ir, no sé qué hacer... Quiero salir de aquí, llevo caminando mucho tiempo, me he cansado de tanto luchar, de tanto perder, de pensar que podía y acabar fracasando como de costumbre. Me he cansado de ser inútil para el mundo en el que me ha tocado vivir, me he cansado y ya no queda nada que decidir. Me siento a un lado del camino, ha comenzado a amanecer y ya estoy muy lejos de mi punto de partida, estoy cansada, no siento el calor de mis células. De repente me percato de una sombra a mi lado que me sigue, algo que creo que lleva ahí toda la noche. Le exijo que se muestre y de entre los arbustos sale él, preparado para acompañarme en mi viaje, como tantas otras veces prometió que haría.
-No te vayas, por favor. Te necesito cerca de mi.-
-En ese caso vente conmigo, podemos ir dónde queramos, vivir dónde queramos, ser felices juntos.- Digo eso y a continuación le extiendo mi mano para que la coja. él duda un momento y mi corazón da un vuelco, no debo de ser tan importante, como de costumbre. Voy a retirar la mano, pero él la coge con fuerza y me atrae hacia él, me besa, por fin vuelvo a sentir calor.
-Tenía muchas ganas de hacer eso.- Dice con su boca todavía pegada a la mía.- No te vuelvas a separar de mí, nunca.-
-Lo prometo.-Digo abriendo los ojos y mirando a los suyos.

jueves, 17 de julio de 2014

Sábanas, Miel y Champán.

Camino a oscuras,
escuchando mi respiración,
noto el vaho de mis pulmones,
luego aquel férreo sabor.

Noto el duro entumencimiento
de mis finas manos rozando
tu mano cálida.
Castigo mi mente entre

miles de remordimientos
que forman parte de
aquel aterrador ayer.
Cazando con tus sonrisas

los suspiros que me harán
lentamente desfallecer.
Me castigan tus ojos con
ese ardiente fuego,

muerdo mis labios, refreno
el maldito deseo de besarte,
me miras y te maldigo
mientras desboco mi
atemorizado corazón...

viernes, 16 de mayo de 2014

Ángel Caído.

Sale el sol entre los cristalizados edificios de Manhattan, hoy es un día hermoso, la luna se queda prendida en el cielo, brillando, como siempre.
Hay una joven despierta, sentada en su balcón con las piernas cruzadas, viendo el brillante amanecer con los ojos enrojecidos por el llanto que no la ha dejado dormir en toda la nublada noche.
Tiene los brazos y las piernas cubiertos de cortes superficiales que lanzan pequeños hilillos de sangre por su blanquecina piel de la muchacha. Pasan las horas y ella no se mueve, aunque con el pijama tan corto que lleva debe de tener frío. El sol se encuentra en lo alto del cielo, la luna ha sido eclipsada por su brillo cálido, refulgente. Debe de tener el cuerpo entumecido por el paso lento de las peores horas del día. La gente comienza a transitar por las callejuelas que rodean la visión de la chica, nadie repara en ella, nadie mira a la ensangrentada joven, sus brazos y piernas llevan horas sangrando. Nadie se percata de su soledad ni de su miedo. Pasa desadvertida y mantiene fija su mirada en el punto donde la noche anterior ha estado la luna.
Por fin se levanta, moviéndose con torpeza, sus heridas ya no sangran. Son simples líneas rojizas que surcan su debilitado cuerpo. Le tiemblan todos los músculos, no puede ni levantar su propio peso. No le queda mucho tiempo si no come. Pero si come estará perdida de nuevo entre la sangre de sus heridas.
Se introduce en la oscuridad del cuarto justo cuando el despertador de todas las habitaciones de la casa empieza a sonar y ella sale rápidamente hacia el cuarto de baño a ducharse antes de que alguien pueda verla. Abre el agua caliente y se despoja de su pijama observando su fragmentado cuerpo. Es una hermosa joven pelirroja, pero ello no ve la belleza de sus ojos verdes ni de sus curvas juveniles que se van distinguiendo entre el cuerpo infantil, que tantas otras compañeras de clase dejaron atrás hace mucho. Se lava cada centímetro de sí misma intentando borrar el dolor... Pero le escuecen los cortes. Se envuelve en su albornoz y va a su cuarto esquivando las miradas de su familia que poco a poco se va desperezando en los pasillos de la casa. Se viste y oculta con maquillaje las ojeras resultantes de pasar la noche en vela.
Otro día de mierda, aunque muchos ya no quedan.

miércoles, 12 de marzo de 2014

Mañana No es Hoy.

La luna se apaga por detrás de la cálida luz solar que esconde miles de frías sensaciones, miles de recuerdos que ya han pasado, un nuevo día comienza y todo está tan callado que parece muerto. Una sombra se mueve por la callejuela de enfrente con un abrigo negro que parece muy desgastado, muy viejo. Pero no tan viejo como la persona que lo porta. Él se arrodilla sobre la acera mugrienta y entierra algo entre la basura, Eitrea solo observa como el.muchacho se levanta y se marcha dejando tras de sí una preciosa margarita que parece estar a gusto entre tanto material en descomposición.
Día tras día va creciendo y ella la ve cómo poco a poco va envejeciendo. Y, el día que la florecilla finalmente muere, aparece de nuevo la sombra para llevársela lejos, sin mediar palabra con nadie, pero compartiendo con Eitrea una única mirada acompañada de un dedo sobre los labios ligeramente curvados por una sonrisa. Ella no puede evitar sonreír, es un chico guapo, la verdad. Un poco extraño, pero oye: ¿Quien estaba realmente cuerdo en una ciudad tan grande y extraña como Nueva York? Ni siquiera ella estaba segura de ser una persona dentro de sus cabales... Pero bueno, la vida era así.
Es jueves por la tarde y llaman suavemente a la puerta, Eitrea trata de llegar a la puerta  desde la ducha, pero cuando abre la puerta solamente encuentra una margarita sobre el felpudo y sonríe ampliamente, debía haber sido aquel atractivo joven del abrigo negro y los labios preciosos. Coge la florecilla del suelo y la introduce en su casa cerrando el amplio portón tras de sí. La mete en agua y se queda mirando las vistas de su ventanal esperando encontrar a aquel chiquillo de locas ideas y días tan dispares.

martes, 4 de marzo de 2014

Inmortal.

Recorre la ciudad a oscuras, con las piernas temblorosas, siente frío en cada parte de su ser. Tiene miedo. No sabe qué hace allí, cómo ha llegado hasta aquella calle sucia y oscura es un misterio para ella. Solo va donde sus piernas la llevan, donde su corazón se va desbocando mientras ella se siente... ¿Bien? No está segura de dónde está, pero sigue caminando calle arriba con sus zapatitos chocando en el asfalto húmedo, en sus recuerdos olvidados por un momento.
Ha perdido a la persona que ama, su mente prefiere obligarla a olvidar y espera que cuando llegue a casa ella esté allí. Sube unos escalones, le tiemblan las manos, se da cuenta de que lleva unas llaves en la mano y sigue subiendo. Llega al tercer piso, introduce la llave y gira, oye unos zapatos contra el suelo que van hacia la puerta, intenta huir, pero ya es demasiado tarde. Una mano suave la agarra del brazo, se gira y allí está Katherin, con su maquillaje emborronado de haber estado llorando, o sudando, o simplemente durmiendo... Y todos los recuerdos llegan a la mente de Minerva como una exhalación. Recuerda el Pub, los hombres de negro que entraron y luego el cuerpo de Katherin ensangrentado en el suelo. ¿Cómo era posible que ahora estuviera perfectamente, sin ningún rasguño? Minerva relaja un poco su cuerpo con expresión desconcertada y se acerca a Katherin. Coge con sus manos el rostro de la muchacha, buscando el mínimo rastro de sangre o heridas, no encuentra nada. Y se funde con ella en un beso perfecto, sin saber qué extraño milagro imposible ha sucedido para que ella esté allí, delante suyo, haciéndola sentir... Bien.
Silencio entre ellas, algo ha cambiado en la atmósfera de la casa y ellas solo entran dentro. Se sientan en el sofá, cerrando la puerta tras de sí, y se acurrucan la una junto a la otra, abrazadas. Katherin habla por fin:
-Soy inmortal.
-Eso es científicamente imposible, tiene que haber otra explicación...
-¿Recuerdas el lago, el del camping del año pasado?-Le dice a Minerva intentando que comprenda.
-Claro que lo recuerdo, fue donde me pediste matrimonio...
-También fue dónde casi me ahogo. Todos dijeron que fue un milagro que sobreviviera. No fue un milagro, es que no me puedo morir. ¿Sabes eso de que cuando quieres a alguien no puedes volver a separarte de ella? Pues creo que te quiero tanto que no puedo morir.- Dice ante una Minerva asombrada.
Simplemente la besa, no tiene nada más que decir o hacer, solo la besa. Una vida eterna es menos larga al lado de la persona que amas. Y es que cuando tocas a la persona que quieres por primera vez, sientes que jamás podrás dejarla marchar.

jueves, 6 de febrero de 2014

Digo Adiós y entonces Apareces.

Caminaba por la acera con aspecto distraído, llevaba en la mano derecha una taza de té caliente, los ojos rojos y el corazón roto. Se detuvo frente a la tienda de animales, observando a los animales jugar entre ellos, mordiéndose con cariño. Se sintió muy sola por un momento, mientras se enjugó de la mejilla una lágrima con un toque de lástima. Hacía frío, el té ya estaba frío y caía al suelo mientras ella dejaba de luchar por estar bien y  se hundía, preocupada, en su mente atormentada. Llega a la puerta, se le escapa una débil sonrisa de pena y abre la puerta.
¿Qué importa ya? Está sola, no tiene nada por lo que luchar, nada por lo que vivir... Se detiene al descubrir en su mente una idea que le rondaba desde hacía varios meses, no podía seguir así. Solo sentía miedo, terror a la oscuridad que le rodeaba. Sube la escalinata con un temblor frío en las manos y en las piernas. Llega arriba con los ojos enrojecidos, suspira profundamente y entra en la estancia fría y oscura... Silencio absoluto, solo el sonido de sus tacones sobre el parqué oscuro, No queda nada en esa casa, lo ha perdido todo, su novio se ha ido y se ha llevado consigo todo el desprecio que le lanzaba a la chiquilla, pero también se ha llevado consigo la vitalidad y la tranquilidad que antes ella irradiaba. Llega a la cocina y abre el gas, pero no cocina nada.
Simplemente se sienta en el suelo y cierra los ojos, poco a poco le entra el sueño y se queda medio dormida mientras se consume.Suena el ruido de un portazo y entra Nicolás en la casa derribando la puerta. La saca en volandas mientras el resto de los bomberos apagan el gas mortal. Nunca volvería a estar sola, ahora tenía algo por lo que seguir sonriendo cada día, él. El bombero que la había salvado la vida y le había devuelto todo aquello que su ex-novio le había arrebatado de las manos.

martes, 14 de enero de 2014

Ni Siquiera de Pasada.

Hace frío, siento mi piel de gallina bajo la camiseta,
siento el miedo en mi garganta,
las lágrimas que simplemente se secan.
Los pensamientos van pasando despacio,
por delante de mi angustiada cabeza,
los terrores se hacen palpables,
en un momento que no sé si tal vez
queda algo por lo que seguir despierta.

-No llores, princesa.-Pienso frente a mi
brillante reflejo de apariencia taciturna.
Me seco las lágrimas en un intento por borrarlas,
suspiro a mil sombras que se dispersan en un sala,
vacía, de mi casa, vacía, de mi vida, vacía. De mi silencio.
De mi miedo apagado sobre tu pecho.
Callas, simplemente estás aquí, no dices nada. No ahora.
No en este momento infinito que me desgarra las carcajadas.

-No vale la pena hacerme sonreír ahora- pienso.-
-¿por eso no lo haces?- Comprendo, espero.
Caigo bajo el suelo, bajo lo que quedaba de mi,
de mi alma, de mi ser maltratado por el paso de los años.
Por el miedo al mañana, y al pasado, y al otro...
Castigo mi cuerpo con la intención de ser suficiente,
con la pretensión de que me acepten, intentando ser
lo que debía ser en cada momento y no fui.

Últimos alientos entre las sonrisas de un amanecer.
Miedo de nuevo, silencio en el vacío de mi cuerpo,
calles sin consuelo que caen en el recuerdo obstinado
que se aferra por ser algo que nunca debió ser.
Caigo de nuevo en un sentimiento nuevo para alguien viejo,
cansado del mundo que le va tocando, de la manera de vivir
este regalo que tal vez no se merezca, esta vida sin razones,
solo con trampas a contra partida de la felicidad manifiesta.