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jueves, 31 de diciembre de 2015

2016

Otro año más se acaba, otras cuatro estaciones han quedado marcadas en cada tronco de árbol que han alimentado, otros 365 amaneceres y atardeceres han presenciado mis ojos y aquí seguimos. Como cada año, entre penas distintas y entre nuevas alegrías. Otro año que no ha sido fácil... Aunque ninguno lo es. Jamás lo ha sido y creo que jamás lo será.
Pero miras a quién te acompaña ahora en el camino, gente conocida, gente querida. Algunos llevan toda la vida, otros sólo un suspiro. Y otros simplemente se han ido y aún te acompañan muy hondo, en tu corazón. Ya ha pasado de nuevo otro año y todavía me quedan tantas cosas por hacer... Tantas aventuras por vivir... Tantos sueños por cumplir... Pero así tiene que ser, pues hace poco escuché una frase preciosa: "Algunas personas no mueren por la edad, sino justo en el momento en el que dejan de soñar"
Así que a seguir soñando, que mientras nos queden cosas por cumplir, merecerá la pena seguir adelante.
Feliz año nuevo, 366 días para equivocarnos, reírnos, llorar, saltar y cantar. Y sobretodo para vivirlos todos y cada uno de ellos como si fuera el último

martes, 11 de agosto de 2015

θάνατος του ποτήρι

Tengo en la mano la llave, 
aquella que se perdió hace tantos
años en aquella guerra.
Tengo en mi mente un millón
de recuerdos que preferiría
poder dejarlos atrás, poderlos olvidar.

Me encamino por los pasillos,
con mis pasos resonando fantasmales 
contra el mármol del suelo.
Caigo de rodillas frente a tu puerta,
como cada noche perdida,
como cada olvido resucitado.

Me reconcomen las sensaciones,
el frío de la estancia se vuelve doloroso
frente al aire que hace tanto dejó de correr.
Mi piel escamosa por los escalofríos, 
mis ojos fijos en la nada,
mi pelo enmarañado, lejos de tu mirada.

Oigo tu respiración contra mi cuello,
muerte de cristal, dulce de miel.
Caricias vacías, contra manos llenas.
Pasos firmes en cuerpos desmoronados,
labios que tartamudean, mientras buscan
todas aquellas malditas respuestas.

Me paseo por encima del fuego,
mientras la luna quema mi piel,
mientras  tengo miedo a un mañana sin forjar.
Sales corriendo antes de ver tus miedos,
antes incluso de saber si siguen ahí.
 Guías tus pasos, llegas a islas desiertas...

Te pierdes en aquellas tierras en
las cuales algún día incluso te encuentras.
Me describes mil sonrisas que recuerdo,
me recuerdas mil palabras que digo,
me pierdes en mil laberintos que contruímos juntos.
Camino despacio, ya no sé dónde llegaré.

lunes, 11 de mayo de 2015

Noche.

En la oscuridad escucho los llantos,
los gritos, el miedo.
Escucho en el fuego la furia, la sangre,
los latidos, el ajetreo.
Me paro en el mundo, como siempre,
pensando en lo perdido,
En todo aquello por encontrar
o por ir reviviendo.
El profundo caos, dentro de cada pequeña alma.
Cada gota de sangre que poco a poco se derrama.
Y fue el silencio el que me despertó
y el mundo...
Sigue girando, se sigue moviendo,
sigue cambiando.
Y sigue muriendo.
Me pregunto en el silencio qué
es lo que le lleva a seguir,
por qué se empeña la vida en...
Bueno, en vivir.
Y el silencio me responde gritando,
el miedo me responde
mientras algo dentro de mi
se va rompiendo con cada respuesta.
No importa que el día de mañana no estés,
no importa.  Nada.
Puede que creas que quien completa tu vida es,
para ti, irreemplazable, irrepetible, que es el pilar de tu mundo...
Pero para el resto no es mas que polvo,
polvo que se consume,
polvo que tarde o temprano acabara desapareciendo.

miércoles, 4 de marzo de 2015

Alguna Ola perdida en el Desierto.

Solía tener ganas de luchar, ganas de seguir adelante, ganas de sonreír al mundo a pesar de todo los matices oscuros que manchaban los colores del arco iris. Pero es que a veces las cosas son demasiado duras, a veces no se puede pretender estar siempre en pie en mitad de la tormenta, a veces es el viento el que nos quiebra, a la altura de las rodillas. Y manchamos nuestros pantalones con el barro del húmedo suelo, con la sangre de todos aquellos que un día decidieron salir corriendo y dejarnos atrás con todo nuestro miedo encima, con todas las partidas perdidas encima y con una sonrisa falsa en el rostro.
De pronto el sol brilla más fuerte y más alto en el cielo, pero tú te notas demasiado lejos de todo aquello, entre tu propia oscuridad, sumido en el miedo. Quieres gritar, salir corriendo, pero todo lo que te rodea te tiene prisionero. ¿Qué clase de libertad es esta que no nos deja decidir cuando morir? ¿Qué clase de libertad es esa que no nos deja gritar lo que creemos que no es correcto a la cara de los que deberían pensar en nosotros? ¿Qué clase de vida es esa que no podemos vivir sin que nadie nos ate a un trozo de papel o de metal? Tengo miedo, siempre lo he tenido, jamás he sabido por qué creen que soy fuerte. Me paso las noches en vela, con miedo al día que vendrá, con dolor en mi cabeza o en mi espalda o en mi brazo o en mi corazón. Con dolor en tantos lugares que deberían estar ya bien que temo que las cosas cambien de nuevo. Que todo el infierno se enfrente a mi de nuevo y esta vez me gane el pulso que iniciamos hace ya tanto tiempo. Y aquí apareces tú, mi razón por la que sigo en pie, mi talón de Aquiles y mi mayor miedo. Aquí apareces tú, desatas miles de pensamientos, miles de cosas que quiero seguir haciendo, y justo después me besas y todo queda más allá de la tormenta.
Salgo corriendo de aquello que tantas noches me persigue, salgo corriendo antes incluso de verlo, porque ya estoy tan acostumbrada a huir que ni me cuestiono si me seguirá siguiendo. Tengo tantos remordimientos, tanta culpa acumulada en cada mililitro de sangre, en cada célula de mi cuerpo, que siento que me voy descomponiendo poco a poco por dentro. Soy un velero en mitad del mar, mientras sopla fuertemente el viento, mientras lo engulle alguna ola perdida en el desierto.
Quiero salir de este estúpido laberinto y le grito a la historia que me devuelva ese hilo que una vez sacó a tantos de este mismo sitio, grito por poder salir de mi caja mientras el tiempo sigue girando y mientras el mundo me va consumiendo, bebiendo de los pecados que contengo. Quiero escapar del estado intemporal de mis pupilas, del miedo al paso de las horas, quiero reír mientras sigo llorando.

domingo, 11 de enero de 2015

Serpientes en la Cama.

Últimamente me noto diferente, ya no me quedan muchas lágrimas, se me han secado de tanto usarlas. Como aquellos rotuladores de colores que tenía cuando era pequeña... Benditos trozitos de luz, cuantos recuerdos enlatados en vosotros.
Yo aquí, en esta parte de mi vida en la que tengo que decidir tantas cosas que ya quedan dichas para siempre, toca definir quién vas a ser para el resto "la que luchó" o "la que se rindió" cuando todo parecía demasiado fácil. Pero es que nada es demasiado fácil, joder, cada cosa que he conseguido me ha costado mucho, he sufrido mucho y aquí estoy. Queriendo rendirme pero sin poder.
 Hay mucho camino por seguir hacia delante, pero esos caminos que se dispersan en la linea de mi vida, son escabrosos y muy duros. Descubres cosas, cosas que tal vez sean superfluas pero te duele descubrirlas ahora. Y gritas tan fuerte como puedes para ahuyentar todo ese miedo, toda esa ira, todo ese rencor. Lejos. No quiero que quede dentro de mi nada de eso. Soy mucho mejor que todo eso. Pero a veces te permites un enfado, una lágrima, un grito ahogado en la oscuridad de la noche... Y todo vuelve a ti maxificado, todo se convierte en monstruos que creías que podías controlar, pero no puedes. Te recuerdan cada error, cada palabra mal dicha en cada enfado mal planeado. Y te hacen sentir débil, te hacen sentir sucio, te hacen... Huir de nuevo de quien eres.
Porque todo viaje empieza igual, toda vida empieza igual, todos empezamos llorando y hacemos lo que sea para que, cuando nos vayamos, sean los demás los que lloren nuestra ausencia. Pero yo no quiero que lloren, yo no quiero que me extrañen, yo no quiero haber sido simplemente algo en sus vidas que deben afrontar para continuar hacia delante. Yo quiero ser parte de todos y cada uno de los personajes que completan mi historia, quiero dejar en ellos una huella mucho más allá del cariño. Quiero estar viva dentro de cada uno de ellos el día que me vaya.
No sé por qué me he puesto tan melancólica estos días, pero no sé. Casi tengo los dieciocho y veo que mi vida aún no ha servido para mucho, solo he sido un conejillo de indias en una historia que aún no sé si quiero que se escriba, una historia que aún no está definida y que con cada paso voy definiendo. Me siento libre y a la vez noto unas cadenas que apresan mis alas, un mazo que golpea duro mi esperanza. Quiero gritar fuerte y me ahogo intentando decir todo lo que quiero para que aquellos que dudan de mí sepan que no me rindo. Para que todos aquellos que dijeron que no podría, vean que aún sigo luchando. Porque aún queda mucho por lo que seguir viviendo y porque aún queda aire en mis pulmones y tinta en mis venas.

martes, 8 de octubre de 2013

Huye del Paso del Tiempo.

Caíste, te fuiste, te borraste en un suspiro.
Sufriste, volaste, regresaste del suelo.
Te sientas, me siento, me escribes.
Te olvido en el silencio.
Caes en mis precipicios, otra vez.
Otros susurros lejanos, otros abrazos.
Calla. Sé que realmente no lo sientes.
Suena mi corazón en la tormenta, lo oyes.
Lo sientes.

Salta de aquí al suelo, es un viaje lento.
Estoy muy arriba, me ha costado mucho llegar
donde hoy me encuentro.
Caminas, dentro de mis venas perdidas,
dentro del enramado podrido que está
formando mi corazón sumido en el llanto.
Subes a mi cerebro dormido por el sopor
que supone la dura prueba del paso del tiempo.
Silencio, ruido, silencio de nuevo.

Una voz perdida en el firmamento,
una estrella guiando este tormento.
Cabalga sobre los lomos de los corceles
alados que se forman entre las esquirlas secretas,
esas que esconden las brillantes estrellas.
Se pierde de nuevo ese ansiado silencio.
Se escucha el ruido, se busca el recuerdo.
No, no puedes hacerlo, te dice el cerebro.
HAZLO.

Cabalga en el vórtice que se distingue en mis sueños,
salta dentro de ellos, de los susurros del maldito tiempo.
"No, no debes verlo así, está mal que lo hagas."
Te dicen esas estúpidas pautas marcadas por una
sociedad diezmada por el terror al mañana.
No, no seas esclava de estas mismas palabras.
Huye de lo que pretende adoctrinarte para que
seas distante, cortante, mediocre y siempre similar
entre tú y los demás contrincantes.
Lucha por tus ideales.

jueves, 1 de agosto de 2013

De Noche, Frente a la Luna.

Un segundo princesa, para un segundo ese corazón acelerado, para un segundo esos pensamientos atropellados, esas ganas locas de romper con toda la rutina que un día te rompería la esperanza en mil pedazos, para un segundo tu vida, porque no volverás a vivirla. Todo lo que está pasando hoy, mañana será parte del pasado. Serán puros recuerdos con los que soportar el miedo a la muerte de todo aquello que un día te dio razones para aferrarte a la vida. 
Pruebas por todos lados, contradicciones que te llevan a dudar de ti, de los tuyos, que te llevan a dudar de tu realismo, aunque tú sabes perfectamente que eres real y a la vez tienes miedo de serlo.
Me siento tan rara. Recuerdo tan bien cómo pensaba antes y me pregunto qué ha cambiado... Y no lo consigo descifrar. Algo dentro de mi dio un vuelvo y no ha vuelto a ser lo mismo, ¿mi cerebro dejó que todo lo que me pasó lo cambiara por completo? ¿Mis sueños por fin tomaron el poder de mi cuerpo? ¿Caí en la rutina y me cansé de intentar ser perfecta por un mundo imperfecto? 
No sé, solo sé que ahora, después de tanto desasosiego, soy feliz. Aunque me ha costado serlo. Diréis que miento, que nadie puede ser feliz por completo, que nadie es capaz de estar siempre sonriendo. Y tendréis toda la razón, no estoy feliz todo el tiempo, pero de pronto me paro a pensar y me doy cuenta de que tengo a las mejores personas a mi lado, de que me he ganado a pulso lo que soy y lo que la gente ve en mi, me he ganado a pulso mi felicidad. La pagué a base de lágrimas y ganas de morir.
Fui fuerte, y eso fue lo que se me ha recompensado, el no rendirme a pesar de todo lo que me estaba pasando, de todo el miedo, de todo el silencio, de todo el dolor... De ser fuerte, en contra de todo lo que un día pensaron que sería. Puede que en su momento pareciera que no había salida, que todo iba de mal en peor, pero la salida se cruzó ante mi muchas veces hasta que supe verla, hasta que estuve preparada para afrontarla.



sábado, 20 de julio de 2013

Atada a la Vida.

A veces nuestros demonios deciden cambiar el curso de nuestros latidos, deciden cambiarnos la vida y nos transforman sin previo aviso, justo en el momento en el que hemos conseguido aceptarnos a nosotros mismos (con lo difícil que nos resulta eso a estos seres racionales de inteligencia superior) En ese momento no le damos importancia, no nos damos cuenta de quién éramos y quién somos. Luego te dicen que has cambiado, que ya no eres la misma persona de antes... Y tú les ignoras.
Porque somos así de gilipollas, porque nos cuesta admitir que aquello que nos parecía correcto, ha cambiado. Para siempre. Nunca podremos volver a ser los mismos, no, nunca conseguiríamos alcanzar esa forma de pensar que nuestro cerebro, nuestro cuerpo, ha desechado por errónea.
Siempre intentamos ser diferentes para que la gente nos acepte, pero no nos damos cuenta que, lo primero que tenemos que hacer para poder cambiar, es aceptarnos a nosotros mismos. Enfrentarnos a nuestros demonios y hacer las peces con ellos. Aunque esto lleve mucho tiempo, aunque signifique dejar atrás mucho silencio, aunque nos dé miedo. Aunque no sepas muy bien cómo hacerlo.

Te quedas sentada en el suelo, sin saber hacia donde tienes que avanzar... Y te das cuenta de que eso, al final, es lo que menos te tiene que preocupar. Porque son tus temidos miedos los que guía tus pies sobre el suelo duro de tu vida, los que deciden por ti hacia donde giras. Los que te obligan a ser diferente. Los que tienen que aceptarte algún día. Cada decisión en la vida es muy importante, cada día que pasa cambiamos el futuro y creamos uno de cero, para unos mejor y para otros peor de lo que ellos mismos se esperan que van a obtener de la vida que les ha tocado vivir. Todo está en nuestras manos, aunque el miedo nos las ate.



domingo, 14 de abril de 2013

Agua de Color Oro.

Se oye el ruido de los cascos de un caballo, ella llega por detrás de los árboles, como salida de un cuento, encima de su precioso corcel blanco. Se me llenan los ojos de lágrimas, la mujer a la que amo más que a nada, soy el hombre más afortunado de esta pequeña porción de paraíso. Lleva ese magnífico vestido azul turquesa que le queda tan magnífico, con aquellas botas de montar negras a juego con el cinturón que lleva el vestido... Cómo amo a esta muchacha, ¿cómo puedo quererla tanto? Cada vez que sus pequeños ojos verdes se cruzan con mis cristales negros, se me corta la respiración, no soy capaz de decir nada, solo puedo besarla, cogerla de la cintura y abrazarla mientras la miro a los ojos... Mi preciosa aventurera... Cuánto te quiero...
Ella no sabía por qué le había pedido que viniera al claro del río "Los Malditos". Quiero que sea mi esposa, quiero que sea todo lo que me da ganas de vivir, aunque ya lo sea. Quiero que todo el universo sepa con verla que la amo más que a nada en este basto espacio.
Se bajó de su caballo, posó sus esbeltas piernas sobra la fina hierba rojiza, el cielo se veía tan brillante y anaranjado como de costumbre. Me encantaba esta parte del bosque, aquí la hierba era de un rojo más intenso y el agua era del dorado más bonito y brillante que te puedas imaginar. Por eso elegí este lugar para pedirle que se casara conmigo. Creo que me dirá que sí, aunque no sé cómo se lo diré ni si quiera sé si seré capaz de decirlo todo seguido sin que se me escapen las lágrimas. Mi cosita sexy, que bonita que estás con ese precioso vestido, con esa preciosa sonrisa, con tus rizos rubios alborotados por el traqueteo del caballo. Que preciosidad tengo ante mis ojos, soy el ser más feliz del universo.
Nos sentamos a orillas del río, con un tapete azul oscuro, pusimos sobre éste el almuerzo y lo devoramos esperando saciar las ganas de comer, pero nunca es suficiente. Al terminar la miré a los ojos y supe exactamente qué quería decir:
-Hola, nunca se me dio demasiado bien hablar cuando tenía que hacerlo, siempre hablo a destiempo. Y cuando me pongo nervioso hablo mucho y mis palabras no tienen sentido y empiezo a tartamudear y no sé como expresarme. Bueno, a lo que voy. ¿Quieres casarte conmigo?- Digo todo lo claro y lento que me permite el temblor de todo mi cuerpo. De repente solo se oye silencio, el mundo ha enmudecido para mi, solo quiero oírla a ella hablar.
-Mi vida, sabes perfectamente que te amo más que a nada. ¿Qué te hace pensar que me voy a negar a ser tu mujer?- Dice esa hermosura mientras me acaricia la mejilla, cuando dice las palabras mágicas yo me apresuro a besarla, mi futura esposa, la madre de mis hijos. Mi único amor.


viernes, 15 de febrero de 2013

Día Internacional Contra el Cáncer Infantil.

Me hablan de esta enfermedad e hipsofacto acuden a mi mente un millón de imágenes del hospital pediátrico universitario "Niño Jesús" de Madrid, porque yo he estado allí ingresada, por suerte por cosas mucho menos graves, y he visto cada día niños con cáncer, blanquecinos, sin pelo y notándose que quieren ser normales y no pueden. Pero lo que más duele no son los niños, aunque esto suene frívolo, ellos no son conscientes de lo que les está ocurriendo, solo saben que duele. Pero sus padres... Ellos son conscientes de todo el dolor que sus hijos sufren y se magnifica un millón de veces más, un millón de veces más que ellos siente ese miedo y no, no me parece normal que yo desconociera que hoy era este día tan importante hasta que ayer lo leyera en Twitter, no es normal que le demos una importancia mayor a una fiesta tan capitalista y secundaria como es San Valentín antes que un día que significa tanto, un día que busca la cura de todas esas personas. Un día que queda olvidado en este mundo extraño. Mientras miles de niños van muriendo día a día, en silencio, sin que nadie se entere. Sin que nadie apoye a aquellos padres que quedan destrozados tras la pérdida de todo lo que realmente quieren: Sus hijos. Su inocencia perdida en un millón de células asesinas que le van consumiendo poco a poco. Un virus atroz que nadie sabe como pararlo, que los devora día a día, del que solo podemos intentar aniquilarlo y rezar, rezar mucho para que este horrible virus deje a esos niños ser niños. Y un escalofrío recorre mi cuerpo al pensar en todos esos niños... En todo ese silencio... Y solo se me ocurre decir una cosa: Yo apoyo a esos niños y cada día deseo que estén bien y que puedan ser felices, que tengan las mismas oportunidades de las que todos somos conscientes y que desaprovechamos. Luchemos para que estén bien, para que la muerte por cáncer infantil sean solo leyendas del pasado.


Pedir un deseo para que ellos sigan soñando.


Se puede ver en sus ojos que, a pesar del miedo, es fuerte.

jueves, 31 de enero de 2013

Silencio.

Llueve, el silencio se hace notable en mi mente, afuera hay ruido. Afuera hay miedo. Hace mucho tiempo que la gente tiene miedo de salir. Afuera hay muerte. Las lágrimas han dejado de brotar de mis ojos, se me están secando de tanto llorar. El miedo que atenaza mi alma se condensa detrás de mi instinto de supervivencia. Sé que tengo que salir de aquí con ellos, debo protegerlos de la oscuridad. Debo mantenerme con vida y mantenerles vivos, aunque él querrá protegerme a mi, pero debe protegerlas a ellas. Debe darles la oportunidad de cambiar este cielo que hoy, honestamente, es aterrador.
Siguen pasando los días, siguen llegándonos noticias de más muertes, ya somos huérfanos, tanto él como yo, y no vamos a permitir que ellas lo sean, mantendremos nuestros corazones latiendo por ellas.
Finalmente he encontrado un lugar en esta tierra en el que no creo que haya nada. Un lugar en el que dejar atrás el miedo. Él está frente a mi, acariciando mi mejilla mientras yo observo sus ojos verdes que plasman una valentía que llevo viendo desde que le conozco, pero temo que tenga tanta valentía que me deje sola para protegernos, Le beso, agarro las manos de las niñas y salimos a la calle, a la oscuridad infranqueable que se cierne entre nosotros, cuatro andantes en busca de nuestra libertad.
Caminamos durante días, entre el silencio de las callejuelas vacías, sin soltar aquellos que me dan el sentido de vivir. Ellas comienzan a tener miedo a la oscuridad, es culpa de que apenas se vea la luz.

Llegamos a donde íbamos, el lugar donde no hay nadie, el lugar de mis pesadillas infantiles y el lugar que nos salvará la vida. Aquí brilla el sol, las niñas han dejado de reflejar en sus ojos el miedo de la tenue luz, por fin no tengo miedo de que se derrumben frente a mi llorando, siguen siendo niñas aunque tengan en sus miradas esa fuerza de haber pasado lo imposible de pasar. Niñas con ese brillo de madurez que las hace increíbles.
Abrimos la puerta de la casa, oímos un grito sordo, corro por la casa ya conocida. Encuentro, acurrucada en una esquina, una niña llorando que tiene escrito en las paredes su historia. Una historia aterradora: La visión de esta guerra a través de sus ojos. Los ojos de una niña que no creo que vuelva a ser quién fue. Aunque no sepa quién es.
La rescatamos del miedo, se ha convertido en nuestra tercera hija y la oscuridad ha desaparecido. No me atrevo a borrar aquellas paredes, quiero que esos bastardos paguen por todo el dolor causado a una niña tan inocente, que no creo que jamás vuelva a ser inocente, ellos le robaron esa inocencia. Necesito pruebas para que, en la oscuridad, brille por fin la justicia.

sábado, 26 de enero de 2013

Una Verdad entre Palabras

Un día más, miles de lágrimas más, miles de sentimientos que se desvanecen buscando un puñetera forma de mantenerte cuerda; una puñetera forma de ver que no estas sola. Que por fin hay alguien que se desvive por verte sonreír y, no sé, que tu cerebro deje de hacerte sentir como una mierda.
Tú, la razón de muchas sonrisas, ¿Por qué lloras? ¿Por qué mantienes esas cascadas de agua que recorren tus mejillas para darte a entender muchas cosas? No, no estás sola joder. Tienes esos ojazos verdes que te miran y hacen que todo ese miedo se disipe, lentamente, intentando demostrarte que eres más de lo que te atreves a decir. Eres tú, sin más. Él está ahí, esperando a ver tu sonrisa por encima del miedo. Esperando darte todo lo que necesitas. Esta seguridad de que estás viva. Y tienes miedo... Pero eso es solo uno de los sentimientos que sientes mientras describes todo lo que te hace vivir cada día. Miedo, pero miedo a perderle.

Que la verdad quede dicha, 
que tus ojos se tornen
al cruzarse con los míos, 
que me tiemblen las piernas 
solo con un beso tuyo.

domingo, 30 de diciembre de 2012

Sabes a Gloria, Pequeño.

Me he sentado una vez más sobre este frío y solitario colchón a pensar, a recordar de nuevo.
He sentido un escalofrío al pensar en como ha cambiado todo. Ya no estoy sola. Lo estuve y no supe ver como, yo misma, me pedía que fuera fuerte. Que quedaban cosas por las que luchar cada noche y cada día. Que te echaría de menos pero que esa sensación desaparecería, con el paso del tiempo, acompañada del ardor que sentía al verte. En eso he hecho trampas, no he conseguido volver a verte desde el día en que tuve que apartar mi mirada para no romper a llorar. Te eché de menos durante muchas noches frías, pero jamás pensé que podría ser tan feliz lejos de tu sonrisa.
Le miro fijamente a sus ojazos verdes, esperando, él mira mis ojos que son cristales en un fondo blanco sin fin, y entiende mis sentimientos, mi miedo, mis ganas de que me bese, me abrace y me diga que me ama. Ya no siento todo ese miedo, se desvanece tras sus pupilas, huyendo de mi. Por fin.
Ya no siento ese frío de soledad, ahora solo siento los latidos de mi corazón imitando los suyos. Creo que podré seguir siendo yo durante mucho tiempo y esquivo este extraño sentimiento, noche tras noche. Por fin decido enfrentarme y pienso dónde estará aquella caja en la que escondí todos esos recuerdos custodiados por toda aquella soledad. Y desencadeno muchos sentimientos, sobretodo frustración, quiero saber cosas y no puedo. Recuerdo cada hallazgo y un sentimiento extraño se posa sobre mis pestañas. Creo que es más incertidumbre, demasiado tarde para pensar, mejor voy a dormir, mañana será un nuevo día... Tal vez lleno de más preguntas. Tal vez lleno de más respuestas sin una pregunta que les dé sentido, que las complete en este mundo incompleto. Un día más. Perfecto cuando es contigo.


A veces pienso que el camino 
lo creo yo con el paso de
mis pies.
Luego recuerdo:
No todo está terminado,
queda mucho que andar.

jueves, 27 de diciembre de 2012

Distancia y Lágrimas Desbordadas.

No lo echaba de menos, no.
Pero de vez en cuando viene bien
huir de la realidad para sumirse
en la distante eternidad.
Caminar entre el ruido de
esta pequeña y enorme ciudad.
No escuchar nada más que los coches,
la gente, mi mente lejana y tus latidos cercanos.
Un pensamiento claro: No quiero cambiar
esto por nada de lo que pueda llegar.

No busco nada entre estos parajes,
solo quiero que te quedes y no sigas distante.
Que me beses, me muerdas, me arañes...
Me hagas sentir que no habrá jamás nadie
que me complete de la misma forma en la que tú lo haces.
Y tienes frío, se te amoratan los labios, pero me besas
y se queda todo ese temor muy lejos... De ambos.
Escucho en mi mente miles de palabras, sin sentido,
miles de recuerdos, ya perdidos, enterrados en el olvido.
Intentaras ocultarlo, intentarás no llorar al recordarlo,
pero una cosa es cierta: Ocurrió y tal vez fue lo mejor
de todo este mundo cruel y solitario,
que llora la lluvia de tu tejado. Mojando los sueños
desterrando las pesadillas aquellas en las que
 tú no estás a mi lado.

Ya no echo de menos aquellas tardes... Bueno, ya no las necesito.
Ahora disfruto cada aliento de tu voz, cada respiración entrecortada,
cada palabra intentando explicar cada sentimiento de esos
que no eres capaz de demostrar con echos, de los que te sacan
los latidos sonoros  de este corazón ajeno y distante.
Este corazón alegre que te besará mil veces, cada segundo;
soñará con despertar a tu lado, cada instante.
No busques la verdad, crea tu propia realidad y cree en ti.
Por algo eres esta realidad distante y pasajera que alegra
mi mirada, mi sonrisa, mi vida y la completa de manera afortunada.
Te he echado de menos, ahora te siento cada vez más dentro,
te quiero aquí a mi lado, pero no es lo único que quiero...
También quiero nuestro futuro, juntos, este que planeas sonriendo
como si el mundo no cambiara cada segundo que pasa.

jueves, 20 de diciembre de 2012

Oscuridad.

La madrugada despunta entre las espesas y oscuras nubes, el miedo cubre directamente toda la ciudad. Arwin camina por las calles, vacías, solas, oscuras... No hay nadie, el miedo empieza a acosarla con la fuerza de un huracán. Comienzan a resbalar por sus mejillas pequeñas gotas de agua salada, que caen hacia el olvido. Está sola. No queda nadie más y tiene miedo. ¿Por qué ella sigue allí? ¿Por qué la oscuridad no la ha engullido, como a los demás? Tiene ganas de gritar, pero se lo impide el temblor de su cuerpo y el miedo de que si que quede gente por allí y pueda oírla... Salió a la calle, entre la confusión y el miedo, para buscara Dalid. No sabe si él seguirá con vida. Una idea se le pasa por la mente "Llámale." Cogió su teléfono y tecleó rápidamente aquel número tan conocido. No hay línea. "Mierda." Pensó ella, y bajó la calle continuando con su camino, no se iba a rendir hasta ver el cuerpo inmóvil de Dalid en el suelo, no se rendiría hasta hallar la certeza de que estaba sola.
No había visto ningún cuerpo, llevaba una hora caminando y no había visto nada, ni nadie. Tenía miedo, la luna velaba por ella pero no era suficiente para no sentir el frío, el olor a quemado y el miedo impartía un efecto de angustia en la muchacha. Caminó, caminó durante horas sin descansar y sin ver a nadie. El silencio comenzaba a hacerse perturbador.
-Si no encuentro a nadie, me volveré loca.- Susurró sin esperar la respuesta de nadie.- ¿Me has oído? ¡Loca!- Gritó con toda la fuerza de sus pulmones.
Llegó a casa de Dalid, le temblaba todo el cuerpo, cogió la copia llave que ella tenía y entró en la penumbra. Olía todo a cerrado, ese portal siempre olía a cerrado. Subió los escalones del edificio, lo más en silencio que pudo y llegó a la gran puerta de madera, sacó la llave, la metió en la cerradura y giró, la puerta abrió sin ofrecer ninguna resistencia. Tomó aire y entró. Caminó por los pasillos hasta llegar a la habitación del muchacho y, allí estaba, tumbado en su cama... Parecía estar bien, pero temía acercarse y que no lo estuviese. -Cariño...- Susurró intentando despertarlo. Nada.- Cariño...- Susurró un poco más alto. Y por fin despertó , entre la penumbra se escuchó un bostezo y ella corrió a abrazarle.- Si el mundo ha acabado, me quedo aquí, contigo.- Dijo él, invintándola a tumbarse junto a él.
-Te quiero.- Susurró ella en su oído mientras se tumbaba abrazada a él, esperando a que algo ocurriera, tanto si es bueno o malo.

miércoles, 12 de diciembre de 2012

Soy Fuerte, La Vida Me Ha Hecho Fuerte

Es mucho más sencillo escribir cuando hay algo que contar, cuando me da la neura y tengo algo que deciros, pero hoy no es que tenga "Algo" que deciros, es que son muchas cosas las que se han amontonado en mi mente, cosas como que hay más vida que la que vives mientras vives, ¿hay algo después? Eso no lo sé, y no quiero saberlo de momento. Hay algo, un no sé qué, que mantiene despierto ese sentimiento sobre esa persona durante mucho tiempo... Aún me acuerdo de mi bisabuela Manola, cuando yo era chiquitita e iba a verla, ella tumbada en su cama y yo tumbada a su lado. Mirándola a sus ojazos azules, esos que he heredado de ella.Y un día, llegué corriendo a su cuarto, con una sonrisa de oreja a oreja, esperando a que me diera uno de esos caramelos de miel que me encantaban mientras me cantaba alguna na na al oído... Y ya no estaba. Se había ido, sin decir adiós a nadie, simplemente dejó de estar allí. ¿Sus últimas palabras que recuerdo? "Pequeña, te estás haciendo muy grande." No recuerdo más de ella, me dejó cuando tenía apenas tres añitos, nadie volvió a hablar de ella. Supongo que su perdida dejó una herida demasiado grande... Se notaba que era una mujer fuerte, muy fuerte. Se la notaba en esos fantásticos ojos azules... Ahora entiendo porque me dicen que parezco fuerte, porque heredé aquellos ojos repletos de fuerza. Repletos de experiencias inolvidables que la harían luchar por su vida hasta que no pudiera más.
Cuando la perdí... Era muy niña, muy pequeña para entenderlo. No recuerdo ni el funeral, ni las palabras de consuelo de mis abuelos, no recuerdo nada. Solo recuerdo ese sentimiento de vacío al entrar en su cuarto y que no estuviera allí, esperándome con una sonrisa. Me entristece que se haya perdido tantas cosas... No me ha visto crecer, no me ha visto madurar, no me ha visto caer para más tarde levantarme... No ha visto mi cara al ver a mi hermana pequeña. No ha conocido a mi hermana... ¿Por qué ahora escribo sobre ella después de tanto tiempo? La verdad: No lo sé. Supongo que algo me ha recordado su mirada... O simplemente ella me ha susurrado al oído que siga para adelante y eso ha hecho que sienta la necesidad de hablaros de ella. Era una mujer increíble, espero llegar a ser como ella. Bueno, la verdad es que las mujeres de mi familia siempre han sido muy fuertes... Lo notas en sus ojos, nada más las miras. Tienen ese brillo desafiante, ese no se qué que te hace ver que no vas a poder destruirlas, por mucho que lo intentes. Espero haber heredado ese brillo yo también... Espero ser una digna sucesora de las mujeres de mi familia... No sé que es lo que me ha dado para escribiros sobre algo tan personal... Simplemente lo necesitaba. Necesitaba recordar aquella mujer, tumbada en su cama, que antes pensaba que simplemente estaba cansada, ahora me doy cuenta que estaba enferma, que luchaba por respirar y que, siempre, supo mantenerme ajena al dolor que ella transformaba en sonrisas. Otra cosa que he heredado de ella, siempre sonrío. Tengo que estar muy mal para no tener una sonrisa en la cara, porque soy fuerte. La vida me ha hecho fuerte.
Y ahora, cuando la vida me sonríe, cuando por fin tengo todo eso que deseaba... Me doy cuenta de que es todo gracias a esta fuerza, todo es gracias a poder con todo aunque pretendieran destruirme. Nadie consigue quebrar mis talones y tirarme al suelo, si eso me caigo yo. Pero siempre me levanto. Y es que la naturaleza de mi mente me obliga a tirar hacia delante, me obliga a luchar y ahora tengo una buena razón para luchar... Seamos sinceras, lucho porque tengo esa sonrisa y esos ojazos verdes que me miran y me animan a besarle y ha decirle que le quiero. Lucho porque tengo un "Por quien" hacerlo. Después de tanto tiempo mi vida cobra sentido y... No sé, simplemente me acordé de esa mujer fantástica que estará orgullosa de mi, esté donde esté.

sábado, 8 de diciembre de 2012

Amor en unas Agujas de Reloj

Despierta por la mañana, con la mirada puesta siempre en el reloj matinal de la estación, va a escapar de allí, no puede más. Este sentimiento de soledad lo consume día a día. Muerto en su propia vida, no así no podía seguir. Cruza media ciudad, con las pupilas encendidas que se funden en la tristeza que ellas mismas reflejan. Lucha contra viento y marea, lucha con su tempestad interna. Puede con ello, es demasiado fuerte como para rendirse. Él no, otra persona puede que se rindiera, puede que todos tiraran la toalla, pero él no. Él luchará por la persona que ama, hasta la última gota de sangre de su cuerpo. Ella lo merece.
Llega al portalón, vestido con harapos sucios, de esos que llevan la gente como él: Los vagabundos. Lleva tanto tiempo viviendo en la calle que ya se avergüenza de sí mismo... Y eso comienza a pasar factura. Sabía perfectamente que, avergonzarse de sí mismo, no era una opción para él. Pero era lo que la sociedad había implantado en su joven mente. Entró en el portal, con la llave que había siempre debajo del felpudo, entró en el cuarto de limpieza y se puso su traje, no muy elegante pero por lo menos no eran harapos. Subió los cincuenta y seis escalones, llevaba tanto tiempo subiéndolos que los habría contado una y mil veces. Llamó a la puerta, con la mejor de sus sonrisas y ella apareció tras esta, con su magnífica sonrisa iluminando su rostro. Creando un destello por tal belleza. ¿La quería? Eso había ido a intentar averiguar.
-Hola, Cris. - Dice ella abrazándole.
-Hola, Angy.- Dice él, tal vez un poco asustado. Sí, demasiado asustado. Comienzan a temblarle las piernas.
-¿Qué tal la semanita?- Dice ella con su sonrisa aún alumbrando aquel corazón asustado e invitándole a entrar.
-Agotadora, princesa, agotadora.- Dice él, con la mente atorada buscando las palabras más adecuadas que decirle.
-Bueno, eso no está tan mal. Sería peor una semana aburrida.- Dice ella guiñándole un ojo y haciendo que él no pueda evitar sonreír.
- ¿Cómo sabes si quieres a alguien?- Dice él borrando aquella sonrisa y posando en aquel rostro un signo de añoranza.
- Cuando lo miras y piensas: Mataría por aferrarme a sus latidos y ya no soltar jamás. Eso es lo que yo pienso cuando te miro.- Dice ella en un arranque de valentía.
- Te quiero.- Dice él simplemente. Acaban besándose, sellando aquel "pacto". Cris le contó quién era realmente, Angy demostró que le quería quedándose a su lado a pesar de todo. Fueron felices, sí, fueron muy felices. Tal y como la vida les había prometido tras tanto sufrimiento.

domingo, 14 de octubre de 2012

El Puente.

Angy despierta en la cama, dolorida y esperanzada, se levanta despacio, sin hacer ruido. Se puso su camiseta nueva de las calaveras, la que había comprado la tarde anterior, gris y perfecta. Le encantaba, a su padre no tanto. Cogió la chaqueta negra de cuero y bajó las escaleras de su portal. Llegó abajo, llovía y la calle estaba fría, porque la vida mojada es mucho mejor. Ese olor a asfalto húmedo... Le encantaba. llevaba un paraguas en el bolso, pero no iba a sacarlo, prefiere sentir las gotitas en el rostro pálido que llora detrás de aquel pelo oscuro y precioso. Llega al campo del al lado del río, donde Garold la había besado por primera vez, siguió caminando, con la cabeza alta para empapar su rostro y que las aguas no se notaran. Llegó al puente donde estaba aquel candado que sellaba un para siempre que no habían cumplido. Llevaba la llave que lo desataba pero no quería quitarlo, no quería admitir que ese para siempre había acabado. Así que se sentó sobre el asfalto húmedo del puente, justo enfrente de ese candado. Justo enfrente del para siempre fingido.
Unos pasos a su espalda, un escalofrío al notar una mano en su hombro, un espasmo en su corazón al  girarse y ver a Garold...
-Pero... Tú... ¿No estabas en otro país?.-Dijo Angy con la piel aún más pálida que el papel.
-No pude coger ese avión sabiendo que no te volvería a ver.- Dice Garold con los ojos llenos de agua salada que no puede, bueno, que no debe dejar salir. Todavía no, todavía sigue enamorado de aquellos ojos de color marrón oscuro que brillan por las lágrimas que ella si se atreve a derramar, todavía siente miedo de buscar el amor que antes había y que tal vez él hubiera transmutado con dolor.
-¿Qué haces aquí? Quiero una respuesta clara.-  Dice ella con los ojos fijos en los de él, aquellos fantásticos ojos azules, queriendo vislumbrar sus pensamientos, pero sin lograr el resultado deseado.
-Volver a casa.- Dice él con la mirada puesta en el curso del río.
-No, dime la verdad. ¿Qué quieres?- Dice Angy con la mirada puesta en las mejillas de aquel chiquillo que no aparta la mirada del río. Él no quiere que le vea, no quiere que se dé cuenta de que ha empezado a llorar, aunque se aguantará las lágrimas si es necesario mirarla.
- ¿Qué quiero? ¿De verdad quieres que te lo diga?- Dice él girándose a mirar a la chiquilla de pelo oscuro a la vez que se seca las lágrimas de aquel rostro.
-Sí, lo necesito.- Dice ella con las lágrimas en los ojos.-Lo necesito para saber si debo quitar ese candado de ahí.- Dice señalando aquel candado en el que pone sus iniciales.
- Quiero vivir contigo, morir contigo, quiero ser feliz a tu lado y hacerte feliz a ti. Quiero todos esos besos que me hacían sentir que el tiempo se paraba, quiero esos abrazos que nunca me engañan, que me dicen siempre que me amas. Quiero despertarme a tu lado y que me digas "Buenos días mi amor, ¿Te levantas a hacer el desayuno conmigo?", que sea cierto que estamos más unidos que nunca, quiero darte todos los besos que me pidas. Quiero entrar en nuestra cocina, acercarme por detrás, cogerte por la cintura y besar tus preciosas mejillas dulcemente, que tú cierres los ojos y luego te gires para besarme en los labios. Quiero que llores sobre mi hombro cuando no tengas un buen día, quiero hacerte llorar de felicidad todos los días de nuestras vidas, quiero compartir todas las alegrías de mi vida contigo. Quiero ser el padre de tus hijos, quiero ser el apoyo que te sujete cuando te falten las fuerzas, quiero hacerte cosquillas mientras me abrazas y me dices, con voz juguetona, "¡Para!" Y no parar hasta que la sonrisa se quede aunque deje de hacerte cosquillas, quiero besarte las heridas, quiero besarte antes y después de ir a trabajar, todas las veces que me dé tiempo. Quiero ser todo lo que deseas y más. Eso es lo único que quiero, te quiero a ti.- Dice él mientras las lágrimas surcan sus mejillas. No puede evitar admitir que la quiere muchísimo más de lo que se aventurará a admitir nunca, bueno, tal vez ella haga que merezca la pena esas lágrimas que no puede dejar de derramar aquel precioso muchacho.
Ella se levanta de su asiento sobre el puente, se acerca al candado y pone una fecha más en él, la de ese día. Bajo la mirada atenta de su compañero de vida.
-Quiero que quede constancia de lo que acabas de decir, es un para siempre y espero que tengas intención de cumplirlo. Yo también te quiero, he llorado mucho desde que te vi marcharte de este puente después de haberme dicho que no ibas a volver. He estado todas las noches desde esa despierta en la oscuridad, queriendo que tú fueras mi abrigo y ahora me prometes tantas cosas que solo tengo ganas de lanzarme a tus brazos y decirte que te quiero una y mil veces, mientras te beso. Eso es lo que quiero yo, a ti. ¿Me dejas cumplir mi deseo?- Dice Angy a media voz, el tono que le permiten aquella lágrimas.
-Sí, quiero.- Dice él y la besa dulcemente en los labios mientras ambos sonríen, mientras ambos son felices.
Fueron felices el resto de sus vidas y cumplieron todos los para siempre que se nombraron aquel día y el resto de los días. Fueron absolutamente felices y todo gracias a la realidad que se dijeron y al amor que compartían.

domingo, 30 de septiembre de 2012

Creo que el Mundo Va Mejor.

El otro día caminaba por una callejuela secundaria, de vuelta a casa, cuando vi a un señor de unos sesenta años pidiendo en la calle, me sentí muy mal, porque en ese momento no llevaba dinero encima y no le pude dar nada.
De pronto veo a una niña, de unos cinco años, que le pide a su madre una moneda y, bajo la mirada atenta de su madre, su padre y su hermano, se acerca, con mucho miedo en la mirada, al señor y le deposita la moneda que le había pedido a su madre en el vaso y después sale corriendo hacía su madre. Les adelanto y me quedo escuchando su conversación:
-Hija, ¿Por qué has hecho eso?- Le pregunta la madre a la niñita de ojos azules y pelo medio rubio.
-Por que, si algún día no tenemos dinero para comprar comida, me gustaría que alguien hiciera eso por mi.-Dice la niñita refiriéndose al gesto increíble que acababa de realizar.
A mi casi se me saltan las lágrimas, me dieron ganas de girarme hacía aquellos padres y decirles: Seguid educando así a vuestros hijos, cuanta más gente como esta niña haya, mejor irá el mundo. Muchas gracias.
En serio, si esos padres están leyendo está líneas: Gracias. Esa niña es el detalle que me demuestra que la gente aún puede ser buena, que no solo hay maldad en las personas, que todavía queda gente como aquellos ojazos azules que es capaz de ver que, si alguien está mal, no siempre es su culpa y que muchas veces necesitamos ayuda de la gente que nos rodea, de las personas que nos quieren y, en el extremo más absoluto, de las personas que ni siquiera nos conocen. Esa niña es buena, es una niña excepcional, espero que las circunstancias no corrompan aquellos ojos ni aquel corazón puro, espero que la maldad del mundo quede tapada por todas las personas que son como esa niña. De verdad, podéis llamarme sensiblera, pero aquella niña se me ha quedado clavada en el corazón simplemente por ser capaz de olvidar todo su miedo para ayudar a aquel que lo necesita, por ser capaz de ver que ella también puede acabar siendo aquel hombre, por ser increíblemente madura con solo cinco añitos. De verdad que me emocioné, intenté que las lágrimas no rebosaran mis ojos, pero ahí estaban acechando tras ver la bondad de primera mano. Me sentí increíblemente agradecida con aquella niña y aquellos padre que, al fin y al cabo, han sido el ejemplo de esa niña y los responsables de que haya salido una persona tan increíble en un mundo tan despreciable. Gracias por ser así. Pequeña, si algún día lees esto, gracias por demostrarme que el mundo no es horrible y que siempre quedarán niñas increíbles como tú que me saquen las lágrimas de alegría de mis ojos.
Y a todos los que estáis leyendo esto: Espero que toméis ejemplo de aquella niña, yo ya lo he hecho: AL día siguiente pasé por esa calle de nuevo y deposité una moneda en el vaso de aquel señor. ¿Quién sabe? Igual le he cambiado la vida o igual he conseguido cambiar el mundo. Con nuestros gestos podemos decidir que es lo que queremos ser y hacer que el resto del mundo sea diferente a como es, espero que siempre cambiemos a mejor. Gracias.

viernes, 24 de agosto de 2012

Yo Secaré tus Lágrimas.

Las luces de la calle comienzan a encenderse mientras Endiena corre calle abajo, llega tarde, su vestido de raso azul comienza a ensuciarse con el roce de la acera, la muchacha no se da cuenta. O le da igual. Corre, corre como si le fuera la vida en ello, va buscando un lugar en el que debe quedarse, una esperanza que le ate a lo que le queda de vida. Un destino que describa sus pasos en una arena que nunca se la lleva el viento. Un nuevo disfraz que esconda todo su miedo y lo transforme en toda la belleza que aquellos atigrados ojos esconden. Una vida diferente y llena del amor que tanto se merece.
 La lluvia comienza a descender desde el cielo, el cabello pelirrojo de la chiquilla se comienza a empapar, sigue dándole igual. La niña solo quiere llegar rápido a algún lugar lejos del dolor que tantas noches llorando la ha causado. Lejos de él. El culpable de su dolor y de su felicidad, él, su antigua razón para existir, ya no existe. Llega a su casa, empapada, descalza, con los zapatos en la mano y los delicados pies de un negro ceniza. Sube cada escalón sin la energía que había demostrado en aquella extraña carrera, no demuestra nada de alegría por llegar a casa, solo ha llegado nada más. Abre la puerta de arriba, se descalza y entra en la casa vacía. Se tumba en el sofá, mirando al techo, no tiene nada que hacer y no le apetece llorar, todavía no. La muchacha se queda así un par de horas, el sueño no quiere vencerla, prefiere torturarla y hacerla permanecer despierta y pensar. El techo era de un blanco impoluto que ponía nerviosa a la muchacha, pero ella no tenía ganas de levantarse del sofá, no tenía ganas de nada.
Despierta entre una fina nebulosa infestada de agonía, mal estar, estupidez y sopor. La noche ha sido rara, los sueños no han dejado de recordarle lo que le falta: Unos brazos en los que esconderse del miedo.
Se levanta del incómodo sofá con un dolor de espalda horrible y va hacia su cuarto, todavía es pronto, aún puede dormir. Se mete en la cama, se recosta suavemente sobre la almohada y deja que el sueño venza la batalla. La luna se ve entre las cortinas verdes translúcidas. La luz dificulta mucho el descanso del cuerpo y el alma.
Despierta de nuevo otras seis veces, que más da, va a seguir allí acurrucada, el frío no la atrapará jamás, el miedo ya la tiene atrapada. La soledad se descarga sobre sus cansados ojos en forma de lágrimas, sus sollozos son audibles en todas las estancias de la casa, pero ahí se nota el nivel de su soledad: Vive sola. Nadie oirá sus lloros, nadie secará sus lágrimas. Levanta la vista y ve en el cuarto su reloj, marca las doce de la mañana. Decide levantarse e ir a comer algo a la cocina, oye que llaman a la puerta. Abre, tras de ella aparece Eloked, el muchacho de la fiesta de ayer. ¿Cómo habría conseguido su dirección? Da igual, ella le invita a entrar y le pide disculpas por el desorden. El chico está estupefacto, Endiena ha abierto la puerta en ropa interior. Su precioso cuerpo ha quedado casi al descubierto y el chico no es de piedra. Se sienta en el sofá y espera a que aparezca ella con un tentempié (Y que venga con algo de ropa.) Ella aparece por la puerta de la salia tal cual, en ropa interior, pero con una bandeja y comida sobre esta. Se disponen a hablar, aunque el chico se siente un poco incómodo, hablan de la fiesta de ayer, de como había encontrado la casa de la muchacha (Un amigo de ella le dio la dirección), de si estaban ambos solos... Endiena lleva la bandeja a la cocina, el muchacho no puede evitar seguirla, cogerla por la cintura y besarla. Ella se sube sobre la encimera y sigue besando al chico. Increíble, ya no tiene tanto miedo. Solo necesitaba un poco de cariño para que el miedo se disipara.
Acabaron juntos, se amaron durante seis años y luego ella murió durante el parto de la única hija que tuvieron. Creció feliz y sabiendo que su madre dio su vida por ella.