Abro mis ojos en mi cama, destapada y empapada en sudor. A mi lado no está él, ¿dónde puede estar? ¿Dónde ha ido? Me levanto apresuradamente, como esperando encontrarme en otro lugar, que todo lo que ha pasado por la noche haya sido no más que un sueño. Por suerte me equivoco. Sobre la mesa de la habitación ha un desayuno caliente (que supongo que sea la razón de haberme despertado porque huele realmente bien), y una nota.
"Hola preciosa, espero que hayas dormido bien y que te guste el desayuno. Yo he ido a comprar al mercado, en una hora o así estoy aquí y hacemos juntos la comida, ¿Vale?"
Sonrío al leer la nota y me siento a desayunar, no debe hacer demasiado tiempo que se ha ido, pero le echo demasiado de menos. Llevaba demasiado sin verle y no me he saciado de él, aún no. Y no creo que lo haga nunca. Cuando termino mi desayuno lo recojo y lo llevo a la cocina, allí me siento a leer el periódico calmadamente mientras espero a que vuelva. Vaya, nuevas revueltas de seres en las afueras de la ciudad... Debo tener cuidado, esto de estar huyendo no se me da bien. He vivido una vida muy cómoda hasta ahora y... No tengo nada para defenderme. Solo este chico que se ofreció a recogerme en la carretera y me ha protegido los últimos días...
Entra por la puerta, con las manos llenas de sangre.
-¿Qué ha pasado? ¿Estás bien?- No me responde, solo mira con la mirada pérdida a mi cuello, con los ojos sin expresión, con los labios entreabiertos respirando entrecortadamente, mostrando detrás de ellos unos dientes afilados.
No me da tiempo a decir nada más, me coge del cuello y no veo nada más. Caigo al suelo fulminada y él bebe de mí hasta saciar toda su sed, mis ojos vacíos miran al techo de la cocina mientras va escapando de mi cuerpo toda la vida con la que había empezado mi viaje. Poco a poco todo el miedo se desvanece, poco a poco me dejo llevar por la situación, dejo que mi sangre bañe su cuerpo y noto como mi cuerpo se vacía por completo para luego llenarse de golpe con algo nuevo, una nueva energía que me llena de luz, de fuerza y de... Hambre.
He hecho un pequeño cambio en el blog, ya era hora de una pequeña renovación. (Las obras siguen igual y pretendo seguir mucho tiempo más escribiendo)
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lunes, 14 de diciembre de 2015
Hambre.
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domingo, 13 de diciembre de 2015
Hoja de Laurel.
Es difícil decir las cosas cuando ese nudo de la garganta no te deja, cuando intentas decir tanto y tus palabras se ahogan entre un millón de lágrimas que no se secan, lágrimas eternas que van destruyendo tu cuerpo y todo tu temple, toda tu fuerza... Verle allí tumbado, inmóvil, sabiendo que todo ha acabado. Con una mezcla de horror y alivio que ahoga tu corazón anhelante, que desespera tu mente y aviva la sensación de horror.
Ha llegado el día que sabíamos que tenía que llegar. Pero saberlo no nos preparo para ello. Nada lo hace.
Solo puedes pensar en ello y seguir adelante con una sonrisa en los labios y mil lágrimas en el corazón, donde queda ese hueco que él ocupaba y que hoy queda vacío, que llora su pérdida, esa pérdida que nunca quisimos que llegara. Él te ha acompañado desde tus primeros pasos, tus primeras palabras, él fue quien te dio a probar el queso y la gaseosa. Él era quien te daba comida de contrabando cuando tu abuela no miraba. Y ahora solo queda un sitio vacío en la mesa, un sitio que jamás llegara a ocuparse, nadie se atreverá a intentarlo. Nadie podrá jamás suplantarle. Fue una persona que, aunque se enfadara contigo, sabías que era porque te quería y que lo iba a seguir haciendo a pesar de ello. Y después de tanto tiempo hay que asumir que nadie mas dirá "Esta película ya la he visto" a una película que se acaba de estrenar, mientras tu sonríes pensando que es entrañable verle así, tan bien, Nadie más discutirá contigo sobre datos e información que has aprendido y quieres compartir, nadie más te sonreirá mientras te corta un trozo más de queso y luego, con el dedo en los labios te dice que no se lo digas a la abuela.
Y nadie más se enfadará por verte llorar, porque sabe que no puede hacer nada y que estas sufriendo, porque te quiere. Hoy es un día muy triste, he perdido a alguien muy importante de mi vida y lo echaré muchísimo de menos, solo espero que allá donde esté, sea feliz y se acuerde de nosotros, que sepa que le queremos y que nos cuide. Gracias por estos años, abuelito, espero que todo haya merecido la pena tanto para ti como para todos nosotros. Te quiero y siempre lo haré.
Ha llegado el día que sabíamos que tenía que llegar. Pero saberlo no nos preparo para ello. Nada lo hace.
Solo puedes pensar en ello y seguir adelante con una sonrisa en los labios y mil lágrimas en el corazón, donde queda ese hueco que él ocupaba y que hoy queda vacío, que llora su pérdida, esa pérdida que nunca quisimos que llegara. Él te ha acompañado desde tus primeros pasos, tus primeras palabras, él fue quien te dio a probar el queso y la gaseosa. Él era quien te daba comida de contrabando cuando tu abuela no miraba. Y ahora solo queda un sitio vacío en la mesa, un sitio que jamás llegara a ocuparse, nadie se atreverá a intentarlo. Nadie podrá jamás suplantarle. Fue una persona que, aunque se enfadara contigo, sabías que era porque te quería y que lo iba a seguir haciendo a pesar de ello. Y después de tanto tiempo hay que asumir que nadie mas dirá "Esta película ya la he visto" a una película que se acaba de estrenar, mientras tu sonríes pensando que es entrañable verle así, tan bien, Nadie más discutirá contigo sobre datos e información que has aprendido y quieres compartir, nadie más te sonreirá mientras te corta un trozo más de queso y luego, con el dedo en los labios te dice que no se lo digas a la abuela.
Y nadie más se enfadará por verte llorar, porque sabe que no puede hacer nada y que estas sufriendo, porque te quiere. Hoy es un día muy triste, he perdido a alguien muy importante de mi vida y lo echaré muchísimo de menos, solo espero que allá donde esté, sea feliz y se acuerde de nosotros, que sepa que le queremos y que nos cuide. Gracias por estos años, abuelito, espero que todo haya merecido la pena tanto para ti como para todos nosotros. Te quiero y siempre lo haré.
viernes, 6 de noviembre de 2015
Tres de Tréboles.
Titilan las luces de mi habitación, es noche cerrada, si se funden nada iluminará la estancia para poder cambiar la bombilla... Pero no me importa, me tumbo mirando mi techo abuhardillado, embobada en los tablones del techo, pensando en... Nada. Mi mente simplemente sigue rodando mientras yo no pienso en nada. Simplemente estoy ahí, tumbada, quieta.
Salta encima mío, con su habitual elegancia, me trepa y se tumba sobre mí, ronroneando, soy terriblemente cómoda para ella. Así nos quedamos hasta que amanece, ella durmiendo y yo mirando el techo, otra jodida noche de insomnio de las que pensaba que no quedaban, de esas en las que el sueño no acude a mí, simplemente no puedo cerrar los ojos y dejarme llevar por la calma, simplemente mi mente sigue despierta mientras solo quiero abandonarme y dejarme llevar, mientras solo quiero descansar de una vez.
Suena mi despertador y yo no he dormido, mi gata se despierta al escuchar el sonido de mi móvil y se despereza aún tumbada sobre mí. Me siento agarrotada, toda la noche en la misma postura sin dormir. Así que me levanto con cuidado de la cama, estirándome suavemente para no hacerme daño, moviendo mis músculos con suavidad.
Estoy agotada. No tengo energía para nada y simplemente me toca hacerlo todo, no puedo quedarme en la cama, otra vez no. No puedo dejar que la tormenta me vuelva a arrastrar tan lejos que luego no encuentre la playa dentro de tanta tempestad... No puedo dejarme vencer de nuevo.
Me visto, me arreglo y salgo a la vida. Me dispongo a seguir adelante, a luchar un día más, mientras mi cuerpo me suplica que me quede en la cama, que vuelva a ceder al agotamiento, que vuelva a perder. Pero a mi nadie me gana.
Salta encima mío, con su habitual elegancia, me trepa y se tumba sobre mí, ronroneando, soy terriblemente cómoda para ella. Así nos quedamos hasta que amanece, ella durmiendo y yo mirando el techo, otra jodida noche de insomnio de las que pensaba que no quedaban, de esas en las que el sueño no acude a mí, simplemente no puedo cerrar los ojos y dejarme llevar por la calma, simplemente mi mente sigue despierta mientras solo quiero abandonarme y dejarme llevar, mientras solo quiero descansar de una vez.
Suena mi despertador y yo no he dormido, mi gata se despierta al escuchar el sonido de mi móvil y se despereza aún tumbada sobre mí. Me siento agarrotada, toda la noche en la misma postura sin dormir. Así que me levanto con cuidado de la cama, estirándome suavemente para no hacerme daño, moviendo mis músculos con suavidad.
Estoy agotada. No tengo energía para nada y simplemente me toca hacerlo todo, no puedo quedarme en la cama, otra vez no. No puedo dejar que la tormenta me vuelva a arrastrar tan lejos que luego no encuentre la playa dentro de tanta tempestad... No puedo dejarme vencer de nuevo.
Me visto, me arreglo y salgo a la vida. Me dispongo a seguir adelante, a luchar un día más, mientras mi cuerpo me suplica que me quede en la cama, que vuelva a ceder al agotamiento, que vuelva a perder. Pero a mi nadie me gana.
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viernes, 2 de octubre de 2015
Eternidad.
Suenan voces lejanas en mis oídos, voces de antiguas sirenas que pretenden volvernos a atrapar, pero que nos quedan demasiado alejadas de nosotros, que están perdidas en algún punto de la eternidad, entre tu miedo y tu valor. Buscas en el tiempo más tiempo, rebuscas esperando hallar una respuesta distinta, y siempre encuentras la misma, siempre un NO en los labios enrojecidos por el llanto, una mirada vacía, un corazón sumido en un mar sin retorno.
Pero te despiertas en la noche, con los oídos embotados por aquellas voces endulzantes, por aquellas sirenas que quieren atraparte. Y sientes miedo, como de costumbre, todo tu cuerpo tiembla al contacto con su piel, todo tú se transforma en otra persona al ver esos ojos encendidos, porque ella es más fuerte. Porque ella puede con algo que tú aún no entiendes. Todo este miedo al mañana, todo el argumento de la historia desparramado por el suelo, todo el tiempo perdido sin saber dónde te colocas respecto a esas preguntas que te haces en silencio. Pasan las horas y simplemente piensas en él, estás con él, te sientes sola. Quieres que esa persona que está junto a ti, este bien, porque cuando no lo está no es él. Porque te destroza mirarlo a los ojos y no ver más allá de su tristeza infinita. Porque el tiempo pasa, no puedes evitarlo y te asusta, el pensar que no es eterno, que algún día tus huesos se transformaran en polvo y de tu recuerdo no quedarán sino alguna foto en algún álbum. Tienes miedo a que vean esa debilidad que escondes tras ella, esa otra cara que todos se esfuerzan en no ver, porque está gritando que tienes que ser fuerte, porque está ella exigiéndote seguir adelante. Mi extraña conciencia escamada, mi refuerzo y mi comodín cuando veo esos ojos anegados en lágrimas que no puedo evitar que se derramen, y siento esa pura impotencia que quiebra mis piernas a la altura de las rodillas, que me deja en el suelo con una nueva herida abierta en el pecho. Sangrando. Liberando de tu cuerpo todos esos sentimientos que te ahogan. Porque la muerte te parece buena idea cuando él está así.
Pero es fuerte, por ti, porque no queda mucho de ti ya dentro de esta maraña de huesos y piel, porque el tiempo ha pasado mucha factura a tu agotado pensamiento y a tu cuerpo magullado por todas partes, porque no quieres seguir adelante si no es de su mano. Porque lo único que tienes es eso, esa seguridad de su presencia a tu lado a pesar de todo.
Pero te despiertas en la noche, con los oídos embotados por aquellas voces endulzantes, por aquellas sirenas que quieren atraparte. Y sientes miedo, como de costumbre, todo tu cuerpo tiembla al contacto con su piel, todo tú se transforma en otra persona al ver esos ojos encendidos, porque ella es más fuerte. Porque ella puede con algo que tú aún no entiendes. Todo este miedo al mañana, todo el argumento de la historia desparramado por el suelo, todo el tiempo perdido sin saber dónde te colocas respecto a esas preguntas que te haces en silencio. Pasan las horas y simplemente piensas en él, estás con él, te sientes sola. Quieres que esa persona que está junto a ti, este bien, porque cuando no lo está no es él. Porque te destroza mirarlo a los ojos y no ver más allá de su tristeza infinita. Porque el tiempo pasa, no puedes evitarlo y te asusta, el pensar que no es eterno, que algún día tus huesos se transformaran en polvo y de tu recuerdo no quedarán sino alguna foto en algún álbum. Tienes miedo a que vean esa debilidad que escondes tras ella, esa otra cara que todos se esfuerzan en no ver, porque está gritando que tienes que ser fuerte, porque está ella exigiéndote seguir adelante. Mi extraña conciencia escamada, mi refuerzo y mi comodín cuando veo esos ojos anegados en lágrimas que no puedo evitar que se derramen, y siento esa pura impotencia que quiebra mis piernas a la altura de las rodillas, que me deja en el suelo con una nueva herida abierta en el pecho. Sangrando. Liberando de tu cuerpo todos esos sentimientos que te ahogan. Porque la muerte te parece buena idea cuando él está así.
Pero es fuerte, por ti, porque no queda mucho de ti ya dentro de esta maraña de huesos y piel, porque el tiempo ha pasado mucha factura a tu agotado pensamiento y a tu cuerpo magullado por todas partes, porque no quieres seguir adelante si no es de su mano. Porque lo único que tienes es eso, esa seguridad de su presencia a tu lado a pesar de todo.
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domingo, 27 de septiembre de 2015
Laberinto.
Caminamos, dejando nuestra huella sobre la línea etérea que dibuja suavemente nuestro destino, que marca el rumbo por el que nos movemos y limita nuestras decisiones a unas preguntas concretas.
Y, con cada paso que dejamos marcado sobre la línea, vamos abriendo grietas, guardando lo caminado en algún punto de nuestra mente, de éste pensamiento vacío lleno de ideas deformes que damos forma con el cerebro. El camino va llenándose de piedras, trozos de aquellas silenciosas grietas que hemos abierto con nuestras decisiones, piezas que dificultan el seguir adelante e, incluso, cuestionan si merece la pena seguir caminando... Esa horrible pregunta sin respuesta, que jamás podremos saber, pues no podemos ver el premio que nos espera más allá del puro sufrimiento al que exponemos nuestros huesos, que chocan sonando con violencia contra el suelo. Nuestro paraíso tras haber saltado todas las piedras del camino, todas las grietas que nos quebraban las rodillas y atascaban nuestros pulmones, impidiéndonos respirar por el polvo que van levantando a nuestro paso sobre ellas. Dejando escapar por las grietas esos trozos de nuestras almas que no son lo suficientemente fuertes para seguir siendo parte de nosotros mismos y que dejamos escapar muy lejos de nosotros, que jamás vuelvan a entorpecer nuestros pasos, que no nos pongan la zancadilla impidiéndonos avanzar.
Escuchas gritos a lo lejos y dejas que el miedo corrompa tu cuerpo y sigues andando, encarando tus peores miedos, diciéndoles a la cara todo el miedo que ellos te provocan y que te da igual todo lo que hagan. Porque no tienen poder sobre ti, porque tú eres muchísimo más fuerte que todas ellas, porque algún día te darás cuenta que por fin superaste la prueba , que ya no queda nada por lo que seguir corriendo, que aquellos monstruos que pensabas que te seguían, se han muerto en algún punto del camino, que ya no siguen detrás tuyo. Pisándote los talones, sujetándote la sombra para que no puedas llegar más lejos de lo que ellos te permitían.
Y, con cada paso que dejamos marcado sobre la línea, vamos abriendo grietas, guardando lo caminado en algún punto de nuestra mente, de éste pensamiento vacío lleno de ideas deformes que damos forma con el cerebro. El camino va llenándose de piedras, trozos de aquellas silenciosas grietas que hemos abierto con nuestras decisiones, piezas que dificultan el seguir adelante e, incluso, cuestionan si merece la pena seguir caminando... Esa horrible pregunta sin respuesta, que jamás podremos saber, pues no podemos ver el premio que nos espera más allá del puro sufrimiento al que exponemos nuestros huesos, que chocan sonando con violencia contra el suelo. Nuestro paraíso tras haber saltado todas las piedras del camino, todas las grietas que nos quebraban las rodillas y atascaban nuestros pulmones, impidiéndonos respirar por el polvo que van levantando a nuestro paso sobre ellas. Dejando escapar por las grietas esos trozos de nuestras almas que no son lo suficientemente fuertes para seguir siendo parte de nosotros mismos y que dejamos escapar muy lejos de nosotros, que jamás vuelvan a entorpecer nuestros pasos, que no nos pongan la zancadilla impidiéndonos avanzar.
Escuchas gritos a lo lejos y dejas que el miedo corrompa tu cuerpo y sigues andando, encarando tus peores miedos, diciéndoles a la cara todo el miedo que ellos te provocan y que te da igual todo lo que hagan. Porque no tienen poder sobre ti, porque tú eres muchísimo más fuerte que todas ellas, porque algún día te darás cuenta que por fin superaste la prueba , que ya no queda nada por lo que seguir corriendo, que aquellos monstruos que pensabas que te seguían, se han muerto en algún punto del camino, que ya no siguen detrás tuyo. Pisándote los talones, sujetándote la sombra para que no puedas llegar más lejos de lo que ellos te permitían.
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miércoles, 16 de septiembre de 2015
Amanecer.
Camino, como siempre,
no creo que sea tiempo de detenerme.
Es hora de seguir adelante,
siempre callada, siempre constante,
con el corazón en una mano y la cabeza en la otra.
Con el coraje de ser lo que alguna vez te hizo ser idiota,
con la manía perdida de ser tú, esta triste loca.
Aquí, ahora, nada más importa,
solamente una palabra que mancilla
el susurrante sonido de esta boca,
solo un nombre, un ente,
una sonrisa, una mirada, una persona.
Solo un recuerdo, una razón para seguir
para jamás detenerme, no ahora,
Saber que más adelante aún queda
algún resto de lo que la lluvia
borró, desde aquellas tristes sombras.
Una luz que me lleve más lejos,
un fuego fatuo que jamás deje de brillar.
Una guía perdida allá lejos, en algún hondo mar.
Quiero salir de mi vida, verla entera,
volver a rememorar desde la lejanía,
desde la inocencia de no pensar que es mía.
Y así ver mis errores desde otra perspectiva,
y así reírme de aquellas noches a oscuras,
encerrada en mí misma.
Y otra noche pasa, sin ninguna sonrisa,
pérdida en los sueños de alguien
que ya no sigue con vida.
De una desconocida que fui
y a la que nunca más quiero volver.
Recordando durante horas, esas nubes,
ese cielo, esas luces, aquel amanecer.
jueves, 10 de septiembre de 2015
Colias Común
Ver pasar una mariposa blanca y recordar aquellas palabras, aquella frase que lo empezó todo, aquel momento que quedará en mi memoria para siempre, por todo lo que ello implica.
Extrañar aquella simplicidad de la felicidad enlatada en tardes a la sombra tirada en cualquier parte. Extrañar ese apoyo incondicional que ahora me brindan otros que por aquel entonces no estaban en mi vida. Caminar por este sendero lleno de baches, de subidas, de bajadas... Lleno de mi vida que se muestra ante mí con la mirada perdida. Con el corazón alborotado y las ganas de llorar suspendidas en el tiempo, congeladas mientras intento seguir adelante y no encuentro aquel sonido que antes llegaba a mis oídos y enturbiaba mi ya descontrolada mente; Su voz. Ahora llega otra voz, una más grave, que se muestra en un susurro contra mi oído y me despierta una y mil veces de estas pesadillas con las que lidio día a día. Y aquí estamos, la muerte y yo enfrentándonos como de costumbre, como cada día desde que tengo memoria, evitándonos la una a la otra mientras el tiempo da por ganada mi partida, porque tarde o temprano ha de finalizar la primavera, tarde o temprano las flores se secan y dejan paso a los frutos que más tarde se hielan. Miro de nuevo a la cuenca vacía de mi temida enemiga y me veo reflejada en la nada, como de costumbre, me veo inmersa en la oscuridad mientras tratan de hacerme huir de todo. Pero yo soy más fuerte.
Yo tengo algo que ella no, una vida, tengo todo el tiempo del mundo para luchar contra lo que venga y para salir victoriosa en cada partida contra ella. Pues ya he vencido a la muerte, mi fiel compañera, ya te he ganado cuando tengo asumido que soy la única capaz de dejarme atrapar y, que si no soy yo, jamás podrás vencerme, Porque el tiempo me ha enseñado mil caminos que he dejado atrás, mil decisiones que ya no volvería a cambiar, mil situaciones de las que aún no sé cómo conseguí escapar. Aquí me encuentro de nuevo, pensando en todos aquellos recuerdos y descubriendo tantas decisiones que me llevaron a su encuentro, tantas cosas que han hecho que hoy sea parte de esta familia que yo he elegido y que no me ha sido dada por la sangre. Porque he aprendido que la que eliges puede ser tan maravillosa como la que sangra igual que tú.
Extrañar aquella simplicidad de la felicidad enlatada en tardes a la sombra tirada en cualquier parte. Extrañar ese apoyo incondicional que ahora me brindan otros que por aquel entonces no estaban en mi vida. Caminar por este sendero lleno de baches, de subidas, de bajadas... Lleno de mi vida que se muestra ante mí con la mirada perdida. Con el corazón alborotado y las ganas de llorar suspendidas en el tiempo, congeladas mientras intento seguir adelante y no encuentro aquel sonido que antes llegaba a mis oídos y enturbiaba mi ya descontrolada mente; Su voz. Ahora llega otra voz, una más grave, que se muestra en un susurro contra mi oído y me despierta una y mil veces de estas pesadillas con las que lidio día a día. Y aquí estamos, la muerte y yo enfrentándonos como de costumbre, como cada día desde que tengo memoria, evitándonos la una a la otra mientras el tiempo da por ganada mi partida, porque tarde o temprano ha de finalizar la primavera, tarde o temprano las flores se secan y dejan paso a los frutos que más tarde se hielan. Miro de nuevo a la cuenca vacía de mi temida enemiga y me veo reflejada en la nada, como de costumbre, me veo inmersa en la oscuridad mientras tratan de hacerme huir de todo. Pero yo soy más fuerte.
Yo tengo algo que ella no, una vida, tengo todo el tiempo del mundo para luchar contra lo que venga y para salir victoriosa en cada partida contra ella. Pues ya he vencido a la muerte, mi fiel compañera, ya te he ganado cuando tengo asumido que soy la única capaz de dejarme atrapar y, que si no soy yo, jamás podrás vencerme, Porque el tiempo me ha enseñado mil caminos que he dejado atrás, mil decisiones que ya no volvería a cambiar, mil situaciones de las que aún no sé cómo conseguí escapar. Aquí me encuentro de nuevo, pensando en todos aquellos recuerdos y descubriendo tantas decisiones que me llevaron a su encuentro, tantas cosas que han hecho que hoy sea parte de esta familia que yo he elegido y que no me ha sido dada por la sangre. Porque he aprendido que la que eliges puede ser tan maravillosa como la que sangra igual que tú.
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lunes, 7 de septiembre de 2015
Letras sin Sentido.
Frío, todo mi cuerpo se revuelve en múltiples sacudidas que vienen desde mi diafragma hasta mi garganta. Mientras, mis ojos no paran de emanar demasiadas gotas de agua salada que resbalan por mis mejillas. Está siendo duro. Muy duro. No comprendo qué es lo que hice tan horrible en otra vida o en esta misma para ahora merecer sentirme como una mierda la mayoría de mi tiempo, aunque este reloj tiene las manillas rotas, aunque este tiempo se quiebra a mi al rededor y me cierra la boca mientras otra oleada de dolor escala mi garganta y me dificulta la respiración mientras aprieto mis labios para evitar llorar muy alto. Para evitar que alguien me oiga, para evitar que se den cuenta de lo débil que soy. No soy ninguna heroína, estoy harta de que todos piensen que así es y que luego sus ojos reflejen esa decepción que tanto duele. No soy ninguna heroína, no sirvo para serlo, soy demasiado débil en un mundo en el que serlo es lo que te hace humano y lo que te hace perder.
Noto mis latidos, alborotados en mi pecho. Noto ese dolor, ese que tantas otras noches no me dejó dormir, ese dolor taladrante que quiebra lo poco de persona que queda en mí. Y de nuevo las cascadas emergen de mis ojos, y otra vez mi diafragma se contrae haciendo que aguante la respiración en la oscuridad, tumbada en mi cama, mientras el aire va empapando mis células de dióxido de carbono y yo voy necesitando de nuevo tomar aire. Pero me da miedo,
Temo que si respiro, el mundo se mueva, siga girando y siga matándome como cada día de mi vida hasta ahora. Y pienso en tantas cosas que son culpa mía... Y tantas otras que son culpa de este destino incierto que me tiene ahogada, prisionera de mis emociones y sentimientos. Prisionera de mi propio tiempo.
Cansada del ritmo que marca mi corazón me paro, me quedo quieta observando todo a mi al rededor, todo lo que va pasando sin poder pararlo. Y de nuevo, como siempre, aparece él y me ofrece un descanso, me guarda del miedo, me para las lágrimas y me dice:
"Vamos, pequeña, deja de llorar. Para mí siempre serás mi heroína."
Pero lo que él no ve es que el verdadero héroe de mi historia es, y siempre será, él. Mi príncipe de brillante armadura que vuelve a salvarme de mi misma, porque siempre seré mi mayor enemigo, porque soy la única capaz de hacerme mella en el corazón de esa forma imborrable para nadie. Porque soy la única capaz de convertirme en un borrón escrito entre un montón de letras sin sentido.
Noto mis latidos, alborotados en mi pecho. Noto ese dolor, ese que tantas otras noches no me dejó dormir, ese dolor taladrante que quiebra lo poco de persona que queda en mí. Y de nuevo las cascadas emergen de mis ojos, y otra vez mi diafragma se contrae haciendo que aguante la respiración en la oscuridad, tumbada en mi cama, mientras el aire va empapando mis células de dióxido de carbono y yo voy necesitando de nuevo tomar aire. Pero me da miedo,
Temo que si respiro, el mundo se mueva, siga girando y siga matándome como cada día de mi vida hasta ahora. Y pienso en tantas cosas que son culpa mía... Y tantas otras que son culpa de este destino incierto que me tiene ahogada, prisionera de mis emociones y sentimientos. Prisionera de mi propio tiempo.
Cansada del ritmo que marca mi corazón me paro, me quedo quieta observando todo a mi al rededor, todo lo que va pasando sin poder pararlo. Y de nuevo, como siempre, aparece él y me ofrece un descanso, me guarda del miedo, me para las lágrimas y me dice:
"Vamos, pequeña, deja de llorar. Para mí siempre serás mi heroína."
Pero lo que él no ve es que el verdadero héroe de mi historia es, y siempre será, él. Mi príncipe de brillante armadura que vuelve a salvarme de mi misma, porque siempre seré mi mayor enemigo, porque soy la única capaz de hacerme mella en el corazón de esa forma imborrable para nadie. Porque soy la única capaz de convertirme en un borrón escrito entre un montón de letras sin sentido.
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miércoles, 4 de marzo de 2015
Alguna Ola perdida en el Desierto.
Solía tener ganas de luchar, ganas de seguir adelante, ganas de sonreír al mundo a pesar de todo los matices oscuros que manchaban los colores del arco iris. Pero es que a veces las cosas son demasiado duras, a veces no se puede pretender estar siempre en pie en mitad de la tormenta, a veces es el viento el que nos quiebra, a la altura de las rodillas. Y manchamos nuestros pantalones con el barro del húmedo suelo, con la sangre de todos aquellos que un día decidieron salir corriendo y dejarnos atrás con todo nuestro miedo encima, con todas las partidas perdidas encima y con una sonrisa falsa en el rostro.
De pronto el sol brilla más fuerte y más alto en el cielo, pero tú te notas demasiado lejos de todo aquello, entre tu propia oscuridad, sumido en el miedo. Quieres gritar, salir corriendo, pero todo lo que te rodea te tiene prisionero. ¿Qué clase de libertad es esta que no nos deja decidir cuando morir? ¿Qué clase de libertad es esa que no nos deja gritar lo que creemos que no es correcto a la cara de los que deberían pensar en nosotros? ¿Qué clase de vida es esa que no podemos vivir sin que nadie nos ate a un trozo de papel o de metal? Tengo miedo, siempre lo he tenido, jamás he sabido por qué creen que soy fuerte. Me paso las noches en vela, con miedo al día que vendrá, con dolor en mi cabeza o en mi espalda o en mi brazo o en mi corazón. Con dolor en tantos lugares que deberían estar ya bien que temo que las cosas cambien de nuevo. Que todo el infierno se enfrente a mi de nuevo y esta vez me gane el pulso que iniciamos hace ya tanto tiempo. Y aquí apareces tú, mi razón por la que sigo en pie, mi talón de Aquiles y mi mayor miedo. Aquí apareces tú, desatas miles de pensamientos, miles de cosas que quiero seguir haciendo, y justo después me besas y todo queda más allá de la tormenta.
Salgo corriendo de aquello que tantas noches me persigue, salgo corriendo antes incluso de verlo, porque ya estoy tan acostumbrada a huir que ni me cuestiono si me seguirá siguiendo. Tengo tantos remordimientos, tanta culpa acumulada en cada mililitro de sangre, en cada célula de mi cuerpo, que siento que me voy descomponiendo poco a poco por dentro. Soy un velero en mitad del mar, mientras sopla fuertemente el viento, mientras lo engulle alguna ola perdida en el desierto.
Quiero salir de este estúpido laberinto y le grito a la historia que me devuelva ese hilo que una vez sacó a tantos de este mismo sitio, grito por poder salir de mi caja mientras el tiempo sigue girando y mientras el mundo me va consumiendo, bebiendo de los pecados que contengo. Quiero escapar del estado intemporal de mis pupilas, del miedo al paso de las horas, quiero reír mientras sigo llorando.
De pronto el sol brilla más fuerte y más alto en el cielo, pero tú te notas demasiado lejos de todo aquello, entre tu propia oscuridad, sumido en el miedo. Quieres gritar, salir corriendo, pero todo lo que te rodea te tiene prisionero. ¿Qué clase de libertad es esta que no nos deja decidir cuando morir? ¿Qué clase de libertad es esa que no nos deja gritar lo que creemos que no es correcto a la cara de los que deberían pensar en nosotros? ¿Qué clase de vida es esa que no podemos vivir sin que nadie nos ate a un trozo de papel o de metal? Tengo miedo, siempre lo he tenido, jamás he sabido por qué creen que soy fuerte. Me paso las noches en vela, con miedo al día que vendrá, con dolor en mi cabeza o en mi espalda o en mi brazo o en mi corazón. Con dolor en tantos lugares que deberían estar ya bien que temo que las cosas cambien de nuevo. Que todo el infierno se enfrente a mi de nuevo y esta vez me gane el pulso que iniciamos hace ya tanto tiempo. Y aquí apareces tú, mi razón por la que sigo en pie, mi talón de Aquiles y mi mayor miedo. Aquí apareces tú, desatas miles de pensamientos, miles de cosas que quiero seguir haciendo, y justo después me besas y todo queda más allá de la tormenta.
Salgo corriendo de aquello que tantas noches me persigue, salgo corriendo antes incluso de verlo, porque ya estoy tan acostumbrada a huir que ni me cuestiono si me seguirá siguiendo. Tengo tantos remordimientos, tanta culpa acumulada en cada mililitro de sangre, en cada célula de mi cuerpo, que siento que me voy descomponiendo poco a poco por dentro. Soy un velero en mitad del mar, mientras sopla fuertemente el viento, mientras lo engulle alguna ola perdida en el desierto.
Quiero salir de este estúpido laberinto y le grito a la historia que me devuelva ese hilo que una vez sacó a tantos de este mismo sitio, grito por poder salir de mi caja mientras el tiempo sigue girando y mientras el mundo me va consumiendo, bebiendo de los pecados que contengo. Quiero escapar del estado intemporal de mis pupilas, del miedo al paso de las horas, quiero reír mientras sigo llorando.
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martes, 17 de febrero de 2015
Fénix.
Me encuentro ahora mismo en la cama tumbada, contigo a mi lado, con tu pecho subiendo y bajando en una sucesión rítmica de alientos, en un montón de latidos de los que voy bebiendo para seguir viviendo. Miro tu pelo enmarañado sobre la almohada y se me antoja besar suavemente tus labios mientras coges aire. Respira de mí, mi niño, quiero tenerte. Y es que me tienes toda para ti, soy tuya desde el momento en que enlazamos nuestras vidas a esta fina línea de destino y no imagino otra vida mejor que la compartida a tu lado.
Te desperezas de pronto en la cama, yo me tumbo rápidamente en la cama y tapo mi rostro con las mantas, finjo estar dormida. Tú te levantas, rodeas la cama, y te tiras encima mío besando mi rostro con cariño a la vez que me haces cosquillas. Quiero que pares y a la vez me encanta tenerte así a mi lado. Me encantas.
-Buenos días, mi niña, ¿Te levantas o sigo haciéndote cosquillas un poquito más?- Me susurras en el oído que sabes que oigo.
-Hummm... Prefiero que te tumbes aquí un ratito más conmigo...- Te susurro en los labios mientras te tumbo encima mío con suavidad.- Quiero jugar un poquito...- Tú sonríes y te tumbas a mi lado mientras me besas el cuello que de vez en cuando muerdes con fiereza. Dios, cómo me gusta tenerte a mi lado por las mañanas, se hacen mucho más amenas.
Me despierto al rato al oírte entrar de nuevo en la cama con algo grande y pesado en las manos, abro lentamente mis ojos y allí estás con el desayuno en los brazos. Me muero de amor por momentos, te ves tan sumamente adorable ahora mismo... Y yo te amo tanto...
-Venga, princesa, tienes que coger fuerzas para un nuevo día a mi lado.- Me susurras a la vez que me ayudas a levantarme de la cama lentamente mientras me pones en el regazo el desayuno. Huele muy rico. Aunque no tengo demasiada hambre, la verdad...
-Tienes que comer, te lo ha dicho el médico, si no comes me voy a enfadar mucho, quiero verte sana.- Me dices muy serio adivinando mis pensamientos.
-Es que... No tengo hambre... Tampoco creo que comer ayude en algo al cáncer.- Digo en un comentario un poco cruel, aunque me doy cuenta demasiado tarde.
-No eres médico, en consecuencia no puedes saber qué te curará más rápido, pero estoy seguro que morir de hambre no es una buena idea. Así que come y luego tómate las medicinas.-Me dices medio enfadado y algo dentro de mí se rompe en mil pedazos.
-Sí.-Solo digo eso y comienzo a comer.
Me ducho, me visto, y vamos al médico como cada mañana, aunque cada noche rezo para que ese día sea el último que tienes que soportarlo, aunque creo que tú rezas justo para lo contrario.
Te desperezas de pronto en la cama, yo me tumbo rápidamente en la cama y tapo mi rostro con las mantas, finjo estar dormida. Tú te levantas, rodeas la cama, y te tiras encima mío besando mi rostro con cariño a la vez que me haces cosquillas. Quiero que pares y a la vez me encanta tenerte así a mi lado. Me encantas.
-Buenos días, mi niña, ¿Te levantas o sigo haciéndote cosquillas un poquito más?- Me susurras en el oído que sabes que oigo.
-Hummm... Prefiero que te tumbes aquí un ratito más conmigo...- Te susurro en los labios mientras te tumbo encima mío con suavidad.- Quiero jugar un poquito...- Tú sonríes y te tumbas a mi lado mientras me besas el cuello que de vez en cuando muerdes con fiereza. Dios, cómo me gusta tenerte a mi lado por las mañanas, se hacen mucho más amenas.
Me despierto al rato al oírte entrar de nuevo en la cama con algo grande y pesado en las manos, abro lentamente mis ojos y allí estás con el desayuno en los brazos. Me muero de amor por momentos, te ves tan sumamente adorable ahora mismo... Y yo te amo tanto...
-Venga, princesa, tienes que coger fuerzas para un nuevo día a mi lado.- Me susurras a la vez que me ayudas a levantarme de la cama lentamente mientras me pones en el regazo el desayuno. Huele muy rico. Aunque no tengo demasiada hambre, la verdad...
-Tienes que comer, te lo ha dicho el médico, si no comes me voy a enfadar mucho, quiero verte sana.- Me dices muy serio adivinando mis pensamientos.
-Es que... No tengo hambre... Tampoco creo que comer ayude en algo al cáncer.- Digo en un comentario un poco cruel, aunque me doy cuenta demasiado tarde.
-No eres médico, en consecuencia no puedes saber qué te curará más rápido, pero estoy seguro que morir de hambre no es una buena idea. Así que come y luego tómate las medicinas.-Me dices medio enfadado y algo dentro de mí se rompe en mil pedazos.
-Sí.-Solo digo eso y comienzo a comer.
Me ducho, me visto, y vamos al médico como cada mañana, aunque cada noche rezo para que ese día sea el último que tienes que soportarlo, aunque creo que tú rezas justo para lo contrario.
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domingo, 11 de enero de 2015
Serpientes en la Cama.
Últimamente me noto diferente, ya no me quedan muchas lágrimas, se me han secado de tanto usarlas. Como aquellos rotuladores de colores que tenía cuando era pequeña... Benditos trozitos de luz, cuantos recuerdos enlatados en vosotros.
Yo aquí, en esta parte de mi vida en la que tengo que decidir tantas cosas que ya quedan dichas para siempre, toca definir quién vas a ser para el resto "la que luchó" o "la que se rindió" cuando todo parecía demasiado fácil. Pero es que nada es demasiado fácil, joder, cada cosa que he conseguido me ha costado mucho, he sufrido mucho y aquí estoy. Queriendo rendirme pero sin poder.
Hay mucho camino por seguir hacia delante, pero esos caminos que se dispersan en la linea de mi vida, son escabrosos y muy duros. Descubres cosas, cosas que tal vez sean superfluas pero te duele descubrirlas ahora. Y gritas tan fuerte como puedes para ahuyentar todo ese miedo, toda esa ira, todo ese rencor. Lejos. No quiero que quede dentro de mi nada de eso. Soy mucho mejor que todo eso. Pero a veces te permites un enfado, una lágrima, un grito ahogado en la oscuridad de la noche... Y todo vuelve a ti maxificado, todo se convierte en monstruos que creías que podías controlar, pero no puedes. Te recuerdan cada error, cada palabra mal dicha en cada enfado mal planeado. Y te hacen sentir débil, te hacen sentir sucio, te hacen... Huir de nuevo de quien eres.
Porque todo viaje empieza igual, toda vida empieza igual, todos empezamos llorando y hacemos lo que sea para que, cuando nos vayamos, sean los demás los que lloren nuestra ausencia. Pero yo no quiero que lloren, yo no quiero que me extrañen, yo no quiero haber sido simplemente algo en sus vidas que deben afrontar para continuar hacia delante. Yo quiero ser parte de todos y cada uno de los personajes que completan mi historia, quiero dejar en ellos una huella mucho más allá del cariño. Quiero estar viva dentro de cada uno de ellos el día que me vaya.
No sé por qué me he puesto tan melancólica estos días, pero no sé. Casi tengo los dieciocho y veo que mi vida aún no ha servido para mucho, solo he sido un conejillo de indias en una historia que aún no sé si quiero que se escriba, una historia que aún no está definida y que con cada paso voy definiendo. Me siento libre y a la vez noto unas cadenas que apresan mis alas, un mazo que golpea duro mi esperanza. Quiero gritar fuerte y me ahogo intentando decir todo lo que quiero para que aquellos que dudan de mí sepan que no me rindo. Para que todos aquellos que dijeron que no podría, vean que aún sigo luchando. Porque aún queda mucho por lo que seguir viviendo y porque aún queda aire en mis pulmones y tinta en mis venas.
Yo aquí, en esta parte de mi vida en la que tengo que decidir tantas cosas que ya quedan dichas para siempre, toca definir quién vas a ser para el resto "la que luchó" o "la que se rindió" cuando todo parecía demasiado fácil. Pero es que nada es demasiado fácil, joder, cada cosa que he conseguido me ha costado mucho, he sufrido mucho y aquí estoy. Queriendo rendirme pero sin poder.
Hay mucho camino por seguir hacia delante, pero esos caminos que se dispersan en la linea de mi vida, son escabrosos y muy duros. Descubres cosas, cosas que tal vez sean superfluas pero te duele descubrirlas ahora. Y gritas tan fuerte como puedes para ahuyentar todo ese miedo, toda esa ira, todo ese rencor. Lejos. No quiero que quede dentro de mi nada de eso. Soy mucho mejor que todo eso. Pero a veces te permites un enfado, una lágrima, un grito ahogado en la oscuridad de la noche... Y todo vuelve a ti maxificado, todo se convierte en monstruos que creías que podías controlar, pero no puedes. Te recuerdan cada error, cada palabra mal dicha en cada enfado mal planeado. Y te hacen sentir débil, te hacen sentir sucio, te hacen... Huir de nuevo de quien eres.
Porque todo viaje empieza igual, toda vida empieza igual, todos empezamos llorando y hacemos lo que sea para que, cuando nos vayamos, sean los demás los que lloren nuestra ausencia. Pero yo no quiero que lloren, yo no quiero que me extrañen, yo no quiero haber sido simplemente algo en sus vidas que deben afrontar para continuar hacia delante. Yo quiero ser parte de todos y cada uno de los personajes que completan mi historia, quiero dejar en ellos una huella mucho más allá del cariño. Quiero estar viva dentro de cada uno de ellos el día que me vaya.
No sé por qué me he puesto tan melancólica estos días, pero no sé. Casi tengo los dieciocho y veo que mi vida aún no ha servido para mucho, solo he sido un conejillo de indias en una historia que aún no sé si quiero que se escriba, una historia que aún no está definida y que con cada paso voy definiendo. Me siento libre y a la vez noto unas cadenas que apresan mis alas, un mazo que golpea duro mi esperanza. Quiero gritar fuerte y me ahogo intentando decir todo lo que quiero para que aquellos que dudan de mí sepan que no me rindo. Para que todos aquellos que dijeron que no podría, vean que aún sigo luchando. Porque aún queda mucho por lo que seguir viviendo y porque aún queda aire en mis pulmones y tinta en mis venas.
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martes, 23 de diciembre de 2014
Purgatorio.
Cojo con determinación el pomo de la puerta, es hora de acabar con esto, de salir de aquí. Siento mucho frío en alguna parte de mi pecho, creo que algunos llaman a esto soledad, yo creo que es parte de tener la sangre helada por el horror. Abro la puerta y salgo de allí, alejándome lo antes posible de aquella horrible escena, sangre por todas partes de las paredes del salón, trozos de lo que parece algo humano en el sofá... Tengo la boca seca y me encuentro, al salir, un coche patrulla; recuerdo por fin que he sido yo quién los ha llamado, junto a ellos una ambulancia desembarca la camilla y entra atropelladamente en el portal, todo ocurre tan despacio a mi al rededor... Uno de los agentes se acerca y me ofrece llevarme a casa, yo ya no estoy ahí. He huido de toda esa sangre derramada, huyo de ese cuerpecito inmóvil tirado en el suelo, sin nada de vida. Huyo lejos, muy lejos; pero algo realmente consigue despertarme de mi huida: La camilla pasando a mi lado, con ese cuerpo tapado con una sábana blanca que se empapa por momentos de sangre.
Despierto de pronto de todo esto, escucho con claridad todas esas voces que antes parecían embotelladas, ya no puedo huir. Todo a mi al rededor cobra de pronto de una rapidez asombrosa que me aterra.
Me subo al coche patrulla y me dejan en casa. Entro en mi cuarto, poso mi jersey verde encima de la camilla blanca, junto al gran ventanal, me dirijo al baño y allí me despojo de toda mi ropa. Al quitarme una bota un fuerte ruido metálico me hace saltar en el sitio, vaya, aquí está en cuchillo. Había olvidado dónde lo había metido y ahora mancha las baldosas blanquecinas de mi cuarto. Lo dejo allí, en el suelo, mientras lavo de mi cuerpo todas las manchas de sangre, opto por darme un baño, será mucho más rápido que tratar de lavarme en el bidé.
Cuando introduzco mi cuerpo en la bañera siento un fuerte escozor en varias partes de mi cuerpo que, al eliminar los restos de sangre, descubren grandes pero superficiales cortes, "No moriré de esto" me digo a mi misma. Cojo el cuchillo del suelo, rajo mis muñecas y las introduzco en el agua.
Me subo al coche patrulla y me dejan en casa. Entro en mi cuarto, poso mi jersey verde encima de la camilla blanca, junto al gran ventanal, me dirijo al baño y allí me despojo de toda mi ropa. Al quitarme una bota un fuerte ruido metálico me hace saltar en el sitio, vaya, aquí está en cuchillo. Había olvidado dónde lo había metido y ahora mancha las baldosas blanquecinas de mi cuarto. Lo dejo allí, en el suelo, mientras lavo de mi cuerpo todas las manchas de sangre, opto por darme un baño, será mucho más rápido que tratar de lavarme en el bidé.
Cuando introduzco mi cuerpo en la bañera siento un fuerte escozor en varias partes de mi cuerpo que, al eliminar los restos de sangre, descubren grandes pero superficiales cortes, "No moriré de esto" me digo a mi misma. Cojo el cuchillo del suelo, rajo mis muñecas y las introduzco en el agua.
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martes, 3 de junio de 2014
Máscara.
Salía buscar algo en lo que ocupar mi tiempo libre, porque si no lo ocupaba acudían a mi los malos recuerdos, las noches atrapada entre lágrimas que tal vez solo servían para matarme cada vez un poquito más. Siento miedo de aquellos recuerdos que aún oculto en alguna parte de mi torturada mente, en algún lugar sin sentimientos que escapa de mi vida de vigilia y me mantiene cuerda dentro de mi mundo de locura. Siento tus manos cogiendo algo de mi que nunca te debió pertenecer, algo que me arrancaste sin piedad y que algún día me has de devolver con creces. Sigues tu vida y en ella ya no tengo espacio, tienes otras cosas de las que preocuparte y yo a veces lo prefiero así. Otras me arrepiento de no haberte matado de un plumazo cuando tuve opción. Me arrepiento de no haberte quitado la importancia que no tienes y que me empeño en darte.
Camino por la ciudad, sintiendo el viento gélido azotando débilmente mi rostro, voy pensando en mi vida y en todo lo que ha cambiado en cuestión de dos años. Antes era una chica que me guardaba todo dentro, que odiaba hablar de lo que tanto miedo la daba, hablar de lo que cada noche le aterraba mientras lloraba en silencio aferrada a su almohada. Recuerdos que preferiría olvidar y que soy incapaz de bloquear.
De pronto las lágrimas inundan mis ojos y yo muerdo fuertemente mis labios, no quiero llorar, no quiero ser débil. Pero el aire ha cesado, ya no hay nada que refresque suavemente mi rostro, las gotas de agua salada pesan cada vez más en mis ojos que miran algún punto en la lejanía de mi proximidad. Una mueca parecida a una sonrisa parte mi boca al recordar como otras tantas noches me he encontrado en esa misma situación que ahora. Yo queriendo rendirme y yo otra vez diciéndome que no puedo hacerlo. Mi parte racional luchando con lo que queda de mi parte emocional. Pero hay tantas cosas que han cambiado..
Alguien pasa sus manos sobre mis ojos que se cierran con el descubrimiento de la creciente oscuridad, mi corazón se va acelerando poco a poco, siento fuego dentro de mi que quema cada pieza rota de mi corazón y me convierte en una actriz que finje estar bien mientras el fuego de su interior la va consumiendo. Esbozo mi sonrisa más realista y me giro procurando que las lágrimas hayan desaparecido por completo, rezando para que él no se dé cuenta de que sigo mal, que las cosas no son como deberían ser. Que le necesito más de lo que él mismo cree y que en realidad soy débil, muy débil. Otro día que va pasando, otro día que te marchas sin yo poder evitarlo, odio estar tan lejos de ti y a la vez me alegro de que no tengas que cargar siempre con mi pasado.
Camino por la ciudad, sintiendo el viento gélido azotando débilmente mi rostro, voy pensando en mi vida y en todo lo que ha cambiado en cuestión de dos años. Antes era una chica que me guardaba todo dentro, que odiaba hablar de lo que tanto miedo la daba, hablar de lo que cada noche le aterraba mientras lloraba en silencio aferrada a su almohada. Recuerdos que preferiría olvidar y que soy incapaz de bloquear.
De pronto las lágrimas inundan mis ojos y yo muerdo fuertemente mis labios, no quiero llorar, no quiero ser débil. Pero el aire ha cesado, ya no hay nada que refresque suavemente mi rostro, las gotas de agua salada pesan cada vez más en mis ojos que miran algún punto en la lejanía de mi proximidad. Una mueca parecida a una sonrisa parte mi boca al recordar como otras tantas noches me he encontrado en esa misma situación que ahora. Yo queriendo rendirme y yo otra vez diciéndome que no puedo hacerlo. Mi parte racional luchando con lo que queda de mi parte emocional. Pero hay tantas cosas que han cambiado..
Alguien pasa sus manos sobre mis ojos que se cierran con el descubrimiento de la creciente oscuridad, mi corazón se va acelerando poco a poco, siento fuego dentro de mi que quema cada pieza rota de mi corazón y me convierte en una actriz que finje estar bien mientras el fuego de su interior la va consumiendo. Esbozo mi sonrisa más realista y me giro procurando que las lágrimas hayan desaparecido por completo, rezando para que él no se dé cuenta de que sigo mal, que las cosas no son como deberían ser. Que le necesito más de lo que él mismo cree y que en realidad soy débil, muy débil. Otro día que va pasando, otro día que te marchas sin yo poder evitarlo, odio estar tan lejos de ti y a la vez me alegro de que no tengas que cargar siempre con mi pasado.
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viernes, 16 de mayo de 2014
Ángel Caído.
Sale el sol entre los cristalizados edificios de Manhattan, hoy es un día hermoso, la luna se queda prendida en el cielo, brillando, como siempre.
Hay una joven despierta, sentada en su balcón con las piernas cruzadas, viendo el brillante amanecer con los ojos enrojecidos por el llanto que no la ha dejado dormir en toda la nublada noche.
Tiene los brazos y las piernas cubiertos de cortes superficiales que lanzan pequeños hilillos de sangre por su blanquecina piel de la muchacha. Pasan las horas y ella no se mueve, aunque con el pijama tan corto que lleva debe de tener frío. El sol se encuentra en lo alto del cielo, la luna ha sido eclipsada por su brillo cálido, refulgente. Debe de tener el cuerpo entumecido por el paso lento de las peores horas del día. La gente comienza a transitar por las callejuelas que rodean la visión de la chica, nadie repara en ella, nadie mira a la ensangrentada joven, sus brazos y piernas llevan horas sangrando. Nadie se percata de su soledad ni de su miedo. Pasa desadvertida y mantiene fija su mirada en el punto donde la noche anterior ha estado la luna.
Por fin se levanta, moviéndose con torpeza, sus heridas ya no sangran. Son simples líneas rojizas que surcan su debilitado cuerpo. Le tiemblan todos los músculos, no puede ni levantar su propio peso. No le queda mucho tiempo si no come. Pero si come estará perdida de nuevo entre la sangre de sus heridas.
Se introduce en la oscuridad del cuarto justo cuando el despertador de todas las habitaciones de la casa empieza a sonar y ella sale rápidamente hacia el cuarto de baño a ducharse antes de que alguien pueda verla. Abre el agua caliente y se despoja de su pijama observando su fragmentado cuerpo. Es una hermosa joven pelirroja, pero ello no ve la belleza de sus ojos verdes ni de sus curvas juveniles que se van distinguiendo entre el cuerpo infantil, que tantas otras compañeras de clase dejaron atrás hace mucho. Se lava cada centímetro de sí misma intentando borrar el dolor... Pero le escuecen los cortes. Se envuelve en su albornoz y va a su cuarto esquivando las miradas de su familia que poco a poco se va desperezando en los pasillos de la casa. Se viste y oculta con maquillaje las ojeras resultantes de pasar la noche en vela.
Otro día de mierda, aunque muchos ya no quedan.
Hay una joven despierta, sentada en su balcón con las piernas cruzadas, viendo el brillante amanecer con los ojos enrojecidos por el llanto que no la ha dejado dormir en toda la nublada noche.
Tiene los brazos y las piernas cubiertos de cortes superficiales que lanzan pequeños hilillos de sangre por su blanquecina piel de la muchacha. Pasan las horas y ella no se mueve, aunque con el pijama tan corto que lleva debe de tener frío. El sol se encuentra en lo alto del cielo, la luna ha sido eclipsada por su brillo cálido, refulgente. Debe de tener el cuerpo entumecido por el paso lento de las peores horas del día. La gente comienza a transitar por las callejuelas que rodean la visión de la chica, nadie repara en ella, nadie mira a la ensangrentada joven, sus brazos y piernas llevan horas sangrando. Nadie se percata de su soledad ni de su miedo. Pasa desadvertida y mantiene fija su mirada en el punto donde la noche anterior ha estado la luna.
Por fin se levanta, moviéndose con torpeza, sus heridas ya no sangran. Son simples líneas rojizas que surcan su debilitado cuerpo. Le tiemblan todos los músculos, no puede ni levantar su propio peso. No le queda mucho tiempo si no come. Pero si come estará perdida de nuevo entre la sangre de sus heridas.
Se introduce en la oscuridad del cuarto justo cuando el despertador de todas las habitaciones de la casa empieza a sonar y ella sale rápidamente hacia el cuarto de baño a ducharse antes de que alguien pueda verla. Abre el agua caliente y se despoja de su pijama observando su fragmentado cuerpo. Es una hermosa joven pelirroja, pero ello no ve la belleza de sus ojos verdes ni de sus curvas juveniles que se van distinguiendo entre el cuerpo infantil, que tantas otras compañeras de clase dejaron atrás hace mucho. Se lava cada centímetro de sí misma intentando borrar el dolor... Pero le escuecen los cortes. Se envuelve en su albornoz y va a su cuarto esquivando las miradas de su familia que poco a poco se va desperezando en los pasillos de la casa. Se viste y oculta con maquillaje las ojeras resultantes de pasar la noche en vela.
Otro día de mierda, aunque muchos ya no quedan.
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lunes, 31 de marzo de 2014
21-03-2014
A veces piensas en el pasado, en todo lo ocurrido en tan poco tiempo, en toda la gente que ha marcado tus latidos para siempre y te sientes como si tu vida siempre hubiese sido esa, como si todo estuviera por fin en su lugar. Como si hubieras conseguido armar un puzzle lleno de piezas que son imágenes del cielo, que son todas iguales y distintas a la vez. Y comprendes que tu vida siempre fue tuya, que tus errores son y siempre serán tuyos. Pero lo más importante es que también te das cuenta que todos tus triunfos no te pertenecen solo a ti, una sola persona no es capaz de plasmar la felicidad en un millón de instantes que algún día fueron presentes y que ahora conforman parte del maravilloso camino que está siendo tu vida. Uno no es capaz de vivir la vida solo, no, necesita esas piezas de color cielo, eso que le da ese toque de misterio a la vida.
¿Pertenecerá esta pieza a una simple esquina o será el centro crucial de nuestro puzzle?
Ahora mismo, con mi juventud recién estrenada aún me siento viva, aún tengo sangre en las venas que quiere gritar. que quiere luchar por un mañana mejor, para todos. Un mañana en paz que haga que todos los recuerdos olvidados merezcan la pena que esos mismos nos causaron.
Caminas sin rumbo, fijando tu mirada cristalizada en aquellos que pasan a tu lado y cuchichean sin saber por todo lo que has pasado, todas las cosas que has vivido en estos diecisiete años y la confianza vuelve a ti, sacude cada poro de tu piel, haciendo que te sientas viva otra vez. Entonces sonríes, y es cuando realmente miras a tu al rededor y descubres que, aquellos que creías que estaban criticándote también te sonríen, y tú les devuelves la sonrisa pensando que quizá sepan un poquito más de lo que tú creías en un principio.
Estás rodeada de gente que acaba siendo muy importante para ti, muy importante en tu vida. Y ¿qué importa estar llena de cicatrices? Lo verdaderamente importante es vivir y yo vivo con cada una de ellas como un gran triunfo, cada una de ellas le muestra al mundo que eres mucho más fuerte de lo que parece en un primer momento, de lo que muestra tu cuerpo débil, porque la fuerza que tienes la vas sacando de todo el apoyo que recibes de las personas que te quieren. Me siento muy fuerte hoy, siento que empieza mi vida de nuevo aquí, en este punto de mi vida en el que me he parado un segundo a descansar del ajetreo. Me he parado y todo a mi al rededor sigue funcionando, todo sigue su rumbo tal y como yo había esperado y aquí estoy, sentada en la orilla del camino, mirando como pasa el tiempo y nunca más va a volver. Pero necesitaba este descanso, este cambio, ahora me siento con mucha fuerza, con mucho ánimo para crear mi propio camino y qué le den a todos si creen que no es el camino correcto, para mí sí lo es. Y eso es lo importante, ser feliz.
¿Pertenecerá esta pieza a una simple esquina o será el centro crucial de nuestro puzzle?
Ahora mismo, con mi juventud recién estrenada aún me siento viva, aún tengo sangre en las venas que quiere gritar. que quiere luchar por un mañana mejor, para todos. Un mañana en paz que haga que todos los recuerdos olvidados merezcan la pena que esos mismos nos causaron.
Caminas sin rumbo, fijando tu mirada cristalizada en aquellos que pasan a tu lado y cuchichean sin saber por todo lo que has pasado, todas las cosas que has vivido en estos diecisiete años y la confianza vuelve a ti, sacude cada poro de tu piel, haciendo que te sientas viva otra vez. Entonces sonríes, y es cuando realmente miras a tu al rededor y descubres que, aquellos que creías que estaban criticándote también te sonríen, y tú les devuelves la sonrisa pensando que quizá sepan un poquito más de lo que tú creías en un principio.
Estás rodeada de gente que acaba siendo muy importante para ti, muy importante en tu vida. Y ¿qué importa estar llena de cicatrices? Lo verdaderamente importante es vivir y yo vivo con cada una de ellas como un gran triunfo, cada una de ellas le muestra al mundo que eres mucho más fuerte de lo que parece en un primer momento, de lo que muestra tu cuerpo débil, porque la fuerza que tienes la vas sacando de todo el apoyo que recibes de las personas que te quieren. Me siento muy fuerte hoy, siento que empieza mi vida de nuevo aquí, en este punto de mi vida en el que me he parado un segundo a descansar del ajetreo. Me he parado y todo a mi al rededor sigue funcionando, todo sigue su rumbo tal y como yo había esperado y aquí estoy, sentada en la orilla del camino, mirando como pasa el tiempo y nunca más va a volver. Pero necesitaba este descanso, este cambio, ahora me siento con mucha fuerza, con mucho ánimo para crear mi propio camino y qué le den a todos si creen que no es el camino correcto, para mí sí lo es. Y eso es lo importante, ser feliz.
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sábado, 28 de diciembre de 2013
Adiós 2013
Un año, tiempo, solo tiempo.
Eso es lo que se mide en este mismo momento,
cosas que han ido pasando
a lo largo del ancho y tortuoso calendario.
Mi tiempo se desvanece
acontece mientras escribo, mientras revivo
cada tarde en esta cama.
Cada sollozo entre lágrimas desbordadas.
Cada calma entorpecida
por cada problema que te para mientras avanzas.
Miro como los años
van haciendo mella en mi rostro, como cada vez
parezco más... Débil.
Y me quedo, un solo segundo, hago balance
me maldigo por eso que
debería haber hecho y, tal vez, no hice.
No me arrepiento,
grito al espejo que me responde entre críticas.
No, no hay nada malo
en lo que me acecha este fin de año, en este último
día que queda de este tiempo
que poco a poco está pasando, está acabando.
Vuelvo a gritar,
esta vez grito dos palabras: Nunca más.
No, no quiero llorar.
Otro año que empieza, otro que se va.
Otras miradas que
algún día dejarán de llegar a esta puerta que dejará
de estar abierta.
Otro año que empieza.
Otras palabras que callan intentando aferrarse
al tiempo que las marca.
Y entonces te callas, el mundo se acaba.
Eso es lo que se mide en este mismo momento,
cosas que han ido pasando
a lo largo del ancho y tortuoso calendario.
Mi tiempo se desvanece
acontece mientras escribo, mientras revivo
cada tarde en esta cama.
Cada sollozo entre lágrimas desbordadas.
Cada calma entorpecida
por cada problema que te para mientras avanzas.
Miro como los años
van haciendo mella en mi rostro, como cada vez
parezco más... Débil.
Y me quedo, un solo segundo, hago balance
me maldigo por eso que
debería haber hecho y, tal vez, no hice.
No me arrepiento,
grito al espejo que me responde entre críticas.
No, no hay nada malo
en lo que me acecha este fin de año, en este último
día que queda de este tiempo
que poco a poco está pasando, está acabando.
Vuelvo a gritar,
esta vez grito dos palabras: Nunca más.
No, no quiero llorar.
Otro año que empieza, otro que se va.
Otras miradas que
algún día dejarán de llegar a esta puerta que dejará
de estar abierta.
Otro año que empieza.
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miércoles, 6 de noviembre de 2013
Deja que Pase.
Paseaba por los pasillos del hospital psiquiátrico con aquella bata azul claro de enferma que tanto aborrecía, pero las drogas que le suministraban le daba un pequeño efecto de tranquilidad que solo duraba hasta que la tarde se oscurecía, y volvían las noches a ciegas llorando, queriendo morir. Otra vez las mañanas de resaca sin haber bebido ni una gota, otra vez la droga y otra vez la tranquilidad. Los días pasaban sin saber ni siquiera que día era.
Una mañana de niebla pudo ver cómo él entraba por las puertas, mientras se quedaba mirando fijamente el horizonte desde aquel pequeño ventanal. La niebla era algo que siempre la atrapaba en una espiral curiosa de la que difícilmente lograba escapar cuando alguien la llamaba a continuar con la monotonía diaria de aquel edificio sin demasiada vida, sin armonía, sin música... Ella adoraba la música. Llevaba mucho sin escuchar ni una sola nota, desde que Lou, el pianista, había fallecido hace... ¿Tres meses? El tiempo aquí dentro es tan relativo que nadie sabe cuánto lleva allí ni cuánto va a estar.
Entra en la sala un chico pelirrojo de ojos color coral que son tan brillantes y a la vez se hacen tan imposibles, se percató de que él no era de los habituales del hospital que obligaban a acudir a la sala conjunta para poder intentar que no se hagan daño. Todos los que estábamos en aquella sala llevábamos una pequeña o gran marca en alguna parte de nuestro preciado cuerpo.
Yo llevaba unas abrasiones en el cuello, de una soga que debió matarme pero no lo hizo.
Ella, bueno, ella era otro tema. Jamás la había visto articular palabra alguna desde que llevaba allí, jamás la había visto sonreír, y eso que ella llegó por lo menos un mes después de mi. Llevaba siempre consigo un pañuelo en el bolsillo izquierdo de su bata, en la parte en la que estaría su corazón. Esa tarde la vi esbozar una mueca casi de asombro cuando el joven entró en la sala. Ella solía tener una mirada perdida, unos ojos cansados sin vida, sin mucha experiencia pero que saben que el mundo no es fácil. No creo que aquella muchacha superara los veinte años, era muy joven para estar con nosotros, pero muy mayor para ir con los adolescentes... Supongo que por eso estaba allí, no sabían donde meterla, pero no podían dejar que pudiera completar aquella tarea que la había metido allí.
Él se acercó a ella, le apartó el mechón de pelo de la cara y se quedó a su lado mirando la espesa niebla. Así se sucedieron los días, cada vez ella estaba mejor y, supongo, él cada vez encontraba nuevos motivos por los que no cumplimentar aquella tarea.
O al menos eso creíamos todos.
Una mañana me desperté por unos gritos que provenían de las duchas comunitarias, creí que era simplemente que alguien se había caído, pero igualmente me acerqué allí. Al cruzar el umbral de aquel portón pude ver el suelo encharcado en sangre. Al fondo ellos dos, cogidos de la mano, mientras el agua se llevaba su vida a partir de las muñecas marcadas por un trozo de cristal de la ventana, creo. Jamás supe por qué se mataron, nunca entendí que si eran felices juntos, cómo fueron capaces de morir, solo me quedaba el pensamiento que murieron el uno por el dolor del otro.
Una mañana de niebla pudo ver cómo él entraba por las puertas, mientras se quedaba mirando fijamente el horizonte desde aquel pequeño ventanal. La niebla era algo que siempre la atrapaba en una espiral curiosa de la que difícilmente lograba escapar cuando alguien la llamaba a continuar con la monotonía diaria de aquel edificio sin demasiada vida, sin armonía, sin música... Ella adoraba la música. Llevaba mucho sin escuchar ni una sola nota, desde que Lou, el pianista, había fallecido hace... ¿Tres meses? El tiempo aquí dentro es tan relativo que nadie sabe cuánto lleva allí ni cuánto va a estar.
Entra en la sala un chico pelirrojo de ojos color coral que son tan brillantes y a la vez se hacen tan imposibles, se percató de que él no era de los habituales del hospital que obligaban a acudir a la sala conjunta para poder intentar que no se hagan daño. Todos los que estábamos en aquella sala llevábamos una pequeña o gran marca en alguna parte de nuestro preciado cuerpo.
Yo llevaba unas abrasiones en el cuello, de una soga que debió matarme pero no lo hizo.
Ella, bueno, ella era otro tema. Jamás la había visto articular palabra alguna desde que llevaba allí, jamás la había visto sonreír, y eso que ella llegó por lo menos un mes después de mi. Llevaba siempre consigo un pañuelo en el bolsillo izquierdo de su bata, en la parte en la que estaría su corazón. Esa tarde la vi esbozar una mueca casi de asombro cuando el joven entró en la sala. Ella solía tener una mirada perdida, unos ojos cansados sin vida, sin mucha experiencia pero que saben que el mundo no es fácil. No creo que aquella muchacha superara los veinte años, era muy joven para estar con nosotros, pero muy mayor para ir con los adolescentes... Supongo que por eso estaba allí, no sabían donde meterla, pero no podían dejar que pudiera completar aquella tarea que la había metido allí.
Él se acercó a ella, le apartó el mechón de pelo de la cara y se quedó a su lado mirando la espesa niebla. Así se sucedieron los días, cada vez ella estaba mejor y, supongo, él cada vez encontraba nuevos motivos por los que no cumplimentar aquella tarea.
O al menos eso creíamos todos.
Una mañana me desperté por unos gritos que provenían de las duchas comunitarias, creí que era simplemente que alguien se había caído, pero igualmente me acerqué allí. Al cruzar el umbral de aquel portón pude ver el suelo encharcado en sangre. Al fondo ellos dos, cogidos de la mano, mientras el agua se llevaba su vida a partir de las muñecas marcadas por un trozo de cristal de la ventana, creo. Jamás supe por qué se mataron, nunca entendí que si eran felices juntos, cómo fueron capaces de morir, solo me quedaba el pensamiento que murieron el uno por el dolor del otro.
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martes, 5 de noviembre de 2013
Gritos a Contra Tiempo.
A veces te sientas un momento en el suelo, te paras y te quedas en silencio, y piensas simplemente piensas. En las cosas que están ocurriendo en tu vida, en todo lo que está aconteciendo, y te descubres agazapado en el suelo, llorando sin ningún motivo aparente, simplemente teniendo miedo al presente, solo buscando algo que te encuentre en medio de tu profunda oscuridad. Algo que te saque poco a poco las sonrisas y haga que ya no duela tus miedos enfermizos, haciendo que parezcas un poco más fuerte. Esas cosas que detienen de nuevo tu corazón alborotado por el "¿Y si...?" que tantas veces has llegado a odiar.
No sabes que camino retomar, por donde llevar tus pasos hacia el futuro distante que se convierte en este presente cortante y doloroso. No tienes muy claro como hacer para no mirar atrás, tampoco cómo mirar hacia delante sin estar seguro de que vaya a haber un mañana.
Por eso vivo al día, porque cualquier día mi corazón dejará de latir, mis pulmones dejarán de entrar aire, mi cerebro dejará de enviar impulsos eléctricos al cuerpo y mis células dejarán de estar vivas para pasar a ser el alimento de una nueva o vieja vida. Así que bueno, no sé cuántos presentes más viviré, no es algo que tenga previsto saber, no es algo que me quite el sueño, no me importa si dejo de existir, solo me importa que quede algo de mi en este mundo. Aunque sea una pequeña frase, o una sonrisa, o un consejo que le salve mil desvelos a una persona, me importa una mierda morir el día de mañana, lo único que me importa es que voy a vivir hasta que no tenga ni un solo músculo funcionando. Y no me da la gana de que mi cuerpo crea que puede detenerme, que me ponga enferma por el desgaste del mundo, no me importa que haga frío, tampoco que me sienta en ocasiones débil, sin fuerzas, creyendo que no queda mucho, creyéndome inútil por algo que escapa a mi puro entendimiento.
Sintiéndome impotente ante la acción de mi cuerpo contra esto que pretende devorarme por dentro. No, no soy débil, un día me di cuenta de lo fuerte que era cuando miré a la cara a la muerte y volví de ella. Porque tú crees que soy débil, que no valgo para el mundo en el que me ha tocado vivir, que mis ideales no conocen lógica alguna y que algún día estaré sublevada a ti. Pero te equivocas, mientras tenga voz no dejaré de gritar, mientras tenga puños no dejaré de alzarlos por la libertad y, aunque te pese, mientras este viva seré lo suficientemente libre como para que no puedas sublevarme. El orgullo no se lleva en el corazón, pues este es un simple músculo que no hace más acción que la de contraerse y relajarse. El orgullo se lleva en la mente, en el alma si lo prefieres, en esa parte de tu ser que jamás podrán arrebatarte y que rebatirá hasta la más mínima pizca de ilógica que tengas dentro, porque somos seres inteligentes y por eso no podrás sublevarme, porque tengo la inteligencia suficiente como para saber que mi vida jamás será tuya.
Todo lo que he tenido en mi vida me lo he ganado a base de sudor, sangre y lágrimas. A pesar de que me veas callada mis ojos gritan desde lo más profundo de mi alma.
No sabes que camino retomar, por donde llevar tus pasos hacia el futuro distante que se convierte en este presente cortante y doloroso. No tienes muy claro como hacer para no mirar atrás, tampoco cómo mirar hacia delante sin estar seguro de que vaya a haber un mañana.
Por eso vivo al día, porque cualquier día mi corazón dejará de latir, mis pulmones dejarán de entrar aire, mi cerebro dejará de enviar impulsos eléctricos al cuerpo y mis células dejarán de estar vivas para pasar a ser el alimento de una nueva o vieja vida. Así que bueno, no sé cuántos presentes más viviré, no es algo que tenga previsto saber, no es algo que me quite el sueño, no me importa si dejo de existir, solo me importa que quede algo de mi en este mundo. Aunque sea una pequeña frase, o una sonrisa, o un consejo que le salve mil desvelos a una persona, me importa una mierda morir el día de mañana, lo único que me importa es que voy a vivir hasta que no tenga ni un solo músculo funcionando. Y no me da la gana de que mi cuerpo crea que puede detenerme, que me ponga enferma por el desgaste del mundo, no me importa que haga frío, tampoco que me sienta en ocasiones débil, sin fuerzas, creyendo que no queda mucho, creyéndome inútil por algo que escapa a mi puro entendimiento.
Sintiéndome impotente ante la acción de mi cuerpo contra esto que pretende devorarme por dentro. No, no soy débil, un día me di cuenta de lo fuerte que era cuando miré a la cara a la muerte y volví de ella. Porque tú crees que soy débil, que no valgo para el mundo en el que me ha tocado vivir, que mis ideales no conocen lógica alguna y que algún día estaré sublevada a ti. Pero te equivocas, mientras tenga voz no dejaré de gritar, mientras tenga puños no dejaré de alzarlos por la libertad y, aunque te pese, mientras este viva seré lo suficientemente libre como para que no puedas sublevarme. El orgullo no se lleva en el corazón, pues este es un simple músculo que no hace más acción que la de contraerse y relajarse. El orgullo se lleva en la mente, en el alma si lo prefieres, en esa parte de tu ser que jamás podrán arrebatarte y que rebatirá hasta la más mínima pizca de ilógica que tengas dentro, porque somos seres inteligentes y por eso no podrás sublevarme, porque tengo la inteligencia suficiente como para saber que mi vida jamás será tuya.
Todo lo que he tenido en mi vida me lo he ganado a base de sudor, sangre y lágrimas. A pesar de que me veas callada mis ojos gritan desde lo más profundo de mi alma.
domingo, 8 de septiembre de 2013
Ángeles.
Esta historieta no es mía, pero la vi y me gustó tanto que he querido compartirla con quien sea que me lea, espero que os guste tanto como a mi.
Niño: ¿Es usted un ángel?
Yo: ¿Qué?
Niño: Mi madre me dijo que los que tienen las muñecas marcadas son ángeles.
Yo: Pues no soy un ángel.
Niño: Claro que sí. Mamá dijo que sólo los ángeles se hacen daño, porque no les gusta la vida en la tierra. El mundo los está destruyendo, y quieren regresar al cielo. Son muy sensibles al dolor de los demás, y al suyo mismo.
Yo: Entonces ya sabes que tu madre es muy sabia.
Niño: Gracias. Ella también es un ángel ¿sabes? Pero ya ha regresado a casa.
Niño: ¿Es usted un ángel?
Yo: ¿Qué?
Niño: Mi madre me dijo que los que tienen las muñecas marcadas son ángeles.
Yo: Pues no soy un ángel.
Niño: Claro que sí. Mamá dijo que sólo los ángeles se hacen daño, porque no les gusta la vida en la tierra. El mundo los está destruyendo, y quieren regresar al cielo. Son muy sensibles al dolor de los demás, y al suyo mismo.
Yo: Entonces ya sabes que tu madre es muy sabia.
Niño: Gracias. Ella también es un ángel ¿sabes? Pero ya ha regresado a casa.
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martes, 13 de agosto de 2013
Always.
Cada noche se sentaba en su mesa de estudio y escribía todo lo acontecido en el día, todas las cosas vividas. Después, como cada noche, repasaba su vida en un intento por no olvidar a aquellos que quería, en un intento por aferrarse a su vida, mientras esta se le escapaba lentamente entre sus finos dedos, entre miles de recuerdos que se iban borrando cada día.
De repente entró él en el cuarto, nunca era capaz de recordar su nombre, pero sabía perfectamente que había vivido muchas cosas con aquel hombre arrugado de ojos profundos y verdes, esos ojos que siempre la encantaban como un hechizo indestructible.
"Debí de sentir eso la primera vez que le vi, nunca más podría desengancharme de esos ojos..." Pensó ella clavando sus ojos en él como siempre hacía.
-Alex, soy Alex. ¿Recuerdas?
-Lo único que no recordaba era tu nombre. Pero de ti jamás conseguiré olvidarme, y menos si entras con semejantes ojazos.- Dijo ella con un nudo en la garganta, sin saber por qué tenía allí esas ganas de llorar.
-Eso espero, cariño, sino te leeré cada una de esas líneas para que recuerdes todo lo que has hecho pro mi, todo lo que me has demostrado en estos años, todo lo feliz que he sido gracias a ti, todo lo que hemos hecho juntos... Todo por lo que sigo viviendo.- Dijo él con muchas ganas de abrazarla, besarla y hacerla suya, aunque ya lo era.
-Cariño, ¿Cómo puedes ser tan fuerte de quererme incluso cuando olvido hasta tu nombre? ¿Cómo eres capaz de soportar el dolor de ver a la persona que amas olvidar quienes son nuestras propias hijas?
-Tú misma lo has dicho: Porque te amo.Y no podría ser de otra forma, mi princesa, porque tú eres lo que en su día me dio un por qué existir, una razón para seguir a delante sin mirar atrás, sin volver a tener miedo.- Dijo él con sus ojos encharcados en lágrimas. -¿Has terminado de escribir lo de hoy?-
-Sí, pero ahora tengo que leer lo de los días anteriores. ¿Te quedas conmigo recordando los buenos tiempos?- Dijo ella sonriendo de la única forma que sabía: Gracias a él.
-Todos los momentos son buenos, siempre que sean a tu lado. Y claro que me quedo recordando contigo, para que sepas que siempre estaré aquí, por mucho que olvides mi nombre o cualquier otra cosa. Porque te amo, mi niña.- Dijo él, mientras se le escapaba un lagrimilla.
-Yo también te amo, mi vida.- Dijo ella besándolo, algo que no hacía desde que empezó a olvidar.
De repente entró él en el cuarto, nunca era capaz de recordar su nombre, pero sabía perfectamente que había vivido muchas cosas con aquel hombre arrugado de ojos profundos y verdes, esos ojos que siempre la encantaban como un hechizo indestructible.
"Debí de sentir eso la primera vez que le vi, nunca más podría desengancharme de esos ojos..." Pensó ella clavando sus ojos en él como siempre hacía.
-Alex, soy Alex. ¿Recuerdas?
-Lo único que no recordaba era tu nombre. Pero de ti jamás conseguiré olvidarme, y menos si entras con semejantes ojazos.- Dijo ella con un nudo en la garganta, sin saber por qué tenía allí esas ganas de llorar.
-Eso espero, cariño, sino te leeré cada una de esas líneas para que recuerdes todo lo que has hecho pro mi, todo lo que me has demostrado en estos años, todo lo feliz que he sido gracias a ti, todo lo que hemos hecho juntos... Todo por lo que sigo viviendo.- Dijo él con muchas ganas de abrazarla, besarla y hacerla suya, aunque ya lo era.
-Cariño, ¿Cómo puedes ser tan fuerte de quererme incluso cuando olvido hasta tu nombre? ¿Cómo eres capaz de soportar el dolor de ver a la persona que amas olvidar quienes son nuestras propias hijas?
-Tú misma lo has dicho: Porque te amo.Y no podría ser de otra forma, mi princesa, porque tú eres lo que en su día me dio un por qué existir, una razón para seguir a delante sin mirar atrás, sin volver a tener miedo.- Dijo él con sus ojos encharcados en lágrimas. -¿Has terminado de escribir lo de hoy?-
-Sí, pero ahora tengo que leer lo de los días anteriores. ¿Te quedas conmigo recordando los buenos tiempos?- Dijo ella sonriendo de la única forma que sabía: Gracias a él.
-Todos los momentos son buenos, siempre que sean a tu lado. Y claro que me quedo recordando contigo, para que sepas que siempre estaré aquí, por mucho que olvides mi nombre o cualquier otra cosa. Porque te amo, mi niña.- Dijo él, mientras se le escapaba un lagrimilla.
-Yo también te amo, mi vida.- Dijo ella besándolo, algo que no hacía desde que empezó a olvidar.
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Alex,
Amor,
chicas,
chicos,
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te quiero,
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