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lunes, 14 de diciembre de 2015

Hambre.

Abro mis ojos en mi cama, destapada y empapada en sudor. A mi lado no está él, ¿dónde puede estar? ¿Dónde ha ido? Me levanto apresuradamente, como esperando encontrarme en otro lugar, que todo lo que ha pasado por la noche haya sido no más que un sueño. Por suerte me equivoco. Sobre la mesa de la habitación ha un desayuno caliente (que supongo que sea la razón de haberme despertado porque huele realmente bien), y una nota.
"Hola preciosa, espero que hayas dormido bien y que te guste el desayuno. Yo he ido a comprar al mercado, en una hora o así estoy aquí y hacemos juntos la comida, ¿Vale?"
Sonrío al leer la nota y me siento a desayunar, no debe hacer demasiado tiempo que se ha ido, pero le echo demasiado de menos. Llevaba demasiado sin verle y no me he saciado de él, aún no. Y no creo que lo haga nunca. Cuando termino mi desayuno lo recojo y lo llevo a la cocina, allí me siento a leer el periódico calmadamente mientras espero a que vuelva. Vaya, nuevas revueltas de seres en las afueras de la ciudad... Debo tener cuidado, esto de estar huyendo no se me da bien. He vivido una vida muy cómoda hasta ahora y... No tengo nada para defenderme. Solo este chico que se ofreció a recogerme en la carretera y me ha protegido los últimos días...
Entra por la puerta, con las manos llenas de sangre.
-¿Qué ha pasado? ¿Estás bien?- No me responde, solo mira con la mirada pérdida a mi cuello, con los ojos sin expresión, con los labios entreabiertos respirando entrecortadamente, mostrando detrás de ellos unos dientes afilados.
No me da tiempo a decir nada más, me coge del cuello y no veo nada más. Caigo al suelo fulminada y él bebe de mí hasta saciar toda su sed, mis ojos vacíos miran al techo de la cocina mientras va escapando de mi cuerpo toda la vida con la que había empezado mi viaje. Poco a poco todo el miedo se desvanece, poco a poco me dejo llevar por la situación, dejo que mi sangre bañe su cuerpo y noto como mi cuerpo se vacía por completo para luego llenarse de golpe con algo nuevo, una nueva energía que me llena de luz, de fuerza y de... Hambre.

sábado, 12 de diciembre de 2015

Felicidades Bambi

Hoy, doce de diciembre, es el cumpleaños de una persona que aún habiendo conocido hace relativamente (menos de un año) y de casualidad, se ha convertido en un pilar clave en mi vida. Es una de esas personas que son capaces de quitarme todo el dolor y toda la tristeza con uno de sus abrazos, sin nada más. Una de esas personas que me conoce muy bien y sabe cuando no estoy bien, sabe cuando necesito uno de sus abrazos. Nuestra historia comenzó de forma absurda, pero con el paso del tiempo se empeñó en conocerme y en ganarse mi confianza, por lo que se convirtió en uno de mis mejores amigos y en una de esas personas sin las que no quiero seguir en mi vida. Una de esas personas que son imprescindibles para mí. Mi Bambi, ese idiota que me hace reír con cualquier chorrada y que también me dice lo que hago mal sin más ni más.
Espero que pases un día maravilloso acompañado de aquellos que te queremos y que pases muchos años a mi lado, espero que todos los que quedan.

Hoy es todo lo que quiero escribir, quiero dejar algo para una persona muy importante en mi vida, una persona que saberlo ni pensarlo se hizo hueco en mi corazón y se va a quedar ahí para siempre, porque se lo ha ganado. Se ha ganado mi confianza, mi amistad y mi amor. Te quiero cielo, muchísimas felicidades!!

domingo, 22 de noviembre de 2015

Manada.

Llevas mucho caminando, ya se hace duro seguir el camino lleno de baches, ya no te quedan fuerzas en el amasijo de vísceras en que te has convertido. Solo queda miedo, debilidad y prejuicios. Siempre sobre ti, sobre tu debilidad y sobre todas esas carencias caladas de miedo y trampas. De vísceras y sangre, de cerebro y corazón. Te encuentras, aquí parada, como tantas otras veces, notando tu alma silenciosa, inquieta, parada. Notándote agarrotada, en un momento en que poco más nos queda aquí, poco más nos queda por vivir en esta vida profana, maldita, desdichada... Con voz apagada te diriges al mundo, con tus ojos resplandecientes empañados en duda y en todo ese miedo, y es entonces cuando te ves, a ti mismo, reflejado en cada error, y es entonces cuando ves en ti todo lo que podrías hacer y no hiciste, todo el camino que se borra cuando lo emprendes dudando y sufriendo, cuando inicias tu vida cuestionándote la misma. Y es entonces cuando nada importa, y es entonces cuando todo lo que tienes vale exactamente lo que eres: Un amasijo de vísceras y sangre que mancha el mundo a cada paso, con una falsa sonrisa en los labios.
Y otra vez te paras, miras tus errores, todas aquellas veces que te has dado cuenta de que la has cagado, y lo sabes bien, la has cagado muchísimo. Nada volverá a ser lo mismo después de esas palabras que han salido de tus labios, sin decir lo que realmente pensabas, diciendo únicamente lo que tu corazón dolido piensa que es mejor. Y no lo es, sabes que no lo es y eso lo convierte en un error aún más grave. Y en ese momento notas dos manos en tu hombro, de esas dos personas que marcan tus latidos con sus susurros en tu oído, y te das cuenta de que nada importará más a partir de ahora, que tu errores han quedado perdonados hace tiempo y ya no duelen. Ya no tienes ese peso sobre tus hombros, ya no queda más miedo en ninguna parte de ti. Y la ves a ella, tu mujer de verde, abrazándote por la espalda y besándote la mejilla; a él, tu humano, besándote lo labios; a ese otro lobo, mirándote a los ojos mientras te acaricia la mejilla y te levanta en volandas. Y ese ciervo y su joven ario con los que hay mucha historia por delante que contar y que te hacen reír con cualquier chorrada, mi familia, los que yo he elegido y que me hacen feliz. Todos aquellos que han estado ahí en mis errores y en mis victorias, que me han secado las lágrimas y que me han dicho que la he cagado y que he sido muy dura con alguien. Y tenía razón, normalmente siempre la tienen. Te sientas en el suelo, con ellos contigo, y te da cuenta que si es con ellos, la vida vale muchísimo más que cuando estabas sola. Queda mucho camino por delante, pero merecerá la pena si lo recorro con ellos.

lunes, 16 de noviembre de 2015

Luna de Lágrimas.

Oigo voces fuera de mi habitación, es noche sin luna, así que la calle ha quedado terriblemente oscura. Solo las estrellas la iluminan, es lo que tiene que todo se desatara y se llevara consigo la electricidad. Abro los ojos en la oscuridad de mi cuarto, mi oído se centra más en las voces de fuera y mis músculos se relajan: Son Noir y Zephyr. Cuando me quiero dar cuenta, veo por completo la habitación, a pesar de estar a oscuras, la magia hace maravillas. Me pongo mi bata y salgo al pasillo, donde me los encuentro discutiendo a regañadientes, lo más bajo que pueden, pero ambos se dan cuenta de que no es suficiente.
-Sabes que necesita descansar, Noir, no está sana.- Dice Zephyr en un tono lo más calmado posible.
-Y tú sabes que si no salimos de aquí pronto, ninguno estará sano me temo. Puede descansar en la siguiente parada.- Dice el lupino con aire airado, deben de estar cerca.
-Bueno, nenes, ya vale de discutir. Sois como críos. Es mi misión y mi vida, quién no quiera seguirme que no lo haga. Pero aquí mando yo. Y saldremos en cuanto coma algo, me muero de hambre.- Digo pasando entre ellos con una sonrisa pícara que me es devuelta por ambos y me siguen detrás observando mis caderas contonearse. Vaya dos, si es que son más simples que el mecanismo de un chupete, seguro que ya ni recuerdan de lo que discutían hace a penas un minuto. Suspiro pensando que me es demasiado fácil salirme con la mía desde que tengo mis ojos hipnóticos, aunque en cuanto despierten de la hipnosis... Se enfadarán, Noir más que Zephyr. Él ya está acostumbrado a queme salga con la mía.
Llegamos a la cocina y me preparo un emparedado, huelo la sangre antes de que abran la puerta incluso, huelo las vísceras que manchan sus manos y sus ropas, huelo su sudor mezclado en las heridas purulentas que marcan su cuerpo. Simplemente me siento.
Abre la puerta y entra en la cocina al tiempo que Noir y Zehyr se ponen ante mí en forma de defensa, yo solo miro los ingredientes de mi emparedado mientras lo hago con calma.
-Hola Jinete, ¿Cómo tú por aquí?- Le digo con calma a mi viejo... ¿Amigo?
-Te buscan, Eire, deberías tener más cuidado con tus escondites, es demasiado fácil entrar.- Me dice tomando asiento frente a mí en el sillón.
-Lo sé, este par no me dejó proteger la casa porque saldremos tras mi almuerzo, no nos quedaremos mucho, estamos cerca de la Catedral.- Digo mirándolo por fin mientras pongo en un plato mi bocadillo.
-Bueno, pero ya sabes que la seguridad es lo primero, no queremos que Gabriel abra Pandora y solo te necesita a ti para ello. Lo sabes.- Me dice con sus ojos vacíos machados de imágenes que no me gustaría tener que volver a ver. Pero es una habilidad de este ser, te enseña tus peores recuerdos.
-Tranquilidad todo el mundo, por dios, que huelo lo que se acerca antes de que se acerque demasiado... Aunque sé que eso no te servirá de mucho, ¿no?- Le digo mientras muerdo mi comida.-Deberíais comer vosotros también, el camino es largo, quedan 10 kilómetros.- Les digo a los tres sin apenas mirarlos. Queda bastante camino, pero lo importante es llegar antes de que lo hagan ellos.

viernes, 6 de noviembre de 2015

Tres de Tréboles.

Titilan las luces de mi habitación, es noche cerrada, si se funden nada iluminará la estancia para poder cambiar la bombilla... Pero no me importa, me tumbo mirando mi techo abuhardillado, embobada en los tablones del techo, pensando en... Nada. Mi mente simplemente sigue rodando mientras yo no pienso en nada. Simplemente estoy ahí, tumbada, quieta.
Salta encima mío, con su habitual elegancia, me trepa y se tumba sobre mí, ronroneando, soy terriblemente cómoda para ella. Así nos quedamos hasta que amanece, ella durmiendo y yo mirando el techo, otra jodida noche de insomnio de las que pensaba que no quedaban, de esas en las que el sueño no acude a mí, simplemente no puedo cerrar los ojos y dejarme llevar por la calma, simplemente mi mente sigue despierta mientras solo quiero abandonarme y dejarme llevar, mientras solo quiero descansar de una vez.
Suena mi despertador y yo no he dormido, mi gata se despierta al escuchar el sonido de mi móvil y se despereza aún tumbada sobre mí. Me siento agarrotada, toda la noche en la misma postura sin dormir. Así que me levanto con cuidado de la cama, estirándome suavemente para no hacerme daño, moviendo mis músculos con suavidad.
Estoy agotada. No tengo energía para nada y simplemente me toca hacerlo todo, no puedo quedarme en la cama, otra vez no. No puedo dejar que la tormenta me vuelva a arrastrar tan lejos que luego no encuentre la playa dentro de tanta tempestad... No puedo dejarme vencer de nuevo.
Me visto, me arreglo y salgo a la vida. Me dispongo a seguir adelante, a luchar un día más, mientras mi cuerpo me suplica que me quede en la cama, que vuelva a ceder al agotamiento, que vuelva a perder. Pero a mi nadie me gana.

miércoles, 21 de octubre de 2015

Cuarto Creciente.

Hoy me he levantado con ganas de seguir escribiendo, con ganas de gritarle al mundo lo que pienso, de defender en mis letras todo por lo que he luchado en mi vida. Todo lo que tengo, que no es poco. Así que me he puesto de nuevo, boli en mano, y he garabateado muchas palabras sin sentido, muchas cosas carentes de matices que después habría que maquillar para que puedan ser leídas, muchas ideas confusas buscando una recóndita razón. Unas, sueños confusos de noches oscuras y cálidas mantas, otras, pesadillas de frío y miedo, de sangre y suciedad sobre mi piel. Y me he leído a mí misma en esas letras, me he encontrado agazapada en aquella exclamación que se atropella después de decirme que no valgo, después de hundirme, ese aliento que me devuelve al campo.
Pues no hay sonido más ensordecedor que el silencio de los labios que callan una verdad, ni una mirada más triste que aquella a la que ya se le han secado las lágrimas. Que no hay camino más duro que el que tememos transitar, porque nos carga a la espalda más equipaje del que solemos llevar, nos carga con esas preguntas que luego nos dan más miedo. Sobretodo tememos el qué vamos a responder a ellas, normalmente no sabemos qué responder. Miro mi reloj y me percato de que llevo mucho tiempo escribiendo sin darme cuenta, mucho silencio en mis letras. Y me paro, mirando un folio en blanco, que se supone que contiene todos mis pensamientos... Y contiene mil cosas que me asustan, mil miradas que me tientan y mil puñales que me matan. Contienen más pesadillas que sueños, contienen más miedo y más armas de lo que me gustaría que expresara mi alma. Y me encuentro mirando sin mirar y leyendo sin leer, pensando en como he llegado hasta este punto de mi historia dónde los recuerdos pesan tanto y queda tanto de ellos que no sé qué hacer. Porque no los quiero. Porque he pasado página y de aquella que fui no quedan más que trazos en un folio sucio. Grietas en un rostro al que le sobran las penas y le faltan más sonrisas.
Y algún día haré caso a estas cosas que escribo, algún día seré yo quién me lea y diga: Tengo razón, esta sonrisa tiene que ser más fuerte que las lágrimas.

domingo, 27 de septiembre de 2015

Laberinto.

Caminamos, dejando nuestra huella sobre la línea etérea que dibuja suavemente nuestro destino, que marca el rumbo por el que nos movemos y limita nuestras decisiones a unas preguntas concretas.
Y, con cada paso que dejamos marcado sobre la línea, vamos abriendo grietas, guardando lo caminado en algún punto de nuestra mente, de éste pensamiento vacío lleno de ideas deformes que damos forma con el cerebro. El camino va llenándose de piedras, trozos de aquellas silenciosas grietas que hemos abierto con nuestras decisiones, piezas que dificultan el seguir adelante e, incluso, cuestionan si merece la pena seguir caminando... Esa horrible pregunta sin respuesta, que jamás podremos saber, pues no podemos ver el premio que nos espera más allá del puro sufrimiento al que exponemos nuestros huesos, que chocan sonando con violencia contra el suelo. Nuestro paraíso tras haber saltado todas las piedras del camino, todas las grietas que nos quebraban las rodillas y atascaban nuestros pulmones, impidiéndonos respirar por el polvo que van levantando a nuestro paso sobre ellas. Dejando escapar por las grietas esos trozos de nuestras almas que no son lo suficientemente fuertes para seguir siendo parte de nosotros mismos y que dejamos escapar muy lejos de nosotros, que jamás vuelvan a entorpecer nuestros pasos, que no nos pongan la zancadilla impidiéndonos avanzar.
Escuchas gritos a lo lejos y dejas que el miedo corrompa tu cuerpo y sigues andando, encarando tus peores miedos, diciéndoles a la cara todo el miedo que ellos te provocan y que te da igual todo lo que hagan. Porque no tienen poder sobre ti, porque tú eres muchísimo más fuerte que todas ellas, porque algún día te darás cuenta que por fin superaste la prueba , que ya no queda nada por lo que seguir corriendo, que aquellos monstruos que pensabas que te seguían, se han muerto en algún punto del camino, que ya no siguen detrás tuyo. Pisándote los talones, sujetándote la sombra para que no puedas llegar más lejos de lo que ellos te permitían.

jueves, 10 de septiembre de 2015

Colias Común

Ver pasar una mariposa blanca y recordar aquellas palabras, aquella frase que lo empezó todo, aquel momento que quedará en mi memoria para siempre, por todo lo que ello implica.
Extrañar aquella simplicidad de la felicidad enlatada  en tardes a la sombra tirada en cualquier parte. Extrañar ese apoyo incondicional que ahora me brindan otros que por aquel entonces no estaban en mi vida. Caminar por este sendero lleno de baches, de subidas, de bajadas... Lleno de mi vida que se muestra ante mí con la mirada perdida. Con el corazón alborotado y las ganas de llorar suspendidas en el tiempo, congeladas mientras intento seguir adelante y no encuentro aquel sonido que antes llegaba a mis oídos y enturbiaba mi ya descontrolada mente; Su voz. Ahora llega otra voz, una más grave, que se muestra en un susurro contra mi oído y me despierta una y mil veces de estas pesadillas con las que lidio día a día. Y aquí estamos, la muerte y yo enfrentándonos como de costumbre, como cada día desde que tengo memoria, evitándonos la una a la otra mientras el tiempo da por ganada mi partida, porque tarde o temprano ha de finalizar la primavera, tarde o temprano las flores se secan y dejan paso a los frutos que más tarde se hielan. Miro de nuevo a la cuenca vacía de mi temida enemiga y me veo reflejada en la nada, como de costumbre, me veo inmersa en la oscuridad mientras tratan de hacerme huir de todo. Pero yo soy más fuerte.
Yo tengo algo que ella no, una vida, tengo todo el tiempo del mundo para luchar contra lo que venga y para salir victoriosa en cada partida contra ella. Pues ya he vencido a la muerte, mi fiel compañera, ya te he ganado cuando tengo asumido que soy la única capaz de dejarme atrapar y, que si no soy yo, jamás podrás vencerme, Porque el tiempo me ha enseñado mil caminos que he dejado atrás, mil decisiones que ya no volvería a cambiar, mil situaciones de las que aún no sé cómo conseguí escapar. Aquí me encuentro de nuevo, pensando en todos aquellos recuerdos y descubriendo tantas decisiones que me llevaron a su encuentro, tantas cosas que han hecho que hoy sea parte de esta familia que yo he elegido y que no me ha sido dada por la sangre. Porque he aprendido que la que eliges puede ser tan maravillosa como la que sangra igual que tú.

viernes, 28 de agosto de 2015

Miradas Felinas.

Abro los ojos tumbada sobre mi cama y sé que ella está conmigo. Lo sé incluso antes de que se desperece a mi lado y salte encima mío. Lo sé porque ya es parte de mi rutina, ya es parte de mí. Y cada mañana al entreabrir los ojos me la encuentro acurrucada en alguna parte de la cama o sobre mí incluso. Es algo que me alegra el despertar, algo que sosiega todos mis fantasmas. Esos que últimamente se empeñan en regresar. Llevo unos cuantos meses pensando, meditando, tomando decisiones que no incluyen a nadie más que a mí, decisiones que son para bien o para mal, mías. Y cada día que pasa me quedo mirándola, a esos ojos de un verde irreal, y me pregunto si ella no es más que una prueba más del destino, si es uno más de mis tantos fantasmas. Quiero huir de todo lo que he hecho hasta ahora, quiero cambiar mi vida al completo, y no  puedo. Muchas cosas me atan ahora mismo aquí, a un sitio que yo no escogí, a un lugar donde nunca he querido estar y a una vida que nunca jamás hubiera querido vivir por elección propia... O quizás sí. Porque puede que tenga mil quejas de esta vida que me ha tocado, mil demonios que me mantienen despierta de noche, hasta que mi cuerpo se rinde y me deja descansar. Pero él es la razón e que siga adelante, siempre lo ha sido a pesar de que no estuviera ahí hasta hace muy poco... A día de hoy sé que todas las decisiones que me llevaron a seguir con vida, incluida alguna que nunca he sido capaz de confesar, era por él. Por encontrarle en mi camino  algún día, porque estaba destinada a tropezarme y enredar mi hilo con el suyo durante lo que espero que sea toda la eternidad. Pero es que ahora también hay una pequeña fiera que me mantiene ocupada, algo que me tensa, que me preocupa, que me hace sonreír y que me hace sentirme querida.Y no, no he tenido una hija, tengo un bebé pero no de mi propia especie. Y esta cachorrita felina me ha conquistado el corazón, me ha ocupado las horas con cosas que hacía mucho tiempo que no disfrutaba, y me ha sacado de mi pozo de nuevo. Porque cada vez que me caigo, se hace más dura la subida a la superficie. Aunque esta vez los tenía a ellos dos conmigo y eso me ha ayudado mucho, aunque el viaje aún no se ha acabado. Aún queda mucho por luchar.
Aún queda mucho que vivir, mucha música que escuchar, mucha belleza para ver, muchas pieles que tocar, muchos perfumes que oler y muchas veces que saborear su boca.

martes, 11 de agosto de 2015

θάνατος του ποτήρι

Tengo en la mano la llave, 
aquella que se perdió hace tantos
años en aquella guerra.
Tengo en mi mente un millón
de recuerdos que preferiría
poder dejarlos atrás, poderlos olvidar.

Me encamino por los pasillos,
con mis pasos resonando fantasmales 
contra el mármol del suelo.
Caigo de rodillas frente a tu puerta,
como cada noche perdida,
como cada olvido resucitado.

Me reconcomen las sensaciones,
el frío de la estancia se vuelve doloroso
frente al aire que hace tanto dejó de correr.
Mi piel escamosa por los escalofríos, 
mis ojos fijos en la nada,
mi pelo enmarañado, lejos de tu mirada.

Oigo tu respiración contra mi cuello,
muerte de cristal, dulce de miel.
Caricias vacías, contra manos llenas.
Pasos firmes en cuerpos desmoronados,
labios que tartamudean, mientras buscan
todas aquellas malditas respuestas.

Me paseo por encima del fuego,
mientras la luna quema mi piel,
mientras  tengo miedo a un mañana sin forjar.
Sales corriendo antes de ver tus miedos,
antes incluso de saber si siguen ahí.
 Guías tus pasos, llegas a islas desiertas...

Te pierdes en aquellas tierras en
las cuales algún día incluso te encuentras.
Me describes mil sonrisas que recuerdo,
me recuerdas mil palabras que digo,
me pierdes en mil laberintos que contruímos juntos.
Camino despacio, ya no sé dónde llegaré.

viernes, 10 de julio de 2015

Olas de Cielo.

La tarde se tornaba calurosa sobre las montañas que coronaban la ciudad, llevaba allí parada durante horas, mirando el vacío bajo mis pies, sentada en la orilla del acantilado con la mirada puesta en algún punto de la lejanía. Quería saltar, pero no podía hacerlo. Nadie sabía dónde estaba, nadie sabía dónde me había ido tras aquellos años perdida en mi mente, perdida en mil recuerdos que no quería recordar. Tenía todo bajo mis pies, cada centímetro de tierra habitable a mi alcance. Y yo allí, parada en el culo del mundo, perdida, sin más deseos que el de no despertar mañana. Sin más deseos que el de morir y que no haya nada más después, que todo se acabe aquí y ahora. Que todo el sufrimiento se acabe ya.
Oí unos pasos a mi espalda, supuse que sería algún transeúnte de paso por el acantilado, cuando se sentó a mi lado en la orilla del acantilado con los ojos puestos en el horizonte.
-Pronto esa gran bola de fuego desaparecerá para dar lugar a la luna y a las demás estrellas que iluminarán la noche con su luz. ¿De verdad quieres perderte eso?- Imposible, ¿qué hace aquí? Nadie sabe dónde estoy, nadie se había preocupado en averiguarlo tampoco.
-¿Qué haces aquí? No le dije a nadie dónde iba...- Susurro mirándole a los ojos enrojecidos de llorar.
-Hice la promesa hace muchos años de no abandonarte jamás, pasara lo que pasara, aunque los años nos separaran o la distancia sangrara en mi cabeza. Da igual todo, siempre estaré cuidándote, pequeña.- Me susurra abrazándome suavemente y apartándome de la orilla, yo ya he roto a llorar, justo cuando todo parecía perdido, cuando no creía que a nadie le importara, cuando creía que no tenía ninguna razón para seguir adelante. Aparece, me cambia el ritmo de los latidos y me destroza el corazón en mil pedacitos para luego armarlo de nuevo frente a mí, con piezas del suyo propio, con trozos de lo que nos une juntos, de todo lo que hemos vivido y nada más importa. Así me quedo, mirándole a los ojos y entendiendo que todo lo que pensaba no era así y que toda la verdad viene colgada de su mano.
Y así vuelve a salvarme de mí misma, así vuelve a destrozar toda tristeza y a llenarme de ese amor que solo él me da.

martes, 16 de junio de 2015

Dulce de Leche.

Bajo la enorme escalinata de mármol con la mente puesta en verle, en besarle, en estar con él. En aspirar su dulce aroma... Una presencia me saca de mis pensamientos y me hace aterrizar de golpe en la salita en la que me encuentro.
-¿En quién piensas? Te ves muy ensimismada en morderte el labio inferior.- Dices mientras te acercas a mí y me haces soltar mi labio poniendo tu dedo de por medio.
-Pues en ti, ¿en quién iba a ser para morderme el labio?- Digo con una sonrisa lasciva en los labios. Cosa que tu respondes con una de esas cálidas miradas que agitan mi organismo al completo y me hacen desearte. Aunque siempre te deseo. Interrumpes mi mente cogiéndome de la cintura y besándome como solo tú sabes hacer. Mientras absolutamente todo mi cuerpo se concentras en el tacto de tus labios contra los míos, en como todo mi cuerpo te reclama que sigas besándolo, centímetro por centímetro.
Entonces separas tus labios de los míos enrojecidos por la presión, y todo el calor recorriéndome. Me sonríes desde arriba, mirándome a los ojos. "Te quiero, pequeña." me susurras mientras bajas tu mano por mi espalda y agarras mi culo con fuerza. Me creo morir por un momento, mientras tú sonríes. Sabes perfectamente que en este momento podrías hacerme lo que quisieras que yo te diría que sí sin rechsitar ni un solo segundo. Pero en lugar de eso me das un beso en los labios y te vas.

domingo, 31 de mayo de 2015

Piel de Terciopelo.

Sábanas, sudor, gemidos, arañazos, mordiscos... Todo eso se mezcla en mi mente al entreabrir los ojos en mi cuarto a oscuras, todo eso, el resultado de una noche maravillosa.
La luz entra entre las contra ventanas, acaricia con suavidad su silueta desnuda sobre mi cama, esta de espaldas a mi, esa bella criatura que puebla la tierra iluminando cada centímetro con su hermosura. De repente no puedo evitar acariciar su espalda con suavidad, veo como toda su piel se pone de gallina al recorrer con mi dedo su columna.
Despierta por el roce y se gira, abre sus ojos marrones y me mira medio dormida. "Buenos días, pequeña" me susurra. Me encanta la tesitura de su voz contra mi oído. Me acurruco a su lado y me acomodo sobre su pecho.
-Creía que íbamos a levantarnos, peque.- Me dice y me besa la frente.
-Fue mi idea inicial, pero prefiero disfrutar de estos pequeños momentos impagables.- La susurro contra su cuello y muerdo con fuerza. Ella gime y se gira del todo contra mí, me besa dulcemente y luego me muerde con ferocidad el labio, yo me retuerzo de puro placer y me postro encima suyo.
-¿Vamos a levantarnos, o nos quedamos así un poquito más?- La pregunto contra sus labios con una sonrisa lasciva pintada en ellos.
-Creo que me gusta más la segunda opción, nena.- La oigo pronunciar esas palabras y todo mi cuerpo se estremece mientras mi imaginación se deja llevar por mis impulsos y realizo todo aquello que deseo.
Buenos días, de esos que te levantas con una sonrisa en los labios y unos cuántos arañazos de más en la espalda.

lunes, 11 de mayo de 2015

Noche.

En la oscuridad escucho los llantos,
los gritos, el miedo.
Escucho en el fuego la furia, la sangre,
los latidos, el ajetreo.
Me paro en el mundo, como siempre,
pensando en lo perdido,
En todo aquello por encontrar
o por ir reviviendo.
El profundo caos, dentro de cada pequeña alma.
Cada gota de sangre que poco a poco se derrama.
Y fue el silencio el que me despertó
y el mundo...
Sigue girando, se sigue moviendo,
sigue cambiando.
Y sigue muriendo.
Me pregunto en el silencio qué
es lo que le lleva a seguir,
por qué se empeña la vida en...
Bueno, en vivir.
Y el silencio me responde gritando,
el miedo me responde
mientras algo dentro de mi
se va rompiendo con cada respuesta.
No importa que el día de mañana no estés,
no importa.  Nada.
Puede que creas que quien completa tu vida es,
para ti, irreemplazable, irrepetible, que es el pilar de tu mundo...
Pero para el resto no es mas que polvo,
polvo que se consume,
polvo que tarde o temprano acabara desapareciendo.

sábado, 18 de abril de 2015

Cascada de Hiel.

Le veo sentado en la orilla del lago, con una margarita en la mano. Me quiere, no me quiere, me quiere... Me acerco en silencio, escuchando mi corazón saltar a grandes pasos de mi pecho, queriendo llegar a él. Me quiere. Tengo miedo, pero no puedo quedarme parada, no ahora. No me quiere.
Se ha girado, sé que me ha visto, pero solamente ha agachado la mirada y ha seguido deshojando aquella pobre margarita. Me quiere, no me quiere, me quiere... No sé el resultado final, pero veo como lanza lo que queda de la margarita al lago sin mirarme, y se queda mirando como se hunde, lentamente. Yo me he quedado parada, no me responden las piernas, siento tanto miedo... Todo mi corazón se ha quedado helado en esa pobre margarita.
Finalmente mis piernas reaccionan y sigo avanzando sin escuchar a mi corazón, que me grita que me detenga y que me dé a vuelta. No, no pienso rendirme ahora. No.
Me siento a su lado, mirando el mismo punto que él, y de reojo observo como una lágrima le recorre la mejilla.
-¿Y ya está? ¿Solo por esto te piensas rendir?- Me grita entre lágrimas.
-Estoy aquí por algo, no quiero rendirme sin luchar, no soy así.- Le digo en un tono de voz neutral mientras le miro fijamente a los ojos.
-Entonces... Todo lo que me dijiste...- Le interrumpo antes de que rompa de nuevo a llorar.
-Una simple forma de alejarte de mí antes de hacerte más daño, cariño, no quiero dejarte. Pero me aterra que algo superior a mi me aleje de ti.- Digo apartando mi mirada de sus ojos verde incandescente. Sé que está llorando de nuevo.
El silencio se apodera de la escena, y un sentimiento amargo baja por mi garganta apoderándose de mí. deseo besarle, pero no sé cómo hacérselo ver. No quiero perderle, pero no puedo asegurarle que voy a estar a su lado para siempre. No lo sé.
Noto como un tacto cálido me roza la mano, bajo mi mirada y veo su dedo índice acariciando mi anillo.
-Me acuerdo de esto,-Dice mientras acaricia la inscripción exterior.- te lo regalé en aquel bosque, cuando hicimos un año y medio.-
-Ya hace cuatro años de eso... Me gusta que te acuerdes...-
-Jamás podré olvidar ninguno de los momentos tan especiales que he pasado a tu lado. Mi vida.- Dice y acto seguido, me besa. Pero un beso de esos que dicen "Te amo" con todas sus letras. Y en ese momento la hiel desaparece y yo me doy cuenta que no importa que no pueda prometérselo, pasaré el resto de mi vida a su lado.

domingo, 29 de marzo de 2015

Canción de Estrellas.

Te busco en mi mente, me pierdo sin encontrarte.
Me intento curar mis heridas, me desangro sin tenerte.
Juego con el destino a conservarte, gano cada tirada sin fallarte.
Te necesito en mi vida, mi escamada alma no para de necesitarte.

Cansada de la vida me paro a repostar aquí.
Mientras veo a lo lejos tus ojos, que me miran solo a mí,
mientras te acercas sonriendo, con esa sonrisa tan... Tú.
Me despierto desorientada, encontrándome junto a ti.

Mis manos se sienten en casa al acariciarte,
mis ojos quieren tenerte solo a ti
Quiero despertarme a tu lado,
que mi aliento seas tú.

Me paro en el camino y me siento débil,
me es muy difícil tomar aire, respirar.
Quiero que la vida se detenga, mientras
busco la forma de avanzar.

Ley Mordaza.

Creo en las personas, lo juro, creo que las personas pueden ser malas o buenas, que es decisión suya. Pero no creo a los políticos, lo siento, no me trago sus chorradas de que la nueva Ley Mordaza es "para proteger al pueblo". Perdonad que lo dude, pero no entiendo que clase de seguridad pretenden implantar en el pueblo cuando a mi me da miedo ir a las manifestaciones ahora porque, si les da por darme un pelotazo de goma a los policías, a mi me pueden joder muchísimo la salud y yo no puedo denunciarlos porque "están realizando su trabajo". Mira, puede que haya manifestantes que sean gilipollas, pero no merecemos que a todos nos metan en el mismo saco. 
A mi me aterra ir a una manifestación, porque no sé lo que va a ocurrir. No puedo confiar en que les dé por evitar que me lleve un pelotazo o un porrazo, vale que aquí no han cargado casi nunca, pero no puedo confiar en la suerte. Lo siento, pero mi salud es más importante. 
Así que por favor, decidme: ¿Qué seguridad aplica en mí o en cualquiera de nosotros esta nueva ley? Obviando el detalle de que si no hay manifestaciones, no hay tampoco peligro de que cargue la policía de forma "legal". Todo esto lo digo con todo el respeto hacia las fuerzas del estado, tengo muy claro que no todos los policías son iguales y no todos cargan sin motivo, pero me temo que esas manzanas podridas están pudriéndonos la bolsa, o simplemente la opinión pública hacia la bolsa, se está destruyendo por momentos. Quiero dejar claro que sé que hay motivos por los cuales los policías hacen bien en cargar, pero no suele ser el caso, lamentablemente. Errar es humano, pero hay ciertos errores que pueden ser muy graves. 
Finalmente hacer llegar mi completo descontento con que ahora hacer una manifestación sea un delito prácticamente, ya antes era vergonzoso que para hacer unos piquetes informativos hubiera que llevar mínimo un coche patrulla. Pero es que ahora no sé a qué podrá llegar esto, pero como sigan así probablemente el pueblo se enfade, porque es lo que parece que pretenden. Espero que se cambie un poco al menos la política en estas próximas elecciones, algo que realmente cambie la situación en que nos encontramos, porque empieza a ser vergonzoso que se refugien en la mayoría absoluta para hacer lo que les da la gana sin pensar en la opinión de nadie más. O por lo menos, salga quien salga, que no tenga mayoría absoluta, que tenga que contar con los demás para hacer las leyes, por dios. Por ser un poco previsores.

domingo, 8 de febrero de 2015

Vicios Sanos.

Baja por las calles de piedra, con el sonido de sus zapatos chocando contra el asfalto. Lleva la mirada perdida en algún punto entre las nubes y el sol que comienza a salir entre las casas. Lleva un bonito vestido color verde inglés, que le da un aspecto pálido a la piel de su rostro, aún más de lo que es, pero que combina elegantemente con su cabello rizado y rojo como el fuego más ardiente. Sus ojos verdes brillan con un aspecto acuoso, supongo que está a punto de echarse a llorar, aunque no sé decirlo con seguridad.
Llega a la plaza y se sienta en el muro de la fuente, con los pies dentro del agua. Algo que, a los poco transeúntes de la madrugada, les parece extraño estando en enero. De pronto me fijo en que pequeños espasmos recorren su abdomen y, con gran tristeza, me doy cuenta de que sus lágrimas ganaron la partida. Pobre muchacha. ¿Que será lo que hace tan triste a una chica tan hermosa? Me quedo observándola con un triste aire melancólico y, de repente escucho una voz que me pregunta qué quiero entre sollozos, no sé cómo, pero me he levantado del banco en el que estaba y ahora le tiendo un pañuelo de papel a la muchacha.
-Disculpa si te molesto, te vi tan mal que se me encogió el corazón, ¿Qué puede hacer llorar a una mujer como tú?-Dije con la mejor de mis sonrisas
-Un hombre como tú, para empezar. - responde ella con voz enfadada pero sin dejar de llorar.
-No creo que ese hombre fuese como yo, sino no te habría dejado derramar ni una sola de tus lagrimas.-la digo mientras ella me mira sin demasiada confianza y siempre sin dejar de llorar. Finalmente no puedo resistirme, saco otro pañuelo y la enjuto las lágrimas que resbalan por sus mejillas con él. Ella se pone muy tensa.
-¿Te hizo daño ese hombre?- digo mirándola preocupado
-Sí, me hizo daño aquí.-se señala el corazón- y ese es un daño que difícilmente sana.
-¿Sabes lo que le viene bien a ese corazón para sanar más rápido?- La digo mientras ella me observa- Un par de tiritas y mucho Vodka.- Por primera vez sonríe entre lágrimas la joven de la fuente.- Soy Alfred. Encantado de darte mis pañuelos.- Le tiendo mi mano y ella sonríe.
-Anna, y si quieres te los devuelvo, aunque no creo que quieras mis lágrimas.- Dice ella.
-No, tus lágrimas de tristeza no, pero permitirme que te ayude con tu tratamiento contra tus heridas, invitándote a un vodka, por supuesto.- La digo sonriendo. Ella se pone pensativa, se levanta de la fuente y se encamina calle abajo. Me quedo parado, pensando que la he molestado, tal vez he sido muy directo.
-Creía que ibas a invitarme a un vodka, vamos, que conozco un sitio genial. Alfred.- Dice mi nombre como si de un ángel se tratara y yo simplemente la sigo. Buena forma de empezar la mañana, vodka y una mujer preciosa a mi lado.

martes, 3 de febrero de 2015

Y Cada día Más

Siento un vacío por dentro, como si todo mi mundo se hubiera derrumbado y solo quedara alguien, en medio de las ruinas pensando: ¿Qué ha podido pasar? ¿Qué he hecho? ¿Qué voy a hacer ahora?
Como si todo el mundo fueran extraños y yo un naufrago que vino de algún mar lejano, que se perdió entre tanto asfalto y cristal. Como dos pececillos que se mueven al compás de las olas, sin recordar nada que pasar dos segundos atrás. Como un simple respiro que se queda en el pasado,  mientras mis pulmones me exigen volver a tomar aliento. Mientras yo me niego en un intento por no llorar.
Los recuerdos se atrincheran en mi cabeza, tratando de atormentar a mi cansada alma que trata de escapar más allá del miedo del más allá. Intentando llegar a alguna parte, mientras se consume en un mundo que no es el suyo, en un mundo que no quiere ver todo su potencial, un mundo que amordaza mi corazón y me obliga a seguir sin rumbo por los caminos de mi vida, mientras todo se desmorona a mi al rededor y tú no lo comprendes. Mientras siento mi alma rugir por dentro, mientras busca la forma de salir. Nunca pensé encontrarme aquí, en este momento de mi vida en el que tengo todo lo que un día deseé y he perdido tantas otras cosas que desearía mantener, pero esto es una balanza, no se pueden tener ciertas cosas sin sacrificar otras. El destino se muestra distante, se muestra maleable, se muestra brillante. Y aquí me encuentro, mirando mi futuro y pensando: Mañana no creo que se presenten ante mí las mismas opciones, ¿Para qué decidir? Que sea lo que tenga que ser.
Sisean, a todos los lados de mi cabeza, pequeñas lenguas viperinas que tratan de meterme en la cabeza muchas cosas, y no todas buenas. Se convencen unas a las otras que este es el futuro que ellas quieren para mí, que esto es lo que tiene que ser y que las cosas podrían ser muy distintas, muy horribles, muy difíciles para mí, pero que aquí estoy y cada día más fuerte. Y cada día más débil.

domingo, 9 de noviembre de 2014

Ojos Rojos.

Ojos rojos se dispersan,
luces endiabladas me vigilan,
tengo que salir de este laberinto.
Tengo que escapar de mi.

Refugio mi vida en la esperanza
de comprender algún día quién soy.
Entonces tú me guías, mientras la 
oscuridad, poco a poco, se disipa.

Siento mis manos temblorosas,
mientras me pierdo en todo lo que
nunca supe lo que podría ser.
Quiero salir corriendo,

pero algo me obliga a quedarme aquí.
Quiero escapar de mi misma,
pero eso es algo que quizá
nunca lograré conseguir.

Me pierdo en sus ojos, 
en su melena, me pierdo sin remedio,
buscando la puerta.