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lunes, 21 de septiembre de 2020

Sangre de cristal.

Se reabren mis cicatrices,
me duele cada célula y me pesa la ansiedad,
me encuentro en la oscuridad,
me alimento de mis ansiedades.
De mis miedos y de mis pesares.

Quiero salir corriendo
pero no encuentro mi energía 
para poder hacerlo.

Tengo miedo, como de costumbre,
pero es un medio animal 
a encontrarme a oscuras
y no poder remontar.
Y simplemente no puedo más.

Quiero esconderme en la cama,
pero sigo teniendo que trabajar.
Quiero dormirme en tu calma,

pero no quiero volver a empezar.
Quiero huir y me vuelvo a encontrar.
Destrozada, destruida, 
un rompecabezas a medio armar.
Con mis ansiedades brotando de mi pecho
y mi llanto llegando al mar.

miércoles, 13 de mayo de 2020

La Pandemia.

Es curioso como me da el pánico a ratos, estar tantas horas completamente sola con mis pensamientos hace que me diga cosas horribles. Me han aislado en mi propia casa, sin poder tocar a mis gatas, sin poder besar a mi pareja y sin poder salir con libertad a estirar las piernas por el pasillo, me han aislado porque creen que me he contagiado (saldremos de dudas, me van a hacer las pruebas, pero es una suposición bastante certera porque tiene toda la pinta) y tengo miedo. Las cosas como son, nos han metido el miedo en todo y yo ya no sé ni cómo tomármelo. Sé que soy fuerte (3 veces he ganado a la muerte) pero a veces me hundo y me da un ataque de pánico porque tengo miedo. Nadie explica nada, nadie te tranquiliza, nadie te dice nada. Solo te dan órdenes y siguen con el ajetreo de cientos de miles de pacientes en la misma situación que yo, están saturadas, es normal no tener tiempo para regalarme unas palabras de calma. Pero una vez más vengo aqui, mi espacio secreto (no tan secreto) donde me desangro un poco y renuevo todo lo malo. Porque sí, tengo miedo de que esto empeore, es normal que me dé miedo pues tengo 5 enfermedades que no sé cómo van a actuar con este virus que poca gente conoce. También tengo miedo de que me queden secuelas, he leído de gente a la que le quedan secuelas, y ya tengo suficiente con las mías. La situación económica tampoco es mejor, mi familia siempre está ahí, pero no me gusta depender de ellas. Sé que si tengo un problema ellas lo solucionarán, pero no quiero llegar a eso.
Y ayer me hicieron muchísimo daño. Ayer le dijeron a mi pareja que me dejara sola en casa y se fuera a un lugar seguro, que se podía contagiar, y eso me hizo tanto daño... ¿Cómo se puede tener tan mal corazón de querer abandonar a una persona cuando más vulnerable se encuentra? Más una persona que se supone que mínimamente tendrías que apreciar, que es la novia de tu hijo. Obviamente él no se ha ido, y se niega a irse como es lógico. Si se hubiera ido no se lo hubiera perdonado jamás. En estos momentos soy todo vulnerabilidad, me siento agotada, me siento dolorida, me siento asustada y me siento sola. Otra vez esa sensación de sentirme sola que se me clava en el pecho y me hace llorar. Echo de menos que Hera se ponga encima mío en la espalda, justo en el punto que más me duele, y se quede ahí ronroneando. Echo de menos que Dalek venga a darme besitos en momentos raros, porque ella es así. Echo de menos acurrucarme con Alex y que me bese la frente. Echo de menos reírnos de vídeos chorras o con nuestros comunist icon de referencia. Y me diréis que de qué me quejo, que por lo menos estoy en mi casa. Creedme que agradezco casa día no estar sola en una habitación de hospital, pero eso no hace menos duro ni menos real lo que siento. Odio que la gente se crea con el derecho a minimizar el sufrimiento de alguien porque "hay gente peor", SIEMPRE hay gente peor. Hay gente que está muerta y por eso no le dices a los vivos que no se quejen, coño.
Los días se me pasan un poco como el día de la marmota, y no solo porque me lo paso casi entero durmiendo, si no porque siempre es lo puñetero mismo una y otra vez. Solo quiero que todo esto acabe, pasar esta puñetera enfermedad, que la gente sea minimamente responsable y volver a mí vida.
Como echo de menos mi vida.
Quiero volver a quedar con mis amigas, a reírme, a jugar a juegos de rol, comer por ahí, ver a mi madre y a mis abuelas, estar con toda mi familia aunque acabemos discutiendo. Quiero volver a todo eso que tenía hace 2 meses y que ahora mismo está en stand-by hasta que todo pase. ¿Cuándo? Pues no lo sé. ¿En qué estado me dejará esto? Estoy segura que volveré a necesitar medicación, así que si mi psicóloga me lee molaría que me llamara. ¿Se irá el miedo? No lo sé. 

miércoles, 29 de abril de 2020

...Y por fin llega el Alba.

Están siendo unos días malos, de los de dolor en todo el cuerpo y cansancio sucio y pesado. De esos días en los que no quiero salir de la cama, porque es el único sitio donde me siento a gusto. Me duele cada musculo de mi cuerpo pero también me duele la cabeza y detrás de los ojos, no es algo únicamente muscular. También me duele el cuello, como un dolor seco y que agarrata mis vértebras hasta que cada movimiento se acompaña de un crujido.
Todo este dolor se hace apabullante, ayer casi ni dormí porque el dolor era insoportable y hoy, aunque me encuentro mejor (al menos lo suficiente para escribir) no me siento descansada ni tengo sueño. ¿Otra vez me ha visitado el insomnio? Supongo que sí, como si las horas que estoy despierta no pensara suficiente en todo el miedo, me paso más horas despierta tropezando con los mismos pensamientos.
¿De qué tengo miedo? Siempre he tenido miedo a la muerte, es uno de mis mayores miedos, uno de los más aterradores hasta el punto de que me causa ansiedad solamente pensar en ello. Me da miedo la muerte y ahora está por todos lados: en la televisión, en Internet, en todas las conversaciones y, por supuesto, en mi insomnio.
Anoche, a eso de las 5 de la madrugada, desesperada por dormirme mientras notaba que la cabeza me dolía tanto que me iba a explotar, solo pensaba que si iba al hospital y me contagiaba, me iban a dejar morir. Se está haciendo demasiado, por mucho que no queramos verlo, por mucho que se haga con toda la buena intención del mundo, se nos está dejando morir a quienes no estamos "sanas" de antes y tenemos menos posibilidades de vivir. Y eso me aterra.
Llevo 45 días aquí encerrada, en esta casa, sin salir a absolutamente nada a la calle, porque tengo miedo. Podría ir a comprar, incluso se me permite pasear por mi discapacidad, pero me aterra salir a la calle. ¿Cómo será cuando tenga que volver a la normalidad de verdad sin opciones? Porque ahora tengo la suerte de tener a mi pareja para que haga la compra o salga cuando es necesario, pero ¿cuándo tenga que volver a la vida normal? 
Y me vuelvo a meter en ese bucle de ansiedad de pensar en cosas que no sé, que no van a pasar y que si pasan tienen solución. Todo por mi miedo patológico a morir, todo por mi terror a no saber qué pasa después porque ¿y si no hay nada? Y otra pregunta absurda qué se escapa de mi control y que es absurdo hacerme, porque solo me duele. Son las 6 de la mañana, y otra noche entera no haciendo nada, con dolor aunque menos y con la mente más o menos en calma. La única manera de no pensar, es encontrar algo que me distraiga, y por eso estoy aquí otra vez: Escribiéndole a la nada. 
Otra noche despierta hasta que llega el alba, y mi cuerpo se rinde a la calma. 

domingo, 22 de marzo de 2020

Cuarentena.

Me rompo y caen
todos mis trozos por la habitación.
Es tarde, mi mente es satén,
es tormenta sedosa y vibrante,
es miedo y es, simplemente es. 
La oscuridad me atrapa y
me silencia sin poder huir.
Sin poder salir de aquí. 
Literalmente, no es una metáfora,
no puedo salir. No me dejan salir.
Estoy presa en mi mente, en mi
cuerpo y en este hogar que construí.
Tengo miedo, he soñado otra vez con él,
quería hacerme daño y yo
simplemente escapé.
Mi mente no sabe qué hacer,
estoy saturada, tengo miedo, 
tengo mil palabras en mi garganta
y mil sentimientos inciertos
que se me atragantan.
Quiero huir, pero no puedo, 
mis piernas responden pero tengo miedo.
Y de pronto mi mano no responde
y se me atraganta más el miedo,
y me duele la espalda, 
otro pinchazo directo al cuello.
Mi cabeza me va a estallar, 
pero estallan las lágrimas primero. 
Me tiemblan las manos, 
duele todo el cuerpo
y es tarde y tengo miedo. 

miércoles, 15 de enero de 2020

Todos los colores del dolor.

Esta mañana me he entretenido (y no he dormido porque soy así de caótica a veces) leyendo a una compa, que vive con fibromialgia, hablar sobre el dolor. No es la primera vez que me detengo a hablar del mío por aquí, pero sí que me ha hecho pensar cómo lo defino yo: uso colores.
¿Sabéis esos mapas térmicos de las pelis de espías donde las zonas más calientes son rojas y se van volviendo amarillas según se enfrían? Pues así defino el dolor. Un dolor apabullante de este que te taladrar hasta el tuétano y no te deja ni pensar, es un rojo fuerte; un dolor de diario, del que noto todo el rato y con el que ya he aprendido a vivir pero eso no lo hace menos doloroso, es naranja intenso y se extiende volviéndose cada vez más amarillento. Un golpe que me doy es amarillo y un pellizco es casi blanco.
Así es como lo veo en mi cuerpo cuando me concentro en mi dolor para situarlo y saber atajarlo, cuando todo está rojo no hay mucho que hacer: pastillas y a dormir, en el mejor de los casos, cuando no tengo que hacer mil cosas para poder seguir viviendo. Pero cuando es cualquiera de los otros colores, se hace un poco más llevadero. Supongo que cuando has experimentado el rojo, el resto es un alivio, pero no debería ser así. Vivir con dolor constante es una tortura, a veces los medicamentos no valen y otras veces no quieres tomarte medicación con el amarillo, para que te haga efecto cuando tengas el rojo carcomiendo tu cuerpo.
Así que sí, compañera, me parece imposible definir el dolor sin caer en ser una escritora melancólica, porque no hay nada tangible o visual en nuestros dolores; y al final tenemos que tirar de arte y poesía para llevarle a los demás lo que sentimos, y es una mierda. Es una mierda que tengamos que buscar formas de definirlo para que nos crean, para que nos escuchen, para que nos lean. Es una mierda que tengamos que saber expresar de forma clara lo que sentimos, mientras vivimos en un mundo de caos y palabras inconclusas. Nada define con exactitud nuestros dolores, probablemente tú entiendas lo que siento exactamente igual de mal que puedo comprender yo el tuyo, pero se hace un poquito más llevadero cuando os leo hablar de ello sin miedo y hacerme pensar en cosas que nunca me había parado a analizar de mi mente. 

viernes, 29 de noviembre de 2019

Te Jodes

Últimamente suelo caer en reprimir mis ansias de cabrearme, de decir las cosas como las siento y como quiero expresarlas, simplemente porque necesito que más gente nos lea. Pero cuando todo mi trabajo es ignorado, cuando el esfuerzo que hago no sirve de absolutamente nada, solo puedo pensar en que he ignorado mi rabia para nada.
Cuando se trata de movimientos sociales, en los que pones la cara para enseñar a la gente a puñetero respetarte, te toca tragar mucha mierda, muchísima, y lo peor de todo es que esperan que la tragues con una sonrisa en los labios. Y estoy hasta los cojones de hacerlo. No tengo que ser amabale, no tengo que soportar que me trates como la mierda, no tengo que aguantar tu paternalismo y que te creas que sabes más que yo solo porque soy joven. No tengo que soportar te mientras tú no te molestas ni siquiera en leer lo que te enlazo o te enseño. Estoy harta de que se me menosprecie, de que se ignore mi trabajo, y que luego nos digan que enfadandonos no vamos a lograr nada.
Perdóneme que me cabree, es que nos están asesinando.
Nos están asesinando bajo el silencio cómplice y bajo la idea absurda de que no podemos cabrearnos, de que la rabia no es el puñetero camino. Creo que el puñetero esclavismo no se consiguió abolir con "por favor" y "gracias". Muchas personas murieron en el camino hasta que se avanzó. Igual en todas las revoluciones sociales, ningún avance se ha conseguido con pasividad y asertividad, y estoy tan agotada de que me digan que mi rabia es incompatible con mi objetivo, la justicia no es nada sin la rabia.
Siento rabia porque cada 6 horas se denuncia una violación en España. Porque llevamos casi 95 mujeres asesinadas por sus parejas o exparejas en lo que va de año. Porque prefieren buscar legalizar la puñetera "muerte digna" antes que dignificar la vida de las personas discapacitadas. Porque la puñetera ley de accesibilidad no se cumple, y aunque se cumpliera, es una ley excasa que sólo prevé una parte minúscula de la accesibilidad que es necesaria a día de hoy. Estoy cansada, cabreada y harta de que se acose a mis compañeras trans y racializadas con excusas de un supuesto "feminismo radical" que no tiene nada ni de Feminismo ni de radical. Peleo cada día contra la idea de rendirme, de dejar de luchar por lo que me parece justo, porque sé que si me rindo me voy a arrepentir muy pronto de haberlo hecho. Pero no me digas que no me enfade, que cuide mis formas, no me digas que sea amable o que no vale la pena. Porque estoy harta.

Toda la vida peleando para que nos dejen ser nosotras mismas, para dejar de estar atadas a unos roles de género asesinos que nos reducen a una puñetera caricatura. Celia Amoros no habló de cómo se nos niega la maldad a las mujeres, para que ahora me vengas con que cuide mis formas que así no consigo nada. Sí, con ira, con rabia y peleando es como se consigue todo en este jodido mundo. Y yo llevo peleando 22 años por todo lo que tengo hasta el día de hoy, y sigo peleando por todo lo que quiero conseguir para el día de mañana.

jueves, 14 de noviembre de 2019

Harta

Llevo unos días malos, otros más a la lista, en los que me encuentro mal. Porque me duele todo, porque estoy cansada y porque la echo de menos. La verdad es que es un todo. Es el no saber y a la vez creer saberlo todo, pero siempre desde el lado más negativo y oscuro de un futuro que aún no existe. Me duele todo y siento que solo le importa a él, como siempre, que es él quien me apoya y me cuida siempre. Pero a la vez sé que no es justo pensar eso, que hay mucha gente que me quiere y que me ayuda, pero la depresión y esa puñetera vocecilla no ayudan. Y me miro en los espejos y me siento horrible, y me culpo, y me destrozo al mismo tiempo. Y caigo, siempre acabo cayendo, y me hundo en la oscuridad de mi mente mientras esas vocecilla me grita que no valgo para nada. Una vocecilla que a menudo me resulta familiar, una vocecilla que he oído mil veces y no solo en mi cabeza. Y siento rabia de que él aún se esconda en los recovecos de mi mente y me siga haciendo daño, de una forma que ni siquiera él controla. Pero todo lo que me hizo dejó mella para siempre, no tiene cura y por eso tampoco tiene perdón. Mil veces he pensado en olvidarlo, en seguir adelante, y simplemente ignorar que eso pasó y que no me importe con tal de que me dejéis verla. Pero entonces me haces daño otra vez conscientemente, a menudo utilizándola para atravesarme el alma y dejarme más cicatrices que sangran. Pero ya no soy la misma niña, no. Esa niña creció y, aunque siente dolor y la echa de menos, también sabe que ella lo vale todo. Por mucho que la vocecilla le diga lo contrario. Por mucho que tú le digas lo contrario. Esa niña creció, se pintó la cara de violeta, y ahora es otra persona, ya no tiene miedo.
Y eso no implica que no puedas hacerme daño, es el problema del maltrato, que siempre está ahí. Claro que dueles y claro que me haces daño, pero ya no me enfrento igual a ese dolor. Ahora lo acepto, soy consciente de que no puedo controlarlo, y voy creciendo. Anclo mis raíces a la tierra y voy tejiendo mi futuro, despacio, sin pausa pero sin miedo. Pensando que en unos años no te quedará nada que hacer para que yo la vea, pensando en que aunque ella me odie por tu culpa, tendré la oportunidad de hablar con ella de igual a igual y sin que tú te metas. Pensando que todo el dolor que siento no vale de nada más que para seguir resistiendo y pensando en ella. No tengo que salvar a nadie, ese no es mi papel, mi papel es estar ahí cuando me necesite. Para eso soy su hermana. Y pelear porque le hagas el mínimo daño posible, que no acabe con las mismas cicatrices que rasgan mi alma.
Siempre que pienso en ti, lo hago porque me viene a la mente alguna de las mil cosas horribles que me has dicho o hecho, siempre que ocupas mi mente es porque me has herido, pero ella no. De ella me acuerdo cada día, pienso en ella cada día, me pregunto qué tal estará y tengo tentación de hablarla, pero me da miedo ser pesada (siempre ese miedo absurdo) y al final me quedo callada pensando en si estará bien. Pero sé que lo está, porque aunque tú sigas siendo el mismo, ella no es como yo, y además ella me tiene a mí y lo sabe. Espero.
Duele, la verdad, duele. Duele saber tanto y no poder decirlo en voz alta sin poner en riesgo muchas cosas, duele estar cansada constantemente, duele tener que hacer mil cosas solo para no pensar. Duele, pero duele el cuerpo y la mente.

sábado, 2 de noviembre de 2019

No te puto pilles.

Me despierto y te echo de menos. 
Y es curioso porque nunca
he despertado enredada en tu pelo.
Estoy todo el día pensando en alargar
la conversación contigo,
En cómo sacar algo de lo que hablar.
Es posible que me haya pillado
entre tanto mensaje de no te puto pilles,
mientras mi cabeza lo repite
porque no creo que tú quieras lo mismo
no creo que quieras estar conmigo. 
Y otra vez la vocecilla aprovecha para
decirme que no soy suficiente para nadie
que él solo se conforma porque tiene miedo.
Pero en ese momento dices algo
que me dice que tal vez sí quieras lo mismo
y al mismo tiempo la vocecilla vuelve
susurrando: "no te autoengañes, no es para ti."
¿Qué quieres, si es que has llegado como
llega todo lo bueno, sin avisar y dando miedo?
Seguiré compartiendo mi tiempo contigo
mientras sigo descubriendo tu mundo
sin pretender que nada entre nosotras cambie
y al mismo tiempo manteniéndome espectante.

sábado, 7 de septiembre de 2019

Me duele.

Y me duele. No sé,
simplemente duele.
Es esa puñetera sensación de siempre
apuntalando mi espalda doliente.
Pero también son esos pensamientos
horribles, pensamientos de que no soy
suficiente.
Que afectan directamente en mi cuerpo,
me desgastan las cucharas,
y me hacen perder el tiempo.

No estoy bien, es una realidad.
Cada vez me duele más, más me hundo.
Pero cada vez intento salir,
porque no me quiero volver a hundir.
Y me apoyo en lo bueno, en tu sonrisa,
en sus ojos, en vuestro cariño
y en todo lo que he conseguido.

Pero a veces no es suficiente, a veces
simplemente me hundo, toco fondo,
y luego floto hasta la superficie
dejándome llevar.
A veces me quedo un poco allí,
en ese fondo oscuro de mi mar.
Y esos momentos son los peores,
porque ni siquiera me dejo llevar.

¿Cuándo dejarás de dolerme?
¿Cuándo dejaré de tener pesadillas?
¿Cuándo tendré una relación normal
conmigo misma,
sin odiarme? Me parece imposible.
Y al final, simplemente me quedo quieta.
Otra vez quieta, esperando mi tempestad.
Otra vez quieta, esperando a que vuelva a flotar.

domingo, 1 de septiembre de 2019

Proserpina de Bernini.

Salgo de la ducha empapada, me enfundo en mi albornoz y entro en la habitación. Allí estás tú, con tu melena medio blanca despeinada, tumbada mirando por la ventana, mientras la luz anaranjada del atardecer empaña tu piel color porcelana cara. Eres como una de esas esculturas de venus tapadas solo con una fina sabana, como una dulce Proserpina esculpida de las manos de Bernini con tu mármol duro y a la vez turgente a los ojos. Todo tu cuerpo en una expresión de paz absoluta mientras observas el paisaje.
De repente dejo de embobarme mirándote y me doy cuenta de que me observas, con esa sonrisa pícara desde la cama. Me gustaría que el metro y medio de habitación desapareciera pero me encamino a la cama sin prisa, dejando que me mires caminar, como si hace dos segundos no te hubiera comido con los ojos. Me siento de espaldas a ti en mi lado de la cama y comienzo a secarme con el albornoz, noto aún tu mirada felina clavada en mí. Y siento como te mueves hacia mi.
De pronto me rodeas por la espalda y me besas el cuello. Esos labios... Madre mía que pecado esconden esos labios y que no daría por rozar los de nuevo, y lo sabes, por mucho que me haga la dura sabes que me muero por morderlos. Me inclino hacia atrás sobre la cama y me besas, y te beso, y te sientas a horcajadas sobre mi cadera, mientras nos fundimos en nuestros labios sin que haya nada más que importe. Ni la habitación, ni el atardecer, ni la noche que nos encontrará en la cama sin ninguna luz mientras me devoras y te devoro.
De pronto no queda ropa, no sé en qué momento te has quitado la fina braga que era tu única cobertura, aunque no la viera antes con la sabana. Y yo ya no tengo nada, ni prisa ni freno, ni miedo, ni nada. Solo tengo un ardiente deseo que emana de mi bajo vientre y te encuentra, te tumbo sobre tu espalda en la cama, desciendo por todo tu cuerpo llenándolo de besos, lametones y mordiscos; hasta que llego a tu vulva. Húmeda, deseosa, salvaje y nativa al mismo tiempo. Ya la conozco, no mucho, pero lo suficiente y me enciende aún más, recorro con mi lengua cada pliegue despertando primero el deseo para luego acercarme a tu clitoris y lamerlo primero suave y luego más rápido, hasta que noto como tu cuerpo se encorba de placer y agarras la sabana y mi pelo. Mientras gimes y gritas y te proclamas diosa en mi boca.

Nuria

Otra vez tengo el corazón a mil.
Te miro a los ojos,
Y no sé qué hago aquí.
Me muero de ganas de lanzarme
De besarte cada cicatriz,
Me muero de ganas de comerte
Y de hacerte un poco más feliz.

Quizá no sirva de nada,
Quizá sea otra historia inacabada.
Quizá nos encontremos en la cama,
Y juntas nos volvamos calma.
Esa calma que no tenemos ninguna,
Que nos arrebataron desde la penumbra.
Esa calma que hace tanta falta y que
Se encuentra en ti, desnuda.

Y me pierdo en tus lunares,
En esas constelaciones interestelares,
De tu piel color porcelana y
De esa clara mirada.
No puedo evitar morirme de las ganas.
Y a la vez me da miedo cagarla.

Me da miedo apresurarme de nuevo,
Sentir mucho y que se quede todo en miedo.
Ser una gota más de lluvia que empañe
Tu cara, tu melena, tu casa asturiana.

¿Y qué me importa el miedo?
No puedo seguir parando,
No quiero quedarme quiera ahí en medio.
Quiero lanzarme a la aventura y...
Cagarla o que la disfrutemos juntas.

sábado, 11 de mayo de 2019

Pasado que no olvido.

A veces me pregunto qué habría pasado si las cosas hubieran sido diferentes, ya no sería lo mismo. Me pregunto qué habría pasado si hubiera permitido que lo que me parecía mal, simplemente pasara, y que no me importara porque era un amigo o qué habría pasado si simplemente hubiera seguido tragando y tragando hasta convertirlo en parte de mí.
Quizá muchas cosas seguirían igual, seguiría teniendo a mi lado a personas que llegué a considerar familia... Pero lo pienso, y no quiero eso. La lealtad que yo doy, el compromiso para con quienes quiero y quienes considero familia, va muchísimo más lejos de lo que esas personas me demostraron jamás. Y aunque hay cosas que echo de menos, personas que extraño, esas personas (tal y como yo las recuerdo, con nuestras vivencias y nuestros recuerdos) ya no existen. O al menos espero que no existan, porque ya ha pasado muchísimo tiempo, e igual que yo he madurado, espero lo mismo del resto. Y espero que esas personas a las que realmente quise, y aún a día de hoy aprecio, sean terriblemente felices y que sus vidas se hayan convertido en todo aquello que un día me dijeron que querían. Ojalá un día ver a esas personas y tomarme un café o algo, y que me cuenten todo lo felices que están siendo.
Yo la verdad es que lo soy, aunque echo de menos esa felicidad inocente que tenía, esas ganas irracionales de lanzarme a la vida sin paracaidas porque sabía que ahí estaban esas personas (o al menos eso creía). Y admito todos y cada uno de mis errores, todos ellos siempre están presentes, es lo que tiene tener ansiedad. Que repites una y otra vez conversaciones que pasaron hace mucho tiempo, que ya nadie recuerda. Nadie salvo yo, que sigo fustigandome con el qué habría pasado si las cosas las hubiera enfrentado de forma diferente. Pero, no sé, no he parado ni un momento de evolucionar. Aún lo sigo haciendo. Y las cosas en las que creo van cambiando, a mejor espero. Pero tengo muy claro que hay cosas que no cambio por nada del mundo: mi hermana, a la que pienso cada día y echo de menos; a mi madre, quien aunque me saque de quicio a veces siempre me protege y siempre me quiere; a Alex y sobretodo el hecho de acostarme cada día a su lado como una vez nos prometimos bajo la atenta mirada de tantas personas que ya no están. Y esa pequeña familia que tengo ahora, mis amigas, las de aquí y las que no he visto jamás en persona. Quiénes me enseñan cada día que la evolución es algo constante.
Y tal vez en unos años otra vez esas personas se vayan, tal vez salgan de mi vida, tal vez cambie de nuevo y las cosas cambien. Pero ahora mismo me gusta quien soy, con mi cabezoneria, con mi ego, con mi agresividad cuando algo no me parece justo. Con todo aquello que me echan en cara y que yo adoro, porque me da alas.
No voy a pedir perdón por defender todo aquello en lo que creo, por defender a quien quiero y por enfadarme cuando debo hacerlo. No merece la pena creer que algo podría haber sido diferente, pero muchas noches me las paso pensando justamente en eso, en como podría haber mantenido mi vida como estaba y es que pienso: no valía la pena, solo te querías morir. Si precisamente recuerdas a esas personas con cariño, es porque eran las únicas personas que te sacaban de esos pensamientos de cortarte las venas. Ahora nunca tengo esos pensamientos, ahora solo me da miedo morir, he pasado de un extremo al otro. No lo había pensado. Hacia tanto tiempo que no me dejaba llevar y escribía sin guía todo aquello que me desborda... Lo echaba de menos, y esto sí sana y sí es importante mantenerlo.

lunes, 10 de diciembre de 2018

Girl Bang

Tenía miedo.
El miedo atenazaba su alma cada vez que entraba en casa, oía su voz, la sentía en lo más ondo de sus cicatrices.
Ella tenía miedo, luchaba con ese demonio que se acostaba cada noche con su torturado cuerpo, que no aceptaba un no, que no aceptaba su mera rebeldía.
Y un dia ella se vistió de violeta, con esos ojos azules que podían cambiar el mundo. Decidió hacerlo. Cambió primero lo que tenía cerca, se deshizo de lo que dolía, no quería a nadie cerca que la quisiera un poquito menos de lo que ella se quería.
Cambió el mundo, simplemente con un no que siempre había estado en su cabeza, con una locura convertida en fiereza. Cambió el mundo y se dio cuenta de todas las que aún estaban muertas.
Cambió su vida y le dio una vuelta, luchando para que todas pudieran.
El monstruo de su armario había entrado fingiendo ser la rosa más bella, pero ella ya no le tenía miedo.
El monstruo iba a temerla a ella.

martes, 27 de noviembre de 2018

Aquelarre Feminista.

Me levanto cansada, como cada día, me duele todo, soy un amasijo de músculos agarrotados y frío. Estoy cansada. Me levanto, me preparo, como y me voy a trabajar. Así cada día. Así es la puñetera rutina agotadora y caníbal. Solo quiero huir lejos, que no haga falta que me muera de dolor cada día para tener algo que comer, que no sea necesario sufrir o ignorar las exigencias de mi cuerpo para tener una vida digna. Poder obedecer los reclamos de mi alma y de mi mente, que no haya dolor, que no haya miedo, que no tenga más que salir adelante con una sonrisa y toda mi fuerza.
No sé si conocéis la Teoría de las Cucharas, pero cada día a mí se me agotan antes de la hora de irme a la cama, cada día acabo tan cansada que no descanso durmiendo. Cada día no sueño porque mi cuerpo necesita un estado de absoluto sueño para poder regenerar mis fuerzas. Me noto cada vez más dolorida y me refuerzo en mi dolor, no dejo a mi cuerpo descansar porque no tengo tiempo. Recuerdo al conejo blanco con su reloj cada vez que pienso que no tengo tiempo, que no me queda tiempo, que solo me queda esperar y crecer como persona para poder llegar a descansar sin miedo algún día. Que la lucha se pare un momento, porque hemos conseguido avances reales. Que yo pueda sentarme a un lado del camino y ver como mis compañeras luchan por mí de vez en cuando. Estoy en un punto de mi vida donde quiero avanzar, quiero conseguir cosas, quiero luchar y ser libre y quiero que todas mis compañeras lo hagan conmigo. Pero contando con mis problemas y los de ellas, que sea una lucha de autocuidados, que no nos dejemos en el tintero a ninguna, que no nos olvidemos que sufrimos diferente pero la raíz es la misma.
Pero en pocas puedo confíar que vayan a luchar por mi discapacidad.
Pocas he conocido que reconozcan las problemáticas que sufrimos las mujeres discapacitadas, y muchas son las que nos tutelan como si nuestra voz no les importara, como si nuestro sufrimiento no valiera, como si fuéramos unas exageradas y no supiéramos lo que decimos. Hoy sé que tengo unas compañeras increíbles, lo sé porque estoy luchando cada día con ellas, porque son maravillosas y porque escuchan y pelean por mí cuando mi cuerpo no puede. Hoy tengo una red de apoyos que hace unos años no hubiera imaginado nunca tener, porque la verdad es que las guerras no se cubren a solas, las guerras se ganan en aquelarre.
Sé que mis compañeras no me leen por aquí, porque desconocen mi pasado cursi donde escribía cuentos románticos de lo más tóxicos, porque ese pasado, aunque me pertenezca, no es lo que quiero que sepan de mí.
Conocen de mí mi tenacidad, mi cabezonería, que no me paro ante nada ni nadie y que si tengo que decirte cuatro cosas te las digo. Que hace mucho tiempo que no tengo miedo y que las pastillas a veces hacen que se me olviden algunas cosas. Saben que lucho por ellas y por mí, que no me olvido de ninguna, que siempre escucho y que intento comprender. Conocen de mí lo útil, no lo que ya no existe. Y tal vez no sirva de nada que os explique todo esto, no lo hago por vosotras, lo hago por mí. Necesito recordarme que no estoy sola, porque a menudo se me olvida y trato de tirar por todo, agotando aún más rápido mis cucharas. Se me olvida que puedo apoyarme en el resto y desquitarme esta carga.
Por eso gracias, gracias a mis compañeras que cada día pelean porque no sea tan cabezona y las deje ayudarme, gracias por no dejarme agotarme, y conservar mis cucharas.

martes, 23 de octubre de 2018

Cambio.

A veces me acuesto con la extraña sensación de que estoy cambiando algo, que no está todo perdido, que el mundo es un poco más bonito. No entiendo del todo lo que estoy haciendo, no comprendo hasta que punto realmente estoy cambiando algo o si realmente lo estoy haciendo. Pero quiero seguir luchando.
Me leo por aquí, cuando aún era una niña, y me doy cuenta de lo muchísimo que he cambiado sin traicionar ni un solo momento en lo que creo y en lo que creeré siempre. Me gusta lo que soy, me quiero tal y como soy. Me he hecho fuerte con este blog, he crecido y he sacado todo el dolor que tenía dentro, todo el maltrato, toda la violencia, toda mi ira y todo mi sufrimiento. He sacado de mi todos los puñales que me han lanzado y he aprendido de ellos escribiendo estas letras. He demostrado a quienes querían hacerme daño que no me iba a callar aunque quisieran que lo hiciera, he peleado y he vencido. Y aún hoy sigo teniendo algo de miedo, pero son otros miedos distintos.
Miedo que ella no me dé la oportunidad de ser su hermana aunque esté lejos.
Miedo a que todo lo que he hecho para mi salud mental, no sea suficiente.
Miedo a que me traicione mi pasado y acabe recayendo en un pozo aún más hondo... Aunque siempre acabo saliendo.

Llevo muchísimos años escribiendo, empecé haciéndolo en papel, historias romanticonas y que ahora no escribiría ni harta de vino, historias que me gustaría poder borrar. Y ahora son las 10 de la mañana, me he levantado a preparar un millón de cosas de mi propia asociación de mujeres, en mi propia casa, con mi pareja y mi mejor amiga; y escribo esto con mi gata pequeña no dejándome leer la pantalla porque le llama la atención ver cómo aparecen las letras en ella. Y la otra gata tumbada en alguna parte del salón. Todo es diferente, las personas que comenzaron este camino, la mayoría, ya no están. Nuestros caminos se separaron hace muchísimo y solo deseo que sean felices. Pero las personas que me acompañan ahora, me han hecho ser quien soy, me han enseñado a caminar y me han apoyado cuando no podía más. Mis miles de cicatrices han sanado, o al menos eso espero, y me siento realmente fortalecida por la vida que he vivido. Y quizá aún me queden muchos sueños en el tintero, quizá aún no haya terminado de crecer, pero sé que no estoy sola y que nunca lo estuve aunque la oscuridad no me dejara ver quien me acompañaba.
Siempre estaré escribiendo, no os quepa la menor duda, nadie podrá callarme nunca. Ahora necesito escribir de lo que estoy aprendiendo para que otras aprendan, para que otras sepan que no están solas que yo sigo la lucha. Pero este siempre será mi oasis, donde destriparme y sangrar sobre estas letras, donde contaros (aunque no sé si me queda alguien por aquí) cómo estoy, cómo he crecido y que aún tengo ganas de saber qué me depara el futuro
Sé que muchas personas que antes me leían, no saben que cuando empecé esto, estaba completamente rota. Había pensando en acabar mi vida y estaba tan destrozada que era o escribir, o morir. Pero esto me cambió la vida. Me cambió a mejor, me hizo ver aquí una salida de todo lo que estaba pasando, una salida de todo el miedo. Empecé con apenas 15 años, acababa de sufrir una gran pérdida para mí, ya os he hablado de ella, la mujer que me demostró que no estaba rota, que amaba y que la amaba a ella. Esa pérdida fue una herida muy profunda que dolía cuando respiraba. Porque ella no solo era mi amiga, era mi apoyo y era quien me escuchaba cuando no podía seguir. Pero no me merecía: Porque yo valgo más que ese dolor.
Cuando pienso en ella, no siento ira, no estoy para nada enfadada. Siento curiosidad. Curiosidad de saber cómo le va la vida y si está bien, si ha cambiado tanto como yo y si la vida le ha regalado una evolución tan bonita como la mía. Me pregunto qué habría pasado si ella se hubiera quedado. ¿Seguiría siendo yo? Pero sé que el cambio ha sido necesario.

Hoy quiero dejaros estas letras, aunque no sé quien me sigue leyendo, para que encontréis aún en mí un refugio al que huir mientras estáis aprendiendo.

lunes, 22 de octubre de 2018

Mujer y Discapacidad

Hace un tiempo que he empezado a informarme sobre lo que implican mis discapacidades sobretodo a la hora de escribir el artículo de Violencia de Género y Discapacidad (sí, sigo escribiendo pero lo hago más de forma divulgativa y algo menos emocional, no me desgarro como hago aquí), aprendiendo lo que implica ser neurodivergente y ser también diversa funcional en una sociedad capitalista que nos relega socialmente.
Me he dado cuenta de muchísimas cosas que nunca me había planteado. Me he dado cuenta de que el feminismo, no lo veo igual que una mujer neurotípica y sana, porque a la vulnerabilidad de las personas discapacitadas se suma el machismo. Hablamos de que nuestra visión subjetiva del mundo se pone en duda constantemente, por el hecho de ser discapacitadas. Nuestras vivencias dejan de valer lo mismo porque "¿qué vas a saber, si estás loca?", nos hacen luz de gas y lo peor es que nos la hacen sobre una base verídica. Nos la hacen con toda la aprobación social, ya que realmente lo estamos.
Debemos de conseguir alzar la voz por encima de quienes nos silencian, debemos pelear por ser escuchadas en nuestros propios espacios y crear espacios sanos para nosotras al mismo tiempo. Porque un feminismo que no lucha por nosotras, es un feminismo inútil que no va a liberar a las mujeres que más lo necesitamos.

Sí, estamos locas, y sí, nos matan también.

El machismo nos afecta por igual que a cualquier compañera sana, pero a ese machismo hay que sumarle la impresión constante de que "exageramos". Cuando hablamos de nuestras vivencias, añaden un "eres una histérica/exagerada" y con eso nos desacreditan por completo. Nuestras vivencias ya no son válidas sólo porque estamos enfermas o nuestra mente funciona diferente.
Se nos cuestiona nuestra forma de actuar, nuestra forma de vivir, nuestra forma de explicar lo que nos ocurre, se nos cuestiona todo. No sólo por ser mujeres (que de base ya se nos va a cuestionar), también por tener papeles médicos que dicen que no estamos sanas.
Una violación a una persona neurodivergente no se va a ver igual de real que a alguien neurotípica, porque se la va a tachar de loca. (Y mira que a una mujer neurotípica ya le cuesta que la tomen en serio y la crean)
Una diversa funcional, a la que su marido maltrata y hace sentir una mierda por su diversidad, tiene que lidiar con no ser capaz de salir del maltrato sola, porque es que "¿Qué hago así? Soy una inútil, nadie me va a querer." E incluso, ese marido va a recibir cierta indulgencia social, porque "¿Qué va a hacer si ella no sabe valerse por sí misma? a veces explota"
El maltrato pasa a ser algo típico en nuestras vidas, pasa a ser una moneda de cambio para tenernos atadas, mientras la sociedad sigue aprovechándose de nosotras.
Mientras ese marido que nos maltrata, decide sobre nuestras vidas. Incluyendo cuando quiere terminar con ellas.
El 13% de las mujeres asesinadas por violencia de Género en España, tenían al menos una discapacidad reconocida, porcentaje presumiblemente más elevado si se tiene en cuenta que muchas mujeres no cuentan con dicho reconocimiento oficial. Sin embargo, las organizaciones dedicadas a la prevención de este tipo de agresiones aseguran que estas mujeres están invisibilizadas en los programas nacionales y regionales de sensibilización. No se nos escucha y tampoco se nos tiene en cuenta, ni siquiera en los espacios que deberían ser nuestros.
El Instituto de Ciencias Políticas y Sociales (ICPS) de la Universidad Autónoma de Barcelona inició un estudio sobre género y discapacidad, después de que una unidad de los Mossos d’Esquadra les alertara de que, generalmente, este sector poblacional no llega nunca a denunciar.
A fecha 31 de octubre de 2016, los datos oficiales muestran que el 65% de las personas solicitantes de atención eran mujeres, en su mayoría con más de 65 años. En cuanto a las prestaciones reconocidas a las personas beneficiarias (856.452 en total), la prestación económica vinculada a la asistencia personal es anecdótica, ya que solamente supone el 0,51% del total, al igual que sucede con las prestaciones relacionadas con la prevención de la dependencia y promoción de la autonomía personal, que se quedan en el 3,54%.
En muchos casos las mujeres con discapacidad intelectual desconocen que la situación vivida de violencia es un delito denunciable; en segundo lugar, a pesar de reconocer la gravedad de los hechos, ignoran los medios y fórmulas para ejercer su derecho a denunciar; y en tercer lugar, cuando se llega a formular una denuncia, a menudo se les atribuye a priori una falta de credibilidad totalmente injusta; apuntan las investigadoras del ICPS.
No se nos cree por considerar que estamos locas o que somos tontas.
La lacra de la Violencia de Género en todas sus formas, es algo que debe ser atajado horizontalmente desde el feminismo, hay que luchar por todas las mujeres, no solo por unas pocas que tienen la opción de ser escuchadas. Nuestro feminismo como discapacitadas no ocupa ningún espacio en la esfera social, no ocupa ningún lugar si no somos nosotras mismas quienes creamos esos espacios.

Conclusión

La Ley Medidas de Protección Integral contra la Violencia de Género aprobada en 2004 asumía que todos los recursos facilitados por las instituciones públicas debían ser accesibles para todas las mujeres. Sin embargo, no se está cumpliendo la normativa, ya que no existe coherencia entre el derecho vigente y la experiencia diaria de las mujeres discapacitadas. Y la problemática no es única de España, no existe ley vigente en Europa tampoco que supla esta lacra y nos proteja.
Así mismo, las instituciones y nosotras desde Rebelión Feminista, vemos necesario que se lleve a cabo una formación en materia de Violencia de Género y Discapacidad a la par que dar una visibilización a través de las estadísticas y de los programas de concienciación contra la violencia. Es necesario que se nos nombre, porque cuando algo no se nombra, no existe.
Además de todo esto es necesario que se nos incluya en el discurso feminista, que se nos oiga porque ya tenemos nuestra propia voz para hablar de lo que nos está asesinando. Es necesario que hablemos del machismo institucional al que nos enfrentamos nosotras, es necesario que hablemos del machismo que sufrimos en los hospitales y centros de salud, es necesario que hablemos del paternalismo que sufrimos en nuestros hogares cuando hablamos de la violencia que sufrimos. Es necesario que se traten las problemáticas machistas en todos los ejes de opresión.

miércoles, 25 de abril de 2018

Dolor.

Hoy escribo, por primera vez aquí, sobre el dolor físico.
Hoy escribo, con el insomnio velando mi cama,
Por una vez no por culpa de mi atormentada alma.
Pero sí por un fantasma que me consume,
me devora y me destruye.
Hoy escribo sobre el miedo del dolor, del dolor del miedo, de la oscuridad.
Hoy escribo con mi cabeza llena de drogas para intentar no sentirlo.
Hoy escribo atropelladamente unos versos sin sentido.
Y me duele. Sólo noto eso, dolor en toda mi espalda y mi pierna. Dolor.
Sólo noto el frío del nervio quejándose y el calor del músculo inyectandole sangre.
Sólo noto mis impulsos nerviosos chocando contra la pared que los destruye y duele.
Quiero dormir y sé que caeré dormida de agotamiento cuando el dolor mitigue.
Pero mientras escribo estos versos en un intento de apaciguarme.
Y me sorprende nunca haber escrito sobre este dolor tan común aquí.
Tal vez lo tengo tan normalizado, que no me parecía relevante.
Tal vez me daba miedo hablar, que alguien pudiera juzgarme.
Estoy peleandome cada día con mis dolores,
Pero hay personas a las que no les parece suficiente.
Hay personas que juzgan mis dolores sin haber notado nunca algo parecido.
Hay personas juzgando mi vida; como si fueran la protagonista.

miércoles, 14 de febrero de 2018

San Valentín

Te miro a los ojos,
y sé que no eres mía.
Que la libertad nos hace dos,
pero eres con quien quiero pasar mi vida.
Acaricio tu espalda,
beso tus cicatrices marcadas.
La lluvia choca contra el cristal,
y tú me miras, callada,
¿Por qué callas?
Me gusta más cuando gritas,
cuando desgarras
toda la realidad con tus palabras.
Me gusta cuando no sabes
Que decirme, y me besas.
Me gusta cuando la nieve
cubre la calle y me la lanzas.
Cuando tus ojos se llenan de lágrimas
viendo alguna serie o película,
porque tus sentimientos
te hacen humana.
Cuando te duermes, y yo
me quedo mirándote en silencio.
Cuando la distancia se vuelve
inexistente entre nuestros cuerpos.
Porque no necesito ser tu media naranja,
Tú ya eres una fruta entera,
y me encanta saborear tu jugo en mi boca,
conocer tus miedos y volverte loca.

jueves, 4 de enero de 2018

Invierno.

Me va el corazón a mil,
a pesar de que aún estoy
demasiado lejos de ti.
No me quiero ni imaginar,
lo que será verte,
poderte abrazar.
Me muero de ganas,
la verdad es que no sé qué pensar.
Llegaste a mi vida,
como llega todo lo bueno,
sin avisar, simplemente abriendote paso.
Como el frío del invierno,
como el viento gélido que eriza mi piel,
llegaste a mi vida, erizandola también.
Llegaste y ya no veo primavera.
Llegaste y te convertirse en ella.

martes, 10 de octubre de 2017

Texto Sin Nombre

Hoy vengo a rescrebajarme como otras tantas veces ya he hecho, vengo a dejar escrito mis fuerzas y mis debilidades, vengo a esculpir en cada letra mi realidad y que la disfrutes. Porque al fin y al cabo, escribir es la forma más hermosa de mostrar. Tal vez no lo entiendas, quizá sólo me entienda yo, pero pensar en esculpirte en cada frase, pensar en relatar tus trazos más suaves en los versos más candentes, soñar con acariciarte en un soneto... Se me hace erótico a la par que hermoso. Se me hace un misterio para mi alma y para mí. Llevo un tiempo queriendo escribir algo de lo que solía escribir antes, alguna historia bonita de las que suelen emocionar, pero no me salen otras palabras que NO sean tú y tu sonrisas. No me salen otras palabras que la felicidad de estar cumpliendo un sueño, de la realidad de que tú estés en ÉL. Tal vez no lo entiendas, tampoco es algo que sea capaz de entender yo del todo, pero soñarte despierta se hace más llevadero cuando sé que te tengo si cierro los ojos.