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jueves, 14 de noviembre de 2019

Harta

Llevo unos días malos, otros más a la lista, en los que me encuentro mal. Porque me duele todo, porque estoy cansada y porque la echo de menos. La verdad es que es un todo. Es el no saber y a la vez creer saberlo todo, pero siempre desde el lado más negativo y oscuro de un futuro que aún no existe. Me duele todo y siento que solo le importa a él, como siempre, que es él quien me apoya y me cuida siempre. Pero a la vez sé que no es justo pensar eso, que hay mucha gente que me quiere y que me ayuda, pero la depresión y esa puñetera vocecilla no ayudan. Y me miro en los espejos y me siento horrible, y me culpo, y me destrozo al mismo tiempo. Y caigo, siempre acabo cayendo, y me hundo en la oscuridad de mi mente mientras esas vocecilla me grita que no valgo para nada. Una vocecilla que a menudo me resulta familiar, una vocecilla que he oído mil veces y no solo en mi cabeza. Y siento rabia de que él aún se esconda en los recovecos de mi mente y me siga haciendo daño, de una forma que ni siquiera él controla. Pero todo lo que me hizo dejó mella para siempre, no tiene cura y por eso tampoco tiene perdón. Mil veces he pensado en olvidarlo, en seguir adelante, y simplemente ignorar que eso pasó y que no me importe con tal de que me dejéis verla. Pero entonces me haces daño otra vez conscientemente, a menudo utilizándola para atravesarme el alma y dejarme más cicatrices que sangran. Pero ya no soy la misma niña, no. Esa niña creció y, aunque siente dolor y la echa de menos, también sabe que ella lo vale todo. Por mucho que la vocecilla le diga lo contrario. Por mucho que tú le digas lo contrario. Esa niña creció, se pintó la cara de violeta, y ahora es otra persona, ya no tiene miedo.
Y eso no implica que no puedas hacerme daño, es el problema del maltrato, que siempre está ahí. Claro que dueles y claro que me haces daño, pero ya no me enfrento igual a ese dolor. Ahora lo acepto, soy consciente de que no puedo controlarlo, y voy creciendo. Anclo mis raíces a la tierra y voy tejiendo mi futuro, despacio, sin pausa pero sin miedo. Pensando que en unos años no te quedará nada que hacer para que yo la vea, pensando en que aunque ella me odie por tu culpa, tendré la oportunidad de hablar con ella de igual a igual y sin que tú te metas. Pensando que todo el dolor que siento no vale de nada más que para seguir resistiendo y pensando en ella. No tengo que salvar a nadie, ese no es mi papel, mi papel es estar ahí cuando me necesite. Para eso soy su hermana. Y pelear porque le hagas el mínimo daño posible, que no acabe con las mismas cicatrices que rasgan mi alma.
Siempre que pienso en ti, lo hago porque me viene a la mente alguna de las mil cosas horribles que me has dicho o hecho, siempre que ocupas mi mente es porque me has herido, pero ella no. De ella me acuerdo cada día, pienso en ella cada día, me pregunto qué tal estará y tengo tentación de hablarla, pero me da miedo ser pesada (siempre ese miedo absurdo) y al final me quedo callada pensando en si estará bien. Pero sé que lo está, porque aunque tú sigas siendo el mismo, ella no es como yo, y además ella me tiene a mí y lo sabe. Espero.
Duele, la verdad, duele. Duele saber tanto y no poder decirlo en voz alta sin poner en riesgo muchas cosas, duele estar cansada constantemente, duele tener que hacer mil cosas solo para no pensar. Duele, pero duele el cuerpo y la mente.

jueves, 21 de julio de 2016

Caricias a tu Alma

La verdad es que no sé cómo empezar, supongo que esto es una especie de carta para alguien en algún lugar. Quiero que penséis en esa vez en la que tu sonrisa deslumbró tu rostro y eclipsó tu mirada. Sí, esa vez en la que habéis sido más felices... Tal vez el sol bañando tu rostro o las gotas de lluvia mojándolo; tal vez tus pies descalzos sobre una arena ardiente y las olas rompiendo en la orilla; o quizás unos zapatos sobre el asfalto duro y oscuro.  No sé, cada uno tiene un escenario en el que representa su mejor obra, su mejor historia, su vida. Quiero que por un momento dejéis a un lado que esta entrada es la más extraña que he escrito en todo este tiempo (Y mira que siempre he sido más rara que un perro verde), quiero que os dejéis llevar por esa sensación, por esa paz, por esa felicidad, por esa tranquilidad infinita que te invadía en ese momento. Quiero que me escuchéis, que me leáis más bien, con esa sensación en el pecho. Que después de leer mis letras cerréis esto, o continuéis leyendo, lo que más os apetezca; y mantengáis esa paz. Que la atrapéis por un ratito, que os invada esa magia.
Porque esa magia se acaba y nunca es suficiente las veces que las recordéis. Nunca es suficiente las veces en las que seáis felices, porque la vida muchas veces es como la típica historia de terror que no quieres vivir, porque la vida a veces es solo un escenario vacío en el que caminamos a oscuras interpretando un monólogo de pura tragedia que acaba con poco más que tu vida hecha añicos, desperdigada por la escena, mientras tú miras tus pezados y piensas: ¿Qué cojones ha pasado? ¿Yo no estaba vivo hace nada?
Porque la vida es lo que tú quieres que sea, porque un trozo de realidad asquerosa y oscura se puede convertir en toda esa paz. Porque la tristeza no es más que un conjunto de hormonas de mierda que nos consumen y que hacen dependiente a nuestro cerebro. Que nos hace adictos a ella, y prefiero ser adicta a la felicidad, a la paz. Prefiero vivir mi vida desde la perspectiva que yo elija y no la que me marquen.
Y no, no soy una de esas que lo ha tenido todo fácil y no tiene ni puta idea de lo que es pasarlo mal. Las he pasado muy putas, pero por eso os digo que prefiero despojarme de todo ese dolor. De todas esas pérdidas inevitables que han ido ocurriendo mientras vivía, mientras era una más de esa obra que se desarrollaba ante mí. Y yo no podía hacer nada, o al menos eso pensaba.
Me he cansado de estar sentada aquí, esperando a que los acontecimientos sucedieran a mi alrededor y yo no hacía nada. Me he cansado de ser tu marioneta y de que me duelan tus insultos y complejos absurdos. Me he cansado de tu cánon asesino y de tus asesinos. Me he cansado de ser víctima mientras tú eres el verdugo.
No voy a permitir que nadie vuelva a maltratar mi mente o mi cuerpo o mi alma. No permitiré que me destrocen de nuevo, como si no fuera esta escultura irremplazable que soy. Como si no fuera una más. No se qué cojones ha pasado por mi mente hoy, no se qué ha cambiado, tal vez lleva mucho tiempo haciéndolo, pero aquí estoy, y voy a seguir aquí.
Luchando.

martes, 22 de marzo de 2016

Pray for the World

SIRIA:
Me levanto como cada mañana, muy temprano, aposento mis rodillas en el suelo y comienzo mis rezos. Ni siquiera ha salido el sol, todavía es tan pronto... El cielo que observo por mi ventana solo clarea al contraste con la luz de las estrellas, el resto es infinidad teñida de la más profunda oscuridad. Mis cánticos son lo único que se escucha en toda la casa, mis padres aún no han despertado.
De pronto escucho un gran golpe sordo, como un disparo muy fuerte, mis oídos ya no oyen más, solo un pitido ensordecedor que me impide poder escuchar lo que está ocurriendo a mi al rededor. El miedo se apodera de todo mi cuerpo, no sé qué hacer, ni dónde ir, ni cómo huir. Pero el tiempo no corre en mi beneficio.
De pronto el techo se derrumba sobre mí y ya no oigo nada. No veo nada. No huelo nada. No siento nada. ¿Mis padres se levantarían para el rezo? Sinceramente espero que esto los pillara durmiendo, que no hayan sentido el miedo que yo he sentido. Ya nos veremos más allá de este mundo.

NIGERIA:
Me despierto en mi pequeña chabola, las paredes cada mañana se me hacen más estrechas y agobiantes, mi corazón solo quiere hallar algo por lo que seguir adelante, por lo que seguir viviendo, un día más. Me levanto y veo a mis hijos postrados aún en sus camas, les beso las frentes y salgo en busca de agua. Cuando vuelva los despertaré y pensaremos en qué podemos comer. Aunque no pinta demasiado buena la cosecha este verano y ellos cada vez están más débiles.
Salgo fuera de mi caseta y allí me encuentro con un cielo en proceso de amanecer, una mezcla de añil, azul, negro y morado. Las estrellas como contrapunto en este trozo de tierra donde el miedo está a la orden del día. El silencio no existe en esta parte del mundo, miles de insectos resuenan por todos lados haciendo imposible escuchar mucho más.
Pero eso no lo oigo. No necesito oírlo. Algo choca con fuerza contra la tierra de mi aldea y todo se convierte en llamas y destrucción. Mi último pensamiento antes de dejarme vencer al fuego, es la imagen de mis hijos en sus camas. Y un deseo atronador porque sigan bien.

BRUSELAS:
Por fin me voy de viaje, llevo tanto tiempo esperando esto... Tenía muchas ganas de tomarme unos días y salir de la rutina. Mi avión sale sólo en unas horas, y cada vez estoy más impaciente. Cojo mi coche y me dirijo al aeropuerto cargado con mi maleta y mi equipaje de mano. Van a ser unas vacaciones geniales.
Cuando llego veo a muchos niños correteando por los pasillos, jugando entre las sillas, gritando, riendo, saltando... Me siento a esperar que sea la hora de embarque, con un periódico en el que leo la noticia que es protagonista estos días en todos los medios: Europa abandonando a su suerte a esos refugiados.
Lástima que tengamos un gobierno tan atroz, esas personas no merecen todo lo que están pasando, merecen huir del miedo y del sufrimiento, merecen vivir. Merecen ser felices y poder dar a sus hijos la vida que ellos no han podido tener. De pronto el aeropuerto se llena de un sonido ensordecedor que nos calla a todos al unísono, para luego hacernos correr de miedo, algo ha explotado en alguna parte del aeropuerto. ¿Qué está pasando? Solo pienso en salir de allí, en volver a ver el rostro de mis padres y de mis hermanos, en volver a mi estúpida oficina antes de tiempo incluso, en volver a tumbarme sobre mi cama cansado después de un día duro.
Intento salir pero la gente se agolpa contra las puertas de salida. No hay forma de escapar y el fuego ha empezado a devorar todo a su paso, el humo me quema los pulmones, saco mi pañuelo del bolsillo y veo a una niña, de aquellas que correteaban, asustada a mi lado, tosiendo. Ha debido perder a sus padres entre el gentío. Le cedo mi pañuelo para que respire a través de él y yo me despojo de mi camisa para hacerme otra mascarilla, no me salvará la vida, pero me dará tiempo. Intento que la niña avance entre la gente mientras mis ojos arden por el humo. No queda mucho tiempo, me estoy ahogando. Caigo rendido en el suelo y escucho como la gente corre a mi alrededor, yo me he rendido. Poco a poco cierro los ojos y mi último pensamiento es: ¿Qué hemos hecho? ¿Qué ha hecho el mundo para merecer este dolor? Y por último: La niña. ¿Habrá salido?

No importa tu raza, no importa el color de tu piel, no importa tu religión, tampoco tu condición. Nadie tiene derecho a hacerte sufrir el miedo y el dolor de un atentado. Nadie merece quitarte la vida por tus ideales o por los suyos. Eres una persona y mereces PAZ.

domingo, 20 de marzo de 2016

Silencio.

Cerrar los puños con rabia,
notar el sudor cayendo por tu espalda,
la ira brotando con suavidad de tu pecho.
Ahí mirando la escena, desde fuera y
desde dentro al mismo tiempo.
No pareces estar ahí, todo parece tan irreal...
Pero sí estás, es tu cuerpo, es tu vida.
Y es tu miedo el que descansa
impasible en tu rota garganta,
que grita y se desgañita por ser oída.
Escuchada más bien.
Porque alguien, quién sea, defienda
que lo que gritas no es algo
que deba ser silenciado.
Es algo que hay que gritar.
Algo por lo que todos luchamos
y que no debe callarnos,
ni atormentarnos más.

lunes, 14 de marzo de 2016

Feminazi

Estoy un poco harta de que se nos trate como si fuéramos unas dictadoras sólo por exigir unos derechos que se nos han visto menoscabados, por el mero hecho de tener vagina. Solamente por no atender al modelo Heteropatriarcal que define lo que es "mejor" en la sociedad.
No quiero al típico pesado de turno que venga a darme lecciones de hembrismo, porque no, no existe el hembrismo. No hay una sociedad que te obligue a estar por debajo de la mujer, por el hecho de ser un hombre, no hay una idea generalizada de que eres inferior. Así que lo siento chicos, no hay hembrismo.
Pero también esta es vuestra lucha, también tenéis que plantar cara para que todos vosotros podáis llorar sin miedo, para que no se os menosprecie por realizar "trabajos de chicas". No hay unos trabajos de un género o de otro, y si ahora parece que los hay, es porque la sociedad así los ha impuesto. ¿Cómo empezamos las mujeres en el ámbito laboral? Como cuidadoras, como secretarias, como enfermeras... Por eso se consideran "trabajos de mujeres", pero no es así. Esta lucha también ES para ti, hombre hetero, para que se te permita optar a la custodia de tus hijos, para que no se te descarte sólo por ser un hombre y presuponer que una mujer lo va a hacer mejor.
Colectivo homosexual, bisexual, pan sexual, heterosexual, asexual, Trans y cis. Esta también es vuestra lucha. También se legitiman en ella vuestro derecho a amar. A amar lo que vosotros seáis capaces de amar. Porque no debería ser un condicionante de vuestra validez, que os guste más la carne que el pescado, o que os gusten ambos, o que no os guste ninguno. O que no estéis cómodos con el género que se os ha impuesto, que os sintais de otro, que no tengáis ninguno... Eso no debería definir lo que podéis o no podéis hacer. Porque sois tan válidos como cualquiera. Porque sois personas exactamente iguales a las consideradas "normales". Porque todos somos normales. Nos guste lo que nos guste.
Y mujer, la más machacada en esta lucha, que defiendes no sólo lo que te corresponde por ser tuyo,  si no que defiendes lo de todos tus hermanos, hermanas y hermanes.  Que luchas porque algún día tu voz se escuche igual que la de cualquier hombre, para que tu opinión valga lo mismo.
Para que tus NO sean siempre un no. Para que seas tú quién elija lo que puede o no puede ponerse. Para que seas tú quién elija sobre si se depila o no se depila, sin que nadie te vaya a insultar por ello. Para que tu vagina no sea una pega para contratarte o no, o simplemente una excusa para pagarte menos. Para que tu invalidez no sea una carga por el hecho de ser mujer e invalida. Para que seas tú quién decida si es hermosa o no lo es (Pista: Todes lo somos.), para que vivas una vida que merezca la pena ser vivida. De la manera que desees vivirla, con quién quieras vivirla, cómo quieras vivirla.
Por todo esto se nos ha llamado Feminazis, más de una vez y más de dos. Porque luchamos por evitar que se nos sigan imponiendo cosas que no son así, porque luchamos por evitar que nuestra voz siga sonando más baja que las del resto. Porque eres válide, seas como seas.

jueves, 31 de diciembre de 2015

2016

Otro año más se acaba, otras cuatro estaciones han quedado marcadas en cada tronco de árbol que han alimentado, otros 365 amaneceres y atardeceres han presenciado mis ojos y aquí seguimos. Como cada año, entre penas distintas y entre nuevas alegrías. Otro año que no ha sido fácil... Aunque ninguno lo es. Jamás lo ha sido y creo que jamás lo será.
Pero miras a quién te acompaña ahora en el camino, gente conocida, gente querida. Algunos llevan toda la vida, otros sólo un suspiro. Y otros simplemente se han ido y aún te acompañan muy hondo, en tu corazón. Ya ha pasado de nuevo otro año y todavía me quedan tantas cosas por hacer... Tantas aventuras por vivir... Tantos sueños por cumplir... Pero así tiene que ser, pues hace poco escuché una frase preciosa: "Algunas personas no mueren por la edad, sino justo en el momento en el que dejan de soñar"
Así que a seguir soñando, que mientras nos queden cosas por cumplir, merecerá la pena seguir adelante.
Feliz año nuevo, 366 días para equivocarnos, reírnos, llorar, saltar y cantar. Y sobretodo para vivirlos todos y cada uno de ellos como si fuera el último

lunes, 14 de diciembre de 2015

Hambre.

Abro mis ojos en mi cama, destapada y empapada en sudor. A mi lado no está él, ¿dónde puede estar? ¿Dónde ha ido? Me levanto apresuradamente, como esperando encontrarme en otro lugar, que todo lo que ha pasado por la noche haya sido no más que un sueño. Por suerte me equivoco. Sobre la mesa de la habitación ha un desayuno caliente (que supongo que sea la razón de haberme despertado porque huele realmente bien), y una nota.
"Hola preciosa, espero que hayas dormido bien y que te guste el desayuno. Yo he ido a comprar al mercado, en una hora o así estoy aquí y hacemos juntos la comida, ¿Vale?"
Sonrío al leer la nota y me siento a desayunar, no debe hacer demasiado tiempo que se ha ido, pero le echo demasiado de menos. Llevaba demasiado sin verle y no me he saciado de él, aún no. Y no creo que lo haga nunca. Cuando termino mi desayuno lo recojo y lo llevo a la cocina, allí me siento a leer el periódico calmadamente mientras espero a que vuelva. Vaya, nuevas revueltas de seres en las afueras de la ciudad... Debo tener cuidado, esto de estar huyendo no se me da bien. He vivido una vida muy cómoda hasta ahora y... No tengo nada para defenderme. Solo este chico que se ofreció a recogerme en la carretera y me ha protegido los últimos días...
Entra por la puerta, con las manos llenas de sangre.
-¿Qué ha pasado? ¿Estás bien?- No me responde, solo mira con la mirada pérdida a mi cuello, con los ojos sin expresión, con los labios entreabiertos respirando entrecortadamente, mostrando detrás de ellos unos dientes afilados.
No me da tiempo a decir nada más, me coge del cuello y no veo nada más. Caigo al suelo fulminada y él bebe de mí hasta saciar toda su sed, mis ojos vacíos miran al techo de la cocina mientras va escapando de mi cuerpo toda la vida con la que había empezado mi viaje. Poco a poco todo el miedo se desvanece, poco a poco me dejo llevar por la situación, dejo que mi sangre bañe su cuerpo y noto como mi cuerpo se vacía por completo para luego llenarse de golpe con algo nuevo, una nueva energía que me llena de luz, de fuerza y de... Hambre.

domingo, 22 de noviembre de 2015

Manada.

Llevas mucho caminando, ya se hace duro seguir el camino lleno de baches, ya no te quedan fuerzas en el amasijo de vísceras en que te has convertido. Solo queda miedo, debilidad y prejuicios. Siempre sobre ti, sobre tu debilidad y sobre todas esas carencias caladas de miedo y trampas. De vísceras y sangre, de cerebro y corazón. Te encuentras, aquí parada, como tantas otras veces, notando tu alma silenciosa, inquieta, parada. Notándote agarrotada, en un momento en que poco más nos queda aquí, poco más nos queda por vivir en esta vida profana, maldita, desdichada... Con voz apagada te diriges al mundo, con tus ojos resplandecientes empañados en duda y en todo ese miedo, y es entonces cuando te ves, a ti mismo, reflejado en cada error, y es entonces cuando ves en ti todo lo que podrías hacer y no hiciste, todo el camino que se borra cuando lo emprendes dudando y sufriendo, cuando inicias tu vida cuestionándote la misma. Y es entonces cuando nada importa, y es entonces cuando todo lo que tienes vale exactamente lo que eres: Un amasijo de vísceras y sangre que mancha el mundo a cada paso, con una falsa sonrisa en los labios.
Y otra vez te paras, miras tus errores, todas aquellas veces que te has dado cuenta de que la has cagado, y lo sabes bien, la has cagado muchísimo. Nada volverá a ser lo mismo después de esas palabras que han salido de tus labios, sin decir lo que realmente pensabas, diciendo únicamente lo que tu corazón dolido piensa que es mejor. Y no lo es, sabes que no lo es y eso lo convierte en un error aún más grave. Y en ese momento notas dos manos en tu hombro, de esas dos personas que marcan tus latidos con sus susurros en tu oído, y te das cuenta de que nada importará más a partir de ahora, que tu errores han quedado perdonados hace tiempo y ya no duelen. Ya no tienes ese peso sobre tus hombros, ya no queda más miedo en ninguna parte de ti. Y la ves a ella, tu mujer de verde, abrazándote por la espalda y besándote la mejilla; a él, tu humano, besándote lo labios; a ese otro lobo, mirándote a los ojos mientras te acaricia la mejilla y te levanta en volandas. Y ese ciervo y su joven ario con los que hay mucha historia por delante que contar y que te hacen reír con cualquier chorrada, mi familia, los que yo he elegido y que me hacen feliz. Todos aquellos que han estado ahí en mis errores y en mis victorias, que me han secado las lágrimas y que me han dicho que la he cagado y que he sido muy dura con alguien. Y tenía razón, normalmente siempre la tienen. Te sientas en el suelo, con ellos contigo, y te da cuenta que si es con ellos, la vida vale muchísimo más que cuando estabas sola. Queda mucho camino por delante, pero merecerá la pena si lo recorro con ellos.

viernes, 6 de noviembre de 2015

Tres de Tréboles.

Titilan las luces de mi habitación, es noche cerrada, si se funden nada iluminará la estancia para poder cambiar la bombilla... Pero no me importa, me tumbo mirando mi techo abuhardillado, embobada en los tablones del techo, pensando en... Nada. Mi mente simplemente sigue rodando mientras yo no pienso en nada. Simplemente estoy ahí, tumbada, quieta.
Salta encima mío, con su habitual elegancia, me trepa y se tumba sobre mí, ronroneando, soy terriblemente cómoda para ella. Así nos quedamos hasta que amanece, ella durmiendo y yo mirando el techo, otra jodida noche de insomnio de las que pensaba que no quedaban, de esas en las que el sueño no acude a mí, simplemente no puedo cerrar los ojos y dejarme llevar por la calma, simplemente mi mente sigue despierta mientras solo quiero abandonarme y dejarme llevar, mientras solo quiero descansar de una vez.
Suena mi despertador y yo no he dormido, mi gata se despierta al escuchar el sonido de mi móvil y se despereza aún tumbada sobre mí. Me siento agarrotada, toda la noche en la misma postura sin dormir. Así que me levanto con cuidado de la cama, estirándome suavemente para no hacerme daño, moviendo mis músculos con suavidad.
Estoy agotada. No tengo energía para nada y simplemente me toca hacerlo todo, no puedo quedarme en la cama, otra vez no. No puedo dejar que la tormenta me vuelva a arrastrar tan lejos que luego no encuentre la playa dentro de tanta tempestad... No puedo dejarme vencer de nuevo.
Me visto, me arreglo y salgo a la vida. Me dispongo a seguir adelante, a luchar un día más, mientras mi cuerpo me suplica que me quede en la cama, que vuelva a ceder al agotamiento, que vuelva a perder. Pero a mi nadie me gana.

miércoles, 21 de octubre de 2015

Cuarto Creciente.

Hoy me he levantado con ganas de seguir escribiendo, con ganas de gritarle al mundo lo que pienso, de defender en mis letras todo por lo que he luchado en mi vida. Todo lo que tengo, que no es poco. Así que me he puesto de nuevo, boli en mano, y he garabateado muchas palabras sin sentido, muchas cosas carentes de matices que después habría que maquillar para que puedan ser leídas, muchas ideas confusas buscando una recóndita razón. Unas, sueños confusos de noches oscuras y cálidas mantas, otras, pesadillas de frío y miedo, de sangre y suciedad sobre mi piel. Y me he leído a mí misma en esas letras, me he encontrado agazapada en aquella exclamación que se atropella después de decirme que no valgo, después de hundirme, ese aliento que me devuelve al campo.
Pues no hay sonido más ensordecedor que el silencio de los labios que callan una verdad, ni una mirada más triste que aquella a la que ya se le han secado las lágrimas. Que no hay camino más duro que el que tememos transitar, porque nos carga a la espalda más equipaje del que solemos llevar, nos carga con esas preguntas que luego nos dan más miedo. Sobretodo tememos el qué vamos a responder a ellas, normalmente no sabemos qué responder. Miro mi reloj y me percato de que llevo mucho tiempo escribiendo sin darme cuenta, mucho silencio en mis letras. Y me paro, mirando un folio en blanco, que se supone que contiene todos mis pensamientos... Y contiene mil cosas que me asustan, mil miradas que me tientan y mil puñales que me matan. Contienen más pesadillas que sueños, contienen más miedo y más armas de lo que me gustaría que expresara mi alma. Y me encuentro mirando sin mirar y leyendo sin leer, pensando en como he llegado hasta este punto de mi historia dónde los recuerdos pesan tanto y queda tanto de ellos que no sé qué hacer. Porque no los quiero. Porque he pasado página y de aquella que fui no quedan más que trazos en un folio sucio. Grietas en un rostro al que le sobran las penas y le faltan más sonrisas.
Y algún día haré caso a estas cosas que escribo, algún día seré yo quién me lea y diga: Tengo razón, esta sonrisa tiene que ser más fuerte que las lágrimas.

Cuarto Menguante.

Suenan las horas inquietas,
chocando estridentes contra la acera,
cayendo al vacío del olvido,
olvidándose de lo que quisieron ser ellas.

Martillean en mi mente
todas las horas cadentes
de colores, de vida, de gentes...
Dentro de esta historia llena
de silencio y de notas,
de ruidos y de estrofas,
de llantos y suspiros,
de sonrisas y de olvidos.

Cansada caminas hacia
algún lugar que desconoces,
hacia el frío y hacia la nada.
Esperando encontrar algo.
Y una cálida cama.

sábado, 17 de octubre de 2015

Luna de Sangre.

Miro a mi reloj, las tres de la tarde, ¿Dónde está? Comienzo a impacientarme... Quiero Acabar con esto cuanto antes, me carcome por dentro mientras miro algún punto en la lejanía. De pronto su olor inunda mis fosas nasales, sé que está cerca, huele a perro mojado, a pelaje húmedo por la lluvia que lleva cayendo desde bien entrada la mañana. Se acerca por mi espalda, pasando su mano por mi cadera y abrazándome, se siente tan cálido su tacto... Es tan reconfortante... De pronto todo a mi alrededor se seca, ya no hay frío, todo parece más... Humano y menos caos. Pero pronto abro los ojos y miro esa ciudad devastada por las hordas de seres imposibles... Aunque yo soy uno de ellos y protejo todo esto, yo no soy como los demás, nunca lo he sido. Nunca he encajado ni en un bando, ni en el otro.
Ahora todo esta cubierto de cenizas, las calles teñidas de gris, rojo y negro, el silencio se hace palpable... Y yo solo tengo mi mirada rasgada, desafiante y verde azulada. Miro por fin a los ojos amarillos de mi acompañante peludo, el cual me sonríe y besa suavemente en los labios, todo mi cuerpo humano responde a su contacto, todo yo quiere besarlo.
Estamos esperando a alguien más, mi otra mitad se eriza y sale a la superficie, dejando ver mi escapada piel y mi pelo convertido en serpientes de un blanco ceniza precioso. Ya está cerca, ella puede sentirlo. Así que mi lobo me suelta, sabe que mi otra parte se lanzará a su brazos en cuanto gire la esquina.
-Hola chicos, ¿Llego muy tarde?- Dice con esa sonrisa bobalicona que me encanta.
-Solo lo normal, Zephyr, Como siempre.- Dice el lupino mirando con un deje al humano ataviado de cuero negro y varias pistolas. Necesita defenderse de quien quiere matarle... No es corta la lista. Eligió a la gorgona equivocada como esposa. Me acerco y le beso los labios.
-¿Traes algo divertido para mí?- Digo esbozando una sonrisa pícara, le había pedido una daga curva para defenderme a corto alcance, mi humano es el encargado de las armas en nuestro equipo. Este extraño equipo que hemos hecho al desatarse el caos.
-¿De verdad lo necesitas preguntar, nena?- Dice mientras saca de su cinturón dos dagas de hoja curva con el mango de cuero verde entretejido como si fueran escamas. Me encantan. Se las quito de las manos besándole con fiereza, notando como nuestras cuerpos se pegan en uno solo con ese beso, me las meto el la liga que llevo bajo mi vestido de cuero tipo amazona negro y me preparo. Me encantan estos trajes, me permiten mayor movilidad.
-Y yo... ¿No traes nada para mí?- Dice el lobo mirándole socarrón.
-Claro que sí, Noir, te traigo comida. Y bueno... Puedes elegir una de mis armas de fuego, te la dejo.- Dice sacándole una tajada de carne de una bolsa de cuero. A Noir le brillan fugazmente los ojos al ver la carne reciente chorrear sangre, me rugen las tripas, pero me he prometido aguantar hasta estar con todos antes de comer... Yo como más que ellos, necesito al menos dos conejos para mantenerme bien en el combate que se avecina.
-Bien, chicos, es hora de ir hasta la Catedral del Pecado. Allí están el resto de los nuestros. Hay que prepararse.- Digo mientras me enfundo la capucha del vestido y desaparece mi apariencia de gorgona. Noir pone su cobertura humana también y coge una de las pistolas de Zephyr. Ambos saben que vienen a por mí, ninguno pensamos dejar que nos maten. Se avecina una noche movidita, en el cielo no deja de brillar esa luna roja que salió el día que llegó a la Tierra la oscuridad.

viernes, 2 de octubre de 2015

Eternidad.

Suenan voces lejanas en mis oídos, voces de antiguas sirenas que pretenden volvernos a atrapar, pero que nos quedan demasiado alejadas de nosotros, que están perdidas en algún punto de la eternidad, entre tu miedo y tu valor. Buscas en el tiempo más tiempo, rebuscas esperando hallar una respuesta distinta, y siempre encuentras la misma, siempre un NO en los labios enrojecidos por el llanto, una mirada vacía, un corazón sumido en un mar sin retorno.
Pero te despiertas en la noche, con los oídos embotados por aquellas voces endulzantes, por aquellas sirenas que quieren atraparte. Y sientes miedo, como de costumbre, todo tu cuerpo tiembla al contacto con su piel, todo tú se transforma en otra persona al ver esos ojos encendidos, porque ella es más fuerte. Porque ella puede con algo que tú aún no entiendes. Todo este miedo al mañana, todo el argumento de la historia desparramado por el suelo, todo el tiempo perdido sin saber dónde te colocas respecto a esas preguntas que te haces en silencio. Pasan las horas y simplemente piensas en él, estás con él, te sientes sola. Quieres que esa persona que está junto a ti, este bien, porque cuando no lo está no es él. Porque te destroza mirarlo a los ojos y no ver más allá de su tristeza infinita. Porque el tiempo pasa, no puedes evitarlo y te asusta, el pensar que no es eterno, que algún día tus huesos se transformaran en polvo y de tu recuerdo no quedarán sino alguna foto en algún álbum. Tienes miedo a que vean esa debilidad que escondes tras ella, esa otra cara que todos se esfuerzan en no ver, porque está gritando que tienes que ser fuerte, porque está ella exigiéndote seguir adelante. Mi extraña conciencia escamada, mi refuerzo y mi comodín cuando veo esos ojos anegados en lágrimas que no puedo evitar que se derramen, y siento esa pura impotencia que quiebra mis piernas a la altura de las rodillas, que me deja en el suelo con una nueva herida abierta en el pecho. Sangrando. Liberando de tu cuerpo todos esos sentimientos que te ahogan. Porque la muerte te parece buena idea cuando él está así.
Pero es fuerte, por ti, porque no queda mucho de ti ya dentro de esta maraña de huesos y piel, porque el tiempo ha pasado mucha factura a tu agotado pensamiento y a tu cuerpo magullado por todas partes, porque no quieres seguir adelante si no es de su mano. Porque lo único que tienes es eso, esa seguridad de su presencia a tu lado a pesar de todo.

Once Upon a Time.

Otra vez, como cada maldito momento de mi vida, vuelvo a sentirme así, vuelvo a tener en mi mente mil cosas que no deberían estar ahí, mil sentimientos que me ahogan con mis propias lágrimas, mientras mis músculos se estremecen y me duelen. Mientras mi cuerpo se queja, mientras me grita que siga adelante, joder, que aún queda mucho por delante y no, no puedo rendirme. No estaba en los planes, pero son parte de mi camino. Son parte de mi historia y parte de mí misma, parte de toda esta vida. La noche más oscura, justo antes de un nuevo amanecer que tal vez sea el más brillante de todos. Que tal vez nos dé ese toque de esperanza que necesitamos, ese algo que haga que todo por lo que estamos pasando merezca la pena. Porque son ya muchas penas a la espalda, y empiezan a pesar, empiezan a hacer mella en mi pequeña y asustada alma, en mí. Porque nadie nos dijo que fuera fácil, nadie nos contó lo que había que pasar en esta vida para alcanzar un estado más elevado, nadie nos contó que hay más allá. Simplemente nos lanzaron a la vida, sin libro de instrucciones, sin confianza, desnudos. Pues así es como nacemos, sin nada, y se nos va dando todo y quitándonoslo cuando parece demasiado fácil. Porque la vida es eso, es aprender que si algo es fácil, no durará demasiado tiempo, todo lo bueno se acaba y a veces antes de lo que tú te esperabas. Pero aquí estamos, luchando al pie del cañón, confiando ser la excepción que confirma la regla, confiando en que nosotros sí tendremos ese final feliz que tanto ansiamos, porque nosotros somos diferentes al resto. ¿O no?

lunes, 28 de septiembre de 2015

Mi Único Pecado.

Abro mis ojos, tras otro pestañeo más, tras otro segundo perdida en la oscuridad. Delante de mí la amarilla yesca se amontona a ambos lados de la carretera mientras cruzo medio país para llegar a algún lado, para no volver a sentirme vacía, para no ser solo una cáscara que sigue viviendo de forma autómata, sin un sentido que dar a sus latidos que cantan algún ritmo carente de acordes asonantes o consonantes, carentes de realidad. Huiré de nuevo, como llevo haciendo toda mi vida, en este mundo tan vacío, tan silencioso, tan triste. El autobús se para en aquel andén tan simple, tan vacío de todo. Me bajo del bus y noto el frío de esta tierra, noto en mi cuerpo como mis células me piden que me ponga más ropa. Pero todo mi equipaje está en el maletero del bus, así que tengo que esperar a coger algún abrigo.
De pronto, mientras espero a que me abran el maletero, unas manos se pasan por mi espalda, colocándose en mis caderas y unos labios marcando un cálido beso sobre mi mejilla. Sonrío, no puedo evitarlo, ese olor que llega hasta mis fosas nasales jamás podré olvidarlo. Es mi mayor vicio, mi mayor debilidad y mi fuerza. Paso mi mano, sin mirarlo, por su trasero y la coloco en el bolsillo de atrás del pantalón.
Por fin me abren el maletero y me saca las maletas, por fin lo miro, está tan guapo... Me quedo como una tonta mirándolo, mientras se acerca a mí y me roba un beso de esos que despiertan hasta a los muertos. Cuando me suelta me descubro respirando profundamente mientras la excitación y las ganas cubren cada célula de mi cuerpo, cada centímetro de mí.
Llegamos a su casa, tras un largo paseo por la ciudad, hace frío. Pone mi maleta sobre la cama de su cuarto y después me coge en volandas, me pone contra la pared mas cercana mientras me besa con fuerza.
Empiezan mis vacaciones, de la mejor forma.

domingo, 27 de septiembre de 2015

Laberinto.

Caminamos, dejando nuestra huella sobre la línea etérea que dibuja suavemente nuestro destino, que marca el rumbo por el que nos movemos y limita nuestras decisiones a unas preguntas concretas.
Y, con cada paso que dejamos marcado sobre la línea, vamos abriendo grietas, guardando lo caminado en algún punto de nuestra mente, de éste pensamiento vacío lleno de ideas deformes que damos forma con el cerebro. El camino va llenándose de piedras, trozos de aquellas silenciosas grietas que hemos abierto con nuestras decisiones, piezas que dificultan el seguir adelante e, incluso, cuestionan si merece la pena seguir caminando... Esa horrible pregunta sin respuesta, que jamás podremos saber, pues no podemos ver el premio que nos espera más allá del puro sufrimiento al que exponemos nuestros huesos, que chocan sonando con violencia contra el suelo. Nuestro paraíso tras haber saltado todas las piedras del camino, todas las grietas que nos quebraban las rodillas y atascaban nuestros pulmones, impidiéndonos respirar por el polvo que van levantando a nuestro paso sobre ellas. Dejando escapar por las grietas esos trozos de nuestras almas que no son lo suficientemente fuertes para seguir siendo parte de nosotros mismos y que dejamos escapar muy lejos de nosotros, que jamás vuelvan a entorpecer nuestros pasos, que no nos pongan la zancadilla impidiéndonos avanzar.
Escuchas gritos a lo lejos y dejas que el miedo corrompa tu cuerpo y sigues andando, encarando tus peores miedos, diciéndoles a la cara todo el miedo que ellos te provocan y que te da igual todo lo que hagan. Porque no tienen poder sobre ti, porque tú eres muchísimo más fuerte que todas ellas, porque algún día te darás cuenta que por fin superaste la prueba , que ya no queda nada por lo que seguir corriendo, que aquellos monstruos que pensabas que te seguían, se han muerto en algún punto del camino, que ya no siguen detrás tuyo. Pisándote los talones, sujetándote la sombra para que no puedas llegar más lejos de lo que ellos te permitían.

miércoles, 16 de septiembre de 2015

Amanecer.

Camino, como siempre, 
no creo que sea tiempo de detenerme. 
Es hora de seguir adelante, 
siempre callada, siempre constante, 
con el corazón en una mano y la cabeza en la otra. 
Con el coraje de ser lo que alguna vez te hizo ser idiota,
con la manía perdida de ser tú, esta triste loca. 
Aquí, ahora, nada más importa,
solamente una palabra que mancilla
el susurrante sonido de esta boca,
solo un nombre, un ente,
una sonrisa, una mirada, una persona.
Solo un recuerdo, una razón para seguir
para jamás detenerme, no ahora,

Saber que más adelante aún queda
algún resto de lo que la lluvia
borró, desde aquellas tristes sombras.
Una luz que me lleve más lejos,
un fuego fatuo que jamás deje de brillar.
Una guía perdida allá lejos, en algún hondo mar.
Quiero salir de mi vida, verla entera,
volver a rememorar desde la lejanía,
desde la inocencia de no pensar que es mía.
Y así ver mis errores desde otra perspectiva,
y así reírme de aquellas noches a oscuras,
encerrada en mí misma.

Y otra noche pasa, sin ninguna sonrisa,
pérdida en los sueños de alguien
que ya no sigue con vida.
De una desconocida que fui 
y a la que nunca más quiero volver.
Recordando durante horas, esas nubes,
ese cielo, esas luces, aquel amanecer.


jueves, 10 de septiembre de 2015

Colias Común

Ver pasar una mariposa blanca y recordar aquellas palabras, aquella frase que lo empezó todo, aquel momento que quedará en mi memoria para siempre, por todo lo que ello implica.
Extrañar aquella simplicidad de la felicidad enlatada  en tardes a la sombra tirada en cualquier parte. Extrañar ese apoyo incondicional que ahora me brindan otros que por aquel entonces no estaban en mi vida. Caminar por este sendero lleno de baches, de subidas, de bajadas... Lleno de mi vida que se muestra ante mí con la mirada perdida. Con el corazón alborotado y las ganas de llorar suspendidas en el tiempo, congeladas mientras intento seguir adelante y no encuentro aquel sonido que antes llegaba a mis oídos y enturbiaba mi ya descontrolada mente; Su voz. Ahora llega otra voz, una más grave, que se muestra en un susurro contra mi oído y me despierta una y mil veces de estas pesadillas con las que lidio día a día. Y aquí estamos, la muerte y yo enfrentándonos como de costumbre, como cada día desde que tengo memoria, evitándonos la una a la otra mientras el tiempo da por ganada mi partida, porque tarde o temprano ha de finalizar la primavera, tarde o temprano las flores se secan y dejan paso a los frutos que más tarde se hielan. Miro de nuevo a la cuenca vacía de mi temida enemiga y me veo reflejada en la nada, como de costumbre, me veo inmersa en la oscuridad mientras tratan de hacerme huir de todo. Pero yo soy más fuerte.
Yo tengo algo que ella no, una vida, tengo todo el tiempo del mundo para luchar contra lo que venga y para salir victoriosa en cada partida contra ella. Pues ya he vencido a la muerte, mi fiel compañera, ya te he ganado cuando tengo asumido que soy la única capaz de dejarme atrapar y, que si no soy yo, jamás podrás vencerme, Porque el tiempo me ha enseñado mil caminos que he dejado atrás, mil decisiones que ya no volvería a cambiar, mil situaciones de las que aún no sé cómo conseguí escapar. Aquí me encuentro de nuevo, pensando en todos aquellos recuerdos y descubriendo tantas decisiones que me llevaron a su encuentro, tantas cosas que han hecho que hoy sea parte de esta familia que yo he elegido y que no me ha sido dada por la sangre. Porque he aprendido que la que eliges puede ser tan maravillosa como la que sangra igual que tú.

viernes, 28 de agosto de 2015

Miradas Felinas.

Abro los ojos tumbada sobre mi cama y sé que ella está conmigo. Lo sé incluso antes de que se desperece a mi lado y salte encima mío. Lo sé porque ya es parte de mi rutina, ya es parte de mí. Y cada mañana al entreabrir los ojos me la encuentro acurrucada en alguna parte de la cama o sobre mí incluso. Es algo que me alegra el despertar, algo que sosiega todos mis fantasmas. Esos que últimamente se empeñan en regresar. Llevo unos cuantos meses pensando, meditando, tomando decisiones que no incluyen a nadie más que a mí, decisiones que son para bien o para mal, mías. Y cada día que pasa me quedo mirándola, a esos ojos de un verde irreal, y me pregunto si ella no es más que una prueba más del destino, si es uno más de mis tantos fantasmas. Quiero huir de todo lo que he hecho hasta ahora, quiero cambiar mi vida al completo, y no  puedo. Muchas cosas me atan ahora mismo aquí, a un sitio que yo no escogí, a un lugar donde nunca he querido estar y a una vida que nunca jamás hubiera querido vivir por elección propia... O quizás sí. Porque puede que tenga mil quejas de esta vida que me ha tocado, mil demonios que me mantienen despierta de noche, hasta que mi cuerpo se rinde y me deja descansar. Pero él es la razón e que siga adelante, siempre lo ha sido a pesar de que no estuviera ahí hasta hace muy poco... A día de hoy sé que todas las decisiones que me llevaron a seguir con vida, incluida alguna que nunca he sido capaz de confesar, era por él. Por encontrarle en mi camino  algún día, porque estaba destinada a tropezarme y enredar mi hilo con el suyo durante lo que espero que sea toda la eternidad. Pero es que ahora también hay una pequeña fiera que me mantiene ocupada, algo que me tensa, que me preocupa, que me hace sonreír y que me hace sentirme querida.Y no, no he tenido una hija, tengo un bebé pero no de mi propia especie. Y esta cachorrita felina me ha conquistado el corazón, me ha ocupado las horas con cosas que hacía mucho tiempo que no disfrutaba, y me ha sacado de mi pozo de nuevo. Porque cada vez que me caigo, se hace más dura la subida a la superficie. Aunque esta vez los tenía a ellos dos conmigo y eso me ha ayudado mucho, aunque el viaje aún no se ha acabado. Aún queda mucho por luchar.
Aún queda mucho que vivir, mucha música que escuchar, mucha belleza para ver, muchas pieles que tocar, muchos perfumes que oler y muchas veces que saborear su boca.

martes, 11 de agosto de 2015

θάνατος του ποτήρι

Tengo en la mano la llave, 
aquella que se perdió hace tantos
años en aquella guerra.
Tengo en mi mente un millón
de recuerdos que preferiría
poder dejarlos atrás, poderlos olvidar.

Me encamino por los pasillos,
con mis pasos resonando fantasmales 
contra el mármol del suelo.
Caigo de rodillas frente a tu puerta,
como cada noche perdida,
como cada olvido resucitado.

Me reconcomen las sensaciones,
el frío de la estancia se vuelve doloroso
frente al aire que hace tanto dejó de correr.
Mi piel escamosa por los escalofríos, 
mis ojos fijos en la nada,
mi pelo enmarañado, lejos de tu mirada.

Oigo tu respiración contra mi cuello,
muerte de cristal, dulce de miel.
Caricias vacías, contra manos llenas.
Pasos firmes en cuerpos desmoronados,
labios que tartamudean, mientras buscan
todas aquellas malditas respuestas.

Me paseo por encima del fuego,
mientras la luna quema mi piel,
mientras  tengo miedo a un mañana sin forjar.
Sales corriendo antes de ver tus miedos,
antes incluso de saber si siguen ahí.
 Guías tus pasos, llegas a islas desiertas...

Te pierdes en aquellas tierras en
las cuales algún día incluso te encuentras.
Me describes mil sonrisas que recuerdo,
me recuerdas mil palabras que digo,
me pierdes en mil laberintos que contruímos juntos.
Camino despacio, ya no sé dónde llegaré.