Titilan las luces de mi habitación, es noche cerrada, si se funden nada iluminará la estancia para poder cambiar la bombilla... Pero no me importa, me tumbo mirando mi techo abuhardillado, embobada en los tablones del techo, pensando en... Nada. Mi mente simplemente sigue rodando mientras yo no pienso en nada. Simplemente estoy ahí, tumbada, quieta.
Salta encima mío, con su habitual elegancia, me trepa y se tumba sobre mí, ronroneando, soy terriblemente cómoda para ella. Así nos quedamos hasta que amanece, ella durmiendo y yo mirando el techo, otra jodida noche de insomnio de las que pensaba que no quedaban, de esas en las que el sueño no acude a mí, simplemente no puedo cerrar los ojos y dejarme llevar por la calma, simplemente mi mente sigue despierta mientras solo quiero abandonarme y dejarme llevar, mientras solo quiero descansar de una vez.
Suena mi despertador y yo no he dormido, mi gata se despierta al escuchar el sonido de mi móvil y se despereza aún tumbada sobre mí. Me siento agarrotada, toda la noche en la misma postura sin dormir. Así que me levanto con cuidado de la cama, estirándome suavemente para no hacerme daño, moviendo mis músculos con suavidad.
Estoy agotada. No tengo energía para nada y simplemente me toca hacerlo todo, no puedo quedarme en la cama, otra vez no. No puedo dejar que la tormenta me vuelva a arrastrar tan lejos que luego no encuentre la playa dentro de tanta tempestad... No puedo dejarme vencer de nuevo.
Me visto, me arreglo y salgo a la vida. Me dispongo a seguir adelante, a luchar un día más, mientras mi cuerpo me suplica que me quede en la cama, que vuelva a ceder al agotamiento, que vuelva a perder. Pero a mi nadie me gana.
He hecho un pequeño cambio en el blog, ya era hora de una pequeña renovación. (Las obras siguen igual y pretendo seguir mucho tiempo más escribiendo)
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viernes, 6 de noviembre de 2015
Tres de Tréboles.
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miércoles, 21 de octubre de 2015
Cuarto Menguante.
Suenan las horas inquietas,
chocando estridentes contra la acera,
cayendo al vacío del olvido,
olvidándose de lo que quisieron ser ellas.
Martillean en mi mente
todas las horas cadentes
de colores, de vida, de gentes...
Dentro de esta historia llena
de silencio y de notas,
de ruidos y de estrofas,
de llantos y suspiros,
de sonrisas y de olvidos.
Cansada caminas hacia
algún lugar que desconoces,
hacia el frío y hacia la nada.
Esperando encontrar algo.
Y una cálida cama.
chocando estridentes contra la acera,
cayendo al vacío del olvido,
olvidándose de lo que quisieron ser ellas.
Martillean en mi mente
todas las horas cadentes
de colores, de vida, de gentes...
Dentro de esta historia llena
de silencio y de notas,
de ruidos y de estrofas,
de llantos y suspiros,
de sonrisas y de olvidos.
Cansada caminas hacia
algún lugar que desconoces,
hacia el frío y hacia la nada.
Esperando encontrar algo.
Y una cálida cama.
viernes, 2 de octubre de 2015
Eternidad.
Suenan voces lejanas en mis oídos, voces de antiguas sirenas que pretenden volvernos a atrapar, pero que nos quedan demasiado alejadas de nosotros, que están perdidas en algún punto de la eternidad, entre tu miedo y tu valor. Buscas en el tiempo más tiempo, rebuscas esperando hallar una respuesta distinta, y siempre encuentras la misma, siempre un NO en los labios enrojecidos por el llanto, una mirada vacía, un corazón sumido en un mar sin retorno.
Pero te despiertas en la noche, con los oídos embotados por aquellas voces endulzantes, por aquellas sirenas que quieren atraparte. Y sientes miedo, como de costumbre, todo tu cuerpo tiembla al contacto con su piel, todo tú se transforma en otra persona al ver esos ojos encendidos, porque ella es más fuerte. Porque ella puede con algo que tú aún no entiendes. Todo este miedo al mañana, todo el argumento de la historia desparramado por el suelo, todo el tiempo perdido sin saber dónde te colocas respecto a esas preguntas que te haces en silencio. Pasan las horas y simplemente piensas en él, estás con él, te sientes sola. Quieres que esa persona que está junto a ti, este bien, porque cuando no lo está no es él. Porque te destroza mirarlo a los ojos y no ver más allá de su tristeza infinita. Porque el tiempo pasa, no puedes evitarlo y te asusta, el pensar que no es eterno, que algún día tus huesos se transformaran en polvo y de tu recuerdo no quedarán sino alguna foto en algún álbum. Tienes miedo a que vean esa debilidad que escondes tras ella, esa otra cara que todos se esfuerzan en no ver, porque está gritando que tienes que ser fuerte, porque está ella exigiéndote seguir adelante. Mi extraña conciencia escamada, mi refuerzo y mi comodín cuando veo esos ojos anegados en lágrimas que no puedo evitar que se derramen, y siento esa pura impotencia que quiebra mis piernas a la altura de las rodillas, que me deja en el suelo con una nueva herida abierta en el pecho. Sangrando. Liberando de tu cuerpo todos esos sentimientos que te ahogan. Porque la muerte te parece buena idea cuando él está así.
Pero es fuerte, por ti, porque no queda mucho de ti ya dentro de esta maraña de huesos y piel, porque el tiempo ha pasado mucha factura a tu agotado pensamiento y a tu cuerpo magullado por todas partes, porque no quieres seguir adelante si no es de su mano. Porque lo único que tienes es eso, esa seguridad de su presencia a tu lado a pesar de todo.
Pero te despiertas en la noche, con los oídos embotados por aquellas voces endulzantes, por aquellas sirenas que quieren atraparte. Y sientes miedo, como de costumbre, todo tu cuerpo tiembla al contacto con su piel, todo tú se transforma en otra persona al ver esos ojos encendidos, porque ella es más fuerte. Porque ella puede con algo que tú aún no entiendes. Todo este miedo al mañana, todo el argumento de la historia desparramado por el suelo, todo el tiempo perdido sin saber dónde te colocas respecto a esas preguntas que te haces en silencio. Pasan las horas y simplemente piensas en él, estás con él, te sientes sola. Quieres que esa persona que está junto a ti, este bien, porque cuando no lo está no es él. Porque te destroza mirarlo a los ojos y no ver más allá de su tristeza infinita. Porque el tiempo pasa, no puedes evitarlo y te asusta, el pensar que no es eterno, que algún día tus huesos se transformaran en polvo y de tu recuerdo no quedarán sino alguna foto en algún álbum. Tienes miedo a que vean esa debilidad que escondes tras ella, esa otra cara que todos se esfuerzan en no ver, porque está gritando que tienes que ser fuerte, porque está ella exigiéndote seguir adelante. Mi extraña conciencia escamada, mi refuerzo y mi comodín cuando veo esos ojos anegados en lágrimas que no puedo evitar que se derramen, y siento esa pura impotencia que quiebra mis piernas a la altura de las rodillas, que me deja en el suelo con una nueva herida abierta en el pecho. Sangrando. Liberando de tu cuerpo todos esos sentimientos que te ahogan. Porque la muerte te parece buena idea cuando él está así.
Pero es fuerte, por ti, porque no queda mucho de ti ya dentro de esta maraña de huesos y piel, porque el tiempo ha pasado mucha factura a tu agotado pensamiento y a tu cuerpo magullado por todas partes, porque no quieres seguir adelante si no es de su mano. Porque lo único que tienes es eso, esa seguridad de su presencia a tu lado a pesar de todo.
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lunes, 28 de septiembre de 2015
Mi Único Pecado.
Abro mis ojos, tras otro pestañeo más, tras otro segundo perdida en la oscuridad. Delante de mí la amarilla yesca se amontona a ambos lados de la carretera mientras cruzo medio país para llegar a algún lado, para no volver a sentirme vacía, para no ser solo una cáscara que sigue viviendo de forma autómata, sin un sentido que dar a sus latidos que cantan algún ritmo carente de acordes asonantes o consonantes, carentes de realidad. Huiré de nuevo, como llevo haciendo toda mi vida, en este mundo tan vacío, tan silencioso, tan triste. El autobús se para en aquel andén tan simple, tan vacío de todo. Me bajo del bus y noto el frío de esta tierra, noto en mi cuerpo como mis células me piden que me ponga más ropa. Pero todo mi equipaje está en el maletero del bus, así que tengo que esperar a coger algún abrigo.
De pronto, mientras espero a que me abran el maletero, unas manos se pasan por mi espalda, colocándose en mis caderas y unos labios marcando un cálido beso sobre mi mejilla. Sonrío, no puedo evitarlo, ese olor que llega hasta mis fosas nasales jamás podré olvidarlo. Es mi mayor vicio, mi mayor debilidad y mi fuerza. Paso mi mano, sin mirarlo, por su trasero y la coloco en el bolsillo de atrás del pantalón.
Por fin me abren el maletero y me saca las maletas, por fin lo miro, está tan guapo... Me quedo como una tonta mirándolo, mientras se acerca a mí y me roba un beso de esos que despiertan hasta a los muertos. Cuando me suelta me descubro respirando profundamente mientras la excitación y las ganas cubren cada célula de mi cuerpo, cada centímetro de mí.
Llegamos a su casa, tras un largo paseo por la ciudad, hace frío. Pone mi maleta sobre la cama de su cuarto y después me coge en volandas, me pone contra la pared mas cercana mientras me besa con fuerza.
Empiezan mis vacaciones, de la mejor forma.
De pronto, mientras espero a que me abran el maletero, unas manos se pasan por mi espalda, colocándose en mis caderas y unos labios marcando un cálido beso sobre mi mejilla. Sonrío, no puedo evitarlo, ese olor que llega hasta mis fosas nasales jamás podré olvidarlo. Es mi mayor vicio, mi mayor debilidad y mi fuerza. Paso mi mano, sin mirarlo, por su trasero y la coloco en el bolsillo de atrás del pantalón.
Por fin me abren el maletero y me saca las maletas, por fin lo miro, está tan guapo... Me quedo como una tonta mirándolo, mientras se acerca a mí y me roba un beso de esos que despiertan hasta a los muertos. Cuando me suelta me descubro respirando profundamente mientras la excitación y las ganas cubren cada célula de mi cuerpo, cada centímetro de mí.
Llegamos a su casa, tras un largo paseo por la ciudad, hace frío. Pone mi maleta sobre la cama de su cuarto y después me coge en volandas, me pone contra la pared mas cercana mientras me besa con fuerza.
Empiezan mis vacaciones, de la mejor forma.
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domingo, 27 de septiembre de 2015
Laberinto.
Caminamos, dejando nuestra huella sobre la línea etérea que dibuja suavemente nuestro destino, que marca el rumbo por el que nos movemos y limita nuestras decisiones a unas preguntas concretas.
Y, con cada paso que dejamos marcado sobre la línea, vamos abriendo grietas, guardando lo caminado en algún punto de nuestra mente, de éste pensamiento vacío lleno de ideas deformes que damos forma con el cerebro. El camino va llenándose de piedras, trozos de aquellas silenciosas grietas que hemos abierto con nuestras decisiones, piezas que dificultan el seguir adelante e, incluso, cuestionan si merece la pena seguir caminando... Esa horrible pregunta sin respuesta, que jamás podremos saber, pues no podemos ver el premio que nos espera más allá del puro sufrimiento al que exponemos nuestros huesos, que chocan sonando con violencia contra el suelo. Nuestro paraíso tras haber saltado todas las piedras del camino, todas las grietas que nos quebraban las rodillas y atascaban nuestros pulmones, impidiéndonos respirar por el polvo que van levantando a nuestro paso sobre ellas. Dejando escapar por las grietas esos trozos de nuestras almas que no son lo suficientemente fuertes para seguir siendo parte de nosotros mismos y que dejamos escapar muy lejos de nosotros, que jamás vuelvan a entorpecer nuestros pasos, que no nos pongan la zancadilla impidiéndonos avanzar.
Escuchas gritos a lo lejos y dejas que el miedo corrompa tu cuerpo y sigues andando, encarando tus peores miedos, diciéndoles a la cara todo el miedo que ellos te provocan y que te da igual todo lo que hagan. Porque no tienen poder sobre ti, porque tú eres muchísimo más fuerte que todas ellas, porque algún día te darás cuenta que por fin superaste la prueba , que ya no queda nada por lo que seguir corriendo, que aquellos monstruos que pensabas que te seguían, se han muerto en algún punto del camino, que ya no siguen detrás tuyo. Pisándote los talones, sujetándote la sombra para que no puedas llegar más lejos de lo que ellos te permitían.
Y, con cada paso que dejamos marcado sobre la línea, vamos abriendo grietas, guardando lo caminado en algún punto de nuestra mente, de éste pensamiento vacío lleno de ideas deformes que damos forma con el cerebro. El camino va llenándose de piedras, trozos de aquellas silenciosas grietas que hemos abierto con nuestras decisiones, piezas que dificultan el seguir adelante e, incluso, cuestionan si merece la pena seguir caminando... Esa horrible pregunta sin respuesta, que jamás podremos saber, pues no podemos ver el premio que nos espera más allá del puro sufrimiento al que exponemos nuestros huesos, que chocan sonando con violencia contra el suelo. Nuestro paraíso tras haber saltado todas las piedras del camino, todas las grietas que nos quebraban las rodillas y atascaban nuestros pulmones, impidiéndonos respirar por el polvo que van levantando a nuestro paso sobre ellas. Dejando escapar por las grietas esos trozos de nuestras almas que no son lo suficientemente fuertes para seguir siendo parte de nosotros mismos y que dejamos escapar muy lejos de nosotros, que jamás vuelvan a entorpecer nuestros pasos, que no nos pongan la zancadilla impidiéndonos avanzar.
Escuchas gritos a lo lejos y dejas que el miedo corrompa tu cuerpo y sigues andando, encarando tus peores miedos, diciéndoles a la cara todo el miedo que ellos te provocan y que te da igual todo lo que hagan. Porque no tienen poder sobre ti, porque tú eres muchísimo más fuerte que todas ellas, porque algún día te darás cuenta que por fin superaste la prueba , que ya no queda nada por lo que seguir corriendo, que aquellos monstruos que pensabas que te seguían, se han muerto en algún punto del camino, que ya no siguen detrás tuyo. Pisándote los talones, sujetándote la sombra para que no puedas llegar más lejos de lo que ellos te permitían.
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jueves, 10 de septiembre de 2015
Colias Común
Ver pasar una mariposa blanca y recordar aquellas palabras, aquella frase que lo empezó todo, aquel momento que quedará en mi memoria para siempre, por todo lo que ello implica.
Extrañar aquella simplicidad de la felicidad enlatada en tardes a la sombra tirada en cualquier parte. Extrañar ese apoyo incondicional que ahora me brindan otros que por aquel entonces no estaban en mi vida. Caminar por este sendero lleno de baches, de subidas, de bajadas... Lleno de mi vida que se muestra ante mí con la mirada perdida. Con el corazón alborotado y las ganas de llorar suspendidas en el tiempo, congeladas mientras intento seguir adelante y no encuentro aquel sonido que antes llegaba a mis oídos y enturbiaba mi ya descontrolada mente; Su voz. Ahora llega otra voz, una más grave, que se muestra en un susurro contra mi oído y me despierta una y mil veces de estas pesadillas con las que lidio día a día. Y aquí estamos, la muerte y yo enfrentándonos como de costumbre, como cada día desde que tengo memoria, evitándonos la una a la otra mientras el tiempo da por ganada mi partida, porque tarde o temprano ha de finalizar la primavera, tarde o temprano las flores se secan y dejan paso a los frutos que más tarde se hielan. Miro de nuevo a la cuenca vacía de mi temida enemiga y me veo reflejada en la nada, como de costumbre, me veo inmersa en la oscuridad mientras tratan de hacerme huir de todo. Pero yo soy más fuerte.
Yo tengo algo que ella no, una vida, tengo todo el tiempo del mundo para luchar contra lo que venga y para salir victoriosa en cada partida contra ella. Pues ya he vencido a la muerte, mi fiel compañera, ya te he ganado cuando tengo asumido que soy la única capaz de dejarme atrapar y, que si no soy yo, jamás podrás vencerme, Porque el tiempo me ha enseñado mil caminos que he dejado atrás, mil decisiones que ya no volvería a cambiar, mil situaciones de las que aún no sé cómo conseguí escapar. Aquí me encuentro de nuevo, pensando en todos aquellos recuerdos y descubriendo tantas decisiones que me llevaron a su encuentro, tantas cosas que han hecho que hoy sea parte de esta familia que yo he elegido y que no me ha sido dada por la sangre. Porque he aprendido que la que eliges puede ser tan maravillosa como la que sangra igual que tú.
Extrañar aquella simplicidad de la felicidad enlatada en tardes a la sombra tirada en cualquier parte. Extrañar ese apoyo incondicional que ahora me brindan otros que por aquel entonces no estaban en mi vida. Caminar por este sendero lleno de baches, de subidas, de bajadas... Lleno de mi vida que se muestra ante mí con la mirada perdida. Con el corazón alborotado y las ganas de llorar suspendidas en el tiempo, congeladas mientras intento seguir adelante y no encuentro aquel sonido que antes llegaba a mis oídos y enturbiaba mi ya descontrolada mente; Su voz. Ahora llega otra voz, una más grave, que se muestra en un susurro contra mi oído y me despierta una y mil veces de estas pesadillas con las que lidio día a día. Y aquí estamos, la muerte y yo enfrentándonos como de costumbre, como cada día desde que tengo memoria, evitándonos la una a la otra mientras el tiempo da por ganada mi partida, porque tarde o temprano ha de finalizar la primavera, tarde o temprano las flores se secan y dejan paso a los frutos que más tarde se hielan. Miro de nuevo a la cuenca vacía de mi temida enemiga y me veo reflejada en la nada, como de costumbre, me veo inmersa en la oscuridad mientras tratan de hacerme huir de todo. Pero yo soy más fuerte.
Yo tengo algo que ella no, una vida, tengo todo el tiempo del mundo para luchar contra lo que venga y para salir victoriosa en cada partida contra ella. Pues ya he vencido a la muerte, mi fiel compañera, ya te he ganado cuando tengo asumido que soy la única capaz de dejarme atrapar y, que si no soy yo, jamás podrás vencerme, Porque el tiempo me ha enseñado mil caminos que he dejado atrás, mil decisiones que ya no volvería a cambiar, mil situaciones de las que aún no sé cómo conseguí escapar. Aquí me encuentro de nuevo, pensando en todos aquellos recuerdos y descubriendo tantas decisiones que me llevaron a su encuentro, tantas cosas que han hecho que hoy sea parte de esta familia que yo he elegido y que no me ha sido dada por la sangre. Porque he aprendido que la que eliges puede ser tan maravillosa como la que sangra igual que tú.
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lunes, 7 de septiembre de 2015
Letras sin Sentido.
Frío, todo mi cuerpo se revuelve en múltiples sacudidas que vienen desde mi diafragma hasta mi garganta. Mientras, mis ojos no paran de emanar demasiadas gotas de agua salada que resbalan por mis mejillas. Está siendo duro. Muy duro. No comprendo qué es lo que hice tan horrible en otra vida o en esta misma para ahora merecer sentirme como una mierda la mayoría de mi tiempo, aunque este reloj tiene las manillas rotas, aunque este tiempo se quiebra a mi al rededor y me cierra la boca mientras otra oleada de dolor escala mi garganta y me dificulta la respiración mientras aprieto mis labios para evitar llorar muy alto. Para evitar que alguien me oiga, para evitar que se den cuenta de lo débil que soy. No soy ninguna heroína, estoy harta de que todos piensen que así es y que luego sus ojos reflejen esa decepción que tanto duele. No soy ninguna heroína, no sirvo para serlo, soy demasiado débil en un mundo en el que serlo es lo que te hace humano y lo que te hace perder.
Noto mis latidos, alborotados en mi pecho. Noto ese dolor, ese que tantas otras noches no me dejó dormir, ese dolor taladrante que quiebra lo poco de persona que queda en mí. Y de nuevo las cascadas emergen de mis ojos, y otra vez mi diafragma se contrae haciendo que aguante la respiración en la oscuridad, tumbada en mi cama, mientras el aire va empapando mis células de dióxido de carbono y yo voy necesitando de nuevo tomar aire. Pero me da miedo,
Temo que si respiro, el mundo se mueva, siga girando y siga matándome como cada día de mi vida hasta ahora. Y pienso en tantas cosas que son culpa mía... Y tantas otras que son culpa de este destino incierto que me tiene ahogada, prisionera de mis emociones y sentimientos. Prisionera de mi propio tiempo.
Cansada del ritmo que marca mi corazón me paro, me quedo quieta observando todo a mi al rededor, todo lo que va pasando sin poder pararlo. Y de nuevo, como siempre, aparece él y me ofrece un descanso, me guarda del miedo, me para las lágrimas y me dice:
"Vamos, pequeña, deja de llorar. Para mí siempre serás mi heroína."
Pero lo que él no ve es que el verdadero héroe de mi historia es, y siempre será, él. Mi príncipe de brillante armadura que vuelve a salvarme de mi misma, porque siempre seré mi mayor enemigo, porque soy la única capaz de hacerme mella en el corazón de esa forma imborrable para nadie. Porque soy la única capaz de convertirme en un borrón escrito entre un montón de letras sin sentido.
Noto mis latidos, alborotados en mi pecho. Noto ese dolor, ese que tantas otras noches no me dejó dormir, ese dolor taladrante que quiebra lo poco de persona que queda en mí. Y de nuevo las cascadas emergen de mis ojos, y otra vez mi diafragma se contrae haciendo que aguante la respiración en la oscuridad, tumbada en mi cama, mientras el aire va empapando mis células de dióxido de carbono y yo voy necesitando de nuevo tomar aire. Pero me da miedo,
Temo que si respiro, el mundo se mueva, siga girando y siga matándome como cada día de mi vida hasta ahora. Y pienso en tantas cosas que son culpa mía... Y tantas otras que son culpa de este destino incierto que me tiene ahogada, prisionera de mis emociones y sentimientos. Prisionera de mi propio tiempo.
Cansada del ritmo que marca mi corazón me paro, me quedo quieta observando todo a mi al rededor, todo lo que va pasando sin poder pararlo. Y de nuevo, como siempre, aparece él y me ofrece un descanso, me guarda del miedo, me para las lágrimas y me dice:
"Vamos, pequeña, deja de llorar. Para mí siempre serás mi heroína."
Pero lo que él no ve es que el verdadero héroe de mi historia es, y siempre será, él. Mi príncipe de brillante armadura que vuelve a salvarme de mi misma, porque siempre seré mi mayor enemigo, porque soy la única capaz de hacerme mella en el corazón de esa forma imborrable para nadie. Porque soy la única capaz de convertirme en un borrón escrito entre un montón de letras sin sentido.
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viernes, 28 de agosto de 2015
Miradas Felinas.
Abro los ojos tumbada sobre mi cama y sé que ella está conmigo. Lo sé incluso antes de que se desperece a mi lado y salte encima mío. Lo sé porque ya es parte de mi rutina, ya es parte de mí. Y cada mañana al entreabrir los ojos me la encuentro acurrucada en alguna parte de la cama o sobre mí incluso. Es algo que me alegra el despertar, algo que sosiega todos mis fantasmas. Esos que últimamente se empeñan en regresar. Llevo unos cuantos meses pensando, meditando, tomando decisiones que no incluyen a nadie más que a mí, decisiones que son para bien o para mal, mías. Y cada día que pasa me quedo mirándola, a esos ojos de un verde irreal, y me pregunto si ella no es más que una prueba más del destino, si es uno más de mis tantos fantasmas. Quiero huir de todo lo que he hecho hasta ahora, quiero cambiar mi vida al completo, y no puedo. Muchas cosas me atan ahora mismo aquí, a un sitio que yo no escogí, a un lugar donde nunca he querido estar y a una vida que nunca jamás hubiera querido vivir por elección propia... O quizás sí. Porque puede que tenga mil quejas de esta vida que me ha tocado, mil demonios que me mantienen despierta de noche, hasta que mi cuerpo se rinde y me deja descansar. Pero él es la razón e que siga adelante, siempre lo ha sido a pesar de que no estuviera ahí hasta hace muy poco... A día de hoy sé que todas las decisiones que me llevaron a seguir con vida, incluida alguna que nunca he sido capaz de confesar, era por él. Por encontrarle en mi camino algún día, porque estaba destinada a tropezarme y enredar mi hilo con el suyo durante lo que espero que sea toda la eternidad. Pero es que ahora también hay una pequeña fiera que me mantiene ocupada, algo que me tensa, que me preocupa, que me hace sonreír y que me hace sentirme querida.Y no, no he tenido una hija, tengo un bebé pero no de mi propia especie. Y esta cachorrita felina me ha conquistado el corazón, me ha ocupado las horas con cosas que hacía mucho tiempo que no disfrutaba, y me ha sacado de mi pozo de nuevo. Porque cada vez que me caigo, se hace más dura la subida a la superficie. Aunque esta vez los tenía a ellos dos conmigo y eso me ha ayudado mucho, aunque el viaje aún no se ha acabado. Aún queda mucho por luchar.
Aún queda mucho que vivir, mucha música que escuchar, mucha belleza para ver, muchas pieles que tocar, muchos perfumes que oler y muchas veces que saborear su boca.
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martes, 11 de agosto de 2015
θάνατος του ποτήρι
Tengo en la mano la llave,
aquella que se perdió hace tantos
años en aquella guerra.
Tengo en mi mente un millón
de recuerdos que preferiría
poder dejarlos atrás, poderlos olvidar.
Me encamino por los pasillos,
con mis pasos resonando fantasmales
contra el mármol del suelo.
Caigo de rodillas frente a tu puerta,
como cada noche perdida,
como cada olvido resucitado.
Me reconcomen las sensaciones,
el frío de la estancia se vuelve doloroso
frente al aire que hace tanto dejó de correr.
Mi piel escamosa por los escalofríos,
mis ojos fijos en la nada,
mi pelo enmarañado, lejos de tu mirada.
Oigo tu respiración contra mi cuello,
muerte de cristal, dulce de miel.
Caricias vacías, contra manos llenas.
Pasos firmes en cuerpos desmoronados,
labios que tartamudean, mientras buscan
todas aquellas malditas respuestas.
Me paseo por encima del fuego,
mientras la luna quema mi piel,
mientras tengo miedo a un mañana sin forjar.
Sales corriendo antes de ver tus miedos,
antes incluso de saber si siguen ahí.
Guías tus pasos, llegas a islas desiertas...
Te pierdes en aquellas tierras en
las cuales algún día incluso te encuentras.
Me describes mil sonrisas que recuerdo,
me recuerdas mil palabras que digo,
me pierdes en mil laberintos que contruímos juntos.
Camino despacio, ya no sé dónde llegaré.
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miércoles, 5 de agosto de 2015
KAOS.
Piensas siempre en la vida como un camino recto, como un ciclo sin retorno, algo a lo que no te quedan más papeletas que vivir o morir, tienes esa simple elección. Seguir adelante o desaparecer del camino.
Pero hay muchísimas otras decisiones que tomar, hay muchos otros futuros que forjar, otros muchos caminos que añadir y otros tantos que destruir de nuestro abanico de posibilidades.
Esta noche el calor me supone no poder dormir, otra noche en vela, pensando. Otra noche entre los sueños tortuosos y el insomnio, callada en la oscuridad sin saber qué hacer, mientras van pasando las horas y sigo ahí. Mientras pasan los días y sigo sin dormir bien. Y la vida sigue caminando delante de mí y sigo persiguiendo a mi destino, mientras, él sigue huyendo. Y con lo que vale un sueño sigo tejiendo mis hilos, sigo hilando mi destino sin patrones que me indiquen un camino fijo, sin miradas que juzguen mi felicidad encerrada en estos hilos imposibles, en estas cestas de mimbre que no dejo de hilar. Encerrada en mí misma, encerrada en el kaos de una oscuridad imposible, en miles de recuerdos imperdonables y miles de sucesos que siguen sucediendo y perdiéndose en el olvido. Mientras el mundo ajeno al kaos, sigue creciendo, sigue adelante y se sigue destruyendo.
Quiero salir, quiero sacar la cabeza de este pozo tan hondo que me acabo hundiendo cada vez más, más oscuridad, más miedo, más llantos, más silencios, más latidos acelerados, más muertes sin nombre. Perdida en un camino tantas otras veces recorrido que muchos piensan en cómo he podido volver a perderme, pero es que soy tan ingenua que sigo cayendo y sigo buscando el bien dentro del famoso kaos,
Aquí, parada, buscando el kaos para prestarle orden desordenado.
Pero hay muchísimas otras decisiones que tomar, hay muchos otros futuros que forjar, otros muchos caminos que añadir y otros tantos que destruir de nuestro abanico de posibilidades.
Esta noche el calor me supone no poder dormir, otra noche en vela, pensando. Otra noche entre los sueños tortuosos y el insomnio, callada en la oscuridad sin saber qué hacer, mientras van pasando las horas y sigo ahí. Mientras pasan los días y sigo sin dormir bien. Y la vida sigue caminando delante de mí y sigo persiguiendo a mi destino, mientras, él sigue huyendo. Y con lo que vale un sueño sigo tejiendo mis hilos, sigo hilando mi destino sin patrones que me indiquen un camino fijo, sin miradas que juzguen mi felicidad encerrada en estos hilos imposibles, en estas cestas de mimbre que no dejo de hilar. Encerrada en mí misma, encerrada en el kaos de una oscuridad imposible, en miles de recuerdos imperdonables y miles de sucesos que siguen sucediendo y perdiéndose en el olvido. Mientras el mundo ajeno al kaos, sigue creciendo, sigue adelante y se sigue destruyendo.
Quiero salir, quiero sacar la cabeza de este pozo tan hondo que me acabo hundiendo cada vez más, más oscuridad, más miedo, más llantos, más silencios, más latidos acelerados, más muertes sin nombre. Perdida en un camino tantas otras veces recorrido que muchos piensan en cómo he podido volver a perderme, pero es que soy tan ingenua que sigo cayendo y sigo buscando el bien dentro del famoso kaos,
Aquí, parada, buscando el kaos para prestarle orden desordenado.
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sábado, 18 de julio de 2015
El Frío es Mío.
Acaricio mimando tu piel,
me dejo guiar por aquello,
toda esa maldita hiel
que envenena mi silencio.
Salgo con cuidado de mis sueños,
buscando hacerlos mi realidad,
buscando algún lugar, un sitio
dónde dormir mis pesadillas.
Mimo mi alma, la cual busca,
como loca, la manera de escapar.
Le pido al oído:
"Quédate un día más."
Me resguardo del frío
y me doy cuenta que está
en algún lugar dentro de mí.
Que le frío es mío.
Y que no me queda nada más,
que solo lo tengo a él,
amenazándome en silencio.
Quemándome por dentro.
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domingo, 28 de junio de 2015
Noche de Tormenta.
No, no lo quiero, no quiero un montón de gestos vacíos, no quiero un montón de sonrisas falsas y tampoco quiero un par de palabras amables maquilladas por el mejor de los maquilladores. Quiero vivir, quiero que todo esto desaparezca, despertar en mi cama, en mi verdadera cama, con él a mi lado tras una de esas noches de tormenta, tras una simple pesadilla que ya terminó. La peor de todas, la pesadilla de tenerte lejos, la pesadilla de no poder besar tus labios, de no poder abrazar tu cuerpo o no poder escribir versos sobre ti, sobre las miles de cosas que haces que ocurran dentro de mí cuando sonríes de esa forma, el montón de sentimientos que desatas cuando me susurras "te quiero" al oído. Eso quiero, una verdad, mi verdad. Y no este conjunto de fingir y no saber quien finge mejor de las dos. Este conjunto de días enteros sola, de noches enteras sola, de vidas que pasan mientras te acuerdas de todo lo que no has podido hacer, de todo lo que no has vivido y que quieres vivir.
Y despierto como cada día en una cama, vacía, con mi corazón en la mano y la sangre brotando de mis heridas, muriendo despacio, mientras me atormento. Buscando una felicidad de plástico, una felicidad que no existe aquí, no existe lejos de sus labios, no existe y me esfuerzo por seguir luchando, por seguir bien mientras el infierno se va desatando y mi cuerpo poco a poco se va quebrando ante la posibilidad de perder mucho tiempo, ante la posibilidad de que un día cuando yo vuelva, sea una de esas noches de tormenta y otra ocupe mi sitio a tu lado, bebiendo de tus sueños, mientras a mí me atormentan mil pesadillas y mil latidos que quieren estar muertos. Preocupada por si te has vuelto a despertar, empapado en sudor, gritando a oscuras en tu habitación. Solo. Mientras yo deseo estar arropando tus sueños y calmando tus pesadillas.
Otra noche de tormenta, de esas que no brillan.
Y despierto como cada día en una cama, vacía, con mi corazón en la mano y la sangre brotando de mis heridas, muriendo despacio, mientras me atormento. Buscando una felicidad de plástico, una felicidad que no existe aquí, no existe lejos de sus labios, no existe y me esfuerzo por seguir luchando, por seguir bien mientras el infierno se va desatando y mi cuerpo poco a poco se va quebrando ante la posibilidad de perder mucho tiempo, ante la posibilidad de que un día cuando yo vuelva, sea una de esas noches de tormenta y otra ocupe mi sitio a tu lado, bebiendo de tus sueños, mientras a mí me atormentan mil pesadillas y mil latidos que quieren estar muertos. Preocupada por si te has vuelto a despertar, empapado en sudor, gritando a oscuras en tu habitación. Solo. Mientras yo deseo estar arropando tus sueños y calmando tus pesadillas.
Otra noche de tormenta, de esas que no brillan.
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Mil Paradas hasta Ti.
Y en el caos, con las caricias de
tus dedos.
Y en la calma, con la suavidad de
tu pelo.
Y en los sueños con la paz de
tus ojos.
Y en la vida con la maravilla de
tu cuerpo.
Pensar en ti, estando contigo.
Perderme en ti, cuando no estas conmigo.
Buscarte en mil lugares,
En mil nombres.
Encontrarte en cada grito de silencio,
que mi garganta interrumpe
gritando mil sonidos.
Busco en el camino,
tu silueta.
Busco en casa
tu locura inquieta.
Busco en mi corazón
tu huella constante.
Ahí estas, siempre para amarme.
tus dedos.
Y en la calma, con la suavidad de
tu pelo.
Y en los sueños con la paz de
tus ojos.
Y en la vida con la maravilla de
tu cuerpo.
Pensar en ti, estando contigo.
Perderme en ti, cuando no estas conmigo.
Buscarte en mil lugares,
En mil nombres.
Encontrarte en cada grito de silencio,
que mi garganta interrumpe
gritando mil sonidos.
Busco en el camino,
tu silueta.
Busco en casa
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Busco en mi corazón
tu huella constante.
Ahí estas, siempre para amarme.
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domingo, 7 de junio de 2015
Carmesí.
Acaricio con suavidad su rostro, su mejilla se enrojece al paso de mis dedos sobre ella, sonrío contra sus labios, con mis ojos a la altura de los suyos, su cuerpo subiendo y bajando bajo el mío, con la respiración entrecortada contra mi cuello, sus uñas aferrándose a mi espalda, con fuerza. Haciendo que mi garganta deje escapar algún gemido. Veo sus pupilas dilatarse al sonido de mi voz entrecortada, escucho en mi oído un único susurro "Te quiero, pequeño." y simplemente sonrío. Sin poder evitarlo, sin poder dejar de pensar en lo afortunado que soy, en como he podido llegar al punto de tener una diosa así en mi cama y en mi corazón. Aunque en el corazón le ha sido muy fácil entrar, es imposible no quererla con esos ojos que hacen que se te olvide todo lo malo, con esa sonrisa que hace desaparecer el miedo, o la tristeza, o cualquier cosa que no sea su perfección imperfecta.Quiero que este momento, que cada segundo que paso a su lado, cada latido superpuesto en su pecho, se detenga aquí y ahora, para siempre, para ir bebiendo de esta felicidad que se atrinchera en mi pecho haciendo que mi corazón solo quiera latir con ella.
Pero el tiempo sigue sucediéndose y sigue pasando haciendo que cada segundo esté más cerca de tener que despedirme, que cada segundo sea ya solo un recuerdo a su lado y que desee repetirlo una y otra vez. Como voy bebiendo de sus besos, respirando de sus caricias repartidas por mi cuerpo, mientras cada vello se eriza al paso de su piel. Desear que toda mi cura sea su piel contra la mía, que cada beso se quede en mí. Deseando que nada más que el tiempo nos separe, que solo se quede entre nosotros el aire y nuestra piel. Porque nuestros corazones, aún estando separados, son uno.
Pero el tiempo sigue sucediéndose y sigue pasando haciendo que cada segundo esté más cerca de tener que despedirme, que cada segundo sea ya solo un recuerdo a su lado y que desee repetirlo una y otra vez. Como voy bebiendo de sus besos, respirando de sus caricias repartidas por mi cuerpo, mientras cada vello se eriza al paso de su piel. Desear que toda mi cura sea su piel contra la mía, que cada beso se quede en mí. Deseando que nada más que el tiempo nos separe, que solo se quede entre nosotros el aire y nuestra piel. Porque nuestros corazones, aún estando separados, son uno.
lunes, 11 de mayo de 2015
Noche.
En la oscuridad escucho los llantos,
los gritos, el miedo.
Escucho en el fuego la furia, la sangre,
los latidos, el ajetreo.
Me paro en el mundo, como siempre,
pensando en lo perdido,
En todo aquello por encontrar
o por ir reviviendo.
El profundo caos, dentro de cada pequeña alma.
Cada gota de sangre que poco a poco se derrama.
Y fue el silencio el que me despertó
y el mundo...
Sigue girando, se sigue moviendo,
sigue cambiando.
Y sigue muriendo.
Me pregunto en el silencio qué
es lo que le lleva a seguir,
por qué se empeña la vida en...
Bueno, en vivir.
Y el silencio me responde gritando,
el miedo me responde
mientras algo dentro de mi
se va rompiendo con cada respuesta.
No importa que el día de mañana no estés,
no importa. Nada.
Puede que creas que quien completa tu vida es,
para ti, irreemplazable, irrepetible, que es el pilar de tu mundo...
Pero para el resto no es mas que polvo,
polvo que se consume,
polvo que tarde o temprano acabara desapareciendo.
los gritos, el miedo.
Escucho en el fuego la furia, la sangre,
los latidos, el ajetreo.
Me paro en el mundo, como siempre,
pensando en lo perdido,
En todo aquello por encontrar
o por ir reviviendo.
El profundo caos, dentro de cada pequeña alma.
Cada gota de sangre que poco a poco se derrama.
Y fue el silencio el que me despertó
y el mundo...
Sigue girando, se sigue moviendo,
sigue cambiando.
Y sigue muriendo.
Me pregunto en el silencio qué
es lo que le lleva a seguir,
por qué se empeña la vida en...
Bueno, en vivir.
Y el silencio me responde gritando,
el miedo me responde
mientras algo dentro de mi
se va rompiendo con cada respuesta.
No importa que el día de mañana no estés,
no importa. Nada.
Puede que creas que quien completa tu vida es,
para ti, irreemplazable, irrepetible, que es el pilar de tu mundo...
Pero para el resto no es mas que polvo,
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miércoles, 6 de mayo de 2015
Te Regalo el Sonido del Mar.
Luna llena, vaya, ha pasado casi otro mes sin darme cuenta. Miro el brillo de nuestro satélite desde mi ventana, con las cortinas entrelazadas en los dedos. Hace frío, es lo que tiene esta ciudad, casi siempre hace demasiado frío, aunque casi mejor así.
Me desperezo frente a la ventana y siento un pequeño pinchazo, que bruta soy, siempre me hago daño y ya debería saber que no debo estirarme fuerte...
-¿Estás bien, cielo?- Oigo por detrás mientras pasan una mano por mi cintura y me acarician la tripa. Giro la cabeza apoyada en su torso y allí me encuentro esos maravillosos ojos verdes.
-Sí, estoy bien, ya sabes que soy un poco bruta, mi amor. Simplemente ha sido un tirón.- Digo mirándole a los ojos,y finalizo con un beso en sus labios, esos labios que tantas veces me han hecho perder todo ápice de vergüenza, girarme hacia él y comérmelo con la mirada. Y es que me encanta todo de él.
-Te has quedado mirándome como las vacas al tren, ¿qué ocurre?- Me pregunta rodeándome con el otro brazo también y acercando sus labios a mí.
-Simplemente observaba aquello que me vuelve loca.- Le susurro en los labios y luego le robo otro de esos besos que saben a gloria y a magia.
-¿Volvemos a la cama? Estoy cansado y me encanta tenerte a mi lado.- Me susurra en el oído y yo afirmo mirando sus ojos y mordiéndome el labio. El cojo de la camiseta y le lanzo suavemente a la cama, yo me tumbo a su lado y escucho su respiración entrecortada, mientras me mira con sus ojos oscurecidos al entender lo que estoy buscando.
Amanece entre las cortinas de mi cuarto, otra noche más ha pasado, otra noche a su lado, y todas las que quedarán.
Me desperezo frente a la ventana y siento un pequeño pinchazo, que bruta soy, siempre me hago daño y ya debería saber que no debo estirarme fuerte...
-¿Estás bien, cielo?- Oigo por detrás mientras pasan una mano por mi cintura y me acarician la tripa. Giro la cabeza apoyada en su torso y allí me encuentro esos maravillosos ojos verdes.
-Sí, estoy bien, ya sabes que soy un poco bruta, mi amor. Simplemente ha sido un tirón.- Digo mirándole a los ojos,y finalizo con un beso en sus labios, esos labios que tantas veces me han hecho perder todo ápice de vergüenza, girarme hacia él y comérmelo con la mirada. Y es que me encanta todo de él.
-Te has quedado mirándome como las vacas al tren, ¿qué ocurre?- Me pregunta rodeándome con el otro brazo también y acercando sus labios a mí.
-Simplemente observaba aquello que me vuelve loca.- Le susurro en los labios y luego le robo otro de esos besos que saben a gloria y a magia.
-¿Volvemos a la cama? Estoy cansado y me encanta tenerte a mi lado.- Me susurra en el oído y yo afirmo mirando sus ojos y mordiéndome el labio. El cojo de la camiseta y le lanzo suavemente a la cama, yo me tumbo a su lado y escucho su respiración entrecortada, mientras me mira con sus ojos oscurecidos al entender lo que estoy buscando.
Amanece entre las cortinas de mi cuarto, otra noche más ha pasado, otra noche a su lado, y todas las que quedarán.
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sábado, 18 de abril de 2015
Cascada de Hiel.
Le veo sentado en la orilla del lago, con una margarita en la mano. Me quiere, no me quiere, me quiere... Me acerco en silencio, escuchando mi corazón saltar a grandes pasos de mi pecho, queriendo llegar a él. Me quiere. Tengo miedo, pero no puedo quedarme parada, no ahora. No me quiere.
Se ha girado, sé que me ha visto, pero solamente ha agachado la mirada y ha seguido deshojando aquella pobre margarita. Me quiere, no me quiere, me quiere... No sé el resultado final, pero veo como lanza lo que queda de la margarita al lago sin mirarme, y se queda mirando como se hunde, lentamente. Yo me he quedado parada, no me responden las piernas, siento tanto miedo... Todo mi corazón se ha quedado helado en esa pobre margarita.
Finalmente mis piernas reaccionan y sigo avanzando sin escuchar a mi corazón, que me grita que me detenga y que me dé a vuelta. No, no pienso rendirme ahora. No.
Me siento a su lado, mirando el mismo punto que él, y de reojo observo como una lágrima le recorre la mejilla.
-¿Y ya está? ¿Solo por esto te piensas rendir?- Me grita entre lágrimas.
-Estoy aquí por algo, no quiero rendirme sin luchar, no soy así.- Le digo en un tono de voz neutral mientras le miro fijamente a los ojos.
-Entonces... Todo lo que me dijiste...- Le interrumpo antes de que rompa de nuevo a llorar.
-Una simple forma de alejarte de mí antes de hacerte más daño, cariño, no quiero dejarte. Pero me aterra que algo superior a mi me aleje de ti.- Digo apartando mi mirada de sus ojos verde incandescente. Sé que está llorando de nuevo.
El silencio se apodera de la escena, y un sentimiento amargo baja por mi garganta apoderándose de mí. deseo besarle, pero no sé cómo hacérselo ver. No quiero perderle, pero no puedo asegurarle que voy a estar a su lado para siempre. No lo sé.
Noto como un tacto cálido me roza la mano, bajo mi mirada y veo su dedo índice acariciando mi anillo.
-Me acuerdo de esto,-Dice mientras acaricia la inscripción exterior.- te lo regalé en aquel bosque, cuando hicimos un año y medio.-
-Ya hace cuatro años de eso... Me gusta que te acuerdes...-
-Jamás podré olvidar ninguno de los momentos tan especiales que he pasado a tu lado. Mi vida.- Dice y acto seguido, me besa. Pero un beso de esos que dicen "Te amo" con todas sus letras. Y en ese momento la hiel desaparece y yo me doy cuenta que no importa que no pueda prometérselo, pasaré el resto de mi vida a su lado.
Se ha girado, sé que me ha visto, pero solamente ha agachado la mirada y ha seguido deshojando aquella pobre margarita. Me quiere, no me quiere, me quiere... No sé el resultado final, pero veo como lanza lo que queda de la margarita al lago sin mirarme, y se queda mirando como se hunde, lentamente. Yo me he quedado parada, no me responden las piernas, siento tanto miedo... Todo mi corazón se ha quedado helado en esa pobre margarita.
Finalmente mis piernas reaccionan y sigo avanzando sin escuchar a mi corazón, que me grita que me detenga y que me dé a vuelta. No, no pienso rendirme ahora. No.
Me siento a su lado, mirando el mismo punto que él, y de reojo observo como una lágrima le recorre la mejilla.
-¿Y ya está? ¿Solo por esto te piensas rendir?- Me grita entre lágrimas.
-Estoy aquí por algo, no quiero rendirme sin luchar, no soy así.- Le digo en un tono de voz neutral mientras le miro fijamente a los ojos.
-Entonces... Todo lo que me dijiste...- Le interrumpo antes de que rompa de nuevo a llorar.
-Una simple forma de alejarte de mí antes de hacerte más daño, cariño, no quiero dejarte. Pero me aterra que algo superior a mi me aleje de ti.- Digo apartando mi mirada de sus ojos verde incandescente. Sé que está llorando de nuevo.
El silencio se apodera de la escena, y un sentimiento amargo baja por mi garganta apoderándose de mí. deseo besarle, pero no sé cómo hacérselo ver. No quiero perderle, pero no puedo asegurarle que voy a estar a su lado para siempre. No lo sé.
Noto como un tacto cálido me roza la mano, bajo mi mirada y veo su dedo índice acariciando mi anillo.
-Me acuerdo de esto,-Dice mientras acaricia la inscripción exterior.- te lo regalé en aquel bosque, cuando hicimos un año y medio.-
-Ya hace cuatro años de eso... Me gusta que te acuerdes...-
-Jamás podré olvidar ninguno de los momentos tan especiales que he pasado a tu lado. Mi vida.- Dice y acto seguido, me besa. Pero un beso de esos que dicen "Te amo" con todas sus letras. Y en ese momento la hiel desaparece y yo me doy cuenta que no importa que no pueda prometérselo, pasaré el resto de mi vida a su lado.
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domingo, 29 de marzo de 2015
Canción de Estrellas.
Te busco en mi mente, me pierdo sin encontrarte.
Me intento curar mis heridas, me desangro sin tenerte.
Juego con el destino a conservarte, gano cada tirada sin fallarte.
Te necesito en mi vida, mi escamada alma no para de necesitarte.
Cansada de la vida me paro a repostar aquí.
Mientras veo a lo lejos tus ojos, que me miran solo a mí,
mientras te acercas sonriendo, con esa sonrisa tan... Tú.
Me despierto desorientada, encontrándome junto a ti.
Mis manos se sienten en casa al acariciarte,
mis ojos quieren tenerte solo a ti
Quiero despertarme a tu lado,
que mi aliento seas tú.
Me paro en el camino y me siento débil,
me es muy difícil tomar aire, respirar.
Quiero que la vida se detenga, mientras
busco la forma de avanzar.
Me intento curar mis heridas, me desangro sin tenerte.
Juego con el destino a conservarte, gano cada tirada sin fallarte.
Te necesito en mi vida, mi escamada alma no para de necesitarte.
Cansada de la vida me paro a repostar aquí.
Mientras veo a lo lejos tus ojos, que me miran solo a mí,
mientras te acercas sonriendo, con esa sonrisa tan... Tú.
Me despierto desorientada, encontrándome junto a ti.
Mis manos se sienten en casa al acariciarte,
mis ojos quieren tenerte solo a ti
Quiero despertarme a tu lado,
que mi aliento seas tú.
Me paro en el camino y me siento débil,
me es muy difícil tomar aire, respirar.
Quiero que la vida se detenga, mientras
busco la forma de avanzar.
miércoles, 4 de marzo de 2015
Alguna Ola perdida en el Desierto.
Solía tener ganas de luchar, ganas de seguir adelante, ganas de sonreír al mundo a pesar de todo los matices oscuros que manchaban los colores del arco iris. Pero es que a veces las cosas son demasiado duras, a veces no se puede pretender estar siempre en pie en mitad de la tormenta, a veces es el viento el que nos quiebra, a la altura de las rodillas. Y manchamos nuestros pantalones con el barro del húmedo suelo, con la sangre de todos aquellos que un día decidieron salir corriendo y dejarnos atrás con todo nuestro miedo encima, con todas las partidas perdidas encima y con una sonrisa falsa en el rostro.
De pronto el sol brilla más fuerte y más alto en el cielo, pero tú te notas demasiado lejos de todo aquello, entre tu propia oscuridad, sumido en el miedo. Quieres gritar, salir corriendo, pero todo lo que te rodea te tiene prisionero. ¿Qué clase de libertad es esta que no nos deja decidir cuando morir? ¿Qué clase de libertad es esa que no nos deja gritar lo que creemos que no es correcto a la cara de los que deberían pensar en nosotros? ¿Qué clase de vida es esa que no podemos vivir sin que nadie nos ate a un trozo de papel o de metal? Tengo miedo, siempre lo he tenido, jamás he sabido por qué creen que soy fuerte. Me paso las noches en vela, con miedo al día que vendrá, con dolor en mi cabeza o en mi espalda o en mi brazo o en mi corazón. Con dolor en tantos lugares que deberían estar ya bien que temo que las cosas cambien de nuevo. Que todo el infierno se enfrente a mi de nuevo y esta vez me gane el pulso que iniciamos hace ya tanto tiempo. Y aquí apareces tú, mi razón por la que sigo en pie, mi talón de Aquiles y mi mayor miedo. Aquí apareces tú, desatas miles de pensamientos, miles de cosas que quiero seguir haciendo, y justo después me besas y todo queda más allá de la tormenta.
Salgo corriendo de aquello que tantas noches me persigue, salgo corriendo antes incluso de verlo, porque ya estoy tan acostumbrada a huir que ni me cuestiono si me seguirá siguiendo. Tengo tantos remordimientos, tanta culpa acumulada en cada mililitro de sangre, en cada célula de mi cuerpo, que siento que me voy descomponiendo poco a poco por dentro. Soy un velero en mitad del mar, mientras sopla fuertemente el viento, mientras lo engulle alguna ola perdida en el desierto.
Quiero salir de este estúpido laberinto y le grito a la historia que me devuelva ese hilo que una vez sacó a tantos de este mismo sitio, grito por poder salir de mi caja mientras el tiempo sigue girando y mientras el mundo me va consumiendo, bebiendo de los pecados que contengo. Quiero escapar del estado intemporal de mis pupilas, del miedo al paso de las horas, quiero reír mientras sigo llorando.
De pronto el sol brilla más fuerte y más alto en el cielo, pero tú te notas demasiado lejos de todo aquello, entre tu propia oscuridad, sumido en el miedo. Quieres gritar, salir corriendo, pero todo lo que te rodea te tiene prisionero. ¿Qué clase de libertad es esta que no nos deja decidir cuando morir? ¿Qué clase de libertad es esa que no nos deja gritar lo que creemos que no es correcto a la cara de los que deberían pensar en nosotros? ¿Qué clase de vida es esa que no podemos vivir sin que nadie nos ate a un trozo de papel o de metal? Tengo miedo, siempre lo he tenido, jamás he sabido por qué creen que soy fuerte. Me paso las noches en vela, con miedo al día que vendrá, con dolor en mi cabeza o en mi espalda o en mi brazo o en mi corazón. Con dolor en tantos lugares que deberían estar ya bien que temo que las cosas cambien de nuevo. Que todo el infierno se enfrente a mi de nuevo y esta vez me gane el pulso que iniciamos hace ya tanto tiempo. Y aquí apareces tú, mi razón por la que sigo en pie, mi talón de Aquiles y mi mayor miedo. Aquí apareces tú, desatas miles de pensamientos, miles de cosas que quiero seguir haciendo, y justo después me besas y todo queda más allá de la tormenta.
Salgo corriendo de aquello que tantas noches me persigue, salgo corriendo antes incluso de verlo, porque ya estoy tan acostumbrada a huir que ni me cuestiono si me seguirá siguiendo. Tengo tantos remordimientos, tanta culpa acumulada en cada mililitro de sangre, en cada célula de mi cuerpo, que siento que me voy descomponiendo poco a poco por dentro. Soy un velero en mitad del mar, mientras sopla fuertemente el viento, mientras lo engulle alguna ola perdida en el desierto.
Quiero salir de este estúpido laberinto y le grito a la historia que me devuelva ese hilo que una vez sacó a tantos de este mismo sitio, grito por poder salir de mi caja mientras el tiempo sigue girando y mientras el mundo me va consumiendo, bebiendo de los pecados que contengo. Quiero escapar del estado intemporal de mis pupilas, del miedo al paso de las horas, quiero reír mientras sigo llorando.
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martes, 17 de febrero de 2015
Fénix.
Me encuentro ahora mismo en la cama tumbada, contigo a mi lado, con tu pecho subiendo y bajando en una sucesión rítmica de alientos, en un montón de latidos de los que voy bebiendo para seguir viviendo. Miro tu pelo enmarañado sobre la almohada y se me antoja besar suavemente tus labios mientras coges aire. Respira de mí, mi niño, quiero tenerte. Y es que me tienes toda para ti, soy tuya desde el momento en que enlazamos nuestras vidas a esta fina línea de destino y no imagino otra vida mejor que la compartida a tu lado.
Te desperezas de pronto en la cama, yo me tumbo rápidamente en la cama y tapo mi rostro con las mantas, finjo estar dormida. Tú te levantas, rodeas la cama, y te tiras encima mío besando mi rostro con cariño a la vez que me haces cosquillas. Quiero que pares y a la vez me encanta tenerte así a mi lado. Me encantas.
-Buenos días, mi niña, ¿Te levantas o sigo haciéndote cosquillas un poquito más?- Me susurras en el oído que sabes que oigo.
-Hummm... Prefiero que te tumbes aquí un ratito más conmigo...- Te susurro en los labios mientras te tumbo encima mío con suavidad.- Quiero jugar un poquito...- Tú sonríes y te tumbas a mi lado mientras me besas el cuello que de vez en cuando muerdes con fiereza. Dios, cómo me gusta tenerte a mi lado por las mañanas, se hacen mucho más amenas.
Me despierto al rato al oírte entrar de nuevo en la cama con algo grande y pesado en las manos, abro lentamente mis ojos y allí estás con el desayuno en los brazos. Me muero de amor por momentos, te ves tan sumamente adorable ahora mismo... Y yo te amo tanto...
-Venga, princesa, tienes que coger fuerzas para un nuevo día a mi lado.- Me susurras a la vez que me ayudas a levantarme de la cama lentamente mientras me pones en el regazo el desayuno. Huele muy rico. Aunque no tengo demasiada hambre, la verdad...
-Tienes que comer, te lo ha dicho el médico, si no comes me voy a enfadar mucho, quiero verte sana.- Me dices muy serio adivinando mis pensamientos.
-Es que... No tengo hambre... Tampoco creo que comer ayude en algo al cáncer.- Digo en un comentario un poco cruel, aunque me doy cuenta demasiado tarde.
-No eres médico, en consecuencia no puedes saber qué te curará más rápido, pero estoy seguro que morir de hambre no es una buena idea. Así que come y luego tómate las medicinas.-Me dices medio enfadado y algo dentro de mí se rompe en mil pedazos.
-Sí.-Solo digo eso y comienzo a comer.
Me ducho, me visto, y vamos al médico como cada mañana, aunque cada noche rezo para que ese día sea el último que tienes que soportarlo, aunque creo que tú rezas justo para lo contrario.
Te desperezas de pronto en la cama, yo me tumbo rápidamente en la cama y tapo mi rostro con las mantas, finjo estar dormida. Tú te levantas, rodeas la cama, y te tiras encima mío besando mi rostro con cariño a la vez que me haces cosquillas. Quiero que pares y a la vez me encanta tenerte así a mi lado. Me encantas.
-Buenos días, mi niña, ¿Te levantas o sigo haciéndote cosquillas un poquito más?- Me susurras en el oído que sabes que oigo.
-Hummm... Prefiero que te tumbes aquí un ratito más conmigo...- Te susurro en los labios mientras te tumbo encima mío con suavidad.- Quiero jugar un poquito...- Tú sonríes y te tumbas a mi lado mientras me besas el cuello que de vez en cuando muerdes con fiereza. Dios, cómo me gusta tenerte a mi lado por las mañanas, se hacen mucho más amenas.
Me despierto al rato al oírte entrar de nuevo en la cama con algo grande y pesado en las manos, abro lentamente mis ojos y allí estás con el desayuno en los brazos. Me muero de amor por momentos, te ves tan sumamente adorable ahora mismo... Y yo te amo tanto...
-Venga, princesa, tienes que coger fuerzas para un nuevo día a mi lado.- Me susurras a la vez que me ayudas a levantarme de la cama lentamente mientras me pones en el regazo el desayuno. Huele muy rico. Aunque no tengo demasiada hambre, la verdad...
-Tienes que comer, te lo ha dicho el médico, si no comes me voy a enfadar mucho, quiero verte sana.- Me dices muy serio adivinando mis pensamientos.
-Es que... No tengo hambre... Tampoco creo que comer ayude en algo al cáncer.- Digo en un comentario un poco cruel, aunque me doy cuenta demasiado tarde.
-No eres médico, en consecuencia no puedes saber qué te curará más rápido, pero estoy seguro que morir de hambre no es una buena idea. Así que come y luego tómate las medicinas.-Me dices medio enfadado y algo dentro de mí se rompe en mil pedazos.
-Sí.-Solo digo eso y comienzo a comer.
Me ducho, me visto, y vamos al médico como cada mañana, aunque cada noche rezo para que ese día sea el último que tienes que soportarlo, aunque creo que tú rezas justo para lo contrario.
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