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domingo, 8 de febrero de 2015

Vicios Sanos.

Baja por las calles de piedra, con el sonido de sus zapatos chocando contra el asfalto. Lleva la mirada perdida en algún punto entre las nubes y el sol que comienza a salir entre las casas. Lleva un bonito vestido color verde inglés, que le da un aspecto pálido a la piel de su rostro, aún más de lo que es, pero que combina elegantemente con su cabello rizado y rojo como el fuego más ardiente. Sus ojos verdes brillan con un aspecto acuoso, supongo que está a punto de echarse a llorar, aunque no sé decirlo con seguridad.
Llega a la plaza y se sienta en el muro de la fuente, con los pies dentro del agua. Algo que, a los poco transeúntes de la madrugada, les parece extraño estando en enero. De pronto me fijo en que pequeños espasmos recorren su abdomen y, con gran tristeza, me doy cuenta de que sus lágrimas ganaron la partida. Pobre muchacha. ¿Que será lo que hace tan triste a una chica tan hermosa? Me quedo observándola con un triste aire melancólico y, de repente escucho una voz que me pregunta qué quiero entre sollozos, no sé cómo, pero me he levantado del banco en el que estaba y ahora le tiendo un pañuelo de papel a la muchacha.
-Disculpa si te molesto, te vi tan mal que se me encogió el corazón, ¿Qué puede hacer llorar a una mujer como tú?-Dije con la mejor de mis sonrisas
-Un hombre como tú, para empezar. - responde ella con voz enfadada pero sin dejar de llorar.
-No creo que ese hombre fuese como yo, sino no te habría dejado derramar ni una sola de tus lagrimas.-la digo mientras ella me mira sin demasiada confianza y siempre sin dejar de llorar. Finalmente no puedo resistirme, saco otro pañuelo y la enjuto las lágrimas que resbalan por sus mejillas con él. Ella se pone muy tensa.
-¿Te hizo daño ese hombre?- digo mirándola preocupado
-Sí, me hizo daño aquí.-se señala el corazón- y ese es un daño que difícilmente sana.
-¿Sabes lo que le viene bien a ese corazón para sanar más rápido?- La digo mientras ella me observa- Un par de tiritas y mucho Vodka.- Por primera vez sonríe entre lágrimas la joven de la fuente.- Soy Alfred. Encantado de darte mis pañuelos.- Le tiendo mi mano y ella sonríe.
-Anna, y si quieres te los devuelvo, aunque no creo que quieras mis lágrimas.- Dice ella.
-No, tus lágrimas de tristeza no, pero permitirme que te ayude con tu tratamiento contra tus heridas, invitándote a un vodka, por supuesto.- La digo sonriendo. Ella se pone pensativa, se levanta de la fuente y se encamina calle abajo. Me quedo parado, pensando que la he molestado, tal vez he sido muy directo.
-Creía que ibas a invitarme a un vodka, vamos, que conozco un sitio genial. Alfred.- Dice mi nombre como si de un ángel se tratara y yo simplemente la sigo. Buena forma de empezar la mañana, vodka y una mujer preciosa a mi lado.

martes, 24 de septiembre de 2013

Muerte Lenta

E incluso con miles de razones para morir decidió la vida, 
porque ella era mayor castigo que la muerte pura.
Por todo el dolor causado.
¿Para qué morir pudiendo estar muerto en vida?
¿Para qué desaparecer cuando ya a nadie parece que le importas?
vive la vida que te toca, tal vez descubras que no es tan loca.


Quedarte en silencio, viendo pasar toda una vida de recuerdos,
viendo cómo desapareces poco a poco de este mundo constituido de sucesos.
Replantearte muchas cosas, mucha incertidumbre rota. 
¿Te sientes capaz de todo? Pues déjame decirte que no lo eres.
Déjame ahorrarte tantas decepciones, tanto sufrimiento humano.
Déjame hacerte feliz, déjame llorando.

Recorreré tu cuerpo devastado por el tiempo, lo curaré con miles de...
Besos.

Quizá no sepas verlo, pero el tiempo está aquí,
está ocurriendo en este preciso momento,
está presente en cada uno de nuestros recuerdos.
Silencioso, calmado, inquieto.
Quédate en silencio, ¿Oyes eso? ¿Oyes mi corazón desbocado
por el viento?

Despierta de este sueño: La vida no es perfecta,
tú no tienes por qué serlo.
Eres perfecta en el mismo momento en el que te das cuenta
de que el miedo ya no te afecta, en que te acuestas
y piensas que tu vida es perfecta.
Deja de torturarte, pequeña muñeca

Sabes que vales más que el miedo que te atrae hacia la muerte,

sabes que el miedo cada vez es más potente.

jueves, 12 de septiembre de 2013

Aunque el Camino Fue Duro.

Y no lo olvidó, joder, será que fuiste demasiado importante. Que te fuiste demasiado pronto, o demasiado tarde, no sé. Solo sé que ahora estoy mejor sin ti, pero que me gustaría que me vieras, poder demostrar que puedo hacerlo, que no estaba atada de pies y manos cuando te fuiste. Aunque creo que hubo un momento en el que lo estuve. Me dejaste sola, sin nadie que comprendiera de mi ni la mitad de lo que tú  te habías empeñado en comprender, te marchaste un tarde soledad. 
Soleada quiero decir. 
El caso es que me quedé plantada durante horas en la puerta de tu casa, intentado cambiar lo que pasaba, procurando que todo fuera como creía que tenía que ser. Y de vez en cuando me acuerdo de ti, quizás más de lo que me gustaría a mi. Pero me he vuelto aún más fuerte con el paso de los años. Ya hace tres que te fuiste, tres años que se me parecen realmente eternos, pero ahora, justo ahora, en este preciso instante. Creo que no me importa, que sé que tú no eras lo que necesitaba, que fuiste algo pasajero que no quiso quedarse en mi vida, perdiste a una persona que de verdad te quería por quedarte con un montón de máscaras vacías que pecan de falsedad y envidia.
Me he preguntado muchas veces si tú te acordarás de mi, si alguna vez me echaste de menos, si alguna vez te arrepentiste de echarme de tu vida sin ni siquiera explicar el por qué. Muchas noches me he quedado despierta preguntándome si alguien ha sabido ocupar mi lugar, aunque tienes que admitir que dejé el listón demasiado alto (No soy arrogante, pero en este caso es así) Yo estuve en las malas y en las peores, no me separé de ti cuando necesitabas que te ayudara y tampoco cuando disfrutabas de lo que te brindaba la vida... Y solo recuerdo unas lágrimas por parte tuya, fueron cinco años y solo una vez lloraste, una. No me creo que estuvieras tan bien. ¿Tanta suerte tenías? ¿De verdad que no tenías ganas de acabar con todo? Me parece que tuviste una suerte impresionante.
Veo nuestras fotos y no me atrevo a borrarlas, pienso que pareceré una estúpida si lo hago, no sé. ¿Por qué borrarte de mi vida si algún día fuiste mi vida? No sé, tal vez soy simplemente gilipollas. 
Pero ahora soy feliz, me encanta que las cosas cambiaran.

viernes, 18 de enero de 2013

Presos Políticos, De Su Propia Mente.

Hoy, un día más, la misma historia. Política corrumpta que dejamos seguir así, sin luchar por cambiarlo. Está corrompido por el poder y el dinero, por un estado capitalista que nos destruye lentamente por dentro, cada una de nuestra células gritan "LIBERTAD" Y no las estás escuchando. Prefieres tirar para adelante con lo que tienes, aunque no sea suficiente teniendo en cuenta el sudor de tu frente. Y te levantas cada día igual, con los mismos pensamientos, yo me levanto gritando por cambiar este mundo extraño, apagado, roto, medio muerto por los daños causados a cada corazón que quiso demostrar que valía la pena luchar, que valia la pena gritar que no nos representais porque nosotros no somos como vosotros, nosotros queremos la libertad del pueblo que atáis a unos ideales retrógados, que no merecen la pena ni la lucha que enciende cada mañana esta mente activa que seguirá gritando todo lo que me dé la gana. Puedo con esto, tú puedes cambiar el mundo. No hace falta hacer cosas grades "Pequeños rasgos hacen grandes gestos." Y no te calles, por favor, vale la pena salir a la calle. Algunos dirán "Qué más da lo que hagamos, ellos tienen el poder, ellos deciden." Os equivocáis, nosotros les estamos dando el poder, nosotros podemos arrebatarselo de las manos y dejarles desnudos en un mundo que han destruido. Porque ahora entras en las clases y todos son diferentes los unos a los otros y todos juzgan. Todos piensan lo que les parece de quién les parece, amenudo dañando a todos los que juzgan. Y todos tienen miedo... Somos tan jóvenes y tenemos tanto miedo... Nos da miedo defraudar a alguien y nos estamos defraudando a nosotros mismos, estamos dejando que el mundo siga para delante, que siga destruyendonos, que siga callando nuestras voces que buscan un solo camino.

domingo, 18 de noviembre de 2012

Un solo Segundo.

La noche despuntaba por detrás de aquella colina, con la luna llena brillando sobre las aguas de aquel frío acantilado, con los pulmones llenos de aire salado que se exhala como último respiro, antes de saltar... Dejando todo mi dolor de lado, pero hoy no. Hoy no iba allí a saltar, no iba para acabar con todo, iba a crear un nuevo comienzo, distinto, perfecto, ideal y sincero. Un nuevo comienzo que esperaba que cambiara todos los finales tristes que se habían labrado con desconfianza y dolor, muchísimo dolor. Noches enteras llorando sobre las almohadas mojadas de por sí, porque la noche anterior ya había estado llorando... Porque cada noche la luna trataba de secarte las lágrimas sin lograr nada. 
No sabía muy bien que iba a hacer aquel crepúsculo, no sabía muy bien si todo me iba a salir bien, no tenía ni idea de lo que pasaría, solo sabía que era lo correcto, que tenía que luchar por conseguir todo aquello por lo que llevaba llorando tantos años, tanta vida le quedaba como pétalos se detienen al caer sobre el suelo frío. Demasiada vida, demasiada para permanecer sola, sin amor. Sin ni una sola gota del perfume de la vida: Una mezcla de calor humano y besos desperdigados en un tiempo ya lejano que tarde o temprano recurriría a volver a besarla, que volvería. En algún punto del camino la muchacha se perdía, entre el cruce de la soledad el del amor sin sinceridad, siempre elegía lo más sencillo, lo más humano, lo más equivocado, pero lo que cualquiera hubiera elegido. No podía seguir fingiendo que quería aquello que no merecía el tiempo que ella le había regalado, no, no se merecía ni siquiera las noches en vela sin parar de llorar por él. No se merecía ni una sola de esas gotas saladas que resbalaban por sus mejillas. 
No puede más, el frío y la desesperación se posan sobre sus gélidos pulmones y absorben toda la alegría con que la noche había comenzado... No, no podía más, si seguía así acabaría por rendirse y lanzarse acantilado abajo. Sin mirar ni un segundo hacia el pasado alegre... Ese quedaba tan lejos que no creía que lo volviera a ver nunca, no creía que jamás sintiera de nuevo que era feliz... No podía ni creer que la luna estuviera ya escondiéndose por detrás de aquella montaña, no podía ser, llevaba allí tanto tiempo ya que la piel parecía esconderse del frío. Cogió su teléfono, las cinco de la madrugada, no podía ser, él debía estar allí hace dos horas. Marcó, rápido, sin pararse mucho a pensar. Ese teléfono se lo conocía perfectamente.
-¿Amiend? ¿Dónde estás?- Dijo ella intentando contener esas lágrimas que acusaban sus ojos...
-Lejos.- Respondió la voz del muchacho que no pretendía acudir en el rescate de aquella chiquilla.
-¿No habíamos quedado hoy en el acantilado a las tres?- Dijo ella intentando que él no se diera cuanta de que derramaba muchas lágrimas desde hacía bien poco.
-Sí, pero no puedo ir.-Dijo él.
-¿Por qué? ¿Y por qué no me has avisado?- Dijo ella ya sin importarle nada, sin ni siquiera impedir gimotear. 
-Porque no puedo decirte lo que siento, no me parece elegante demostrar todos mis sentimientos.- Dice él haciendo que la chiquilla llore con más fuerza.
- La vida no es elegante, si no la muerte pediría permiso en lugar de llegar sin avisar y hacerte desaparecer, en lugar de borrarte del mapa sin mediar ni un solo sonido entre ambas partes, mudas, sin sentido.- Dice ella, llorando, intentando que él entienda todas sus palabras. Acaba dándose cuenta de que él ha colgado, que no le queda nada que hacer por allí. Decide cambiar el comienzo, el final y todo lo que queda por el camino que une ambos puntos. Decide acabar con todo. Allí, sin más, sin miedo. 
Se pone a la orilla del acantilado, con la mirada puesta en la luna que comienza su descenso por le cielo.
Pasos, detrás de ella oye fuertes y rápidos pasos. No quiere girarse, esperará hasta que aquella persona que corre en la madrugada se pierda entre la maleza antes de saltar.
-Por favor, dime que no vas a hacer semejante gilipollez por mi, dime que no vas a dejar el mundo sin tu belleza y tu forma de ver la realidad solo por que yo haya sido un completo idiota y casi te haya perdido. Por favor, no seas boba y ven a abrazarme, aunque no tengas demasiadas ganas.- Oye la chiquilla tras de sí. Sabe perfectamente quién la habla, sabe perfectamente quién está detrás de ella. No es la persona que la colgó, es por el que lleva llorando tanto tiempo, por el que ya no le quedan fuerzas. 
-Si te crees que es por ti, estás equivocado, hace tiempo que me olvidé de que existías.-Dice ella mientras las lágrimas le suplican al orgullo que corra al encuentro de la persona a la que ama. 
-De acuerdo, pero no lo hagas, por favor.- Dice él.
-No pretendo hacerlo, no si hay alguien delante. No quiero que nadie me recuerde, si me ves morir me recordarás.- Dice ella, las lágrimas ya ahogan las pupilas de ambos, ya no se oyen más que sus sollozos. 
Pasos, oye unos pasos tras de sí. Ve su sombra, siente su mano. Se ha puesto a su lado, en la orilla de aquel acantilado y la ha cogido de la mano. Ella desea besarle, él desea salvarla de sí misma. Se alejan suavemente de la orilla, se abrazan, se besan, sienten el calor de sus brazos, no sienten soledad, ahora se tienen el uno al otro.

martes, 14 de agosto de 2012

Mariposas.

La mirada de la chiquilla de los ojazos verdes se posó en el vuelo de la pequeña mariposa de alas moradas que danzaba esperando que la suerte le diera una nueva flor en la que posarse y alimentarse del delicioso néctar. La mariposa se posó sobre el hermoso cáliz de la rosa roja que coronaba el rosal de aquel jardín y comenzó a alimentarse. En ese instante apareció en el enorme jardín Julius con una bata atada a la cintura y se sentó junto a la chica de la mirada perdida en el volar de aquel maravilloso insecto, que ya había recolectado suficiente néctar y vuelve de regreso a su casa. El muchacho se sienta, la besa en la mejilla para intentar captar su atención, y le dice al oído:
-Lo siento.- En un susurro que solo oye la niña del pelo rubio y pecas en las mejillas.
-No pasa nada...-Dice ella sin apartar la mirada de la flor.
-¿No estás enfadada?-Dice Julius con un hilillo de voz.
-No.- Dice ella de forma cortante.
-Bien, porque no podría vivir mi vida sin ti.-Dice él.
-Tendrás que hacerlo, me muero.-Dice ella clavando su mirada por primera vez en los ojos del muchacho.
-No...-Dice mientras las lágrimas surcan su rostro.
-Sí, y tú eres el culpable de mi dolor.-Dice la muchacha.
Murió con el corazón roto y las lágrimas sin aflorar fuera de si, ahogando su alma y acabando con su vida. El muchacho se encargó de darle una muerte digna y un funeral lujoso para que todos la recordaran por como fue en vida, fueron todos sus antiguos amantes a llorar la perdida de aquella joven tan querida por todos, fueron sus familiares a rezar por su alma y fue Julius, como penitencia por haberla hecho tanto daño.

jueves, 19 de julio de 2012

Sonrisas a Contra Corriente.

Un tiempo soñé.
Un tiempo reí.
Un tiempo pensé,
que siempre sería feliz.
Pero la madurez,
llegó rápido y de
muy mal humor.
Me arrepentí
de no ser niña,
de ya no saber
como sonreír.
De enloquecer
cuando te veía
y no poder estar
cerca de ti...
Me sequé
todo el rostro
lo mojé,
con tu recuerdo.
Me arrepentí
de no sabértelo
decir...
Soñé que era feliz
me desperté y no
te encontré allí.
Me sentí
sola, abandonada,
sin ganas de hacer nada.
Lamenté cada error
cambié tu calor
por la tristeza
y mudé de lugar
para poderte olvidar.

miércoles, 18 de julio de 2012

Después de las Tormentas...

Cantas a la luna,
siempre pensando
"Parece una cuna".
Después de cada gota
pienso que no estás,
pienso que no volverás,
pienso que nadie te querrá
como te quiero yo...
Cada luna nueva
sacas valor de donde,
creo yo, no queda nada.
Ni un suspiro de tu amor,
ni una gota de tu olor,
ni un pensamiento,
de los que dejabas
sobre mi almohada.
Caminas bajo la lluvia
y ves las gotitas
que caen suavemente
sobre mi mente
que se despide de
todos los que no
son como tú.
Así que huyo
siempre a ninguna parte,
porque me da miedo
encontrarte.

domingo, 8 de julio de 2012

La Casa de la Esperanza

Calle abajo no me esperaba nadie, pero decidí seguir bajando. La luna nueva hacía que la oscuridad de la noche aumentara y el terror que se depositaba sobre mi piel también. Las sombras de árboles y casas parecían amenazantes con la tenue luz de la única farola que aún seguía funcionando a aquellas horas de la madrugada, cuando todos descansaban en sus confortables camas. De repente decidí pararme en el parque, no hacía demasiado frío, esa noche podía dormir allí.
Vi como la puerta de la casa de enfrente se abría y alguien se acercaba a mi.
-Hola- Dijo una niña muy mona.- ¿Qué haces aquí tu sola?¿No tienes casa?- Negué con la cabeza.- ¿Tampoco tienes familia o amigos que te acojan?- Volví a negar.- Yo seré la amiga que te acoja en su casa.- Dijo la niña con una sonrisa bonachona en el rostro.
-¿A tus padres no le molestará?- Pregunté, aunque deseaba aceptar aquella invitación, me dolía la espalda de tantas noches durmiendo al raso en el suelo o en bancos.
- Mis padres no están, volverán dentro de una semana y para entonces habremos conseguido que parezcas una niñera aconsejable y vendrás a trabajar para mis padres cuidándome. Estoy harta de quedarme sola cada vez que ellos se van de viajes de trabajo...- Dijo aquella preciosa niña de mejillas sonrosadas, cabello castaño y ojos de un azul tan intenso como el propio mar. Se notaba que intentaba evitar echarse a llorar, pero no quise meterme en lo que fuera que tanto la dolía y acepté su invitación.
-Lo primero que haremos será darte una ducha.- Dijo Charlotte cuando ya estábamos dentro de su casa.
-Dame tu ropa, la lavaré e intentaré que parezca nueva.- Me dijo mientras abría el agua calentita y esperaba a que el agua llenara la bañera. Aquel olor a geles y colonias... Hacía tanto que no olía ese olor... Hice todo lo que ella me pidió y me trajo un pijama de su madre. -Es viejo y ella ya no lo usa, pero cuando trabajes aquí no te hará falta, podrás comprarte uno tu misma, de momento te lo puedes quedar. Tu ropa parece otra con los arreglos que le he hecho, espero que te guste.- Charlotte tendría unos catorce años y era toda una señorita trabajadora, inteligente y autosuficiente. Supongo que sus padres no estarían mucho en casa y había aprendido a vivir sin ellos, pero se sentía sola. Lo veía en su rostro, lo veía en aquel gesto de amabilidad que había hecho al acogerme. Tras ducharme busqué a Charlotte y vi el maravilloso trabajo que había hecho con mi ropa, ahora eran un vestido precioso, antes una camiseta medio rota y unos vaqueros que no se como todavía aguantaban intactos.- Con lo que me sobró de los pantalones te he hecho una falda.- Dijo Charlotte apareciendo detrás de mí mientras apreciaba la naturalidad de las puntadas que la niña había dado en aquella tela, realmente era una experta costurera a su temprana edad.
- Me encanta, ¿Cómo lo has hecho?- Conseguí decir después de un tiempo en silencio perdida en el bordado superior del cuello.
-Cuando mi madre consiguió el trabajo en Nueva York me dijo que tendría que aprender a hacer muchas cosas y contrató a una niñera que me enseñó a coser, cocinar y limpiar. Después de que aprendiera todo eso, la despidió y me dijo que ahora era la dueña de esta casa, que me mandaría dinero todos los meses para que comprara todo lo que necesitara y vendría todos los fines de semana y puentes. No cumple sus promesas del todo, solo viene cuando tiene algo que hacer aquí, por eso necesito que te quedes conmigo...- Dijo Charlotte y entonces sí que se le saltaron las lágrimas y yo la abracé tan fuerte como mi madre me abrazaba a mí cuando echaba de menos a papá... Me tragué las lágrimas que inundaron mis ojos al recordar a mis padres.
- ¿Tú crees que me dejará quedarme en tu casa?- Dije a la niña esperando que me dijera que sí, era tan dulce... Que no se merecía sentirse sola, necesitaba una madre, aunque no fuera la real.
-¿Eso quiere decir que te quieres quedar a cuidarme?- Dijo Charlotte sonriendo debajo de todas sus lágrimas. Asentí con la cabeza.
La semana siguiente comencé a cuidar a Charlotte y ahorré todo el dinero para poder darle una buena vida a mis hijos, cuando los tuviera, sin dejarles nunca solos.

sábado, 7 de julio de 2012

Cielo e Infierno

Las lágrimas resbalaron lentamente por el pálido rostro de Almudena, en su último aliento justo antes de sellar su sentencia de muerte y reunirse en el más allá con su familia. Les habían acusado injustamente de asesinar a un mandatario importante de la gran ciudad. Nadie les iba a salvar de su final pero, justo antes de que la cortara la cabeza, Almudena maldijo a todos los que ese trágico día estaban allí para ver como los asesinaban injustamente. llegóal Más Allá y se reunió con sus hijos... Pero su marido no estaba. Caminó hacia las puertas del cielo y entró, al entrar un conjunto de ángeles se les acercaron y ella preguntó por su marido. Los ángeles no las respondieron, le dijeron que fuera a preguntarle a Dios, él le daría las respuestas que necesitaba...
Llegó al despecho de Dios con el alma encogida y asustada por lo que le hubiera podido pasar a su marido Harold. Entró y, en seguida, Dios la ofreció que se sentara y comenzó a contarle el por qué de que su marido no estuviera con ellos:
- Haber, su marido la fue infiel cuando estuvo viva con la vecina de quince años de la casa de los mormones. Y él fue el que asesinó al alto mando por el que os han asesinado a usted y a sus hijos, no se merece el cielo, pero tampoco está en el infierno.- Dijo Dios despertando la curiosidad de Almudena.
- Está en la Tierra, consiguió escapar y a él no lo mataron... Pero lo castigaré por todo el dolor que ha causado. Le mandaré una enfermedad horrible, la que tú elijas.- Dijo Dios despejando todas las dudas de la joven.
- No quiero que sufra, aunque él me fuera infiel, le amaba. Con él pasé los mejores años de mi vida y ahora lo prdono por todo lo que me ha hecho, no merece la pena hacerle sufrir, ya sufrirá cuando llegue al infierno y se queme en el fuego eterno.- Dijo Almudena con ganas de llorar... Pero no había ojos que empañar. Se fue del despacho, se acercó a sus hijos y les contó todo lo que Dios le había confiado. Los niños se sintieron solos, pero Almudena los consoló.
Su marido murió a manos de unos delincuentes que entraron en su casa mientras él dormía y le asesinaron, pasó la eternidad en el infierno y fue lo más desdichado que Dios pudo lograr que fuera para vengar a Almudena que era una buena mujer y no se merecía lo que él le había hecho

viernes, 6 de julio de 2012

¿Y si lo dejamos todo?

Quiero irme,
pero me da miedo,
quiero marcharme
y ya no sentirme
sola ni un instante.
Quiero viajar,
ver el mundo,
y estar cansada
de tanto conocer
de tanto besar...
De tanto soñar.
Me voy, ¿A donde?
Todavía no lo sé.
Pero lo sabré
cuando llegue
y lo vea a través
de mi ventana.
Cuando despierte
en aquel lugar
y cada centímetro
me diga que es
donde debo estar.
¿Me podrías acompañar?
Temo que, estar sin ti,
haga que me olvide
de lo que me haces sentir...
Pero debería olvidarte,
¿No? Eso es lo que me dices
cuando siento que quiero besarte.
Así que mejor me voy,
vive bien, sé feliz.
Nunca te olvidaré...
Te lo prometo,
yo siempre cumplo
mis promesas.

jueves, 5 de julio de 2012

Pequeña Cenicienta

Agua, por la ventana observo la lluvia caer en la acera de la calle formando unos charquitos que los niños pisan. Yo estoy sentada en mi sofá, estaba leyendo, hasta que se desató aquella majestuosa tormenta y dejé mi libro para concentrarme en las gotitas... Brillaban con la luz del sol que entraba a través de las nubes, dando a conocer toda la luz que se escondía en su interior y formando pequeños arco iris en la tarde sombría. Acabé en la calle, no sé como mis pasos me llevaron hasta allí, me senté en un banco y dejé que la lluvia mojara mi cuerpo para evitar que la gente supiera que estaba llorando. Me sentía tan sola... Todos eran felices en sus casas con sus parejas o con sus familias. Pero yo no tenía nada de eso... Y me sentía desdichada, sola y tan horrible que nadie me quería. Me hice una coleta para apartar mis mechones rubios de la cara y que no me taparan aquella preciosa vista: Un parque lleno de flores que, poco a poco, se estaba encharcando por la lluvia.
De repente vi una sombra acercándose a mi e, instintivamente dije:
- No llevo dinero encima, así que no le puedo ofrecer limosna, lo siento.- Pero el chico se sentó a mi lado y me tapó con su paraguas verde y me dijo:
- No busco limosna, te he visto ahí sentada, tiritando y empapada y me he dicho: Voy a ver si puedo ayudar a aquella preciosidad- Dijo y, cuando finalizo su frase me sonrió con una de las que, creo, es una de sus mejores sonrisas. Acto seguido le sonreí y creo que me ruboricé.
-¿Quieres que te acompañe a casa? Así dejas de mojarte, vas a coger una pulmonía...- Y me ofreció su abrigo, que yo acepté porque era cierto que estaba tiritando. Me acompañó a casa, cuando llegamos solo acerté a darle su abrigo y correr escaleras arriba para llegar a casa y meterme en la ducha calentita para impedir que la gripe fuera peor, cuando salí de la ducha me puse el pijama y e metí en la cama. Me pasé dos semanas en la cama con trena y ocho de fiebre y, el martes de la tercera semana, salí a comprar y me lo encontré. Allí estaba, en mis escaleras con una de mis zapatillas en la mano.
- Se te cayó cuando subías las escaleras, y me daba corte ir casa por casa preguntando de quién era esa zapatilla. Parecería que estaba chalado. - "O que eras un príncipe azul" Pensé yo mientras él me explicaba todo aquello. Cogí mi zapatilla y le dije que me acompañara a comprar y luego le invitaba a un café.
Aquel muchacho me hizo compañía durante 6 largos años, hasta que un cáncer se lo llevó de mi lado, pero ahora iré a su encuentro en el más allá. No soporto la vida si no es a su lado. ADIÓS.

miércoles, 4 de julio de 2012

Cambiaré, hoy no, mañana.

Alexis volvía caminando hacía casa pisando la nieve fría y húmeda que dejaba tras ella sus huellas sobre este polvo blanco. Llegó a casa, cerró la puerta y se sentó tímidamente sobre su cómodo sillón. Nadie había ido a saludarla y eso certificó que Clara había cumplido su promesa y se había ido para no volver. Se sintió sola, sin nadie que la dijera que aquello no era cierto, sin nadie que ver antes de dormir... Sola, sin nadie. Clavó su mirada en el infinito y retuvo las lágrimas que acudían a sus ojos, había perdido a la persona que más amaba en este mundo pero no iba a llorar, no en ese instante, ya lloraría más tarde, cuando se sintiera sola de verdad, cuando viera a una pareja y supiera que ella no tenía de eso. Subió sus escaleras hacía el dormitorio y se tumbó en su cama, aún olía a Clara... A su fragancia de mora y azar.
Se despertó, era sábado, y tenía pocas ganas de hacer nada, solo quería tumbarse y no pensar, tumbarse y dejarse llevar. Se levantó y se vistió. Salió a la calle y buscó el primer super que estuviera abierto y compró un gran bote de helado de Tiramissu, el favorito de Clara y el suyo, y volvió a encerrarse en casa. Se vio todas las películas que encontró que fueran melosas para llorar y no tener ganas de morir... Lloró hasta que, el sueño, venció las ganas de llorar.
Así pasó las mañanas del mes de junio, durmiendo y llorando. En julio decidió salir a la calle y cambiar... Realizar una metamorfosis total que arregle su desarmado cuerpo y la ayude a olvidar. No lo logró... Ahora camina por la ciudad, intentando cambiar algo que ya es perfecto porque una chica no la quiso, porque alguien le dijo que no estaba bien como era, lo que ella no sabe es que esa chica se equivocaba. Ella es perfecta y debería dejar de intentar ser lo que nunca será y no debe intentar ser. Cada cual es perfecto como es, no hay que cambiar por alguien. Si te quiere te querrá como seas... Esto lo aprendemos a la fuerza, a base de chocar contra muros invisibles que llevan escrito: Eres tont@ por intentar cambiar.

Olvido...?

Me he dado cuenta de que estoy harta, harta de no saber lo que realmente piensas, de no encontrar lo que, hace tanto, estoy buscando... De no saber que hacer cuando no estás, de temblar cuando te acercas.
NO TE QUIERO. Ya no... Creo o, más bien, espero. Dentro de mi siento que te quiero pero, mi mente, me pide que te entierre para dejar de sufrir... Dárselo todo a una persona que no lo quiere, es inútil y doloroso, hasta la última célula de mi cuerpo. Pero en mi corazón te siento cada día más adentro...
Olvido... Ven aquí y haz tu trabajo con esta pequeña oruga que no consigue convertirse en mariposa porque no le olvido y tú no me ayudas a hacerlo. Busco en sus ojos y en sus palabras una señal que te ayude, olvido, pero no puedo olvidar a ese chiquillo que se ha llevado mi corazón consigo. Me desperté en mi cuarto y acaricié las sábanas con las puntas de los dedos, notando su tacto suave y húmedo... Vacié mi alma por un segundo infinito que me llevó a recordarte. Te maldije por quererte tanto y te pedí perdón por culparte de mi dolor y me di cuenta de que... ¡Es culpa tuya! ¿Por qué te pedía perdón? ¿Por quererte? ¿Por no olvidarte? ¿Por darte cada centímetro de mí?
No iba a detenerme, tengo que olvidarte, pero sentí el deseo de besarte... Detuve mis pensamientos al fantasear con tus labios sobre los míos, no quieres marcharte de mi corazón, parece que estas a gusto... Tengo Miedo... De no volver a sentir lo que siento... De olvidar lo que sentí la primera vez que te vi... De no saber que hacer sin ti... De no poder olvidarte...

Palabras

El sol entró por mi ventana
cuando se suponía que dormitaba,
descubrió mi soledad
nada más despuntar el alba.
Te marchaste tras
hacerme creer,
que era lo que más
te importaba.
Te aseguraste de
que yo quería arriesgar
mi corazón para continuar
contigo y tus latidos,
que escucho al dormitar
sobre tu pecho...
Caí en un pozo
del que no veo el fondo,
suspiré un quejido,
cuando me di contra el piso.
Allí aparecí, sola,
pasando noches
 en las que temía dormirme.
Empecé a darme cuenta
de que, las palabras,
se olvidan; pero,
los sentimientos,
perduran sobre las cenizas
del fuego de nuestras vidas.
Me levanté del suelo
y comencé a subir
la pared de aquel pozo,
en busca de una salida
para luego buscarte y
arrebatarte lo que me robaste:
Mi corazón,
roto de tanto usarlo...

domingo, 1 de julio de 2012

Tus Ojos

Veo a lo lejos aquello que temo,
veo a lo lejos, tus ojos.
Creo que eres tú,
pero no estoy segura.
Me acerco un poco,
me adentro en la negrura.
Eres tú, pero no me quieres,
así que prefiero irme...
Has dejado tus huellas
en todo mi ser,
y tú para mi ya no existes,
eso es lo que le grito
a mi corazón maldito,
maldito con tu amor
del que no me deshago...
Quiero estar a tu lado,
pero a la vez no quiero estarlo.
Prefiero huir ahora que puedo,
antes de que me ates más a tu cuerpo.
Busco mil formas de escapar,
pero tus besos me saben paralizar.
Tu boca me dice las palabras exactas
para estar segura de que no quieres
que me vaya...
Pero en realidad te da igual,
no te importa nada,
lo que esta tonta haga...

Lágrimas

Me gustaría volver
atrás en el tiempo,
y no hacer
aquello que tanto temo.
Me gustaría besarte...
Pero tú no deseas lo mismo.
Así que lucho
por todo aquello
que, para ti,
no es nada
y, para mi,
es solo un sueño...
Lucho por las palabras
que no debemos guardar
en aquel oscuro trastero,
lucho por el amor...
Que todavía siento.
Busco, lucho, busco...
Y no lo encuentro.
Desearía conocer
aquello a lo que tienes
tanto miedo...
¿Por qué tengo ganas
de hacerte llegar todas
estas lágrimas?
Sabes tanto de mi
y yo apenas te conozco...
Y eso me pasa por
habértelo dado todo.

viernes, 29 de junio de 2012

Poco a poco

Pasa a paso
caminaré hacia ti,
poco a poco
te enamorarás de mi.
Con mucho cuidado
alcanzaré tu corazón,
besaré tus labios
y cambiaré tu vida.
Viajaré por tu mente
hasta implantarme en tu alma,
sabrás quién soy,
seré quién tú quieres que sea.
Lucharé para que venzas.
Marcharé para olvidar...
Volveré, sabes que volveré.
Siempre vuelvo a buscar
tus besos...
Para saber que es lo que
 te mantiene despierto.
Para buscar a todo aquel
que creyó desaparecer,
que creyó que se libró
de pagar lo que dañó,
de devolver tu corazón,
que robó y no pidió perdón.
Nadie escapará
de decir: Te quise, lo siento.
Me iré cuando sepas
lo que realmente piensas
sobre mi.

Viajar

Saboreo cada segundo
que estoy contigo.
Miro tus ojos marrones
y me pierdo en su brillo.
Camino hacia la luna
buscando su bendición.
Busco tu voz
en la oscuridad.
Alcanzo su brillo,
con mis dedos,
y quiero huir,
me da tanto miedo...
Miro el furor
de todo su color
y creo que siempre busco
una aguja en un pajar,
cuando te busco y tú te vas.
El agua baña mi pelo
y limpia tus besos.
Me gustaría ver,
el sol tras la tempestad,
y sentir el viento
en mi joven cara,
saltar el acantilado
y viajar a través del mar...
Busco tu amor detrás de cada mirada,
salpicas mi corazón y mi alma
de alegría por quererte,
noche y día.
Lucho por la justicia
que tu quieras dar,
también lamento
no saber que hacer
pero sé que puedo saber
cuanto te quiero
y cuanto te quise...

Huracán

Anoche busqué un recuerdo,
de ti, que me dejara dormir.
No encontré lo que buscaba
y estuve despierta
hasta que llegó el alba.
Quise cambiar...
Para conseguirte.
No lo logré,
ahora lo sé,
soy quién debo ser.
Y si la gente se cree
que puede vencer,
a esta chiquilla
que por ti daría la vida,
están muy equivocados.
Soy más fuerte
de lo que tú te crees.
He luchado por,
lo que otros,
no darían ni un suspiro.
He tenido días en los que,
al lado de un huracán,
este hubiera perdido.
Me he currado cada segundo
solo por estar a tu lado.
No has querido a esta tonta,
y ella se va...
La música acompaña
mis lágrimas,
que resbalan
para encontrar,
dentro de mi,
algo de paz.