La luna se apaga por detrás de la cálida luz solar que esconde miles de frías sensaciones, miles de recuerdos que ya han pasado, un nuevo día comienza y todo está tan callado que parece muerto. Una sombra se mueve por la callejuela de enfrente con un abrigo negro que parece muy desgastado, muy viejo. Pero no tan viejo como la persona que lo porta. Él se arrodilla sobre la acera mugrienta y entierra algo entre la basura, Eitrea solo observa como el.muchacho se levanta y se marcha dejando tras de sí una preciosa margarita que parece estar a gusto entre tanto material en descomposición.
Día tras día va creciendo y ella la ve cómo poco a poco va envejeciendo. Y, el día que la florecilla finalmente muere, aparece de nuevo la sombra para llevársela lejos, sin mediar palabra con nadie, pero compartiendo con Eitrea una única mirada acompañada de un dedo sobre los labios ligeramente curvados por una sonrisa. Ella no puede evitar sonreír, es un chico guapo, la verdad. Un poco extraño, pero oye: ¿Quien estaba realmente cuerdo en una ciudad tan grande y extraña como Nueva York? Ni siquiera ella estaba segura de ser una persona dentro de sus cabales... Pero bueno, la vida era así.
Es jueves por la tarde y llaman suavemente a la puerta, Eitrea trata de llegar a la puerta desde la ducha, pero cuando abre la puerta solamente encuentra una margarita sobre el felpudo y sonríe ampliamente, debía haber sido aquel atractivo joven del abrigo negro y los labios preciosos. Coge la florecilla del suelo y la introduce en su casa cerrando el amplio portón tras de sí. La mete en agua y se queda mirando las vistas de su ventanal esperando encontrar a aquel chiquillo de locas ideas y días tan dispares.
He hecho un pequeño cambio en el blog, ya era hora de una pequeña renovación. (Las obras siguen igual y pretendo seguir mucho tiempo más escribiendo)
Vistas de página en total
miércoles, 12 de marzo de 2014
martes, 4 de marzo de 2014
Inmortal.
Recorre la ciudad a oscuras, con las piernas temblorosas, siente frío en cada parte de su ser. Tiene miedo. No sabe qué hace allí, cómo ha llegado hasta aquella calle sucia y oscura es un misterio para ella. Solo va donde sus piernas la llevan, donde su corazón se va desbocando mientras ella se siente... ¿Bien? No está segura de dónde está, pero sigue caminando calle arriba con sus zapatitos chocando en el asfalto húmedo, en sus recuerdos olvidados por un momento.
Ha perdido a la persona que ama, su mente prefiere obligarla a olvidar y espera que cuando llegue a casa ella esté allí. Sube unos escalones, le tiemblan las manos, se da cuenta de que lleva unas llaves en la mano y sigue subiendo. Llega al tercer piso, introduce la llave y gira, oye unos zapatos contra el suelo que van hacia la puerta, intenta huir, pero ya es demasiado tarde. Una mano suave la agarra del brazo, se gira y allí está Katherin, con su maquillaje emborronado de haber estado llorando, o sudando, o simplemente durmiendo... Y todos los recuerdos llegan a la mente de Minerva como una exhalación. Recuerda el Pub, los hombres de negro que entraron y luego el cuerpo de Katherin ensangrentado en el suelo. ¿Cómo era posible que ahora estuviera perfectamente, sin ningún rasguño? Minerva relaja un poco su cuerpo con expresión desconcertada y se acerca a Katherin. Coge con sus manos el rostro de la muchacha, buscando el mínimo rastro de sangre o heridas, no encuentra nada. Y se funde con ella en un beso perfecto, sin saber qué extraño milagro imposible ha sucedido para que ella esté allí, delante suyo, haciéndola sentir... Bien.
Silencio entre ellas, algo ha cambiado en la atmósfera de la casa y ellas solo entran dentro. Se sientan en el sofá, cerrando la puerta tras de sí, y se acurrucan la una junto a la otra, abrazadas. Katherin habla por fin:
-Soy inmortal.
-Eso es científicamente imposible, tiene que haber otra explicación...
-¿Recuerdas el lago, el del camping del año pasado?-Le dice a Minerva intentando que comprenda.
-Claro que lo recuerdo, fue donde me pediste matrimonio...
-También fue dónde casi me ahogo. Todos dijeron que fue un milagro que sobreviviera. No fue un milagro, es que no me puedo morir. ¿Sabes eso de que cuando quieres a alguien no puedes volver a separarte de ella? Pues creo que te quiero tanto que no puedo morir.- Dice ante una Minerva asombrada.
Simplemente la besa, no tiene nada más que decir o hacer, solo la besa. Una vida eterna es menos larga al lado de la persona que amas. Y es que cuando tocas a la persona que quieres por primera vez, sientes que jamás podrás dejarla marchar.
Ha perdido a la persona que ama, su mente prefiere obligarla a olvidar y espera que cuando llegue a casa ella esté allí. Sube unos escalones, le tiemblan las manos, se da cuenta de que lleva unas llaves en la mano y sigue subiendo. Llega al tercer piso, introduce la llave y gira, oye unos zapatos contra el suelo que van hacia la puerta, intenta huir, pero ya es demasiado tarde. Una mano suave la agarra del brazo, se gira y allí está Katherin, con su maquillaje emborronado de haber estado llorando, o sudando, o simplemente durmiendo... Y todos los recuerdos llegan a la mente de Minerva como una exhalación. Recuerda el Pub, los hombres de negro que entraron y luego el cuerpo de Katherin ensangrentado en el suelo. ¿Cómo era posible que ahora estuviera perfectamente, sin ningún rasguño? Minerva relaja un poco su cuerpo con expresión desconcertada y se acerca a Katherin. Coge con sus manos el rostro de la muchacha, buscando el mínimo rastro de sangre o heridas, no encuentra nada. Y se funde con ella en un beso perfecto, sin saber qué extraño milagro imposible ha sucedido para que ella esté allí, delante suyo, haciéndola sentir... Bien.
Silencio entre ellas, algo ha cambiado en la atmósfera de la casa y ellas solo entran dentro. Se sientan en el sofá, cerrando la puerta tras de sí, y se acurrucan la una junto a la otra, abrazadas. Katherin habla por fin:
-Soy inmortal.
-Eso es científicamente imposible, tiene que haber otra explicación...
-¿Recuerdas el lago, el del camping del año pasado?-Le dice a Minerva intentando que comprenda.
-Claro que lo recuerdo, fue donde me pediste matrimonio...
-También fue dónde casi me ahogo. Todos dijeron que fue un milagro que sobreviviera. No fue un milagro, es que no me puedo morir. ¿Sabes eso de que cuando quieres a alguien no puedes volver a separarte de ella? Pues creo que te quiero tanto que no puedo morir.- Dice ante una Minerva asombrada.
Simplemente la besa, no tiene nada más que decir o hacer, solo la besa. Una vida eterna es menos larga al lado de la persona que amas. Y es que cuando tocas a la persona que quieres por primera vez, sientes que jamás podrás dejarla marchar.
viernes, 21 de febrero de 2014
Fuego de papel.
Entre las hojas de aquel
que sus ramas entretejen el viento,
veo los luceros del fuego
que un día me vio arder.
Siento en el pecho
mi corazón clamando tu nombre,
buscando el desborde
de tu insaciable sed.
Silencio de hielo,
dureza incansable de cal y papel,
miradas silenciadas,
caricias en silencio...
Nos consumimos en él.
Tú y yo en el mundo, solos ante
el angosto atardecer.
Libros por todas partes
Recuerdos en papel,
lágrimas silenciadas, cayendo en tropel.
Tu piel aterciopelada,
rozando mi rota piel.
Tus calladas palabras
que un día debieron aparecer
desaparecen en el suelo,
gotas esparcidas de ayer.
Me bebo mi copa,
enveneno mi alma rota que tú
buscabas romper.
Medias desvencijadas
en un cuarto sin dosel,
vacío en la oscuridad de la casa,
frío sin abrigo,
noches ardientes sin él.
que sus ramas entretejen el viento,
veo los luceros del fuego
que un día me vio arder.
Siento en el pecho
mi corazón clamando tu nombre,
buscando el desborde
de tu insaciable sed.
Silencio de hielo,
dureza incansable de cal y papel,
miradas silenciadas,
caricias en silencio...
Nos consumimos en él.
Tú y yo en el mundo, solos ante
el angosto atardecer.
Libros por todas partes
Recuerdos en papel,
lágrimas silenciadas, cayendo en tropel.
Tu piel aterciopelada,
rozando mi rota piel.
Tus calladas palabras
que un día debieron aparecer
desaparecen en el suelo,
gotas esparcidas de ayer.
Me bebo mi copa,
enveneno mi alma rota que tú
buscabas romper.
Medias desvencijadas
en un cuarto sin dosel,
vacío en la oscuridad de la casa,
frío sin abrigo,
noches ardientes sin él.
jueves, 6 de febrero de 2014
Digo Adiós y entonces Apareces.
Caminaba por la acera con aspecto distraído, llevaba en la mano derecha una taza de té caliente, los ojos rojos y el corazón roto. Se detuvo frente a la tienda de animales, observando a los animales jugar entre ellos, mordiéndose con cariño. Se sintió muy sola por un momento, mientras se enjugó de la mejilla una lágrima con un toque de lástima. Hacía frío, el té ya estaba frío y caía al suelo mientras ella dejaba de luchar por estar bien y se hundía, preocupada, en su mente atormentada. Llega a la puerta, se le escapa una débil sonrisa de pena y abre la puerta.
¿Qué importa ya? Está sola, no tiene nada por lo que luchar, nada por lo que vivir... Se detiene al descubrir en su mente una idea que le rondaba desde hacía varios meses, no podía seguir así. Solo sentía miedo, terror a la oscuridad que le rodeaba. Sube la escalinata con un temblor frío en las manos y en las piernas. Llega arriba con los ojos enrojecidos, suspira profundamente y entra en la estancia fría y oscura... Silencio absoluto, solo el sonido de sus tacones sobre el parqué oscuro, No queda nada en esa casa, lo ha perdido todo, su novio se ha ido y se ha llevado consigo todo el desprecio que le lanzaba a la chiquilla, pero también se ha llevado consigo la vitalidad y la tranquilidad que antes ella irradiaba. Llega a la cocina y abre el gas, pero no cocina nada.
Simplemente se sienta en el suelo y cierra los ojos, poco a poco le entra el sueño y se queda medio dormida mientras se consume.Suena el ruido de un portazo y entra Nicolás en la casa derribando la puerta. La saca en volandas mientras el resto de los bomberos apagan el gas mortal. Nunca volvería a estar sola, ahora tenía algo por lo que seguir sonriendo cada día, él. El bombero que la había salvado la vida y le había devuelto todo aquello que su ex-novio le había arrebatado de las manos.
¿Qué importa ya? Está sola, no tiene nada por lo que luchar, nada por lo que vivir... Se detiene al descubrir en su mente una idea que le rondaba desde hacía varios meses, no podía seguir así. Solo sentía miedo, terror a la oscuridad que le rodeaba. Sube la escalinata con un temblor frío en las manos y en las piernas. Llega arriba con los ojos enrojecidos, suspira profundamente y entra en la estancia fría y oscura... Silencio absoluto, solo el sonido de sus tacones sobre el parqué oscuro, No queda nada en esa casa, lo ha perdido todo, su novio se ha ido y se ha llevado consigo todo el desprecio que le lanzaba a la chiquilla, pero también se ha llevado consigo la vitalidad y la tranquilidad que antes ella irradiaba. Llega a la cocina y abre el gas, pero no cocina nada.
Simplemente se sienta en el suelo y cierra los ojos, poco a poco le entra el sueño y se queda medio dormida mientras se consume.Suena el ruido de un portazo y entra Nicolás en la casa derribando la puerta. La saca en volandas mientras el resto de los bomberos apagan el gas mortal. Nunca volvería a estar sola, ahora tenía algo por lo que seguir sonriendo cada día, él. El bombero que la había salvado la vida y le había devuelto todo aquello que su ex-novio le había arrebatado de las manos.
Etiquetas:
Adios,
amigos,
Amor,
chicas,
chicos,
derechos,
eres mi vida.,
Familia,
Felicidad,
ficción,
Gracias,
miradas,
muerte,
Pensemos,
personas,
sentimientos,
te quiero
martes, 14 de enero de 2014
Ni Siquiera de Pasada.
Hace frío, siento mi piel de gallina bajo la camiseta,
siento el miedo en mi garganta,
las lágrimas que simplemente se secan.
Los pensamientos van pasando despacio,
por delante de mi angustiada cabeza,
los terrores se hacen palpables,
en un momento que no sé si tal vez
queda algo por lo que seguir despierta.
-No llores, princesa.-Pienso frente a mi
brillante reflejo de apariencia taciturna.
Me seco las lágrimas en un intento por borrarlas,
suspiro a mil sombras que se dispersan en un sala,
vacía, de mi casa, vacía, de mi vida, vacía. De mi silencio.
De mi miedo apagado sobre tu pecho.
Callas, simplemente estás aquí, no dices nada. No ahora.
No en este momento infinito que me desgarra las carcajadas.
-No vale la pena hacerme sonreír ahora- pienso.-
-¿por eso no lo haces?- Comprendo, espero.
Caigo bajo el suelo, bajo lo que quedaba de mi,
de mi alma, de mi ser maltratado por el paso de los años.
Por el miedo al mañana, y al pasado, y al otro...
Castigo mi cuerpo con la intención de ser suficiente,
con la pretensión de que me acepten, intentando ser
lo que debía ser en cada momento y no fui.
Últimos alientos entre las sonrisas de un amanecer.
Miedo de nuevo, silencio en el vacío de mi cuerpo,
calles sin consuelo que caen en el recuerdo obstinado
que se aferra por ser algo que nunca debió ser.
Caigo de nuevo en un sentimiento nuevo para alguien viejo,
cansado del mundo que le va tocando, de la manera de vivir
este regalo que tal vez no se merezca, esta vida sin razones,
solo con trampas a contra partida de la felicidad manifiesta.
siento el miedo en mi garganta,
las lágrimas que simplemente se secan.
Los pensamientos van pasando despacio,
por delante de mi angustiada cabeza,
los terrores se hacen palpables,
en un momento que no sé si tal vez
queda algo por lo que seguir despierta.
-No llores, princesa.-Pienso frente a mi
brillante reflejo de apariencia taciturna.
Me seco las lágrimas en un intento por borrarlas,
suspiro a mil sombras que se dispersan en un sala,
vacía, de mi casa, vacía, de mi vida, vacía. De mi silencio.
De mi miedo apagado sobre tu pecho.
Callas, simplemente estás aquí, no dices nada. No ahora.
No en este momento infinito que me desgarra las carcajadas.
-No vale la pena hacerme sonreír ahora- pienso.-
-¿por eso no lo haces?- Comprendo, espero.
Caigo bajo el suelo, bajo lo que quedaba de mi,
de mi alma, de mi ser maltratado por el paso de los años.
Por el miedo al mañana, y al pasado, y al otro...
Castigo mi cuerpo con la intención de ser suficiente,
con la pretensión de que me acepten, intentando ser
lo que debía ser en cada momento y no fui.
Últimos alientos entre las sonrisas de un amanecer.
Miedo de nuevo, silencio en el vacío de mi cuerpo,
calles sin consuelo que caen en el recuerdo obstinado
que se aferra por ser algo que nunca debió ser.
Caigo de nuevo en un sentimiento nuevo para alguien viejo,
cansado del mundo que le va tocando, de la manera de vivir
este regalo que tal vez no se merezca, esta vida sin razones,
solo con trampas a contra partida de la felicidad manifiesta.
lunes, 6 de enero de 2014
Vainilla.
Camino en silencio por las callejuelas de aquella oscurecida noche, supongo que el humo de los coches no ayuda para que pueda ver lo que me rodea. Voy de camino a su casa, como cada miércoles a las diez, si llego tarde me castiga... Me recorre un escalofrío por todo el cuerpo, tal vez hoy prefiera llegar tarde.
Me paro un momento en el bar de enfrente a comprar algo para comer pero, para mi desgracia, allí está, sentado. Esperándome con la mirada fija en un punto del infinito que me encantaría registrar, tal y como a mi me gusta. Me recorre algo parecido a un escalofrío, pero es más bien una excitación incontrolable por su culpa, es tan condenadamente hermoso... Trago saliva mientras él se levanta, coge su chaqueta y se acerca a la puerta donde yo me he quedado paralizada, supongo que ha notado que no me lo esperaba y sonríe, Dios, ¿por qué tiene que sonreír justo ahora, con todas mis defensas bajas? Otra oleada de excitación me recorre el cuerpo, él, por su parte, se acerca a mi, me coloca su chaqueta en mis hombros y me besa. Hacía una semana que no notaba el contacto tan cálido y suave de sus labios. Entonces ocurre, profundiza el beso, recorre con su mano mi espalda hasta llegar a mi melena y enrosca su mano en mi pelo, dando un suave tirón.
-Pretendías engañarme, ¿verdad? Vaya, a la pequeña sumisa le gustan mis castigos, es todo un elogio por tu parte. Anda, sube para el apartamento, que ya he comprado yo algo para comer.- Suelta mi pelo y me agarra el culo con cierta violencia. Me encanta cuando se pone furtivo.
Yo simplemente agacho la cabeza y obedezco. Metiendo mis manos en los huecos de las mangas de su chaqueta, huele a él. Otro maldito escalofrío, hoy parece que va a ser un día divertido. Abre la puerta de la casa y allí me encuentro todo lo que me podía esperar y una pequeña y gran sorpresa, una mesa en plan romántico con velas y todo. Él coge la bolsa del bar y comienza a abrir los tuppers, en uno están unos magníficos espaghetis a la carbonara, mi plato favorito. En el otro me doy de lleno con unos perfectos y calientes Mont Bleu, mi otro plato favorito. Y para finalizar, de postre, un Tiramissu casero. Creo que se me cae la baba. Él me mira y sonríe, joder, es tan perfecto... Ha hecho todo esto por mi, aunque no sé qué celebramos.
Pasa el tiempo y acontece la mejor velada de toda mi vida, con el hombre del que llevo enamorada más de un año, mi Amo, pero del que no puedo estar enamorada porque nuestro acuerdo me lo impide, pero él me vuelve a besar. Y todos esos pensamientos aturdidos se desvanecen y vuelvo de golpe a mi nube de perfección. Él no me quita ojo, supongo que el vestido es demasiado incluso para él, ya me lo dijo Luke antes de salir de casa... Bueno, así por lo menos después pasaremos un buen rato, aunque como se retrase mucho me tendré que ir, si no salgo de la casa a las seis de la mañana, me castiga.
-Hoy pretendo que te quedes a dormir, preciosa.- Susurra él en mi oído leyendo mi mente.
Y entonces me rodea, se planta frente a mi, me besa y saca de su bolsillo un estuche de raso negro, creo que el corazón me da un vuelco, una doble pirueta hacia atrás cruzada con tirabuzón final y se me acumulan las lágrimas en los ojos. Comienza a decirme algo, aunque ahora mismo me va a dar algo.
-Cariño, sé que crees que soy un inhumano sin corazón, incapaz de sentir lo que siento, incapaz de estar con alguien por miedo al compromiso, supongo que por miedo a mi mismo. Pero no es así. Me ha encantado que seas mi sumisa durante estos casi dos años, pero ahora quiero que seas algo más.-Abre la caja y dentro hay un preciosos anillo- Quiero que seas mi esposa, mi precioso postre de Vainilla.- Dice él finalizando con una tímida sonrisa. Yo rompo a llorar en un intento por decir que sí, pero simplemente le beso. Todo va a ser perfecto desde ahora en adelante.
Me paro un momento en el bar de enfrente a comprar algo para comer pero, para mi desgracia, allí está, sentado. Esperándome con la mirada fija en un punto del infinito que me encantaría registrar, tal y como a mi me gusta. Me recorre algo parecido a un escalofrío, pero es más bien una excitación incontrolable por su culpa, es tan condenadamente hermoso... Trago saliva mientras él se levanta, coge su chaqueta y se acerca a la puerta donde yo me he quedado paralizada, supongo que ha notado que no me lo esperaba y sonríe, Dios, ¿por qué tiene que sonreír justo ahora, con todas mis defensas bajas? Otra oleada de excitación me recorre el cuerpo, él, por su parte, se acerca a mi, me coloca su chaqueta en mis hombros y me besa. Hacía una semana que no notaba el contacto tan cálido y suave de sus labios. Entonces ocurre, profundiza el beso, recorre con su mano mi espalda hasta llegar a mi melena y enrosca su mano en mi pelo, dando un suave tirón.
-Pretendías engañarme, ¿verdad? Vaya, a la pequeña sumisa le gustan mis castigos, es todo un elogio por tu parte. Anda, sube para el apartamento, que ya he comprado yo algo para comer.- Suelta mi pelo y me agarra el culo con cierta violencia. Me encanta cuando se pone furtivo.
Yo simplemente agacho la cabeza y obedezco. Metiendo mis manos en los huecos de las mangas de su chaqueta, huele a él. Otro maldito escalofrío, hoy parece que va a ser un día divertido. Abre la puerta de la casa y allí me encuentro todo lo que me podía esperar y una pequeña y gran sorpresa, una mesa en plan romántico con velas y todo. Él coge la bolsa del bar y comienza a abrir los tuppers, en uno están unos magníficos espaghetis a la carbonara, mi plato favorito. En el otro me doy de lleno con unos perfectos y calientes Mont Bleu, mi otro plato favorito. Y para finalizar, de postre, un Tiramissu casero. Creo que se me cae la baba. Él me mira y sonríe, joder, es tan perfecto... Ha hecho todo esto por mi, aunque no sé qué celebramos.
Pasa el tiempo y acontece la mejor velada de toda mi vida, con el hombre del que llevo enamorada más de un año, mi Amo, pero del que no puedo estar enamorada porque nuestro acuerdo me lo impide, pero él me vuelve a besar. Y todos esos pensamientos aturdidos se desvanecen y vuelvo de golpe a mi nube de perfección. Él no me quita ojo, supongo que el vestido es demasiado incluso para él, ya me lo dijo Luke antes de salir de casa... Bueno, así por lo menos después pasaremos un buen rato, aunque como se retrase mucho me tendré que ir, si no salgo de la casa a las seis de la mañana, me castiga.
-Hoy pretendo que te quedes a dormir, preciosa.- Susurra él en mi oído leyendo mi mente.
Y entonces me rodea, se planta frente a mi, me besa y saca de su bolsillo un estuche de raso negro, creo que el corazón me da un vuelco, una doble pirueta hacia atrás cruzada con tirabuzón final y se me acumulan las lágrimas en los ojos. Comienza a decirme algo, aunque ahora mismo me va a dar algo.
-Cariño, sé que crees que soy un inhumano sin corazón, incapaz de sentir lo que siento, incapaz de estar con alguien por miedo al compromiso, supongo que por miedo a mi mismo. Pero no es así. Me ha encantado que seas mi sumisa durante estos casi dos años, pero ahora quiero que seas algo más.-Abre la caja y dentro hay un preciosos anillo- Quiero que seas mi esposa, mi precioso postre de Vainilla.- Dice él finalizando con una tímida sonrisa. Yo rompo a llorar en un intento por decir que sí, pero simplemente le beso. Todo va a ser perfecto desde ahora en adelante.
Etiquetas:
Alex,
amistad,
Amor,
bien,
bodas,
chicas,
chicos,
eres mi vida.,
Felicidad,
miradas,
Pensemos,
personas,
realidad,
sentimientos,
sexo,
te quiero
sábado, 28 de diciembre de 2013
Adiós 2013
Un año, tiempo, solo tiempo.
Eso es lo que se mide en este mismo momento,
cosas que han ido pasando
a lo largo del ancho y tortuoso calendario.
Mi tiempo se desvanece
acontece mientras escribo, mientras revivo
cada tarde en esta cama.
Cada sollozo entre lágrimas desbordadas.
Cada calma entorpecida
por cada problema que te para mientras avanzas.
Miro como los años
van haciendo mella en mi rostro, como cada vez
parezco más... Débil.
Y me quedo, un solo segundo, hago balance
me maldigo por eso que
debería haber hecho y, tal vez, no hice.
No me arrepiento,
grito al espejo que me responde entre críticas.
No, no hay nada malo
en lo que me acecha este fin de año, en este último
día que queda de este tiempo
que poco a poco está pasando, está acabando.
Vuelvo a gritar,
esta vez grito dos palabras: Nunca más.
No, no quiero llorar.
Otro año que empieza, otro que se va.
Otras miradas que
algún día dejarán de llegar a esta puerta que dejará
de estar abierta.
Otro año que empieza.
Otras palabras que callan intentando aferrarse
al tiempo que las marca.
Y entonces te callas, el mundo se acaba.
Eso es lo que se mide en este mismo momento,
cosas que han ido pasando
a lo largo del ancho y tortuoso calendario.
Mi tiempo se desvanece
acontece mientras escribo, mientras revivo
cada tarde en esta cama.
Cada sollozo entre lágrimas desbordadas.
Cada calma entorpecida
por cada problema que te para mientras avanzas.
Miro como los años
van haciendo mella en mi rostro, como cada vez
parezco más... Débil.
Y me quedo, un solo segundo, hago balance
me maldigo por eso que
debería haber hecho y, tal vez, no hice.
No me arrepiento,
grito al espejo que me responde entre críticas.
No, no hay nada malo
en lo que me acecha este fin de año, en este último
día que queda de este tiempo
que poco a poco está pasando, está acabando.
Vuelvo a gritar,
esta vez grito dos palabras: Nunca más.
No, no quiero llorar.
Otro año que empieza, otro que se va.
Otras miradas que
algún día dejarán de llegar a esta puerta que dejará
de estar abierta.
Otro año que empieza.
Otras palabras que callan intentando aferrarse
al tiempo que las marca.
Y entonces te callas, el mundo se acaba.
Etiquetas:
Adios,
amigos,
amistad,
Amor,
chicas,
chicos,
enfermedades.,
Familia,
Felicidad,
mal,
miradas,
Pensemos,
personas,
realidad,
sentimientos,
tristeza.
lunes, 23 de diciembre de 2013
Y te Marchas.
Sale el sol, un día más, unas horas más.
Cae la luna sobre sus cabellos rojos,
sobre sus ojos verdes que encandilan,
por encima de esa mirada que tanto miras.
Intento sosegar mi corazón y se desboca
al contacto atónito de tu boca contra lo
que se supone que es mi boca.
Aunque no estoy muy segura,
estoy perdida entre las sensaciones que
se encuentran en mi alma, en mi tormenta.
Salgo de la habitación, me miras, yo solo callo.
Salgo de la casa, con los ojos hundidos en llanto.
Te quedas en silencio, susurro cosas que no
encuentran sentido alguno en tus oídos,
me buscas, te encuentro. Me rindo, me salvas.
Y así nos pasamos las mañanas, entre la tempestad
y aquella ansiada y turbulenta calma.
Cantas en mis oídos algo que anoche susurrabas,
me quedo callada tratando de descifrar lo que cantas.
No sé, tal vez no quede nada por saber.
Se hace la noche, se queda la casa a oscuras,
no te importa. Solo me cuidas mientras yo,
como siempre, me lamento entre sábanas.
Entre sentimientos que se disipan en un momento
en el que deberían mantenerse vivos. Y me besas.
De nuevo marcas mis labios con los tuyos enrojecidos,
por el frío, de la estancia en la que acontece todas las
maravillas de este mundo conocido y por conocer.
Gracias mundo por este regalo, gracias por dejar
que goce de su compañía en mi letargo.
Hundo mi mano en tu melena y te beso de nuevo,
rozas mis brazos con la punta de los dedos mientras
sigues el trazo deforme de mis cicatrices,
siguiendo con tus uñas mi dolor y mis sueños
que un día rompieron en mil piezas que hoy,
con tus dedos, reconstruyes, débilmente me
hundes las uñas en mi espalda, me besas de nuevo,
me muerdes, me arañas y me vas desnudando poco a poco.
Me enciendo, mi calor me consume desde la punta de esos dedos
y te maldigo, por lo que acabas de hacerme, me desatas. Y te marchas.
Cae la luna sobre sus cabellos rojos,
sobre sus ojos verdes que encandilan,
por encima de esa mirada que tanto miras.
Intento sosegar mi corazón y se desboca
al contacto atónito de tu boca contra lo
que se supone que es mi boca.
Aunque no estoy muy segura,
estoy perdida entre las sensaciones que
se encuentran en mi alma, en mi tormenta.
Salgo de la habitación, me miras, yo solo callo.
Salgo de la casa, con los ojos hundidos en llanto.
Te quedas en silencio, susurro cosas que no
encuentran sentido alguno en tus oídos,
me buscas, te encuentro. Me rindo, me salvas.
Y así nos pasamos las mañanas, entre la tempestad
y aquella ansiada y turbulenta calma.
Cantas en mis oídos algo que anoche susurrabas,
me quedo callada tratando de descifrar lo que cantas.
No sé, tal vez no quede nada por saber.
Se hace la noche, se queda la casa a oscuras,
no te importa. Solo me cuidas mientras yo,
como siempre, me lamento entre sábanas.
Entre sentimientos que se disipan en un momento
en el que deberían mantenerse vivos. Y me besas.
De nuevo marcas mis labios con los tuyos enrojecidos,
por el frío, de la estancia en la que acontece todas las
maravillas de este mundo conocido y por conocer.
Gracias mundo por este regalo, gracias por dejar
que goce de su compañía en mi letargo.
Hundo mi mano en tu melena y te beso de nuevo,
rozas mis brazos con la punta de los dedos mientras
sigues el trazo deforme de mis cicatrices,
siguiendo con tus uñas mi dolor y mis sueños
que un día rompieron en mil piezas que hoy,
con tus dedos, reconstruyes, débilmente me
hundes las uñas en mi espalda, me besas de nuevo,
me muerdes, me arañas y me vas desnudando poco a poco.
Me enciendo, mi calor me consume desde la punta de esos dedos
y te maldigo, por lo que acabas de hacerme, me desatas. Y te marchas.
domingo, 22 de diciembre de 2013
Ya no queda Mucho.
Se hace duro, me quedo en silencio y olvido. Me quedo callada tratando de aparentar estar bien. Pero se me hace duro. Es difícil aparentar estar bien mientras el dolor me taladra cada milímetro de mi, no puedo fingir que todo sigue bien, no soy capaz de parecer convincente ante una mentira como esa. No, no puedo seguir luchando contra algo que ni siquiera puedo ver, algo que se encuentra dentro de mi, que es parte de mi. Que me quita poco a poco el aliento, cada fortaleza.
Me quedo sin nada por lo que seguir, pero entonces llega él, toma mi mano y me levanta suavemente del suelo, susurrándome que puedo con todo. Que todo está siendo injusto, que no merezco esto, que el día de mañana tienen que compensarme cada lágrima y que no permitirá que llore ni una sola vez más. Que para él soy lo más importante y que no queda nada más que seguir adelante con la vida intentando mantenerme... Pues eso, viva.
No sé, a veces pienso que se equivoca, que he tenido que hacer algo para que me toque esto a mi. Puede que creáis que son quejas de niñata que no tiene ni idea de lo que es pasarlo mal en la vida, creo que os equivocáis. He pasado muchas cosas que otras personas más mayores y más maduras no hubieran sido capaces de soportar. Se supone que soy la fuerte, la luchadora, se supone que puedo con esto y con mil cosas más. Se suponen demasiadas cosas que en la práctica no son tan sencillas, porque no tengo una vida normal, no tengo forma alguna de ser una persona normal. Me autocompadezco de mi, supongo, nunca he entendido hasta que punto una persona es realista y hasta que punto se autocompadece, es una cosa muy subjetiva. Yo considero que todo lo que os escribo es así, pero me sé de unos cuantos que me darían una colleja correctiva si pudieran, pero no pueden. Es difícil el día a día, me es muy complicado mantener mi vida como está para seguir sonriendo cuando el mundo sigue avanzando y las cosas siguen cambiando, siempre cambian, siempre desaparece lo bueno lo primero y se queda lo malo para el final. Siempre intentan hacernos creer que necesitamos ese cambio sin darnos la opción de mantenernos en esta situación un poquito más, disfrutar de lo que nos hace felices un poco más. Puede que penséis que esto es muy negativo y que yo no escribo casi nunca estas cosas, pero es que las cosas cambian. Bueno, las circunstancias cambian. Cuánto más vivo, menos positividad me queda, pero bueno, mientras respire estaré bien, total, siempre podría ser peor. Total, siempre podría estar muerta y eso sería peor.
Me quedo sin nada por lo que seguir, pero entonces llega él, toma mi mano y me levanta suavemente del suelo, susurrándome que puedo con todo. Que todo está siendo injusto, que no merezco esto, que el día de mañana tienen que compensarme cada lágrima y que no permitirá que llore ni una sola vez más. Que para él soy lo más importante y que no queda nada más que seguir adelante con la vida intentando mantenerme... Pues eso, viva.
No sé, a veces pienso que se equivoca, que he tenido que hacer algo para que me toque esto a mi. Puede que creáis que son quejas de niñata que no tiene ni idea de lo que es pasarlo mal en la vida, creo que os equivocáis. He pasado muchas cosas que otras personas más mayores y más maduras no hubieran sido capaces de soportar. Se supone que soy la fuerte, la luchadora, se supone que puedo con esto y con mil cosas más. Se suponen demasiadas cosas que en la práctica no son tan sencillas, porque no tengo una vida normal, no tengo forma alguna de ser una persona normal. Me autocompadezco de mi, supongo, nunca he entendido hasta que punto una persona es realista y hasta que punto se autocompadece, es una cosa muy subjetiva. Yo considero que todo lo que os escribo es así, pero me sé de unos cuantos que me darían una colleja correctiva si pudieran, pero no pueden. Es difícil el día a día, me es muy complicado mantener mi vida como está para seguir sonriendo cuando el mundo sigue avanzando y las cosas siguen cambiando, siempre cambian, siempre desaparece lo bueno lo primero y se queda lo malo para el final. Siempre intentan hacernos creer que necesitamos ese cambio sin darnos la opción de mantenernos en esta situación un poquito más, disfrutar de lo que nos hace felices un poco más. Puede que penséis que esto es muy negativo y que yo no escribo casi nunca estas cosas, pero es que las cosas cambian. Bueno, las circunstancias cambian. Cuánto más vivo, menos positividad me queda, pero bueno, mientras respire estaré bien, total, siempre podría ser peor. Total, siempre podría estar muerta y eso sería peor.
miércoles, 11 de diciembre de 2013
Me Cansa la Vida, me Detiene la Muerte.
Me siento mirando al infinito.
"¿Por qué siempre acabo sentada?"
Me pregunto entre el silencio
de esta vacía estancia.
Será por el desgaste del tiempo
que me tiene demasiado cansada,
demasiado agotada de soportar
aquello que queda aquí mientras avanzas.
Medito, me miro en el infinito,
en el tiempo que pasa sobre esta cama.
Me quedo en silencio, eso me tranquiliza,
sosiega mi atormentada alma.
Camino por el pasillo, intentando
tranquilizar mi cuerpo entre lágrimas
y sollozos de los que no respondo.
Se detiene de pronto mi corazón,
dejo de respirar mientras hablas,
cantas en mi oído partes de
aquellas maravillosas baladas.
Se eriza mi piel, la acaricias
con aquella piel que me rescata.
No puedo hablar, no me queda
nada por decir, ni una sola palabra.
Lucho por tu calor en esta
tormentosa y acalorada mañana,
camino entre el miedo, que
lentamente desata mi mente callada.
Descubro miles de calles que
anoche no serían descifradas,
descubro los latidos que me
encuentro dentro de mi caja torácica.
No sé qué más decir, tú, bueno,
tú simplemente callas.
no sabes qué decir,
ahora ya no queda nada,
solos tú y yo, aquí,
encerrados en esta sala.
Te beso, detengo el tiempo.
Tal vez te vayas, pero te quiero.
"¿Por qué siempre acabo sentada?"
Me pregunto entre el silencio
de esta vacía estancia.
Será por el desgaste del tiempo
que me tiene demasiado cansada,
demasiado agotada de soportar
aquello que queda aquí mientras avanzas.
Medito, me miro en el infinito,
en el tiempo que pasa sobre esta cama.
Me quedo en silencio, eso me tranquiliza,
sosiega mi atormentada alma.
Camino por el pasillo, intentando
tranquilizar mi cuerpo entre lágrimas
y sollozos de los que no respondo.
Se detiene de pronto mi corazón,
dejo de respirar mientras hablas,
cantas en mi oído partes de
aquellas maravillosas baladas.
Se eriza mi piel, la acaricias
con aquella piel que me rescata.
No puedo hablar, no me queda
nada por decir, ni una sola palabra.
Lucho por tu calor en esta
tormentosa y acalorada mañana,
camino entre el miedo, que
lentamente desata mi mente callada.
Descubro miles de calles que
anoche no serían descifradas,
descubro los latidos que me
encuentro dentro de mi caja torácica.
No sé qué más decir, tú, bueno,
tú simplemente callas.
no sabes qué decir,
ahora ya no queda nada,
solos tú y yo, aquí,
encerrados en esta sala.
Te beso, detengo el tiempo.
Tal vez te vayas, pero te quiero.
Etiquetas:
Adios,
Alex,
amigos,
amistad,
Amor,
bien,
chicas,
chicos,
eres mi vida.,
Felicidad,
miradas,
Pensemos,
personas,
Poema,
sentimientos,
te quiero
domingo, 24 de noviembre de 2013
No Quiero Morir.
En ese preciso instante me di cuenta que nada merecía la pena si tú no estabas allí para compartirlo conmigo, ahora es cuando sé lo mucho que significas para esta idiota. Se me llenan los ojos de lágrimas, tú me miras desde el borde del puente, esperando algo, no sé muy bien que esperas de mi. No tengo nada que ofrecerte, anda que merezca la pena, solo sé que no quiero que lo hagas. Solo sé que me hundiría si desaparecieras de este mundo como esa estrella fugaz que surca el cielo... No tengo nada que ofrecerte, joder, sino te lo daría todo, no puedo perderte, no ahí, no ahora.
Silencio, solo oigo el sonido de mis latidos alborotados y mi respiración entrecortada buscando una realidad que escapa de mi compresión, no por favor, no lo hagas. No. Y todo un mundo de sentimientos se me pasan delante de los ojos mientras voy viendo como decides que no puedes seguir esperando algo que no puedo darte, algo que no sé que es, algo que buscas desesperadamente, pero que yo hace tiempo que perdí. Supongo que es eso que quita el miedo, que proporciona sonrisas... ¿Qué sentimiento era ese? ¿Cómo se llamaba? No sé, supongo que quieres que te diga que todo va a estar bien, que no importa nada todo lo que haya pasado. Pero en realidad a cualquiera le da igual lo que yo diga, qué importa ya... No vale la pena nada, pero es que
-No quiero morir.-Susurro en un intento por calmar mis latidos, y los tuyos supongo.
Pero veo como te impulsas hacia atrás y saltas, corro en un intento inútil por agarrarte a la vida que quiero vivir contigo, pero saltas, se detiene el tiempo en mi respiración, se me para el corazón por un segundo, se me agota la vida, se me pierde la mente en un millón de cosas que se me pasan.
-Te quiero.- Dices mientras caes. Y entonces lo entiendo. Nada de lo que hubiera hecho hubiera cambiado aquello, porque no merezco estar a tu lado y lo sé desde aquel momento, no podría haber sustentado tu vida atada al simple echo de la mía, no podríamos haber sido uno. Pero joder, podrías haber encontrado a otra, podrías haber luchado por tu vida.
Corro lo más rápido que puedo para bajar la escalinata de piedra hasta la orilla del río en el que supongo que está tu cuerpo sin vida, pero no te veo, es demasiado de noche, no hay demasiada luz y supongo que tengo demasiado miedo. Me quedo allí, durante lo que se me hicieron segundos, hasta que aparece un coche de policía y me lleva, no había sido segundos. Llevaba allí sentada mirando las aguas frías durante 3 días, esperando que emergieras del fondo de aquel río, esperando que nada de aquello hubiera ocurrido.
Pero ocurrió.
Silencio, solo oigo el sonido de mis latidos alborotados y mi respiración entrecortada buscando una realidad que escapa de mi compresión, no por favor, no lo hagas. No. Y todo un mundo de sentimientos se me pasan delante de los ojos mientras voy viendo como decides que no puedes seguir esperando algo que no puedo darte, algo que no sé que es, algo que buscas desesperadamente, pero que yo hace tiempo que perdí. Supongo que es eso que quita el miedo, que proporciona sonrisas... ¿Qué sentimiento era ese? ¿Cómo se llamaba? No sé, supongo que quieres que te diga que todo va a estar bien, que no importa nada todo lo que haya pasado. Pero en realidad a cualquiera le da igual lo que yo diga, qué importa ya... No vale la pena nada, pero es que
-No quiero morir.-Susurro en un intento por calmar mis latidos, y los tuyos supongo.
Pero veo como te impulsas hacia atrás y saltas, corro en un intento inútil por agarrarte a la vida que quiero vivir contigo, pero saltas, se detiene el tiempo en mi respiración, se me para el corazón por un segundo, se me agota la vida, se me pierde la mente en un millón de cosas que se me pasan.
-Te quiero.- Dices mientras caes. Y entonces lo entiendo. Nada de lo que hubiera hecho hubiera cambiado aquello, porque no merezco estar a tu lado y lo sé desde aquel momento, no podría haber sustentado tu vida atada al simple echo de la mía, no podríamos haber sido uno. Pero joder, podrías haber encontrado a otra, podrías haber luchado por tu vida.
Corro lo más rápido que puedo para bajar la escalinata de piedra hasta la orilla del río en el que supongo que está tu cuerpo sin vida, pero no te veo, es demasiado de noche, no hay demasiada luz y supongo que tengo demasiado miedo. Me quedo allí, durante lo que se me hicieron segundos, hasta que aparece un coche de policía y me lleva, no había sido segundos. Llevaba allí sentada mirando las aguas frías durante 3 días, esperando que emergieras del fondo de aquel río, esperando que nada de aquello hubiera ocurrido.
Pero ocurrió.
miércoles, 6 de noviembre de 2013
Deja que Pase.
Paseaba por los pasillos del hospital psiquiátrico con aquella bata azul claro de enferma que tanto aborrecía, pero las drogas que le suministraban le daba un pequeño efecto de tranquilidad que solo duraba hasta que la tarde se oscurecía, y volvían las noches a ciegas llorando, queriendo morir. Otra vez las mañanas de resaca sin haber bebido ni una gota, otra vez la droga y otra vez la tranquilidad. Los días pasaban sin saber ni siquiera que día era.
Una mañana de niebla pudo ver cómo él entraba por las puertas, mientras se quedaba mirando fijamente el horizonte desde aquel pequeño ventanal. La niebla era algo que siempre la atrapaba en una espiral curiosa de la que difícilmente lograba escapar cuando alguien la llamaba a continuar con la monotonía diaria de aquel edificio sin demasiada vida, sin armonía, sin música... Ella adoraba la música. Llevaba mucho sin escuchar ni una sola nota, desde que Lou, el pianista, había fallecido hace... ¿Tres meses? El tiempo aquí dentro es tan relativo que nadie sabe cuánto lleva allí ni cuánto va a estar.
Entra en la sala un chico pelirrojo de ojos color coral que son tan brillantes y a la vez se hacen tan imposibles, se percató de que él no era de los habituales del hospital que obligaban a acudir a la sala conjunta para poder intentar que no se hagan daño. Todos los que estábamos en aquella sala llevábamos una pequeña o gran marca en alguna parte de nuestro preciado cuerpo.
Yo llevaba unas abrasiones en el cuello, de una soga que debió matarme pero no lo hizo.
Ella, bueno, ella era otro tema. Jamás la había visto articular palabra alguna desde que llevaba allí, jamás la había visto sonreír, y eso que ella llegó por lo menos un mes después de mi. Llevaba siempre consigo un pañuelo en el bolsillo izquierdo de su bata, en la parte en la que estaría su corazón. Esa tarde la vi esbozar una mueca casi de asombro cuando el joven entró en la sala. Ella solía tener una mirada perdida, unos ojos cansados sin vida, sin mucha experiencia pero que saben que el mundo no es fácil. No creo que aquella muchacha superara los veinte años, era muy joven para estar con nosotros, pero muy mayor para ir con los adolescentes... Supongo que por eso estaba allí, no sabían donde meterla, pero no podían dejar que pudiera completar aquella tarea que la había metido allí.
Él se acercó a ella, le apartó el mechón de pelo de la cara y se quedó a su lado mirando la espesa niebla. Así se sucedieron los días, cada vez ella estaba mejor y, supongo, él cada vez encontraba nuevos motivos por los que no cumplimentar aquella tarea.
O al menos eso creíamos todos.
Una mañana me desperté por unos gritos que provenían de las duchas comunitarias, creí que era simplemente que alguien se había caído, pero igualmente me acerqué allí. Al cruzar el umbral de aquel portón pude ver el suelo encharcado en sangre. Al fondo ellos dos, cogidos de la mano, mientras el agua se llevaba su vida a partir de las muñecas marcadas por un trozo de cristal de la ventana, creo. Jamás supe por qué se mataron, nunca entendí que si eran felices juntos, cómo fueron capaces de morir, solo me quedaba el pensamiento que murieron el uno por el dolor del otro.
Una mañana de niebla pudo ver cómo él entraba por las puertas, mientras se quedaba mirando fijamente el horizonte desde aquel pequeño ventanal. La niebla era algo que siempre la atrapaba en una espiral curiosa de la que difícilmente lograba escapar cuando alguien la llamaba a continuar con la monotonía diaria de aquel edificio sin demasiada vida, sin armonía, sin música... Ella adoraba la música. Llevaba mucho sin escuchar ni una sola nota, desde que Lou, el pianista, había fallecido hace... ¿Tres meses? El tiempo aquí dentro es tan relativo que nadie sabe cuánto lleva allí ni cuánto va a estar.
Entra en la sala un chico pelirrojo de ojos color coral que son tan brillantes y a la vez se hacen tan imposibles, se percató de que él no era de los habituales del hospital que obligaban a acudir a la sala conjunta para poder intentar que no se hagan daño. Todos los que estábamos en aquella sala llevábamos una pequeña o gran marca en alguna parte de nuestro preciado cuerpo.
Yo llevaba unas abrasiones en el cuello, de una soga que debió matarme pero no lo hizo.
Ella, bueno, ella era otro tema. Jamás la había visto articular palabra alguna desde que llevaba allí, jamás la había visto sonreír, y eso que ella llegó por lo menos un mes después de mi. Llevaba siempre consigo un pañuelo en el bolsillo izquierdo de su bata, en la parte en la que estaría su corazón. Esa tarde la vi esbozar una mueca casi de asombro cuando el joven entró en la sala. Ella solía tener una mirada perdida, unos ojos cansados sin vida, sin mucha experiencia pero que saben que el mundo no es fácil. No creo que aquella muchacha superara los veinte años, era muy joven para estar con nosotros, pero muy mayor para ir con los adolescentes... Supongo que por eso estaba allí, no sabían donde meterla, pero no podían dejar que pudiera completar aquella tarea que la había metido allí.
Él se acercó a ella, le apartó el mechón de pelo de la cara y se quedó a su lado mirando la espesa niebla. Así se sucedieron los días, cada vez ella estaba mejor y, supongo, él cada vez encontraba nuevos motivos por los que no cumplimentar aquella tarea.
O al menos eso creíamos todos.
Una mañana me desperté por unos gritos que provenían de las duchas comunitarias, creí que era simplemente que alguien se había caído, pero igualmente me acerqué allí. Al cruzar el umbral de aquel portón pude ver el suelo encharcado en sangre. Al fondo ellos dos, cogidos de la mano, mientras el agua se llevaba su vida a partir de las muñecas marcadas por un trozo de cristal de la ventana, creo. Jamás supe por qué se mataron, nunca entendí que si eran felices juntos, cómo fueron capaces de morir, solo me quedaba el pensamiento que murieron el uno por el dolor del otro.
Etiquetas:
Adios,
Amor,
asesinato,
cárcel,
chicas,
chicos,
enfermedades.,
eres mi vida.,
Felicidad,
ficción,
mal,
miradas,
muertes,
Pensemos,
perdón,
personas,
sentimientos,
te quiero,
tristeza.
martes, 5 de noviembre de 2013
Gritos a Contra Tiempo.
A veces te sientas un momento en el suelo, te paras y te quedas en silencio, y piensas simplemente piensas. En las cosas que están ocurriendo en tu vida, en todo lo que está aconteciendo, y te descubres agazapado en el suelo, llorando sin ningún motivo aparente, simplemente teniendo miedo al presente, solo buscando algo que te encuentre en medio de tu profunda oscuridad. Algo que te saque poco a poco las sonrisas y haga que ya no duela tus miedos enfermizos, haciendo que parezcas un poco más fuerte. Esas cosas que detienen de nuevo tu corazón alborotado por el "¿Y si...?" que tantas veces has llegado a odiar.
No sabes que camino retomar, por donde llevar tus pasos hacia el futuro distante que se convierte en este presente cortante y doloroso. No tienes muy claro como hacer para no mirar atrás, tampoco cómo mirar hacia delante sin estar seguro de que vaya a haber un mañana.
Por eso vivo al día, porque cualquier día mi corazón dejará de latir, mis pulmones dejarán de entrar aire, mi cerebro dejará de enviar impulsos eléctricos al cuerpo y mis células dejarán de estar vivas para pasar a ser el alimento de una nueva o vieja vida. Así que bueno, no sé cuántos presentes más viviré, no es algo que tenga previsto saber, no es algo que me quite el sueño, no me importa si dejo de existir, solo me importa que quede algo de mi en este mundo. Aunque sea una pequeña frase, o una sonrisa, o un consejo que le salve mil desvelos a una persona, me importa una mierda morir el día de mañana, lo único que me importa es que voy a vivir hasta que no tenga ni un solo músculo funcionando. Y no me da la gana de que mi cuerpo crea que puede detenerme, que me ponga enferma por el desgaste del mundo, no me importa que haga frío, tampoco que me sienta en ocasiones débil, sin fuerzas, creyendo que no queda mucho, creyéndome inútil por algo que escapa a mi puro entendimiento.
Sintiéndome impotente ante la acción de mi cuerpo contra esto que pretende devorarme por dentro. No, no soy débil, un día me di cuenta de lo fuerte que era cuando miré a la cara a la muerte y volví de ella. Porque tú crees que soy débil, que no valgo para el mundo en el que me ha tocado vivir, que mis ideales no conocen lógica alguna y que algún día estaré sublevada a ti. Pero te equivocas, mientras tenga voz no dejaré de gritar, mientras tenga puños no dejaré de alzarlos por la libertad y, aunque te pese, mientras este viva seré lo suficientemente libre como para que no puedas sublevarme. El orgullo no se lleva en el corazón, pues este es un simple músculo que no hace más acción que la de contraerse y relajarse. El orgullo se lleva en la mente, en el alma si lo prefieres, en esa parte de tu ser que jamás podrán arrebatarte y que rebatirá hasta la más mínima pizca de ilógica que tengas dentro, porque somos seres inteligentes y por eso no podrás sublevarme, porque tengo la inteligencia suficiente como para saber que mi vida jamás será tuya.
Todo lo que he tenido en mi vida me lo he ganado a base de sudor, sangre y lágrimas. A pesar de que me veas callada mis ojos gritan desde lo más profundo de mi alma.
No sabes que camino retomar, por donde llevar tus pasos hacia el futuro distante que se convierte en este presente cortante y doloroso. No tienes muy claro como hacer para no mirar atrás, tampoco cómo mirar hacia delante sin estar seguro de que vaya a haber un mañana.
Por eso vivo al día, porque cualquier día mi corazón dejará de latir, mis pulmones dejarán de entrar aire, mi cerebro dejará de enviar impulsos eléctricos al cuerpo y mis células dejarán de estar vivas para pasar a ser el alimento de una nueva o vieja vida. Así que bueno, no sé cuántos presentes más viviré, no es algo que tenga previsto saber, no es algo que me quite el sueño, no me importa si dejo de existir, solo me importa que quede algo de mi en este mundo. Aunque sea una pequeña frase, o una sonrisa, o un consejo que le salve mil desvelos a una persona, me importa una mierda morir el día de mañana, lo único que me importa es que voy a vivir hasta que no tenga ni un solo músculo funcionando. Y no me da la gana de que mi cuerpo crea que puede detenerme, que me ponga enferma por el desgaste del mundo, no me importa que haga frío, tampoco que me sienta en ocasiones débil, sin fuerzas, creyendo que no queda mucho, creyéndome inútil por algo que escapa a mi puro entendimiento.
Sintiéndome impotente ante la acción de mi cuerpo contra esto que pretende devorarme por dentro. No, no soy débil, un día me di cuenta de lo fuerte que era cuando miré a la cara a la muerte y volví de ella. Porque tú crees que soy débil, que no valgo para el mundo en el que me ha tocado vivir, que mis ideales no conocen lógica alguna y que algún día estaré sublevada a ti. Pero te equivocas, mientras tenga voz no dejaré de gritar, mientras tenga puños no dejaré de alzarlos por la libertad y, aunque te pese, mientras este viva seré lo suficientemente libre como para que no puedas sublevarme. El orgullo no se lleva en el corazón, pues este es un simple músculo que no hace más acción que la de contraerse y relajarse. El orgullo se lleva en la mente, en el alma si lo prefieres, en esa parte de tu ser que jamás podrán arrebatarte y que rebatirá hasta la más mínima pizca de ilógica que tengas dentro, porque somos seres inteligentes y por eso no podrás sublevarme, porque tengo la inteligencia suficiente como para saber que mi vida jamás será tuya.
Todo lo que he tenido en mi vida me lo he ganado a base de sudor, sangre y lágrimas. A pesar de que me veas callada mis ojos gritan desde lo más profundo de mi alma.
martes, 8 de octubre de 2013
Huye del Paso del Tiempo.
Caíste, te fuiste, te borraste en un suspiro.
Sufriste, volaste, regresaste del suelo.
Te sientas, me siento, me escribes.
Te olvido en el silencio.
Caes en mis precipicios, otra vez.
Otros susurros lejanos, otros abrazos.
Calla. Sé que realmente no lo sientes.
Suena mi corazón en la tormenta, lo oyes.
Lo sientes.
Salta de aquí al suelo, es un viaje lento.
Estoy muy arriba, me ha costado mucho llegar
donde hoy me encuentro.
Caminas, dentro de mis venas perdidas,
dentro del enramado podrido que está
formando mi corazón sumido en el llanto.
Subes a mi cerebro dormido por el sopor
que supone la dura prueba del paso del tiempo.
Silencio, ruido, silencio de nuevo.
Una voz perdida en el firmamento,
una estrella guiando este tormento.
Cabalga sobre los lomos de los corceles
alados que se forman entre las esquirlas secretas,
esas que esconden las brillantes estrellas.
Se pierde de nuevo ese ansiado silencio.
Se escucha el ruido, se busca el recuerdo.
No, no puedes hacerlo, te dice el cerebro.
HAZLO.
Cabalga en el vórtice que se distingue en mis sueños,
salta dentro de ellos, de los susurros del maldito tiempo.
"No, no debes verlo así, está mal que lo hagas."
Te dicen esas estúpidas pautas marcadas por una
sociedad diezmada por el terror al mañana.
No, no seas esclava de estas mismas palabras.
Huye de lo que pretende adoctrinarte para que
seas distante, cortante, mediocre y siempre similar
entre tú y los demás contrincantes.
Lucha por tus ideales.
Sufriste, volaste, regresaste del suelo.
Te sientas, me siento, me escribes.
Te olvido en el silencio.
Caes en mis precipicios, otra vez.
Otros susurros lejanos, otros abrazos.
Calla. Sé que realmente no lo sientes.
Suena mi corazón en la tormenta, lo oyes.
Lo sientes.
Salta de aquí al suelo, es un viaje lento.
Estoy muy arriba, me ha costado mucho llegar
donde hoy me encuentro.
Caminas, dentro de mis venas perdidas,
dentro del enramado podrido que está
formando mi corazón sumido en el llanto.
Subes a mi cerebro dormido por el sopor
que supone la dura prueba del paso del tiempo.
Silencio, ruido, silencio de nuevo.
Una voz perdida en el firmamento,
una estrella guiando este tormento.
Cabalga sobre los lomos de los corceles
alados que se forman entre las esquirlas secretas,
esas que esconden las brillantes estrellas.
Se pierde de nuevo ese ansiado silencio.
Se escucha el ruido, se busca el recuerdo.
No, no puedes hacerlo, te dice el cerebro.
HAZLO.
Cabalga en el vórtice que se distingue en mis sueños,
salta dentro de ellos, de los susurros del maldito tiempo.
"No, no debes verlo así, está mal que lo hagas."
Te dicen esas estúpidas pautas marcadas por una
sociedad diezmada por el terror al mañana.
No, no seas esclava de estas mismas palabras.
Huye de lo que pretende adoctrinarte para que
seas distante, cortante, mediocre y siempre similar
entre tú y los demás contrincantes.
Lucha por tus ideales.
Etiquetas:
bien,
chicas,
chicos,
derechos,
descendencia,
educación,
Felicidad,
miradas,
Pensemos,
personas,
política,
realidad,
sentimientos
Sé Feliz. Yo lo Soy.
-Hola.
-Hola.
-¿Te acuerdas de mi?
-Creo que sí.
- La última vez que me viste tenía el pelo más largo, de color negro azulado, no llevaba este lateral rapado, no tenía esta sonrisa, bueno, no tenía esta vida.-Sonríe con la boca cerrada pero mirando al suelo.- Tampoco es que estuviera como estoy ahora, creo que me sobraban un par de kilos más de los que me sobran ahora, también estaba más cohibida por mi apariencia y vestía ropa que no me sentaba bien, pero que me escondía del mundo en el que vivía.
Tenía la mirada vacía, los ojos cansados, creo que de aquella aún llevaba las gafas que me hacían odiarme un poquito más.-Esboza una pequeña mueca casi de dolor.- Sí, soy muy distinta a quién era entonces. La última vez que me viste también tenía los ojos rojos de tanto llorar.-Finaliza con una mueca dura mirando a los ojos a la otra muchacha.
-Sí, te recuerdo.-Dice ella sin tener muy claro a qué ha venido todo eso.
-Yo tampoco sé por qué he dicho todo eso, pero creo que necesitaba decirlo. Supongo que es lo único que me quedaba por hacer, decirte a la cara que hace demasiado frío en la tormenta, pero que esa tormenta desapareció contigo.- Dice ella, con la voz ronca y la mirada risueña. Quizá ahora siga mejor con su vida.
-Hola.
-¿Te acuerdas de mi?
-Creo que sí.
- La última vez que me viste tenía el pelo más largo, de color negro azulado, no llevaba este lateral rapado, no tenía esta sonrisa, bueno, no tenía esta vida.-Sonríe con la boca cerrada pero mirando al suelo.- Tampoco es que estuviera como estoy ahora, creo que me sobraban un par de kilos más de los que me sobran ahora, también estaba más cohibida por mi apariencia y vestía ropa que no me sentaba bien, pero que me escondía del mundo en el que vivía.
Tenía la mirada vacía, los ojos cansados, creo que de aquella aún llevaba las gafas que me hacían odiarme un poquito más.-Esboza una pequeña mueca casi de dolor.- Sí, soy muy distinta a quién era entonces. La última vez que me viste también tenía los ojos rojos de tanto llorar.-Finaliza con una mueca dura mirando a los ojos a la otra muchacha.
-Sí, te recuerdo.-Dice ella sin tener muy claro a qué ha venido todo eso.
-Yo tampoco sé por qué he dicho todo eso, pero creo que necesitaba decirlo. Supongo que es lo único que me quedaba por hacer, decirte a la cara que hace demasiado frío en la tormenta, pero que esa tormenta desapareció contigo.- Dice ella, con la voz ronca y la mirada risueña. Quizá ahora siga mejor con su vida.
martes, 24 de septiembre de 2013
Muerte Lenta
E incluso con miles de razones para morir
decidió la vida,
porque ella era mayor castigo que la muerte pura.
Por todo el dolor causado.
¿Para qué morir pudiendo estar muerto en vida?
¿Para qué desaparecer cuando ya a nadie parece que le importas?
vive la vida que te toca, tal vez descubras que no es tan loca.
Quedarte en silencio, viendo pasar toda una vida de recuerdos,
viendo cómo desapareces poco a poco de este mundo constituido de
sucesos.
Replantearte muchas cosas, mucha
incertidumbre rota.
¿Te sientes capaz de todo? Pues déjame
decirte que no lo eres.
Déjame ahorrarte tantas decepciones, tanto
sufrimiento humano.
Déjame hacerte feliz, déjame llorando.
Recorreré tu cuerpo devastado por el tiempo, lo curaré con miles
de...
Besos.
Quizá no sepas verlo, pero el tiempo está aquí,
está ocurriendo en este preciso momento,
está presente en cada uno de nuestros recuerdos.
Silencioso, calmado, inquieto.
Quédate en silencio, ¿Oyes
eso? ¿Oyes mi corazón desbocado
por el viento?
Despierta de este sueño: La vida no es perfecta,
tú no tienes por qué serlo.
Eres perfecta en el mismo momento en el que te das cuenta
de que el miedo ya no te afecta, en que te acuestas
y piensas que tu vida es perfecta.
Deja de torturarte,
pequeña muñeca
Sabes que vales más que el miedo que te atrae hacia la muerte,
sabes que el miedo cada vez es más potente.
Etiquetas:
Alex,
amigos,
Amor,
chicas,
chicos,
eres mi vida.,
Familia,
Felicidad,
gilipollas,
miradas,
Pensemos,
personas,
Poema,
sentimientos,
te quiero
jueves, 12 de septiembre de 2013
Sola, Pero no Mal Acompañada.
Nos hemos quedado solos, tú y yo.
Hacen que me sienta segura, que deje
de tener miedo a en la negrura de
la noche tenúe, en el miedo cortante
del frío viento constante.
Sabes cómo hacerme sonreír y
lo haces. Conviertes mi miedo
en algo que no sé qué es,
en algo que creo que es... ¿Valor?
Tal vez. No sé, solo sé que tú estás aquí.
Como todas las noches.
Acompañados de nuestras sonrisas cómplices.
Acompañados de nuestros demonios,
fríos, constantes, intransigentes, que no se van,
leyes de mi vida que jamás cambiarán,
pequeños hechos aislados que se pierden
entre tus finos brazos.
Que se quedan aquí, haciéndome sentir
que no vale la pena vivir.
Pero tus demonios contrarrestan a los míos,
los funden en un suspiro,
Los pierden entre el bullicio, entre
el miedo de los caminantes,
los cambian por besos contantes, por
abrazos de esos que solo tú sabes darme.
Hacen que me sienta segura, que deje
de tener miedo a en la negrura de
la noche tenúe, en el miedo cortante
del frío viento constante.
Sabes cómo hacerme sonreír y
lo haces. Conviertes mi miedo
en algo que no sé qué es,
en algo que creo que es... ¿Valor?
Tal vez. No sé, solo sé que tú estás aquí.
Etiquetas:
Alex,
amigos,
amistad,
Amor,
bien,
chicas,
chicos,
eres mi vida.,
Familia,
Felicidad,
miradas,
Pensemos,
personas,
Poema,
sentimientos,
te quiero
Aunque el Camino Fue Duro.
Y no lo olvidó, joder, será que fuiste demasiado importante. Que te fuiste demasiado pronto, o demasiado tarde, no sé. Solo sé que ahora estoy mejor sin ti, pero que me gustaría que me vieras, poder demostrar que puedo hacerlo, que no estaba atada de pies y manos cuando te fuiste. Aunque creo que hubo un momento en el que lo estuve. Me dejaste sola, sin nadie que comprendiera de mi ni la mitad de lo que tú te habías empeñado en comprender, te marchaste un tarde soledad.
Soleada quiero decir.
El caso es que me quedé plantada durante horas en la puerta de tu casa, intentado cambiar lo que pasaba, procurando que todo fuera como creía que tenía que ser. Y de vez en cuando me acuerdo de ti, quizás más de lo que me gustaría a mi. Pero me he vuelto aún más fuerte con el paso de los años. Ya hace tres que te fuiste, tres años que se me parecen realmente eternos, pero ahora, justo ahora, en este preciso instante. Creo que no me importa, que sé que tú no eras lo que necesitaba, que fuiste algo pasajero que no quiso quedarse en mi vida, perdiste a una persona que de verdad te quería por quedarte con un montón de máscaras vacías que pecan de falsedad y envidia.
Me he preguntado muchas veces si tú te acordarás de mi, si alguna vez me echaste de menos, si alguna vez te arrepentiste de echarme de tu vida sin ni siquiera explicar el por qué. Muchas noches me he quedado despierta preguntándome si alguien ha sabido ocupar mi lugar, aunque tienes que admitir que dejé el listón demasiado alto (No soy arrogante, pero en este caso es así) Yo estuve en las malas y en las peores, no me separé de ti cuando necesitabas que te ayudara y tampoco cuando disfrutabas de lo que te brindaba la vida... Y solo recuerdo unas lágrimas por parte tuya, fueron cinco años y solo una vez lloraste, una. No me creo que estuvieras tan bien. ¿Tanta suerte tenías? ¿De verdad que no tenías ganas de acabar con todo? Me parece que tuviste una suerte impresionante.
Veo nuestras fotos y no me atrevo a borrarlas, pienso que pareceré una estúpida si lo hago, no sé. ¿Por qué borrarte de mi vida si algún día fuiste mi vida? No sé, tal vez soy simplemente gilipollas.
Pero ahora soy feliz, me encanta que las cosas cambiaran.
Etiquetas:
Adios,
amigos,
amistad,
Amor,
chicas,
Felicidad,
gilipollas,
Gracias.,
mal,
miradas,
Pensemos,
personas,
realidad,
sentimientos,
tristeza.
domingo, 8 de septiembre de 2013
Me Encuentro, Pero No Soy Yo.
Me encuentro sola, me despierto en la noche,
solo siento soledad, me quedo quieta
en la mismísima oscuridad.
Siento miedo,
miedo de perderme de nuevo.
De sentir eso, otra vez, de volver
a los días llorando en mi habitación...
Y entonces recuerdo, me doy cuenta
de que mis sueños se han abierto ante mí,
que por fin puedo ser feliz,
por fin las cosas son más fáciles,
no más cicatrices.
Y por fin no demuestro mi miedo.
Aunque lo siga sintiendo,
por fin no es como si no pudiera
esconderme de él, ya no es cómo
si siempre me encontrara en mis pesadillas
y me mostrara que no tengo escapatoria,
que él siempre va a estar.
De repente me duermo, me sumo en el silencio,
me pierdo entre estruendos, entre miles de recuerdos.
Me quedo quieta un momento, en un recuerdo concreto.
Aparto la mirada, justo en el momento en el que ella
se queda allí sentada, en el suelo. En el momento
en el que perdí todo mi consuelo.
En ese preciso instante, en el que me volví tan distante.
En el que perdí todo lo que tenía,
me despierto sobresaltada, golpeando mi almohada.
Desperdiciando mi aire en llantos sin nombre,
desperdiciando mi vida por encontrar una cosa.
-Una ínfima oportunidad de vengarme.-
solo siento soledad, me quedo quieta
en la mismísima oscuridad.
Siento miedo,
miedo de perderme de nuevo.
De sentir eso, otra vez, de volver
a los días llorando en mi habitación...
Y entonces recuerdo, me doy cuenta
de que mis sueños se han abierto ante mí,
que por fin puedo ser feliz,
por fin las cosas son más fáciles,
no más cicatrices.
Y por fin no demuestro mi miedo.
Aunque lo siga sintiendo,
por fin no es como si no pudiera
esconderme de él, ya no es cómo
si siempre me encontrara en mis pesadillas
y me mostrara que no tengo escapatoria,
que él siempre va a estar.
De repente me duermo, me sumo en el silencio,
me pierdo entre estruendos, entre miles de recuerdos.
Me quedo quieta un momento, en un recuerdo concreto.
Aparto la mirada, justo en el momento en el que ella
se queda allí sentada, en el suelo. En el momento
en el que perdí todo mi consuelo.
En ese preciso instante, en el que me volví tan distante.
En el que perdí todo lo que tenía,
me despierto sobresaltada, golpeando mi almohada.
Desperdiciando mi aire en llantos sin nombre,
desperdiciando mi vida por encontrar una cosa.
-Una ínfima oportunidad de vengarme.-
Ángeles.
Esta historieta no es mía, pero la vi y me gustó tanto que he querido compartirla con quien sea que me lea, espero que os guste tanto como a mi.
Niño: ¿Es usted un ángel?
Yo: ¿Qué?
Niño: Mi madre me dijo que los que tienen las muñecas marcadas son ángeles.
Yo: Pues no soy un ángel.
Niño: Claro que sí. Mamá dijo que sólo los ángeles se hacen daño, porque no les gusta la vida en la tierra. El mundo los está destruyendo, y quieren regresar al cielo. Son muy sensibles al dolor de los demás, y al suyo mismo.
Yo: Entonces ya sabes que tu madre es muy sabia.
Niño: Gracias. Ella también es un ángel ¿sabes? Pero ya ha regresado a casa.
Niño: ¿Es usted un ángel?
Yo: ¿Qué?
Niño: Mi madre me dijo que los que tienen las muñecas marcadas son ángeles.
Yo: Pues no soy un ángel.
Niño: Claro que sí. Mamá dijo que sólo los ángeles se hacen daño, porque no les gusta la vida en la tierra. El mundo los está destruyendo, y quieren regresar al cielo. Son muy sensibles al dolor de los demás, y al suyo mismo.
Yo: Entonces ya sabes que tu madre es muy sabia.
Niño: Gracias. Ella también es un ángel ¿sabes? Pero ya ha regresado a casa.
Etiquetas:
Adios,
Amor,
chicas,
chicos,
enfermedades.,
eres mi vida.,
Familia,
Felicidad,
ficción,
Gracias.,
miradas,
muerte,
Pensemos,
personas,
realidad,
sentimientos,
tristeza.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)