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sábado, 23 de enero de 2016

Infinito

Tus curvas son mi cielo,
me descubres y te encuentro.
Me pierdes y te pierdo.
Poso mis labios en esa línea que dibujas
y en ella hallo el más puro silencio.
Paz en mi sueño, sonidos callados,
Gritos a contratiempo.

Gemidos por las paredes de la casa,
en cualquier habitación, en cualquier cama.
Sangre entre las sábanas
de otras muchas batallas,
de otras tantas noches entrecaladas,
mojadas en la oscuridad del cuerpo,
en el séptimo cielo.

Silencio ahora perturbante,
antes estridente y doloroso.
¿Me buscas de nuevo?
Pero yo hace mucho que me he ido,
estoy en algún punto de tu infinto.

miércoles, 20 de enero de 2016

Eres más que Tu talla.

Últimamente veo en las redes sociales un movimiento en búsqueda de la igualdad bajo el #Eresmasquetutalla. No está dirigido sólo a las mujeres, pues no distingue géneros, aunque sí es cierto que parece haber tenido más peso en nuestro lado del asunto.
Sin embargo quiero hacer llegar la opinión de que cualquiera es más que su talla, su aspecto o su sexualidad. Todos somos humanos, por lo que todos nos equivocamos y todos nos parecemos más de lo que parece, valga la redundancia.
Si bien es más "común" los desequilibrios alimenticios por parte de las mujeres, los hombres también los sufren y no por ello somos menos culpables. Basta ya de buscar un cánon de belleza que nos distinga en distintos estratos sociales y quién se salga de él ya es erróneo, basta de definir a las personas por su físico.
Personalmente sé que me atrae un físico y después conozco a la persona tras él, pero muchas veces me ha pasado que me he hecho amiga de alguien que no era ningún top model y me ha acabado atrayendo sexual, mental y emocionalmente. Porque somos más de lo que se ve, y cuenta más lo que se tiene dentro que lo que se muestra por fuera. Así hago un llamamiento a las mentes de esta sociedad para que piensen y cambien esto. Porque una persona que sufre abuso por su físico queda marcada para siempre.

"Puede que no sea la persona más atractiva, pero sé jugar mis cartas. Y si quiero, arde Roma en tu cama."

martes, 12 de enero de 2016

Oda a la vida.

Resuena el repiqueteo incesante en mis oídos,
de aquellos tambores tan aburridos,
me quedo en silencio, escuchando,
aquellas luces parpadeantes, candentes.

Cadencia arritmia plagada
de silencios, plagada de nada.
Colores superpuestos, vestidos
de luz, de brillos;
oscuridad sin nombre,
miedo sin hombre.

Lágrima furtiva que mojas
en silencio mis mejillas rojas,
suspiro entrecortado que ahogas
en mi garganta la angustia de ahora.
¿A quién obedeces en tus intentos
incansables, de seguir sufriendo?

Miro el horizonte con los labios rojos de llanto,
me enjuto otra lágrima, que pasa al otro lado,
algo dentro de mí ha cambiado y aquí sigo.
Buscándolo.

jueves, 7 de enero de 2016

Amargas Despedidas.

Veo dibujos por internet y otros lugares, que me hacen preguntarme cómo puede haber gente que hace semejantes maravillas y otra que lleva a cabo masacres. Que ambos pertenecen a la misma especie y que sólo se diferencian en el 1% de su genética y, sin embargo, unos crean y otros destruyen, unos dan belleza y otros oscurecen el mundo, unos dan esperanza y otros la destruyen, unos tratan de avanzar hacia algún futuro mejor y otros... Se estancan en algo que no tiene y nunca tendrá futuro. No comprendo como puede ser que con tan pocas diferencias seamos, al fin y al cabo tan diferentes, seamos polos opuestos, seamos luz y oscuridad enfrentadas que luchan en este mundo por ocupar el lugar que le corresponde. No comprendo la rabia, la ira, el miedo injustificado o el ansia de ser más, que tienen aquellos que matan, hieren o simplemente hacen sufrir a aquellos que se diferencian en uno de cada cien genes de sí mismos. No lo comprendo y jamás lo haré. Puede que sea porque yo aún tengo ese trocito de artista que me hace escribir y esforzarme en dibujar (aunque se me dé mal), que me animan a cantar lo que quiera y gritar por lo que quiera. Ese toque de alma que lucha por seguir viva en un mundo en el que prima más la conformidad, porque es más fácil dejarse llevar que intentar cambiarlo.
Hoy es otra de esas noches sin Luna en las que me pregunto dónde quedaron todas aquellas cosas que quería haber hecho y aún no he hecho, dónde quedaron todas aquellas promesas... Y aquí estoy a las tantas de la noche escribiendo porque no consigo que mi cabeza deje de pensar, no logro dormir, y aquí estoy a oscuras escuchando música tratando de no pensar más en nada de lo que me atormenta. No volver a pensar en nada por unas horas. Aunque últimamente solo tengo pesadillas que no me dejan dormir y que me despiertan mil veces. Pesadillas que cuando Me despierto, se me olvidan, como si no hubieran ocurrido. Y sólo sé que las tengo porque amanezco encharcada en mis lágrimas y con la angustia en la boca del estómago pidiendo que me despierte.

domingo, 3 de enero de 2016

Tinta de Sangre.

Miro fijamente el cielo estrellado, mirando aquella estrella que prometimos mirar cuando estuviésemos lejos el uno del otro. Para que esa estúpida distancia que nos separara pareciera insignificante al lado del hecho de que estábamos mirando la misma estrella, bajo el mismo cielo, observando aquella luz que nos llegaba desde tantos miles de años luz que no se podía comparar con nuestra distancia. Miro el cielo aferrando entre mis manos en colgante con tu nombre, aquel que te dejaste aquí prometiendo volver a por él en cuánto te fuese posible... Pero han pasado cinco años y no has regresado. Sólo he recibido de ti alguna carta y desde hace meses, ni eso. Algo que me tiene realmente preocupada.
En tu última señal de vida me decías que tu sargento te había informado de un posible polvorín enemigo que había que destruir, que tenías tus reservas con hacerlo, pero que tenías que acatar las órdenes... Y yo sabía que seguías allí a fuera, entre algunas paredes mirando a esta estrella, acordándote de aquella que te espera con el corazón envuelto en esperanza...

Se hace tarde y me acuesto en la cama, cierro los ojos y sueño por fin. Hacía meses que no soñaba. Entonces acude a mí tu imagen.
-Pequeña mía, no sé si podrás escucharme, no sé si servirá hablarte desde donde me encuentro. Pero quiero que seas feliz, ¿vale? Yo estoy bien, te lo prometo... Pero no puedo volver. Te quiero más que a nada y seguiré mirando aquella estrella.- Me dice aquella imagen de ti entre susurros.
Me despierto sobresaltada sobre mi almohada, con los ojos empapados y la angustia en la garganta. Me acerco a la ventana, buscando esa estrella, que antes era un punto brillante en alguna parte del cielo y ahora brilla más que ninguna. Que ahora tiene un tono verdoso en su brillo y me hincha de esperanza el corazón. Debo encontrarlo y eso es lo que haré.

jueves, 31 de diciembre de 2015

2016

Otro año más se acaba, otras cuatro estaciones han quedado marcadas en cada tronco de árbol que han alimentado, otros 365 amaneceres y atardeceres han presenciado mis ojos y aquí seguimos. Como cada año, entre penas distintas y entre nuevas alegrías. Otro año que no ha sido fácil... Aunque ninguno lo es. Jamás lo ha sido y creo que jamás lo será.
Pero miras a quién te acompaña ahora en el camino, gente conocida, gente querida. Algunos llevan toda la vida, otros sólo un suspiro. Y otros simplemente se han ido y aún te acompañan muy hondo, en tu corazón. Ya ha pasado de nuevo otro año y todavía me quedan tantas cosas por hacer... Tantas aventuras por vivir... Tantos sueños por cumplir... Pero así tiene que ser, pues hace poco escuché una frase preciosa: "Algunas personas no mueren por la edad, sino justo en el momento en el que dejan de soñar"
Así que a seguir soñando, que mientras nos queden cosas por cumplir, merecerá la pena seguir adelante.
Feliz año nuevo, 366 días para equivocarnos, reírnos, llorar, saltar y cantar. Y sobretodo para vivirlos todos y cada uno de ellos como si fuera el último

lunes, 14 de diciembre de 2015

Hambre.

Abro mis ojos en mi cama, destapada y empapada en sudor. A mi lado no está él, ¿dónde puede estar? ¿Dónde ha ido? Me levanto apresuradamente, como esperando encontrarme en otro lugar, que todo lo que ha pasado por la noche haya sido no más que un sueño. Por suerte me equivoco. Sobre la mesa de la habitación ha un desayuno caliente (que supongo que sea la razón de haberme despertado porque huele realmente bien), y una nota.
"Hola preciosa, espero que hayas dormido bien y que te guste el desayuno. Yo he ido a comprar al mercado, en una hora o así estoy aquí y hacemos juntos la comida, ¿Vale?"
Sonrío al leer la nota y me siento a desayunar, no debe hacer demasiado tiempo que se ha ido, pero le echo demasiado de menos. Llevaba demasiado sin verle y no me he saciado de él, aún no. Y no creo que lo haga nunca. Cuando termino mi desayuno lo recojo y lo llevo a la cocina, allí me siento a leer el periódico calmadamente mientras espero a que vuelva. Vaya, nuevas revueltas de seres en las afueras de la ciudad... Debo tener cuidado, esto de estar huyendo no se me da bien. He vivido una vida muy cómoda hasta ahora y... No tengo nada para defenderme. Solo este chico que se ofreció a recogerme en la carretera y me ha protegido los últimos días...
Entra por la puerta, con las manos llenas de sangre.
-¿Qué ha pasado? ¿Estás bien?- No me responde, solo mira con la mirada pérdida a mi cuello, con los ojos sin expresión, con los labios entreabiertos respirando entrecortadamente, mostrando detrás de ellos unos dientes afilados.
No me da tiempo a decir nada más, me coge del cuello y no veo nada más. Caigo al suelo fulminada y él bebe de mí hasta saciar toda su sed, mis ojos vacíos miran al techo de la cocina mientras va escapando de mi cuerpo toda la vida con la que había empezado mi viaje. Poco a poco todo el miedo se desvanece, poco a poco me dejo llevar por la situación, dejo que mi sangre bañe su cuerpo y noto como mi cuerpo se vacía por completo para luego llenarse de golpe con algo nuevo, una nueva energía que me llena de luz, de fuerza y de... Hambre.

domingo, 13 de diciembre de 2015

Hoja de Laurel.

Es difícil decir las cosas cuando ese nudo de la garganta no te deja, cuando intentas decir tanto y tus palabras se ahogan entre un millón de lágrimas que no se secan, lágrimas eternas que van destruyendo tu cuerpo y todo tu temple, toda tu fuerza... Verle allí tumbado, inmóvil, sabiendo que todo ha acabado. Con una mezcla de horror y alivio que ahoga tu corazón anhelante, que desespera tu mente y aviva la sensación de horror.
Ha llegado el día que sabíamos que tenía que llegar. Pero saberlo no nos preparo para ello. Nada lo hace.
Solo puedes pensar en ello y seguir adelante con una sonrisa en los labios y mil lágrimas en el corazón, donde queda ese hueco que él ocupaba y que hoy queda vacío, que llora su pérdida, esa pérdida que nunca quisimos que llegara. Él te ha acompañado desde tus primeros pasos, tus primeras palabras, él fue quien te dio a probar el queso y la gaseosa. Él era quien te daba comida de contrabando cuando tu abuela no miraba. Y ahora solo queda un sitio vacío en la mesa, un sitio que jamás llegara a ocuparse, nadie se atreverá a intentarlo. Nadie podrá jamás suplantarle. Fue una persona que, aunque se enfadara contigo, sabías que era porque te quería y que lo iba a seguir haciendo a pesar de ello. Y después de tanto tiempo hay que asumir que nadie mas dirá "Esta película ya la he visto" a una película que se acaba de estrenar, mientras tu sonríes pensando que es entrañable verle así, tan bien, Nadie más discutirá contigo sobre datos e información que has aprendido y quieres compartir, nadie más te sonreirá mientras te corta un trozo más de queso y luego, con el dedo en los labios te dice que no se lo digas a la abuela.
Y nadie más se enfadará por verte llorar, porque sabe que no puede hacer nada y que estas sufriendo, porque te quiere. Hoy es un día muy triste, he perdido a alguien muy importante de mi vida y lo echaré muchísimo de menos, solo espero que allá donde esté, sea feliz y se acuerde de nosotros, que sepa que le queremos y que nos cuide. Gracias por estos años, abuelito, espero que todo haya merecido la pena tanto para ti como para todos nosotros. Te quiero y siempre lo haré.

sábado, 12 de diciembre de 2015

Felicidades Bambi

Hoy, doce de diciembre, es el cumpleaños de una persona que aún habiendo conocido hace relativamente (menos de un año) y de casualidad, se ha convertido en un pilar clave en mi vida. Es una de esas personas que son capaces de quitarme todo el dolor y toda la tristeza con uno de sus abrazos, sin nada más. Una de esas personas que me conoce muy bien y sabe cuando no estoy bien, sabe cuando necesito uno de sus abrazos. Nuestra historia comenzó de forma absurda, pero con el paso del tiempo se empeñó en conocerme y en ganarse mi confianza, por lo que se convirtió en uno de mis mejores amigos y en una de esas personas sin las que no quiero seguir en mi vida. Una de esas personas que son imprescindibles para mí. Mi Bambi, ese idiota que me hace reír con cualquier chorrada y que también me dice lo que hago mal sin más ni más.
Espero que pases un día maravilloso acompañado de aquellos que te queremos y que pases muchos años a mi lado, espero que todos los que quedan.

Hoy es todo lo que quiero escribir, quiero dejar algo para una persona muy importante en mi vida, una persona que saberlo ni pensarlo se hizo hueco en mi corazón y se va a quedar ahí para siempre, porque se lo ha ganado. Se ha ganado mi confianza, mi amistad y mi amor. Te quiero cielo, muchísimas felicidades!!

lunes, 7 de diciembre de 2015

Torre de Babel.

Llevo toda la noche caminando, todo a mi paso se emborrona y se convierte en una realidad incierta, en algo que tal vez no exista. Que puede ser un simple espejismo de mi realidad atormentada. Me encamino hacia algún futuro que desconozco, hacia algún punto de mi historia que aún no he escrito. Porque estoy demasiado lejos del principio de este viaje, porque he pasado por mucho para llegar hasta aquí, porque no me queda demasiado que hacer tan lejos de casa.
Bajo la última colina del camino, con las manos agarrotadas por el frío, con el corazón acelerado por el cansancio. Miro al frente, con los ojos empapados en lágrimas y veo ante mí aquella ciudad olvidad, aquellas torres de cristal impolutas que brillan recortando el cielo con sus aristas, ese suelo verde moteado en múltiples zonas por flores de muchos colores, aquel cielo lleno de luces que se desdibujan en contraste con el cristal.
Me siento en el suelo mirando aquellas luces y los pájaros piar. Por fin en casa. Por fin lejos de todas aquellas voces desordenadas que no quisiera volverme a encontrar, por fin en mi gélido mundo, donde todo lo que hay soy yo y mis sueños. Y me quedo en silencio un momento, dejando a las lágrimas acudir suavemente a mis ojos, con una inquietante calma, con un silencio impasible que me devora por dentro suavemente. Aquí tumbada, sin decir nada, dejando que todo lo que tenía se desmorone y me devore. Y es entonces cuando otros acuden a mi encuentro y me quedo quieta, dejando que todo pase, que la tormenta se consuma en sí misma y me permita seguir adelante sin pensar en nada más que en mí misma, que es lo que ahora mismo me importa, estar bien para acabar bien esta historia.

martes, 1 de diciembre de 2015

Heridas a Bocajarro.

Me siento en el sofá del salón, con la mirada perdida en algún punto de la pared, sin saber qué decir, ni qué pensar. Ni siquiera sé si estoy respirando ahora, todo lo que hago es mirar crepitar el fuego con la ferocidad de las llamas devorando ávidas las maderas que hay en su interior. Hace calor en casa, pero yo nunca había sentido tanto frío, jamás, solo siento frío y miedo. De pronto despierto de mi shock y estallo en lágrimas, sin poder evitarlo, simplemente me pongo a llorar y noto el nudo infinito de mi garganta. Esa angustia que viene desde lo más profundo de mi garganta y me hace estallar, me hace no querer estar allí.
Ahora sangro estas letras sobre un teclado que no me va a dar más respuesta que la que yo tengo, no me va a decir más que aquello que yo escribo, pero sosiega mis latidos agobiantes que consumen mi respiración y mi vida poco a poco. Sosiega el ritmo de mi respiración hasta ahora contenida, calma mis pensamientos acelerados que ya ha estallado como he estallado yo. Me siento en el suelo, no tengo muy claro cómo cojones llego hasta allí, pero llego. Y cojo mis rodillas en un intento por mantener un calor que se ha escapado de mí, por mantener una calma que ya no existe. Todo mi mundo reducido a cenizas, todo lo que tenía hecho, roto en mil pedazos que nunca podré reconstruir, que jamás volverán a ser lo mismo que fueron.
De nuevo tener que aprender a vivir, de nuevo tener que volver a aprender a seguir adelante con una nueva herida abierta mientras me desangro un poco más, sintiendo que todo lo que tengo se hace pedazos a mi paso. De nuevo aprender a respirar, de nuevo aprender... Con los latidos alborotados de mi corazón que me piden que sea fuerte, que me piden que siga adelante, y lo soy. Y sigo adelante. Pero duele y eso no es algo que nadie pueda arreglar, simplemente la herida sigue ahí, hay que esperar a que cure.

domingo, 22 de noviembre de 2015

Manada.

Llevas mucho caminando, ya se hace duro seguir el camino lleno de baches, ya no te quedan fuerzas en el amasijo de vísceras en que te has convertido. Solo queda miedo, debilidad y prejuicios. Siempre sobre ti, sobre tu debilidad y sobre todas esas carencias caladas de miedo y trampas. De vísceras y sangre, de cerebro y corazón. Te encuentras, aquí parada, como tantas otras veces, notando tu alma silenciosa, inquieta, parada. Notándote agarrotada, en un momento en que poco más nos queda aquí, poco más nos queda por vivir en esta vida profana, maldita, desdichada... Con voz apagada te diriges al mundo, con tus ojos resplandecientes empañados en duda y en todo ese miedo, y es entonces cuando te ves, a ti mismo, reflejado en cada error, y es entonces cuando ves en ti todo lo que podrías hacer y no hiciste, todo el camino que se borra cuando lo emprendes dudando y sufriendo, cuando inicias tu vida cuestionándote la misma. Y es entonces cuando nada importa, y es entonces cuando todo lo que tienes vale exactamente lo que eres: Un amasijo de vísceras y sangre que mancha el mundo a cada paso, con una falsa sonrisa en los labios.
Y otra vez te paras, miras tus errores, todas aquellas veces que te has dado cuenta de que la has cagado, y lo sabes bien, la has cagado muchísimo. Nada volverá a ser lo mismo después de esas palabras que han salido de tus labios, sin decir lo que realmente pensabas, diciendo únicamente lo que tu corazón dolido piensa que es mejor. Y no lo es, sabes que no lo es y eso lo convierte en un error aún más grave. Y en ese momento notas dos manos en tu hombro, de esas dos personas que marcan tus latidos con sus susurros en tu oído, y te das cuenta de que nada importará más a partir de ahora, que tu errores han quedado perdonados hace tiempo y ya no duelen. Ya no tienes ese peso sobre tus hombros, ya no queda más miedo en ninguna parte de ti. Y la ves a ella, tu mujer de verde, abrazándote por la espalda y besándote la mejilla; a él, tu humano, besándote lo labios; a ese otro lobo, mirándote a los ojos mientras te acaricia la mejilla y te levanta en volandas. Y ese ciervo y su joven ario con los que hay mucha historia por delante que contar y que te hacen reír con cualquier chorrada, mi familia, los que yo he elegido y que me hacen feliz. Todos aquellos que han estado ahí en mis errores y en mis victorias, que me han secado las lágrimas y que me han dicho que la he cagado y que he sido muy dura con alguien. Y tenía razón, normalmente siempre la tienen. Te sientas en el suelo, con ellos contigo, y te da cuenta que si es con ellos, la vida vale muchísimo más que cuando estabas sola. Queda mucho camino por delante, pero merecerá la pena si lo recorro con ellos.

lunes, 16 de noviembre de 2015

Luna de Lágrimas.

Oigo voces fuera de mi habitación, es noche sin luna, así que la calle ha quedado terriblemente oscura. Solo las estrellas la iluminan, es lo que tiene que todo se desatara y se llevara consigo la electricidad. Abro los ojos en la oscuridad de mi cuarto, mi oído se centra más en las voces de fuera y mis músculos se relajan: Son Noir y Zephyr. Cuando me quiero dar cuenta, veo por completo la habitación, a pesar de estar a oscuras, la magia hace maravillas. Me pongo mi bata y salgo al pasillo, donde me los encuentro discutiendo a regañadientes, lo más bajo que pueden, pero ambos se dan cuenta de que no es suficiente.
-Sabes que necesita descansar, Noir, no está sana.- Dice Zephyr en un tono lo más calmado posible.
-Y tú sabes que si no salimos de aquí pronto, ninguno estará sano me temo. Puede descansar en la siguiente parada.- Dice el lupino con aire airado, deben de estar cerca.
-Bueno, nenes, ya vale de discutir. Sois como críos. Es mi misión y mi vida, quién no quiera seguirme que no lo haga. Pero aquí mando yo. Y saldremos en cuanto coma algo, me muero de hambre.- Digo pasando entre ellos con una sonrisa pícara que me es devuelta por ambos y me siguen detrás observando mis caderas contonearse. Vaya dos, si es que son más simples que el mecanismo de un chupete, seguro que ya ni recuerdan de lo que discutían hace a penas un minuto. Suspiro pensando que me es demasiado fácil salirme con la mía desde que tengo mis ojos hipnóticos, aunque en cuanto despierten de la hipnosis... Se enfadarán, Noir más que Zephyr. Él ya está acostumbrado a queme salga con la mía.
Llegamos a la cocina y me preparo un emparedado, huelo la sangre antes de que abran la puerta incluso, huelo las vísceras que manchan sus manos y sus ropas, huelo su sudor mezclado en las heridas purulentas que marcan su cuerpo. Simplemente me siento.
Abre la puerta y entra en la cocina al tiempo que Noir y Zehyr se ponen ante mí en forma de defensa, yo solo miro los ingredientes de mi emparedado mientras lo hago con calma.
-Hola Jinete, ¿Cómo tú por aquí?- Le digo con calma a mi viejo... ¿Amigo?
-Te buscan, Eire, deberías tener más cuidado con tus escondites, es demasiado fácil entrar.- Me dice tomando asiento frente a mí en el sillón.
-Lo sé, este par no me dejó proteger la casa porque saldremos tras mi almuerzo, no nos quedaremos mucho, estamos cerca de la Catedral.- Digo mirándolo por fin mientras pongo en un plato mi bocadillo.
-Bueno, pero ya sabes que la seguridad es lo primero, no queremos que Gabriel abra Pandora y solo te necesita a ti para ello. Lo sabes.- Me dice con sus ojos vacíos machados de imágenes que no me gustaría tener que volver a ver. Pero es una habilidad de este ser, te enseña tus peores recuerdos.
-Tranquilidad todo el mundo, por dios, que huelo lo que se acerca antes de que se acerque demasiado... Aunque sé que eso no te servirá de mucho, ¿no?- Le digo mientras muerdo mi comida.-Deberíais comer vosotros también, el camino es largo, quedan 10 kilómetros.- Les digo a los tres sin apenas mirarlos. Queda bastante camino, pero lo importante es llegar antes de que lo hagan ellos.

viernes, 6 de noviembre de 2015

Tres de Tréboles.

Titilan las luces de mi habitación, es noche cerrada, si se funden nada iluminará la estancia para poder cambiar la bombilla... Pero no me importa, me tumbo mirando mi techo abuhardillado, embobada en los tablones del techo, pensando en... Nada. Mi mente simplemente sigue rodando mientras yo no pienso en nada. Simplemente estoy ahí, tumbada, quieta.
Salta encima mío, con su habitual elegancia, me trepa y se tumba sobre mí, ronroneando, soy terriblemente cómoda para ella. Así nos quedamos hasta que amanece, ella durmiendo y yo mirando el techo, otra jodida noche de insomnio de las que pensaba que no quedaban, de esas en las que el sueño no acude a mí, simplemente no puedo cerrar los ojos y dejarme llevar por la calma, simplemente mi mente sigue despierta mientras solo quiero abandonarme y dejarme llevar, mientras solo quiero descansar de una vez.
Suena mi despertador y yo no he dormido, mi gata se despierta al escuchar el sonido de mi móvil y se despereza aún tumbada sobre mí. Me siento agarrotada, toda la noche en la misma postura sin dormir. Así que me levanto con cuidado de la cama, estirándome suavemente para no hacerme daño, moviendo mis músculos con suavidad.
Estoy agotada. No tengo energía para nada y simplemente me toca hacerlo todo, no puedo quedarme en la cama, otra vez no. No puedo dejar que la tormenta me vuelva a arrastrar tan lejos que luego no encuentre la playa dentro de tanta tempestad... No puedo dejarme vencer de nuevo.
Me visto, me arreglo y salgo a la vida. Me dispongo a seguir adelante, a luchar un día más, mientras mi cuerpo me suplica que me quede en la cama, que vuelva a ceder al agotamiento, que vuelva a perder. Pero a mi nadie me gana.

viernes, 23 de octubre de 2015

Sexta Salida.

A veces me quedo un largo rato mirando mi teclado, pensando qué puedo escribir, cómo debo decir las cosas para que queden como quiero. Entonces alguna frase acude a mi consciencia y revoluciona mi mente con ideas dormidas, con esperanzas nuevas, con palabras prohibidas y sonatas silenciosas. Entonces me callo, miro el teclado y simplemente dejo pasear a mis dedos por encima, haciendo de ellos la extensión de mi alma que pide hablar, que pide expresar su dolor y su esperanza. Porque no me queda mucho más, ha llegado un punto en el que estoy formada únicamente de un amasijo de carne atada a unos sentimientos que se mezclan en mis sueños y dan sentido a lo que hago. Dan sentido a mis errores. Dan sentido a mis triunfos. Dan sentido a todo, y aquí es dónde siempre me encuentro, con tantas imágenes perdidas en mi mente que no sé por cuál empezar... Aquella primera lágrima que surco mi mejilla en busca de una calma que en mí no iba a hallar, todas esas noches atada a un corazón destrozado en mil pedazos que solo buscaba la manera de seguir latiendo... Y aquella vez, la peor noche de mi vida, todas las cosas que pensé en aquel momento que me hicieron cambiar de algo dormido a una bestia despertada que estaba cansada de dejarse llevar. Recuerdo como me sentí, todo ese frío que recorrió mi cuerpo y transformó mi mente para hacerla más fuerte, para hacerla poder con aquello, para hacerla seguir luchando. Y aquí sigo. Nada de aquello fue en vano, porque no ha habido día después de aquel que no haya seguido por mi camino, el que yo quiero seguir, el que yo he decidido con esa decisión.
Pero ahora vuelves a verlo todo oscuro, vuelve a superarte todo, vuelves a sentirte como si una avalancha de nieve hubiera caído sobre tu cabeza y estuvieras despierto pensando en como salir de ahí, antes de que el frío congele tu cuerpo y no te quede nada para seguir luchando, antes de que rendirte te parezca la opción más adecuada y que todo lo vivido no ha merecido la pena que te ha causado.

miércoles, 21 de octubre de 2015

Cuarto Creciente.

Hoy me he levantado con ganas de seguir escribiendo, con ganas de gritarle al mundo lo que pienso, de defender en mis letras todo por lo que he luchado en mi vida. Todo lo que tengo, que no es poco. Así que me he puesto de nuevo, boli en mano, y he garabateado muchas palabras sin sentido, muchas cosas carentes de matices que después habría que maquillar para que puedan ser leídas, muchas ideas confusas buscando una recóndita razón. Unas, sueños confusos de noches oscuras y cálidas mantas, otras, pesadillas de frío y miedo, de sangre y suciedad sobre mi piel. Y me he leído a mí misma en esas letras, me he encontrado agazapada en aquella exclamación que se atropella después de decirme que no valgo, después de hundirme, ese aliento que me devuelve al campo.
Pues no hay sonido más ensordecedor que el silencio de los labios que callan una verdad, ni una mirada más triste que aquella a la que ya se le han secado las lágrimas. Que no hay camino más duro que el que tememos transitar, porque nos carga a la espalda más equipaje del que solemos llevar, nos carga con esas preguntas que luego nos dan más miedo. Sobretodo tememos el qué vamos a responder a ellas, normalmente no sabemos qué responder. Miro mi reloj y me percato de que llevo mucho tiempo escribiendo sin darme cuenta, mucho silencio en mis letras. Y me paro, mirando un folio en blanco, que se supone que contiene todos mis pensamientos... Y contiene mil cosas que me asustan, mil miradas que me tientan y mil puñales que me matan. Contienen más pesadillas que sueños, contienen más miedo y más armas de lo que me gustaría que expresara mi alma. Y me encuentro mirando sin mirar y leyendo sin leer, pensando en como he llegado hasta este punto de mi historia dónde los recuerdos pesan tanto y queda tanto de ellos que no sé qué hacer. Porque no los quiero. Porque he pasado página y de aquella que fui no quedan más que trazos en un folio sucio. Grietas en un rostro al que le sobran las penas y le faltan más sonrisas.
Y algún día haré caso a estas cosas que escribo, algún día seré yo quién me lea y diga: Tengo razón, esta sonrisa tiene que ser más fuerte que las lágrimas.

Cuarto Menguante.

Suenan las horas inquietas,
chocando estridentes contra la acera,
cayendo al vacío del olvido,
olvidándose de lo que quisieron ser ellas.

Martillean en mi mente
todas las horas cadentes
de colores, de vida, de gentes...
Dentro de esta historia llena
de silencio y de notas,
de ruidos y de estrofas,
de llantos y suspiros,
de sonrisas y de olvidos.

Cansada caminas hacia
algún lugar que desconoces,
hacia el frío y hacia la nada.
Esperando encontrar algo.
Y una cálida cama.

sábado, 17 de octubre de 2015

Luna de Sangre.

Miro a mi reloj, las tres de la tarde, ¿Dónde está? Comienzo a impacientarme... Quiero Acabar con esto cuanto antes, me carcome por dentro mientras miro algún punto en la lejanía. De pronto su olor inunda mis fosas nasales, sé que está cerca, huele a perro mojado, a pelaje húmedo por la lluvia que lleva cayendo desde bien entrada la mañana. Se acerca por mi espalda, pasando su mano por mi cadera y abrazándome, se siente tan cálido su tacto... Es tan reconfortante... De pronto todo a mi alrededor se seca, ya no hay frío, todo parece más... Humano y menos caos. Pero pronto abro los ojos y miro esa ciudad devastada por las hordas de seres imposibles... Aunque yo soy uno de ellos y protejo todo esto, yo no soy como los demás, nunca lo he sido. Nunca he encajado ni en un bando, ni en el otro.
Ahora todo esta cubierto de cenizas, las calles teñidas de gris, rojo y negro, el silencio se hace palpable... Y yo solo tengo mi mirada rasgada, desafiante y verde azulada. Miro por fin a los ojos amarillos de mi acompañante peludo, el cual me sonríe y besa suavemente en los labios, todo mi cuerpo humano responde a su contacto, todo yo quiere besarlo.
Estamos esperando a alguien más, mi otra mitad se eriza y sale a la superficie, dejando ver mi escapada piel y mi pelo convertido en serpientes de un blanco ceniza precioso. Ya está cerca, ella puede sentirlo. Así que mi lobo me suelta, sabe que mi otra parte se lanzará a su brazos en cuanto gire la esquina.
-Hola chicos, ¿Llego muy tarde?- Dice con esa sonrisa bobalicona que me encanta.
-Solo lo normal, Zephyr, Como siempre.- Dice el lupino mirando con un deje al humano ataviado de cuero negro y varias pistolas. Necesita defenderse de quien quiere matarle... No es corta la lista. Eligió a la gorgona equivocada como esposa. Me acerco y le beso los labios.
-¿Traes algo divertido para mí?- Digo esbozando una sonrisa pícara, le había pedido una daga curva para defenderme a corto alcance, mi humano es el encargado de las armas en nuestro equipo. Este extraño equipo que hemos hecho al desatarse el caos.
-¿De verdad lo necesitas preguntar, nena?- Dice mientras saca de su cinturón dos dagas de hoja curva con el mango de cuero verde entretejido como si fueran escamas. Me encantan. Se las quito de las manos besándole con fiereza, notando como nuestras cuerpos se pegan en uno solo con ese beso, me las meto el la liga que llevo bajo mi vestido de cuero tipo amazona negro y me preparo. Me encantan estos trajes, me permiten mayor movilidad.
-Y yo... ¿No traes nada para mí?- Dice el lobo mirándole socarrón.
-Claro que sí, Noir, te traigo comida. Y bueno... Puedes elegir una de mis armas de fuego, te la dejo.- Dice sacándole una tajada de carne de una bolsa de cuero. A Noir le brillan fugazmente los ojos al ver la carne reciente chorrear sangre, me rugen las tripas, pero me he prometido aguantar hasta estar con todos antes de comer... Yo como más que ellos, necesito al menos dos conejos para mantenerme bien en el combate que se avecina.
-Bien, chicos, es hora de ir hasta la Catedral del Pecado. Allí están el resto de los nuestros. Hay que prepararse.- Digo mientras me enfundo la capucha del vestido y desaparece mi apariencia de gorgona. Noir pone su cobertura humana también y coge una de las pistolas de Zephyr. Ambos saben que vienen a por mí, ninguno pensamos dejar que nos maten. Se avecina una noche movidita, en el cielo no deja de brillar esa luna roja que salió el día que llegó a la Tierra la oscuridad.

viernes, 2 de octubre de 2015

Eternidad.

Suenan voces lejanas en mis oídos, voces de antiguas sirenas que pretenden volvernos a atrapar, pero que nos quedan demasiado alejadas de nosotros, que están perdidas en algún punto de la eternidad, entre tu miedo y tu valor. Buscas en el tiempo más tiempo, rebuscas esperando hallar una respuesta distinta, y siempre encuentras la misma, siempre un NO en los labios enrojecidos por el llanto, una mirada vacía, un corazón sumido en un mar sin retorno.
Pero te despiertas en la noche, con los oídos embotados por aquellas voces endulzantes, por aquellas sirenas que quieren atraparte. Y sientes miedo, como de costumbre, todo tu cuerpo tiembla al contacto con su piel, todo tú se transforma en otra persona al ver esos ojos encendidos, porque ella es más fuerte. Porque ella puede con algo que tú aún no entiendes. Todo este miedo al mañana, todo el argumento de la historia desparramado por el suelo, todo el tiempo perdido sin saber dónde te colocas respecto a esas preguntas que te haces en silencio. Pasan las horas y simplemente piensas en él, estás con él, te sientes sola. Quieres que esa persona que está junto a ti, este bien, porque cuando no lo está no es él. Porque te destroza mirarlo a los ojos y no ver más allá de su tristeza infinita. Porque el tiempo pasa, no puedes evitarlo y te asusta, el pensar que no es eterno, que algún día tus huesos se transformaran en polvo y de tu recuerdo no quedarán sino alguna foto en algún álbum. Tienes miedo a que vean esa debilidad que escondes tras ella, esa otra cara que todos se esfuerzan en no ver, porque está gritando que tienes que ser fuerte, porque está ella exigiéndote seguir adelante. Mi extraña conciencia escamada, mi refuerzo y mi comodín cuando veo esos ojos anegados en lágrimas que no puedo evitar que se derramen, y siento esa pura impotencia que quiebra mis piernas a la altura de las rodillas, que me deja en el suelo con una nueva herida abierta en el pecho. Sangrando. Liberando de tu cuerpo todos esos sentimientos que te ahogan. Porque la muerte te parece buena idea cuando él está así.
Pero es fuerte, por ti, porque no queda mucho de ti ya dentro de esta maraña de huesos y piel, porque el tiempo ha pasado mucha factura a tu agotado pensamiento y a tu cuerpo magullado por todas partes, porque no quieres seguir adelante si no es de su mano. Porque lo único que tienes es eso, esa seguridad de su presencia a tu lado a pesar de todo.

Once Upon a Time.

Otra vez, como cada maldito momento de mi vida, vuelvo a sentirme así, vuelvo a tener en mi mente mil cosas que no deberían estar ahí, mil sentimientos que me ahogan con mis propias lágrimas, mientras mis músculos se estremecen y me duelen. Mientras mi cuerpo se queja, mientras me grita que siga adelante, joder, que aún queda mucho por delante y no, no puedo rendirme. No estaba en los planes, pero son parte de mi camino. Son parte de mi historia y parte de mí misma, parte de toda esta vida. La noche más oscura, justo antes de un nuevo amanecer que tal vez sea el más brillante de todos. Que tal vez nos dé ese toque de esperanza que necesitamos, ese algo que haga que todo por lo que estamos pasando merezca la pena. Porque son ya muchas penas a la espalda, y empiezan a pesar, empiezan a hacer mella en mi pequeña y asustada alma, en mí. Porque nadie nos dijo que fuera fácil, nadie nos contó lo que había que pasar en esta vida para alcanzar un estado más elevado, nadie nos contó que hay más allá. Simplemente nos lanzaron a la vida, sin libro de instrucciones, sin confianza, desnudos. Pues así es como nacemos, sin nada, y se nos va dando todo y quitándonoslo cuando parece demasiado fácil. Porque la vida es eso, es aprender que si algo es fácil, no durará demasiado tiempo, todo lo bueno se acaba y a veces antes de lo que tú te esperabas. Pero aquí estamos, luchando al pie del cañón, confiando ser la excepción que confirma la regla, confiando en que nosotros sí tendremos ese final feliz que tanto ansiamos, porque nosotros somos diferentes al resto. ¿O no?