Solo queda una
cosa por contarte,
encerrada en aquella urna,
pasando mil siglos, sola,
sin poder huir de mí.
Agarrada al miedo
y a la nostalgia de salir.
Cazada; cazándote,
perdida; buscándote,
moribunda; viviéndote...
Aferrada a millones
de imágenes perdidas
en algún lugar de aquellas
visitas que olvidas.
Solo me queda un recuerdo
que nunca, jamás, olvido,
que no he sacado aún a la luz,
que marca lo que soy y seré.
Una única cosa
que, por las noches,
te busca y me sonroja.
Me pierdo de nuevo
y ya no estás
para quizá encontrarme.
He hecho un pequeño cambio en el blog, ya era hora de una pequeña renovación. (Las obras siguen igual y pretendo seguir mucho tiempo más escribiendo)
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domingo, 14 de diciembre de 2014
viernes, 5 de diciembre de 2014
Invierno.
Entra por mi ventana ese tenue brillo azulado de la calma del campo al anochecer, me tiro a la cama y dejo que pasen las horas en completo silencio, despierto pero sin querer despertarme.
El día despunta entre las cortinas como un fuego ardiendo entre la niebla, ha llegado la hora de armarse de valor y levantarse de la cama, enfrentarse a la puta vida real y perder un día más, como cada día. Odio esto, odio no saber qué me espera mañana, odio no saber ni si quiera quién soy o quién es la persona a la que le confío mi vida, odio esta inseguridad y a la vez me reconforta, me alegra no tener la certeza que todo lo que estoy pasando será siempre así, la esperanza me mantiene cuerda. Sigo respirando un día más, sigo luchando sin saber qué hacer. Me siento perdida en el vacío, me siento perdida en la oscuridad de tu voz. Quiero salir corriendo, quiero olvidar que me duele lo mismo que un día ya me dolió. Me siento sola. No sé quién soy, tampoco sé dónde puedo llegar a ser, no se mi potencial y.. A veces siento que valdría más... Muerta. No me queda demasiada fuerza, me dan ganas de rendirme a diario, de dejarlo todo... Pero no quiero que todo por lo que he pasado sea inservible, quiero que la vida que me he ganado, me la haya ganado yo. Quiero que mi felicidad dure un poco más que el tiempo que estoy con él.
Me aventuro a mi día a día, paso las horas ensimismada en mis problemas y fingiendo que tengo otras cosas en mente, luchando por mentir a aquellos que no comprenderían por qué me siento así. Por qué le doy tanta importancia a alguien a quien perdí hace tiempo. Me pierdo y no sé cuando me encontraré.
El día despunta entre las cortinas como un fuego ardiendo entre la niebla, ha llegado la hora de armarse de valor y levantarse de la cama, enfrentarse a la puta vida real y perder un día más, como cada día. Odio esto, odio no saber qué me espera mañana, odio no saber ni si quiera quién soy o quién es la persona a la que le confío mi vida, odio esta inseguridad y a la vez me reconforta, me alegra no tener la certeza que todo lo que estoy pasando será siempre así, la esperanza me mantiene cuerda. Sigo respirando un día más, sigo luchando sin saber qué hacer. Me siento perdida en el vacío, me siento perdida en la oscuridad de tu voz. Quiero salir corriendo, quiero olvidar que me duele lo mismo que un día ya me dolió. Me siento sola. No sé quién soy, tampoco sé dónde puedo llegar a ser, no se mi potencial y.. A veces siento que valdría más... Muerta. No me queda demasiada fuerza, me dan ganas de rendirme a diario, de dejarlo todo... Pero no quiero que todo por lo que he pasado sea inservible, quiero que la vida que me he ganado, me la haya ganado yo. Quiero que mi felicidad dure un poco más que el tiempo que estoy con él.
Me aventuro a mi día a día, paso las horas ensimismada en mis problemas y fingiendo que tengo otras cosas en mente, luchando por mentir a aquellos que no comprenderían por qué me siento así. Por qué le doy tanta importancia a alguien a quien perdí hace tiempo. Me pierdo y no sé cuando me encontraré.
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Rock and Roll
Sale el sol sobre los gélidos edificios de la ciudad, tiñendo el cielo de un tono rosado que se refleja en su guitarra blanca de edición coleccionista. Yo estoy tumbada sobre el colchón desvencijado del hotel, o al menos me parece un hotel, mi cuerpo se contrae y relaja mientras los escalofríos me recorren ferozmente. Oigo pasos a mi espalda que se aproximan suavemente a la cama, se sientan y recorren dulcemente el contorno de mi columna con la yema de su dedo. Me giro y me encuentro con sus ojos color avellana observándome... Me siente tan pequeña...
Bajo la mirada y veo que trae el desayuno, ¿Será para mí? Mi corazón pega un vuelco de solo pensarlo. Él... simplemente me sonríe dulcemente y posa la bandeja sobre mis rodillas mientras me incorporo en la cama, me da un dulce beso en la frente y me susurra al oído: Buenos días, nena.
Con su melodiosa voz de cantante que enciende una chispa en lo profundo de mí.
Por fin miro la bandeja: un zumo, un café, unas tostadas con mi mermelada favorita (¿se lo dije en algún punto de la noche?) y bollería variada. Por primera vez me percato de que tengo hambre, ya que mi estómago emite un quejido que me sonroja.
-Espero que sea de tu agrado, Rose no sabía lo que te gustaba, así que optó por la variedad.- Dice en un tono de voz suave y alegre. ¿Quién es Rose?- Es mi cocinera, lleva en esta casa desde que la compré, es casi como mi segunda madre.- Dice él adelantándose a mis pensamientos, supongo que por la cara de incredulidad que he debido de poner. Comienzo a tomar mi café, escuchando otro quejido de mi estómago, agarro la taza entre mis manos notando el reconfortante calor y le pego un gran sorbo, está delicioso.
-Luego me gustaría darle las gracias a Rose, el café está delicioso.- Susurro con la taza sobre los labios oliendo el suave contraste del café avellanado de mi taza.
-Podrás agradecérselo las veces que desees.- Una luz ilumina su sonrisa confiriéndole un aspecto un tanto tétrico. Pero extrañamente eso enciende una fuerte llamarada de deseo en mi interior.
Devoro mi desayuno con rapidez bajo su atenta mirada, Eso me incomoda de sobremanera, pero no digo nada. Después de desayunar decido darme un baño para eliminar de mi cuerpo toda la purpurina y relajar mis músculos. Cuando salgo del baño él ya no está en la habitación, su guitarra tampoco, y comienzo a escuchar en algún punto de la gran casa unos acordes que me resultan familiares, así que, sin pensarlo salgo en busca de esa deliciosa melodía. Entro en la sala y él está allí, me oye llegar y me mira. Sonríe y un ardor me prende desde dentro, pero no comprendo su reacción.
-Has venido en toalla hasta aquí, nena, así no voy a poder concentrarme.- Dice mientras me miro y, efectivamente, he venido sin nada más que una toalla, me sonrojo y él sonríe.- Valió por hoy, acompañaré a mi invitada a la habitación y le arrancaré esa toalla para poder contemplar ese magnífico cuerpo, desnudo para mí.- Se dice a sí mismo lo suficientemente alto para que yo lo escuche.
Bajo la mirada y veo que trae el desayuno, ¿Será para mí? Mi corazón pega un vuelco de solo pensarlo. Él... simplemente me sonríe dulcemente y posa la bandeja sobre mis rodillas mientras me incorporo en la cama, me da un dulce beso en la frente y me susurra al oído: Buenos días, nena.
Con su melodiosa voz de cantante que enciende una chispa en lo profundo de mí.
Por fin miro la bandeja: un zumo, un café, unas tostadas con mi mermelada favorita (¿se lo dije en algún punto de la noche?) y bollería variada. Por primera vez me percato de que tengo hambre, ya que mi estómago emite un quejido que me sonroja.
-Espero que sea de tu agrado, Rose no sabía lo que te gustaba, así que optó por la variedad.- Dice en un tono de voz suave y alegre. ¿Quién es Rose?- Es mi cocinera, lleva en esta casa desde que la compré, es casi como mi segunda madre.- Dice él adelantándose a mis pensamientos, supongo que por la cara de incredulidad que he debido de poner. Comienzo a tomar mi café, escuchando otro quejido de mi estómago, agarro la taza entre mis manos notando el reconfortante calor y le pego un gran sorbo, está delicioso.
-Luego me gustaría darle las gracias a Rose, el café está delicioso.- Susurro con la taza sobre los labios oliendo el suave contraste del café avellanado de mi taza.
-Podrás agradecérselo las veces que desees.- Una luz ilumina su sonrisa confiriéndole un aspecto un tanto tétrico. Pero extrañamente eso enciende una fuerte llamarada de deseo en mi interior.
Devoro mi desayuno con rapidez bajo su atenta mirada, Eso me incomoda de sobremanera, pero no digo nada. Después de desayunar decido darme un baño para eliminar de mi cuerpo toda la purpurina y relajar mis músculos. Cuando salgo del baño él ya no está en la habitación, su guitarra tampoco, y comienzo a escuchar en algún punto de la gran casa unos acordes que me resultan familiares, así que, sin pensarlo salgo en busca de esa deliciosa melodía. Entro en la sala y él está allí, me oye llegar y me mira. Sonríe y un ardor me prende desde dentro, pero no comprendo su reacción.
-Has venido en toalla hasta aquí, nena, así no voy a poder concentrarme.- Dice mientras me miro y, efectivamente, he venido sin nada más que una toalla, me sonrojo y él sonríe.- Valió por hoy, acompañaré a mi invitada a la habitación y le arrancaré esa toalla para poder contemplar ese magnífico cuerpo, desnudo para mí.- Se dice a sí mismo lo suficientemente alto para que yo lo escuche.
domingo, 9 de noviembre de 2014
Ojos Rojos.
Ojos rojos se dispersan,
luces endiabladas me vigilan,
tengo que salir de este laberinto.
Tengo que escapar de mi.
Refugio mi vida en la esperanza
de comprender algún día quién soy.
Entonces tú me guías, mientras la
oscuridad, poco a poco, se disipa.
Siento mis manos temblorosas,
mientras me pierdo en todo lo que
nunca supe lo que podría ser.
Quiero salir corriendo,
pero algo me obliga a quedarme aquí.
Quiero escapar de mi misma,
pero eso es algo que quizá
nunca lograré conseguir.
Me pierdo en sus ojos,
en su melena, me pierdo sin remedio,
buscando la puerta.
sábado, 20 de septiembre de 2014
Camino.
Veo sombras reflejadas en los cristales de las casas que me encuentro a ambos lados de mi, noto el frío y el calor que choca contra él al salir de la casa, yo camino cuesta arriba. Voy lejos. No sé dónde, ni cuánto voy a tardar, no sé si llegaré a mi destino indescifrable, tampoco si viviré una noche más. No sé absolutamente nada del futuro, no quiero nada del pasado y me duele caminar por este presente. No tengo sitio en este mundo, pero tampoco tengo valor para quitarme del medio, no tengo valor así que dejo que sea el tiempo el que hable en mi nombre para hacer aquello que tanto deseo. La oscuridad me rodea por todos lados, llego a un punto del mundo en el que no sé dónde estoy, dónde puedo ir, ni de dónde vengo; aunque mi lugar de procedencia prefiero dejarlo lejos de todo esto, lejos de todo lo que está ocurriendo ahora mismo, lejos de mi vida terrenal, mis últimos días como humana, como parte de este juego infernal que llaman vida aquellos que tienen las piezas para vivirla.
Camino en la oscuridad de las partes más escondidas de mi mente, se tambalea mi realidad entre recuerdos que debería olvidar, me pierdo en el camino laberíntico de pasadizos y recobecos que me guardo en mi atormentado cerebro, en mis cansados pensamientos que solo buscan dormir para siempre, que solo buscan la paz que nunca consiguen encontrar, la felicidad que tantas veces nos ha sido arrebatada de un solo plumazo.
Cada vez noto más oscuridad a mi al rededor, cada vez más frío, cada vez más miedo atenazando mis músculos, los cuales se contraen y tiemblan tratando de mantenerse sanos. Tengo miedo, no sé dónde ir, no sé qué hacer... Quiero salir de aquí, llevo caminando mucho tiempo, me he cansado de tanto luchar, de tanto perder, de pensar que podía y acabar fracasando como de costumbre. Me he cansado de ser inútil para el mundo en el que me ha tocado vivir, me he cansado y ya no queda nada que decidir. Me siento a un lado del camino, ha comenzado a amanecer y ya estoy muy lejos de mi punto de partida, estoy cansada, no siento el calor de mis células. De repente me percato de una sombra a mi lado que me sigue, algo que creo que lleva ahí toda la noche. Le exijo que se muestre y de entre los arbustos sale él, preparado para acompañarme en mi viaje, como tantas otras veces prometió que haría.
-No te vayas, por favor. Te necesito cerca de mi.-
-En ese caso vente conmigo, podemos ir dónde queramos, vivir dónde queramos, ser felices juntos.- Digo eso y a continuación le extiendo mi mano para que la coja. él duda un momento y mi corazón da un vuelco, no debo de ser tan importante, como de costumbre. Voy a retirar la mano, pero él la coge con fuerza y me atrae hacia él, me besa, por fin vuelvo a sentir calor.
-Tenía muchas ganas de hacer eso.- Dice con su boca todavía pegada a la mía.- No te vuelvas a separar de mí, nunca.-
-Lo prometo.-Digo abriendo los ojos y mirando a los suyos.
Camino en la oscuridad de las partes más escondidas de mi mente, se tambalea mi realidad entre recuerdos que debería olvidar, me pierdo en el camino laberíntico de pasadizos y recobecos que me guardo en mi atormentado cerebro, en mis cansados pensamientos que solo buscan dormir para siempre, que solo buscan la paz que nunca consiguen encontrar, la felicidad que tantas veces nos ha sido arrebatada de un solo plumazo.
Cada vez noto más oscuridad a mi al rededor, cada vez más frío, cada vez más miedo atenazando mis músculos, los cuales se contraen y tiemblan tratando de mantenerse sanos. Tengo miedo, no sé dónde ir, no sé qué hacer... Quiero salir de aquí, llevo caminando mucho tiempo, me he cansado de tanto luchar, de tanto perder, de pensar que podía y acabar fracasando como de costumbre. Me he cansado de ser inútil para el mundo en el que me ha tocado vivir, me he cansado y ya no queda nada que decidir. Me siento a un lado del camino, ha comenzado a amanecer y ya estoy muy lejos de mi punto de partida, estoy cansada, no siento el calor de mis células. De repente me percato de una sombra a mi lado que me sigue, algo que creo que lleva ahí toda la noche. Le exijo que se muestre y de entre los arbustos sale él, preparado para acompañarme en mi viaje, como tantas otras veces prometió que haría.
-No te vayas, por favor. Te necesito cerca de mi.-
-En ese caso vente conmigo, podemos ir dónde queramos, vivir dónde queramos, ser felices juntos.- Digo eso y a continuación le extiendo mi mano para que la coja. él duda un momento y mi corazón da un vuelco, no debo de ser tan importante, como de costumbre. Voy a retirar la mano, pero él la coge con fuerza y me atrae hacia él, me besa, por fin vuelvo a sentir calor.
-Tenía muchas ganas de hacer eso.- Dice con su boca todavía pegada a la mía.- No te vuelvas a separar de mí, nunca.-
-Lo prometo.-Digo abriendo los ojos y mirando a los suyos.
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jueves, 17 de julio de 2014
Sábanas, Miel y Champán.
Camino a oscuras,
escuchando mi respiración,
noto el vaho de mis pulmones,
luego aquel férreo sabor.
Noto el duro entumencimiento
de mis finas manos rozando
tu mano cálida.
Castigo mi mente entre
miles de remordimientos
que forman parte de
aquel aterrador ayer.
Cazando con tus sonrisas
los suspiros que me harán
lentamente desfallecer.
Me castigan tus ojos con
ese ardiente fuego,
muerdo mis labios, refreno
el maldito deseo de besarte,
me miras y te maldigo
mientras desboco mi
atemorizado corazón...
escuchando mi respiración,
noto el vaho de mis pulmones,
luego aquel férreo sabor.
Noto el duro entumencimiento
de mis finas manos rozando
tu mano cálida.
Castigo mi mente entre
miles de remordimientos
que forman parte de
aquel aterrador ayer.
Cazando con tus sonrisas
los suspiros que me harán
lentamente desfallecer.
Me castigan tus ojos con
ese ardiente fuego,
muerdo mis labios, refreno
el maldito deseo de besarte,
me miras y te maldigo
mientras desboco mi
atemorizado corazón...
martes, 3 de junio de 2014
Máscara.
Salía buscar algo en lo que ocupar mi tiempo libre, porque si no lo ocupaba acudían a mi los malos recuerdos, las noches atrapada entre lágrimas que tal vez solo servían para matarme cada vez un poquito más. Siento miedo de aquellos recuerdos que aún oculto en alguna parte de mi torturada mente, en algún lugar sin sentimientos que escapa de mi vida de vigilia y me mantiene cuerda dentro de mi mundo de locura. Siento tus manos cogiendo algo de mi que nunca te debió pertenecer, algo que me arrancaste sin piedad y que algún día me has de devolver con creces. Sigues tu vida y en ella ya no tengo espacio, tienes otras cosas de las que preocuparte y yo a veces lo prefiero así. Otras me arrepiento de no haberte matado de un plumazo cuando tuve opción. Me arrepiento de no haberte quitado la importancia que no tienes y que me empeño en darte.
Camino por la ciudad, sintiendo el viento gélido azotando débilmente mi rostro, voy pensando en mi vida y en todo lo que ha cambiado en cuestión de dos años. Antes era una chica que me guardaba todo dentro, que odiaba hablar de lo que tanto miedo la daba, hablar de lo que cada noche le aterraba mientras lloraba en silencio aferrada a su almohada. Recuerdos que preferiría olvidar y que soy incapaz de bloquear.
De pronto las lágrimas inundan mis ojos y yo muerdo fuertemente mis labios, no quiero llorar, no quiero ser débil. Pero el aire ha cesado, ya no hay nada que refresque suavemente mi rostro, las gotas de agua salada pesan cada vez más en mis ojos que miran algún punto en la lejanía de mi proximidad. Una mueca parecida a una sonrisa parte mi boca al recordar como otras tantas noches me he encontrado en esa misma situación que ahora. Yo queriendo rendirme y yo otra vez diciéndome que no puedo hacerlo. Mi parte racional luchando con lo que queda de mi parte emocional. Pero hay tantas cosas que han cambiado..
Alguien pasa sus manos sobre mis ojos que se cierran con el descubrimiento de la creciente oscuridad, mi corazón se va acelerando poco a poco, siento fuego dentro de mi que quema cada pieza rota de mi corazón y me convierte en una actriz que finje estar bien mientras el fuego de su interior la va consumiendo. Esbozo mi sonrisa más realista y me giro procurando que las lágrimas hayan desaparecido por completo, rezando para que él no se dé cuenta de que sigo mal, que las cosas no son como deberían ser. Que le necesito más de lo que él mismo cree y que en realidad soy débil, muy débil. Otro día que va pasando, otro día que te marchas sin yo poder evitarlo, odio estar tan lejos de ti y a la vez me alegro de que no tengas que cargar siempre con mi pasado.
Camino por la ciudad, sintiendo el viento gélido azotando débilmente mi rostro, voy pensando en mi vida y en todo lo que ha cambiado en cuestión de dos años. Antes era una chica que me guardaba todo dentro, que odiaba hablar de lo que tanto miedo la daba, hablar de lo que cada noche le aterraba mientras lloraba en silencio aferrada a su almohada. Recuerdos que preferiría olvidar y que soy incapaz de bloquear.
De pronto las lágrimas inundan mis ojos y yo muerdo fuertemente mis labios, no quiero llorar, no quiero ser débil. Pero el aire ha cesado, ya no hay nada que refresque suavemente mi rostro, las gotas de agua salada pesan cada vez más en mis ojos que miran algún punto en la lejanía de mi proximidad. Una mueca parecida a una sonrisa parte mi boca al recordar como otras tantas noches me he encontrado en esa misma situación que ahora. Yo queriendo rendirme y yo otra vez diciéndome que no puedo hacerlo. Mi parte racional luchando con lo que queda de mi parte emocional. Pero hay tantas cosas que han cambiado..
Alguien pasa sus manos sobre mis ojos que se cierran con el descubrimiento de la creciente oscuridad, mi corazón se va acelerando poco a poco, siento fuego dentro de mi que quema cada pieza rota de mi corazón y me convierte en una actriz que finje estar bien mientras el fuego de su interior la va consumiendo. Esbozo mi sonrisa más realista y me giro procurando que las lágrimas hayan desaparecido por completo, rezando para que él no se dé cuenta de que sigo mal, que las cosas no son como deberían ser. Que le necesito más de lo que él mismo cree y que en realidad soy débil, muy débil. Otro día que va pasando, otro día que te marchas sin yo poder evitarlo, odio estar tan lejos de ti y a la vez me alegro de que no tengas que cargar siempre con mi pasado.
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viernes, 16 de mayo de 2014
Ángel Caído.
Sale el sol entre los cristalizados edificios de Manhattan, hoy es un día hermoso, la luna se queda prendida en el cielo, brillando, como siempre.
Hay una joven despierta, sentada en su balcón con las piernas cruzadas, viendo el brillante amanecer con los ojos enrojecidos por el llanto que no la ha dejado dormir en toda la nublada noche.
Tiene los brazos y las piernas cubiertos de cortes superficiales que lanzan pequeños hilillos de sangre por su blanquecina piel de la muchacha. Pasan las horas y ella no se mueve, aunque con el pijama tan corto que lleva debe de tener frío. El sol se encuentra en lo alto del cielo, la luna ha sido eclipsada por su brillo cálido, refulgente. Debe de tener el cuerpo entumecido por el paso lento de las peores horas del día. La gente comienza a transitar por las callejuelas que rodean la visión de la chica, nadie repara en ella, nadie mira a la ensangrentada joven, sus brazos y piernas llevan horas sangrando. Nadie se percata de su soledad ni de su miedo. Pasa desadvertida y mantiene fija su mirada en el punto donde la noche anterior ha estado la luna.
Por fin se levanta, moviéndose con torpeza, sus heridas ya no sangran. Son simples líneas rojizas que surcan su debilitado cuerpo. Le tiemblan todos los músculos, no puede ni levantar su propio peso. No le queda mucho tiempo si no come. Pero si come estará perdida de nuevo entre la sangre de sus heridas.
Se introduce en la oscuridad del cuarto justo cuando el despertador de todas las habitaciones de la casa empieza a sonar y ella sale rápidamente hacia el cuarto de baño a ducharse antes de que alguien pueda verla. Abre el agua caliente y se despoja de su pijama observando su fragmentado cuerpo. Es una hermosa joven pelirroja, pero ello no ve la belleza de sus ojos verdes ni de sus curvas juveniles que se van distinguiendo entre el cuerpo infantil, que tantas otras compañeras de clase dejaron atrás hace mucho. Se lava cada centímetro de sí misma intentando borrar el dolor... Pero le escuecen los cortes. Se envuelve en su albornoz y va a su cuarto esquivando las miradas de su familia que poco a poco se va desperezando en los pasillos de la casa. Se viste y oculta con maquillaje las ojeras resultantes de pasar la noche en vela.
Otro día de mierda, aunque muchos ya no quedan.
Hay una joven despierta, sentada en su balcón con las piernas cruzadas, viendo el brillante amanecer con los ojos enrojecidos por el llanto que no la ha dejado dormir en toda la nublada noche.
Tiene los brazos y las piernas cubiertos de cortes superficiales que lanzan pequeños hilillos de sangre por su blanquecina piel de la muchacha. Pasan las horas y ella no se mueve, aunque con el pijama tan corto que lleva debe de tener frío. El sol se encuentra en lo alto del cielo, la luna ha sido eclipsada por su brillo cálido, refulgente. Debe de tener el cuerpo entumecido por el paso lento de las peores horas del día. La gente comienza a transitar por las callejuelas que rodean la visión de la chica, nadie repara en ella, nadie mira a la ensangrentada joven, sus brazos y piernas llevan horas sangrando. Nadie se percata de su soledad ni de su miedo. Pasa desadvertida y mantiene fija su mirada en el punto donde la noche anterior ha estado la luna.
Por fin se levanta, moviéndose con torpeza, sus heridas ya no sangran. Son simples líneas rojizas que surcan su debilitado cuerpo. Le tiemblan todos los músculos, no puede ni levantar su propio peso. No le queda mucho tiempo si no come. Pero si come estará perdida de nuevo entre la sangre de sus heridas.
Se introduce en la oscuridad del cuarto justo cuando el despertador de todas las habitaciones de la casa empieza a sonar y ella sale rápidamente hacia el cuarto de baño a ducharse antes de que alguien pueda verla. Abre el agua caliente y se despoja de su pijama observando su fragmentado cuerpo. Es una hermosa joven pelirroja, pero ello no ve la belleza de sus ojos verdes ni de sus curvas juveniles que se van distinguiendo entre el cuerpo infantil, que tantas otras compañeras de clase dejaron atrás hace mucho. Se lava cada centímetro de sí misma intentando borrar el dolor... Pero le escuecen los cortes. Se envuelve en su albornoz y va a su cuarto esquivando las miradas de su familia que poco a poco se va desperezando en los pasillos de la casa. Se viste y oculta con maquillaje las ojeras resultantes de pasar la noche en vela.
Otro día de mierda, aunque muchos ya no quedan.
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lunes, 31 de marzo de 2014
21-03-2014
A veces piensas en el pasado, en todo lo ocurrido en tan poco tiempo, en toda la gente que ha marcado tus latidos para siempre y te sientes como si tu vida siempre hubiese sido esa, como si todo estuviera por fin en su lugar. Como si hubieras conseguido armar un puzzle lleno de piezas que son imágenes del cielo, que son todas iguales y distintas a la vez. Y comprendes que tu vida siempre fue tuya, que tus errores son y siempre serán tuyos. Pero lo más importante es que también te das cuenta que todos tus triunfos no te pertenecen solo a ti, una sola persona no es capaz de plasmar la felicidad en un millón de instantes que algún día fueron presentes y que ahora conforman parte del maravilloso camino que está siendo tu vida. Uno no es capaz de vivir la vida solo, no, necesita esas piezas de color cielo, eso que le da ese toque de misterio a la vida.
¿Pertenecerá esta pieza a una simple esquina o será el centro crucial de nuestro puzzle?
Ahora mismo, con mi juventud recién estrenada aún me siento viva, aún tengo sangre en las venas que quiere gritar. que quiere luchar por un mañana mejor, para todos. Un mañana en paz que haga que todos los recuerdos olvidados merezcan la pena que esos mismos nos causaron.
Caminas sin rumbo, fijando tu mirada cristalizada en aquellos que pasan a tu lado y cuchichean sin saber por todo lo que has pasado, todas las cosas que has vivido en estos diecisiete años y la confianza vuelve a ti, sacude cada poro de tu piel, haciendo que te sientas viva otra vez. Entonces sonríes, y es cuando realmente miras a tu al rededor y descubres que, aquellos que creías que estaban criticándote también te sonríen, y tú les devuelves la sonrisa pensando que quizá sepan un poquito más de lo que tú creías en un principio.
Estás rodeada de gente que acaba siendo muy importante para ti, muy importante en tu vida. Y ¿qué importa estar llena de cicatrices? Lo verdaderamente importante es vivir y yo vivo con cada una de ellas como un gran triunfo, cada una de ellas le muestra al mundo que eres mucho más fuerte de lo que parece en un primer momento, de lo que muestra tu cuerpo débil, porque la fuerza que tienes la vas sacando de todo el apoyo que recibes de las personas que te quieren. Me siento muy fuerte hoy, siento que empieza mi vida de nuevo aquí, en este punto de mi vida en el que me he parado un segundo a descansar del ajetreo. Me he parado y todo a mi al rededor sigue funcionando, todo sigue su rumbo tal y como yo había esperado y aquí estoy, sentada en la orilla del camino, mirando como pasa el tiempo y nunca más va a volver. Pero necesitaba este descanso, este cambio, ahora me siento con mucha fuerza, con mucho ánimo para crear mi propio camino y qué le den a todos si creen que no es el camino correcto, para mí sí lo es. Y eso es lo importante, ser feliz.
¿Pertenecerá esta pieza a una simple esquina o será el centro crucial de nuestro puzzle?
Ahora mismo, con mi juventud recién estrenada aún me siento viva, aún tengo sangre en las venas que quiere gritar. que quiere luchar por un mañana mejor, para todos. Un mañana en paz que haga que todos los recuerdos olvidados merezcan la pena que esos mismos nos causaron.
Caminas sin rumbo, fijando tu mirada cristalizada en aquellos que pasan a tu lado y cuchichean sin saber por todo lo que has pasado, todas las cosas que has vivido en estos diecisiete años y la confianza vuelve a ti, sacude cada poro de tu piel, haciendo que te sientas viva otra vez. Entonces sonríes, y es cuando realmente miras a tu al rededor y descubres que, aquellos que creías que estaban criticándote también te sonríen, y tú les devuelves la sonrisa pensando que quizá sepan un poquito más de lo que tú creías en un principio.
Estás rodeada de gente que acaba siendo muy importante para ti, muy importante en tu vida. Y ¿qué importa estar llena de cicatrices? Lo verdaderamente importante es vivir y yo vivo con cada una de ellas como un gran triunfo, cada una de ellas le muestra al mundo que eres mucho más fuerte de lo que parece en un primer momento, de lo que muestra tu cuerpo débil, porque la fuerza que tienes la vas sacando de todo el apoyo que recibes de las personas que te quieren. Me siento muy fuerte hoy, siento que empieza mi vida de nuevo aquí, en este punto de mi vida en el que me he parado un segundo a descansar del ajetreo. Me he parado y todo a mi al rededor sigue funcionando, todo sigue su rumbo tal y como yo había esperado y aquí estoy, sentada en la orilla del camino, mirando como pasa el tiempo y nunca más va a volver. Pero necesitaba este descanso, este cambio, ahora me siento con mucha fuerza, con mucho ánimo para crear mi propio camino y qué le den a todos si creen que no es el camino correcto, para mí sí lo es. Y eso es lo importante, ser feliz.
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miércoles, 12 de marzo de 2014
Mañana No es Hoy.
La luna se apaga por detrás de la cálida luz solar que esconde miles de frías sensaciones, miles de recuerdos que ya han pasado, un nuevo día comienza y todo está tan callado que parece muerto. Una sombra se mueve por la callejuela de enfrente con un abrigo negro que parece muy desgastado, muy viejo. Pero no tan viejo como la persona que lo porta. Él se arrodilla sobre la acera mugrienta y entierra algo entre la basura, Eitrea solo observa como el.muchacho se levanta y se marcha dejando tras de sí una preciosa margarita que parece estar a gusto entre tanto material en descomposición.
Día tras día va creciendo y ella la ve cómo poco a poco va envejeciendo. Y, el día que la florecilla finalmente muere, aparece de nuevo la sombra para llevársela lejos, sin mediar palabra con nadie, pero compartiendo con Eitrea una única mirada acompañada de un dedo sobre los labios ligeramente curvados por una sonrisa. Ella no puede evitar sonreír, es un chico guapo, la verdad. Un poco extraño, pero oye: ¿Quien estaba realmente cuerdo en una ciudad tan grande y extraña como Nueva York? Ni siquiera ella estaba segura de ser una persona dentro de sus cabales... Pero bueno, la vida era así.
Es jueves por la tarde y llaman suavemente a la puerta, Eitrea trata de llegar a la puerta desde la ducha, pero cuando abre la puerta solamente encuentra una margarita sobre el felpudo y sonríe ampliamente, debía haber sido aquel atractivo joven del abrigo negro y los labios preciosos. Coge la florecilla del suelo y la introduce en su casa cerrando el amplio portón tras de sí. La mete en agua y se queda mirando las vistas de su ventanal esperando encontrar a aquel chiquillo de locas ideas y días tan dispares.
Día tras día va creciendo y ella la ve cómo poco a poco va envejeciendo. Y, el día que la florecilla finalmente muere, aparece de nuevo la sombra para llevársela lejos, sin mediar palabra con nadie, pero compartiendo con Eitrea una única mirada acompañada de un dedo sobre los labios ligeramente curvados por una sonrisa. Ella no puede evitar sonreír, es un chico guapo, la verdad. Un poco extraño, pero oye: ¿Quien estaba realmente cuerdo en una ciudad tan grande y extraña como Nueva York? Ni siquiera ella estaba segura de ser una persona dentro de sus cabales... Pero bueno, la vida era así.
Es jueves por la tarde y llaman suavemente a la puerta, Eitrea trata de llegar a la puerta desde la ducha, pero cuando abre la puerta solamente encuentra una margarita sobre el felpudo y sonríe ampliamente, debía haber sido aquel atractivo joven del abrigo negro y los labios preciosos. Coge la florecilla del suelo y la introduce en su casa cerrando el amplio portón tras de sí. La mete en agua y se queda mirando las vistas de su ventanal esperando encontrar a aquel chiquillo de locas ideas y días tan dispares.
martes, 4 de marzo de 2014
Inmortal.
Recorre la ciudad a oscuras, con las piernas temblorosas, siente frío en cada parte de su ser. Tiene miedo. No sabe qué hace allí, cómo ha llegado hasta aquella calle sucia y oscura es un misterio para ella. Solo va donde sus piernas la llevan, donde su corazón se va desbocando mientras ella se siente... ¿Bien? No está segura de dónde está, pero sigue caminando calle arriba con sus zapatitos chocando en el asfalto húmedo, en sus recuerdos olvidados por un momento.
Ha perdido a la persona que ama, su mente prefiere obligarla a olvidar y espera que cuando llegue a casa ella esté allí. Sube unos escalones, le tiemblan las manos, se da cuenta de que lleva unas llaves en la mano y sigue subiendo. Llega al tercer piso, introduce la llave y gira, oye unos zapatos contra el suelo que van hacia la puerta, intenta huir, pero ya es demasiado tarde. Una mano suave la agarra del brazo, se gira y allí está Katherin, con su maquillaje emborronado de haber estado llorando, o sudando, o simplemente durmiendo... Y todos los recuerdos llegan a la mente de Minerva como una exhalación. Recuerda el Pub, los hombres de negro que entraron y luego el cuerpo de Katherin ensangrentado en el suelo. ¿Cómo era posible que ahora estuviera perfectamente, sin ningún rasguño? Minerva relaja un poco su cuerpo con expresión desconcertada y se acerca a Katherin. Coge con sus manos el rostro de la muchacha, buscando el mínimo rastro de sangre o heridas, no encuentra nada. Y se funde con ella en un beso perfecto, sin saber qué extraño milagro imposible ha sucedido para que ella esté allí, delante suyo, haciéndola sentir... Bien.
Silencio entre ellas, algo ha cambiado en la atmósfera de la casa y ellas solo entran dentro. Se sientan en el sofá, cerrando la puerta tras de sí, y se acurrucan la una junto a la otra, abrazadas. Katherin habla por fin:
-Soy inmortal.
-Eso es científicamente imposible, tiene que haber otra explicación...
-¿Recuerdas el lago, el del camping del año pasado?-Le dice a Minerva intentando que comprenda.
-Claro que lo recuerdo, fue donde me pediste matrimonio...
-También fue dónde casi me ahogo. Todos dijeron que fue un milagro que sobreviviera. No fue un milagro, es que no me puedo morir. ¿Sabes eso de que cuando quieres a alguien no puedes volver a separarte de ella? Pues creo que te quiero tanto que no puedo morir.- Dice ante una Minerva asombrada.
Simplemente la besa, no tiene nada más que decir o hacer, solo la besa. Una vida eterna es menos larga al lado de la persona que amas. Y es que cuando tocas a la persona que quieres por primera vez, sientes que jamás podrás dejarla marchar.
Ha perdido a la persona que ama, su mente prefiere obligarla a olvidar y espera que cuando llegue a casa ella esté allí. Sube unos escalones, le tiemblan las manos, se da cuenta de que lleva unas llaves en la mano y sigue subiendo. Llega al tercer piso, introduce la llave y gira, oye unos zapatos contra el suelo que van hacia la puerta, intenta huir, pero ya es demasiado tarde. Una mano suave la agarra del brazo, se gira y allí está Katherin, con su maquillaje emborronado de haber estado llorando, o sudando, o simplemente durmiendo... Y todos los recuerdos llegan a la mente de Minerva como una exhalación. Recuerda el Pub, los hombres de negro que entraron y luego el cuerpo de Katherin ensangrentado en el suelo. ¿Cómo era posible que ahora estuviera perfectamente, sin ningún rasguño? Minerva relaja un poco su cuerpo con expresión desconcertada y se acerca a Katherin. Coge con sus manos el rostro de la muchacha, buscando el mínimo rastro de sangre o heridas, no encuentra nada. Y se funde con ella en un beso perfecto, sin saber qué extraño milagro imposible ha sucedido para que ella esté allí, delante suyo, haciéndola sentir... Bien.
Silencio entre ellas, algo ha cambiado en la atmósfera de la casa y ellas solo entran dentro. Se sientan en el sofá, cerrando la puerta tras de sí, y se acurrucan la una junto a la otra, abrazadas. Katherin habla por fin:
-Soy inmortal.
-Eso es científicamente imposible, tiene que haber otra explicación...
-¿Recuerdas el lago, el del camping del año pasado?-Le dice a Minerva intentando que comprenda.
-Claro que lo recuerdo, fue donde me pediste matrimonio...
-También fue dónde casi me ahogo. Todos dijeron que fue un milagro que sobreviviera. No fue un milagro, es que no me puedo morir. ¿Sabes eso de que cuando quieres a alguien no puedes volver a separarte de ella? Pues creo que te quiero tanto que no puedo morir.- Dice ante una Minerva asombrada.
Simplemente la besa, no tiene nada más que decir o hacer, solo la besa. Una vida eterna es menos larga al lado de la persona que amas. Y es que cuando tocas a la persona que quieres por primera vez, sientes que jamás podrás dejarla marchar.
viernes, 21 de febrero de 2014
Fuego de papel.
Entre las hojas de aquel
que sus ramas entretejen el viento,
veo los luceros del fuego
que un día me vio arder.
Siento en el pecho
mi corazón clamando tu nombre,
buscando el desborde
de tu insaciable sed.
Silencio de hielo,
dureza incansable de cal y papel,
miradas silenciadas,
caricias en silencio...
Nos consumimos en él.
Tú y yo en el mundo, solos ante
el angosto atardecer.
Libros por todas partes
Recuerdos en papel,
lágrimas silenciadas, cayendo en tropel.
Tu piel aterciopelada,
rozando mi rota piel.
Tus calladas palabras
que un día debieron aparecer
desaparecen en el suelo,
gotas esparcidas de ayer.
Me bebo mi copa,
enveneno mi alma rota que tú
buscabas romper.
Medias desvencijadas
en un cuarto sin dosel,
vacío en la oscuridad de la casa,
frío sin abrigo,
noches ardientes sin él.
que sus ramas entretejen el viento,
veo los luceros del fuego
que un día me vio arder.
Siento en el pecho
mi corazón clamando tu nombre,
buscando el desborde
de tu insaciable sed.
Silencio de hielo,
dureza incansable de cal y papel,
miradas silenciadas,
caricias en silencio...
Nos consumimos en él.
Tú y yo en el mundo, solos ante
el angosto atardecer.
Libros por todas partes
Recuerdos en papel,
lágrimas silenciadas, cayendo en tropel.
Tu piel aterciopelada,
rozando mi rota piel.
Tus calladas palabras
que un día debieron aparecer
desaparecen en el suelo,
gotas esparcidas de ayer.
Me bebo mi copa,
enveneno mi alma rota que tú
buscabas romper.
Medias desvencijadas
en un cuarto sin dosel,
vacío en la oscuridad de la casa,
frío sin abrigo,
noches ardientes sin él.
jueves, 6 de febrero de 2014
Digo Adiós y entonces Apareces.
Caminaba por la acera con aspecto distraído, llevaba en la mano derecha una taza de té caliente, los ojos rojos y el corazón roto. Se detuvo frente a la tienda de animales, observando a los animales jugar entre ellos, mordiéndose con cariño. Se sintió muy sola por un momento, mientras se enjugó de la mejilla una lágrima con un toque de lástima. Hacía frío, el té ya estaba frío y caía al suelo mientras ella dejaba de luchar por estar bien y se hundía, preocupada, en su mente atormentada. Llega a la puerta, se le escapa una débil sonrisa de pena y abre la puerta.
¿Qué importa ya? Está sola, no tiene nada por lo que luchar, nada por lo que vivir... Se detiene al descubrir en su mente una idea que le rondaba desde hacía varios meses, no podía seguir así. Solo sentía miedo, terror a la oscuridad que le rodeaba. Sube la escalinata con un temblor frío en las manos y en las piernas. Llega arriba con los ojos enrojecidos, suspira profundamente y entra en la estancia fría y oscura... Silencio absoluto, solo el sonido de sus tacones sobre el parqué oscuro, No queda nada en esa casa, lo ha perdido todo, su novio se ha ido y se ha llevado consigo todo el desprecio que le lanzaba a la chiquilla, pero también se ha llevado consigo la vitalidad y la tranquilidad que antes ella irradiaba. Llega a la cocina y abre el gas, pero no cocina nada.
Simplemente se sienta en el suelo y cierra los ojos, poco a poco le entra el sueño y se queda medio dormida mientras se consume.Suena el ruido de un portazo y entra Nicolás en la casa derribando la puerta. La saca en volandas mientras el resto de los bomberos apagan el gas mortal. Nunca volvería a estar sola, ahora tenía algo por lo que seguir sonriendo cada día, él. El bombero que la había salvado la vida y le había devuelto todo aquello que su ex-novio le había arrebatado de las manos.
¿Qué importa ya? Está sola, no tiene nada por lo que luchar, nada por lo que vivir... Se detiene al descubrir en su mente una idea que le rondaba desde hacía varios meses, no podía seguir así. Solo sentía miedo, terror a la oscuridad que le rodeaba. Sube la escalinata con un temblor frío en las manos y en las piernas. Llega arriba con los ojos enrojecidos, suspira profundamente y entra en la estancia fría y oscura... Silencio absoluto, solo el sonido de sus tacones sobre el parqué oscuro, No queda nada en esa casa, lo ha perdido todo, su novio se ha ido y se ha llevado consigo todo el desprecio que le lanzaba a la chiquilla, pero también se ha llevado consigo la vitalidad y la tranquilidad que antes ella irradiaba. Llega a la cocina y abre el gas, pero no cocina nada.
Simplemente se sienta en el suelo y cierra los ojos, poco a poco le entra el sueño y se queda medio dormida mientras se consume.Suena el ruido de un portazo y entra Nicolás en la casa derribando la puerta. La saca en volandas mientras el resto de los bomberos apagan el gas mortal. Nunca volvería a estar sola, ahora tenía algo por lo que seguir sonriendo cada día, él. El bombero que la había salvado la vida y le había devuelto todo aquello que su ex-novio le había arrebatado de las manos.
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martes, 14 de enero de 2014
Ni Siquiera de Pasada.
Hace frío, siento mi piel de gallina bajo la camiseta,
siento el miedo en mi garganta,
las lágrimas que simplemente se secan.
Los pensamientos van pasando despacio,
por delante de mi angustiada cabeza,
los terrores se hacen palpables,
en un momento que no sé si tal vez
queda algo por lo que seguir despierta.
-No llores, princesa.-Pienso frente a mi
brillante reflejo de apariencia taciturna.
Me seco las lágrimas en un intento por borrarlas,
suspiro a mil sombras que se dispersan en un sala,
vacía, de mi casa, vacía, de mi vida, vacía. De mi silencio.
De mi miedo apagado sobre tu pecho.
Callas, simplemente estás aquí, no dices nada. No ahora.
No en este momento infinito que me desgarra las carcajadas.
-No vale la pena hacerme sonreír ahora- pienso.-
-¿por eso no lo haces?- Comprendo, espero.
Caigo bajo el suelo, bajo lo que quedaba de mi,
de mi alma, de mi ser maltratado por el paso de los años.
Por el miedo al mañana, y al pasado, y al otro...
Castigo mi cuerpo con la intención de ser suficiente,
con la pretensión de que me acepten, intentando ser
lo que debía ser en cada momento y no fui.
Últimos alientos entre las sonrisas de un amanecer.
Miedo de nuevo, silencio en el vacío de mi cuerpo,
calles sin consuelo que caen en el recuerdo obstinado
que se aferra por ser algo que nunca debió ser.
Caigo de nuevo en un sentimiento nuevo para alguien viejo,
cansado del mundo que le va tocando, de la manera de vivir
este regalo que tal vez no se merezca, esta vida sin razones,
solo con trampas a contra partida de la felicidad manifiesta.
siento el miedo en mi garganta,
las lágrimas que simplemente se secan.
Los pensamientos van pasando despacio,
por delante de mi angustiada cabeza,
los terrores se hacen palpables,
en un momento que no sé si tal vez
queda algo por lo que seguir despierta.
-No llores, princesa.-Pienso frente a mi
brillante reflejo de apariencia taciturna.
Me seco las lágrimas en un intento por borrarlas,
suspiro a mil sombras que se dispersan en un sala,
vacía, de mi casa, vacía, de mi vida, vacía. De mi silencio.
De mi miedo apagado sobre tu pecho.
Callas, simplemente estás aquí, no dices nada. No ahora.
No en este momento infinito que me desgarra las carcajadas.
-No vale la pena hacerme sonreír ahora- pienso.-
-¿por eso no lo haces?- Comprendo, espero.
Caigo bajo el suelo, bajo lo que quedaba de mi,
de mi alma, de mi ser maltratado por el paso de los años.
Por el miedo al mañana, y al pasado, y al otro...
Castigo mi cuerpo con la intención de ser suficiente,
con la pretensión de que me acepten, intentando ser
lo que debía ser en cada momento y no fui.
Últimos alientos entre las sonrisas de un amanecer.
Miedo de nuevo, silencio en el vacío de mi cuerpo,
calles sin consuelo que caen en el recuerdo obstinado
que se aferra por ser algo que nunca debió ser.
Caigo de nuevo en un sentimiento nuevo para alguien viejo,
cansado del mundo que le va tocando, de la manera de vivir
este regalo que tal vez no se merezca, esta vida sin razones,
solo con trampas a contra partida de la felicidad manifiesta.
lunes, 6 de enero de 2014
Vainilla.
Camino en silencio por las callejuelas de aquella oscurecida noche, supongo que el humo de los coches no ayuda para que pueda ver lo que me rodea. Voy de camino a su casa, como cada miércoles a las diez, si llego tarde me castiga... Me recorre un escalofrío por todo el cuerpo, tal vez hoy prefiera llegar tarde.
Me paro un momento en el bar de enfrente a comprar algo para comer pero, para mi desgracia, allí está, sentado. Esperándome con la mirada fija en un punto del infinito que me encantaría registrar, tal y como a mi me gusta. Me recorre algo parecido a un escalofrío, pero es más bien una excitación incontrolable por su culpa, es tan condenadamente hermoso... Trago saliva mientras él se levanta, coge su chaqueta y se acerca a la puerta donde yo me he quedado paralizada, supongo que ha notado que no me lo esperaba y sonríe, Dios, ¿por qué tiene que sonreír justo ahora, con todas mis defensas bajas? Otra oleada de excitación me recorre el cuerpo, él, por su parte, se acerca a mi, me coloca su chaqueta en mis hombros y me besa. Hacía una semana que no notaba el contacto tan cálido y suave de sus labios. Entonces ocurre, profundiza el beso, recorre con su mano mi espalda hasta llegar a mi melena y enrosca su mano en mi pelo, dando un suave tirón.
-Pretendías engañarme, ¿verdad? Vaya, a la pequeña sumisa le gustan mis castigos, es todo un elogio por tu parte. Anda, sube para el apartamento, que ya he comprado yo algo para comer.- Suelta mi pelo y me agarra el culo con cierta violencia. Me encanta cuando se pone furtivo.
Yo simplemente agacho la cabeza y obedezco. Metiendo mis manos en los huecos de las mangas de su chaqueta, huele a él. Otro maldito escalofrío, hoy parece que va a ser un día divertido. Abre la puerta de la casa y allí me encuentro todo lo que me podía esperar y una pequeña y gran sorpresa, una mesa en plan romántico con velas y todo. Él coge la bolsa del bar y comienza a abrir los tuppers, en uno están unos magníficos espaghetis a la carbonara, mi plato favorito. En el otro me doy de lleno con unos perfectos y calientes Mont Bleu, mi otro plato favorito. Y para finalizar, de postre, un Tiramissu casero. Creo que se me cae la baba. Él me mira y sonríe, joder, es tan perfecto... Ha hecho todo esto por mi, aunque no sé qué celebramos.
Pasa el tiempo y acontece la mejor velada de toda mi vida, con el hombre del que llevo enamorada más de un año, mi Amo, pero del que no puedo estar enamorada porque nuestro acuerdo me lo impide, pero él me vuelve a besar. Y todos esos pensamientos aturdidos se desvanecen y vuelvo de golpe a mi nube de perfección. Él no me quita ojo, supongo que el vestido es demasiado incluso para él, ya me lo dijo Luke antes de salir de casa... Bueno, así por lo menos después pasaremos un buen rato, aunque como se retrase mucho me tendré que ir, si no salgo de la casa a las seis de la mañana, me castiga.
-Hoy pretendo que te quedes a dormir, preciosa.- Susurra él en mi oído leyendo mi mente.
Y entonces me rodea, se planta frente a mi, me besa y saca de su bolsillo un estuche de raso negro, creo que el corazón me da un vuelco, una doble pirueta hacia atrás cruzada con tirabuzón final y se me acumulan las lágrimas en los ojos. Comienza a decirme algo, aunque ahora mismo me va a dar algo.
-Cariño, sé que crees que soy un inhumano sin corazón, incapaz de sentir lo que siento, incapaz de estar con alguien por miedo al compromiso, supongo que por miedo a mi mismo. Pero no es así. Me ha encantado que seas mi sumisa durante estos casi dos años, pero ahora quiero que seas algo más.-Abre la caja y dentro hay un preciosos anillo- Quiero que seas mi esposa, mi precioso postre de Vainilla.- Dice él finalizando con una tímida sonrisa. Yo rompo a llorar en un intento por decir que sí, pero simplemente le beso. Todo va a ser perfecto desde ahora en adelante.
Me paro un momento en el bar de enfrente a comprar algo para comer pero, para mi desgracia, allí está, sentado. Esperándome con la mirada fija en un punto del infinito que me encantaría registrar, tal y como a mi me gusta. Me recorre algo parecido a un escalofrío, pero es más bien una excitación incontrolable por su culpa, es tan condenadamente hermoso... Trago saliva mientras él se levanta, coge su chaqueta y se acerca a la puerta donde yo me he quedado paralizada, supongo que ha notado que no me lo esperaba y sonríe, Dios, ¿por qué tiene que sonreír justo ahora, con todas mis defensas bajas? Otra oleada de excitación me recorre el cuerpo, él, por su parte, se acerca a mi, me coloca su chaqueta en mis hombros y me besa. Hacía una semana que no notaba el contacto tan cálido y suave de sus labios. Entonces ocurre, profundiza el beso, recorre con su mano mi espalda hasta llegar a mi melena y enrosca su mano en mi pelo, dando un suave tirón.
-Pretendías engañarme, ¿verdad? Vaya, a la pequeña sumisa le gustan mis castigos, es todo un elogio por tu parte. Anda, sube para el apartamento, que ya he comprado yo algo para comer.- Suelta mi pelo y me agarra el culo con cierta violencia. Me encanta cuando se pone furtivo.
Yo simplemente agacho la cabeza y obedezco. Metiendo mis manos en los huecos de las mangas de su chaqueta, huele a él. Otro maldito escalofrío, hoy parece que va a ser un día divertido. Abre la puerta de la casa y allí me encuentro todo lo que me podía esperar y una pequeña y gran sorpresa, una mesa en plan romántico con velas y todo. Él coge la bolsa del bar y comienza a abrir los tuppers, en uno están unos magníficos espaghetis a la carbonara, mi plato favorito. En el otro me doy de lleno con unos perfectos y calientes Mont Bleu, mi otro plato favorito. Y para finalizar, de postre, un Tiramissu casero. Creo que se me cae la baba. Él me mira y sonríe, joder, es tan perfecto... Ha hecho todo esto por mi, aunque no sé qué celebramos.
Pasa el tiempo y acontece la mejor velada de toda mi vida, con el hombre del que llevo enamorada más de un año, mi Amo, pero del que no puedo estar enamorada porque nuestro acuerdo me lo impide, pero él me vuelve a besar. Y todos esos pensamientos aturdidos se desvanecen y vuelvo de golpe a mi nube de perfección. Él no me quita ojo, supongo que el vestido es demasiado incluso para él, ya me lo dijo Luke antes de salir de casa... Bueno, así por lo menos después pasaremos un buen rato, aunque como se retrase mucho me tendré que ir, si no salgo de la casa a las seis de la mañana, me castiga.
-Hoy pretendo que te quedes a dormir, preciosa.- Susurra él en mi oído leyendo mi mente.
Y entonces me rodea, se planta frente a mi, me besa y saca de su bolsillo un estuche de raso negro, creo que el corazón me da un vuelco, una doble pirueta hacia atrás cruzada con tirabuzón final y se me acumulan las lágrimas en los ojos. Comienza a decirme algo, aunque ahora mismo me va a dar algo.
-Cariño, sé que crees que soy un inhumano sin corazón, incapaz de sentir lo que siento, incapaz de estar con alguien por miedo al compromiso, supongo que por miedo a mi mismo. Pero no es así. Me ha encantado que seas mi sumisa durante estos casi dos años, pero ahora quiero que seas algo más.-Abre la caja y dentro hay un preciosos anillo- Quiero que seas mi esposa, mi precioso postre de Vainilla.- Dice él finalizando con una tímida sonrisa. Yo rompo a llorar en un intento por decir que sí, pero simplemente le beso. Todo va a ser perfecto desde ahora en adelante.
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sábado, 28 de diciembre de 2013
Adiós 2013
Un año, tiempo, solo tiempo.
Eso es lo que se mide en este mismo momento,
cosas que han ido pasando
a lo largo del ancho y tortuoso calendario.
Mi tiempo se desvanece
acontece mientras escribo, mientras revivo
cada tarde en esta cama.
Cada sollozo entre lágrimas desbordadas.
Cada calma entorpecida
por cada problema que te para mientras avanzas.
Miro como los años
van haciendo mella en mi rostro, como cada vez
parezco más... Débil.
Y me quedo, un solo segundo, hago balance
me maldigo por eso que
debería haber hecho y, tal vez, no hice.
No me arrepiento,
grito al espejo que me responde entre críticas.
No, no hay nada malo
en lo que me acecha este fin de año, en este último
día que queda de este tiempo
que poco a poco está pasando, está acabando.
Vuelvo a gritar,
esta vez grito dos palabras: Nunca más.
No, no quiero llorar.
Otro año que empieza, otro que se va.
Otras miradas que
algún día dejarán de llegar a esta puerta que dejará
de estar abierta.
Otro año que empieza.
Otras palabras que callan intentando aferrarse
al tiempo que las marca.
Y entonces te callas, el mundo se acaba.
Eso es lo que se mide en este mismo momento,
cosas que han ido pasando
a lo largo del ancho y tortuoso calendario.
Mi tiempo se desvanece
acontece mientras escribo, mientras revivo
cada tarde en esta cama.
Cada sollozo entre lágrimas desbordadas.
Cada calma entorpecida
por cada problema que te para mientras avanzas.
Miro como los años
van haciendo mella en mi rostro, como cada vez
parezco más... Débil.
Y me quedo, un solo segundo, hago balance
me maldigo por eso que
debería haber hecho y, tal vez, no hice.
No me arrepiento,
grito al espejo que me responde entre críticas.
No, no hay nada malo
en lo que me acecha este fin de año, en este último
día que queda de este tiempo
que poco a poco está pasando, está acabando.
Vuelvo a gritar,
esta vez grito dos palabras: Nunca más.
No, no quiero llorar.
Otro año que empieza, otro que se va.
Otras miradas que
algún día dejarán de llegar a esta puerta que dejará
de estar abierta.
Otro año que empieza.
Otras palabras que callan intentando aferrarse
al tiempo que las marca.
Y entonces te callas, el mundo se acaba.
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lunes, 23 de diciembre de 2013
Y te Marchas.
Sale el sol, un día más, unas horas más.
Cae la luna sobre sus cabellos rojos,
sobre sus ojos verdes que encandilan,
por encima de esa mirada que tanto miras.
Intento sosegar mi corazón y se desboca
al contacto atónito de tu boca contra lo
que se supone que es mi boca.
Aunque no estoy muy segura,
estoy perdida entre las sensaciones que
se encuentran en mi alma, en mi tormenta.
Salgo de la habitación, me miras, yo solo callo.
Salgo de la casa, con los ojos hundidos en llanto.
Te quedas en silencio, susurro cosas que no
encuentran sentido alguno en tus oídos,
me buscas, te encuentro. Me rindo, me salvas.
Y así nos pasamos las mañanas, entre la tempestad
y aquella ansiada y turbulenta calma.
Cantas en mis oídos algo que anoche susurrabas,
me quedo callada tratando de descifrar lo que cantas.
No sé, tal vez no quede nada por saber.
Se hace la noche, se queda la casa a oscuras,
no te importa. Solo me cuidas mientras yo,
como siempre, me lamento entre sábanas.
Entre sentimientos que se disipan en un momento
en el que deberían mantenerse vivos. Y me besas.
De nuevo marcas mis labios con los tuyos enrojecidos,
por el frío, de la estancia en la que acontece todas las
maravillas de este mundo conocido y por conocer.
Gracias mundo por este regalo, gracias por dejar
que goce de su compañía en mi letargo.
Hundo mi mano en tu melena y te beso de nuevo,
rozas mis brazos con la punta de los dedos mientras
sigues el trazo deforme de mis cicatrices,
siguiendo con tus uñas mi dolor y mis sueños
que un día rompieron en mil piezas que hoy,
con tus dedos, reconstruyes, débilmente me
hundes las uñas en mi espalda, me besas de nuevo,
me muerdes, me arañas y me vas desnudando poco a poco.
Me enciendo, mi calor me consume desde la punta de esos dedos
y te maldigo, por lo que acabas de hacerme, me desatas. Y te marchas.
Cae la luna sobre sus cabellos rojos,
sobre sus ojos verdes que encandilan,
por encima de esa mirada que tanto miras.
Intento sosegar mi corazón y se desboca
al contacto atónito de tu boca contra lo
que se supone que es mi boca.
Aunque no estoy muy segura,
estoy perdida entre las sensaciones que
se encuentran en mi alma, en mi tormenta.
Salgo de la habitación, me miras, yo solo callo.
Salgo de la casa, con los ojos hundidos en llanto.
Te quedas en silencio, susurro cosas que no
encuentran sentido alguno en tus oídos,
me buscas, te encuentro. Me rindo, me salvas.
Y así nos pasamos las mañanas, entre la tempestad
y aquella ansiada y turbulenta calma.
Cantas en mis oídos algo que anoche susurrabas,
me quedo callada tratando de descifrar lo que cantas.
No sé, tal vez no quede nada por saber.
Se hace la noche, se queda la casa a oscuras,
no te importa. Solo me cuidas mientras yo,
como siempre, me lamento entre sábanas.
Entre sentimientos que se disipan en un momento
en el que deberían mantenerse vivos. Y me besas.
De nuevo marcas mis labios con los tuyos enrojecidos,
por el frío, de la estancia en la que acontece todas las
maravillas de este mundo conocido y por conocer.
Gracias mundo por este regalo, gracias por dejar
que goce de su compañía en mi letargo.
Hundo mi mano en tu melena y te beso de nuevo,
rozas mis brazos con la punta de los dedos mientras
sigues el trazo deforme de mis cicatrices,
siguiendo con tus uñas mi dolor y mis sueños
que un día rompieron en mil piezas que hoy,
con tus dedos, reconstruyes, débilmente me
hundes las uñas en mi espalda, me besas de nuevo,
me muerdes, me arañas y me vas desnudando poco a poco.
Me enciendo, mi calor me consume desde la punta de esos dedos
y te maldigo, por lo que acabas de hacerme, me desatas. Y te marchas.
domingo, 22 de diciembre de 2013
Ya no queda Mucho.
Se hace duro, me quedo en silencio y olvido. Me quedo callada tratando de aparentar estar bien. Pero se me hace duro. Es difícil aparentar estar bien mientras el dolor me taladra cada milímetro de mi, no puedo fingir que todo sigue bien, no soy capaz de parecer convincente ante una mentira como esa. No, no puedo seguir luchando contra algo que ni siquiera puedo ver, algo que se encuentra dentro de mi, que es parte de mi. Que me quita poco a poco el aliento, cada fortaleza.
Me quedo sin nada por lo que seguir, pero entonces llega él, toma mi mano y me levanta suavemente del suelo, susurrándome que puedo con todo. Que todo está siendo injusto, que no merezco esto, que el día de mañana tienen que compensarme cada lágrima y que no permitirá que llore ni una sola vez más. Que para él soy lo más importante y que no queda nada más que seguir adelante con la vida intentando mantenerme... Pues eso, viva.
No sé, a veces pienso que se equivoca, que he tenido que hacer algo para que me toque esto a mi. Puede que creáis que son quejas de niñata que no tiene ni idea de lo que es pasarlo mal en la vida, creo que os equivocáis. He pasado muchas cosas que otras personas más mayores y más maduras no hubieran sido capaces de soportar. Se supone que soy la fuerte, la luchadora, se supone que puedo con esto y con mil cosas más. Se suponen demasiadas cosas que en la práctica no son tan sencillas, porque no tengo una vida normal, no tengo forma alguna de ser una persona normal. Me autocompadezco de mi, supongo, nunca he entendido hasta que punto una persona es realista y hasta que punto se autocompadece, es una cosa muy subjetiva. Yo considero que todo lo que os escribo es así, pero me sé de unos cuantos que me darían una colleja correctiva si pudieran, pero no pueden. Es difícil el día a día, me es muy complicado mantener mi vida como está para seguir sonriendo cuando el mundo sigue avanzando y las cosas siguen cambiando, siempre cambian, siempre desaparece lo bueno lo primero y se queda lo malo para el final. Siempre intentan hacernos creer que necesitamos ese cambio sin darnos la opción de mantenernos en esta situación un poquito más, disfrutar de lo que nos hace felices un poco más. Puede que penséis que esto es muy negativo y que yo no escribo casi nunca estas cosas, pero es que las cosas cambian. Bueno, las circunstancias cambian. Cuánto más vivo, menos positividad me queda, pero bueno, mientras respire estaré bien, total, siempre podría ser peor. Total, siempre podría estar muerta y eso sería peor.
Me quedo sin nada por lo que seguir, pero entonces llega él, toma mi mano y me levanta suavemente del suelo, susurrándome que puedo con todo. Que todo está siendo injusto, que no merezco esto, que el día de mañana tienen que compensarme cada lágrima y que no permitirá que llore ni una sola vez más. Que para él soy lo más importante y que no queda nada más que seguir adelante con la vida intentando mantenerme... Pues eso, viva.
No sé, a veces pienso que se equivoca, que he tenido que hacer algo para que me toque esto a mi. Puede que creáis que son quejas de niñata que no tiene ni idea de lo que es pasarlo mal en la vida, creo que os equivocáis. He pasado muchas cosas que otras personas más mayores y más maduras no hubieran sido capaces de soportar. Se supone que soy la fuerte, la luchadora, se supone que puedo con esto y con mil cosas más. Se suponen demasiadas cosas que en la práctica no son tan sencillas, porque no tengo una vida normal, no tengo forma alguna de ser una persona normal. Me autocompadezco de mi, supongo, nunca he entendido hasta que punto una persona es realista y hasta que punto se autocompadece, es una cosa muy subjetiva. Yo considero que todo lo que os escribo es así, pero me sé de unos cuantos que me darían una colleja correctiva si pudieran, pero no pueden. Es difícil el día a día, me es muy complicado mantener mi vida como está para seguir sonriendo cuando el mundo sigue avanzando y las cosas siguen cambiando, siempre cambian, siempre desaparece lo bueno lo primero y se queda lo malo para el final. Siempre intentan hacernos creer que necesitamos ese cambio sin darnos la opción de mantenernos en esta situación un poquito más, disfrutar de lo que nos hace felices un poco más. Puede que penséis que esto es muy negativo y que yo no escribo casi nunca estas cosas, pero es que las cosas cambian. Bueno, las circunstancias cambian. Cuánto más vivo, menos positividad me queda, pero bueno, mientras respire estaré bien, total, siempre podría ser peor. Total, siempre podría estar muerta y eso sería peor.
miércoles, 11 de diciembre de 2013
Me Cansa la Vida, me Detiene la Muerte.
Me siento mirando al infinito.
"¿Por qué siempre acabo sentada?"
Me pregunto entre el silencio
de esta vacía estancia.
Será por el desgaste del tiempo
que me tiene demasiado cansada,
demasiado agotada de soportar
aquello que queda aquí mientras avanzas.
Medito, me miro en el infinito,
en el tiempo que pasa sobre esta cama.
Me quedo en silencio, eso me tranquiliza,
sosiega mi atormentada alma.
Camino por el pasillo, intentando
tranquilizar mi cuerpo entre lágrimas
y sollozos de los que no respondo.
Se detiene de pronto mi corazón,
dejo de respirar mientras hablas,
cantas en mi oído partes de
aquellas maravillosas baladas.
Se eriza mi piel, la acaricias
con aquella piel que me rescata.
No puedo hablar, no me queda
nada por decir, ni una sola palabra.
Lucho por tu calor en esta
tormentosa y acalorada mañana,
camino entre el miedo, que
lentamente desata mi mente callada.
Descubro miles de calles que
anoche no serían descifradas,
descubro los latidos que me
encuentro dentro de mi caja torácica.
No sé qué más decir, tú, bueno,
tú simplemente callas.
no sabes qué decir,
ahora ya no queda nada,
solos tú y yo, aquí,
encerrados en esta sala.
Te beso, detengo el tiempo.
Tal vez te vayas, pero te quiero.
"¿Por qué siempre acabo sentada?"
Me pregunto entre el silencio
de esta vacía estancia.
Será por el desgaste del tiempo
que me tiene demasiado cansada,
demasiado agotada de soportar
aquello que queda aquí mientras avanzas.
Medito, me miro en el infinito,
en el tiempo que pasa sobre esta cama.
Me quedo en silencio, eso me tranquiliza,
sosiega mi atormentada alma.
Camino por el pasillo, intentando
tranquilizar mi cuerpo entre lágrimas
y sollozos de los que no respondo.
Se detiene de pronto mi corazón,
dejo de respirar mientras hablas,
cantas en mi oído partes de
aquellas maravillosas baladas.
Se eriza mi piel, la acaricias
con aquella piel que me rescata.
No puedo hablar, no me queda
nada por decir, ni una sola palabra.
Lucho por tu calor en esta
tormentosa y acalorada mañana,
camino entre el miedo, que
lentamente desata mi mente callada.
Descubro miles de calles que
anoche no serían descifradas,
descubro los latidos que me
encuentro dentro de mi caja torácica.
No sé qué más decir, tú, bueno,
tú simplemente callas.
no sabes qué decir,
ahora ya no queda nada,
solos tú y yo, aquí,
encerrados en esta sala.
Te beso, detengo el tiempo.
Tal vez te vayas, pero te quiero.
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domingo, 24 de noviembre de 2013
No Quiero Morir.
En ese preciso instante me di cuenta que nada merecía la pena si tú no estabas allí para compartirlo conmigo, ahora es cuando sé lo mucho que significas para esta idiota. Se me llenan los ojos de lágrimas, tú me miras desde el borde del puente, esperando algo, no sé muy bien que esperas de mi. No tengo nada que ofrecerte, anda que merezca la pena, solo sé que no quiero que lo hagas. Solo sé que me hundiría si desaparecieras de este mundo como esa estrella fugaz que surca el cielo... No tengo nada que ofrecerte, joder, sino te lo daría todo, no puedo perderte, no ahí, no ahora.
Silencio, solo oigo el sonido de mis latidos alborotados y mi respiración entrecortada buscando una realidad que escapa de mi compresión, no por favor, no lo hagas. No. Y todo un mundo de sentimientos se me pasan delante de los ojos mientras voy viendo como decides que no puedes seguir esperando algo que no puedo darte, algo que no sé que es, algo que buscas desesperadamente, pero que yo hace tiempo que perdí. Supongo que es eso que quita el miedo, que proporciona sonrisas... ¿Qué sentimiento era ese? ¿Cómo se llamaba? No sé, supongo que quieres que te diga que todo va a estar bien, que no importa nada todo lo que haya pasado. Pero en realidad a cualquiera le da igual lo que yo diga, qué importa ya... No vale la pena nada, pero es que
-No quiero morir.-Susurro en un intento por calmar mis latidos, y los tuyos supongo.
Pero veo como te impulsas hacia atrás y saltas, corro en un intento inútil por agarrarte a la vida que quiero vivir contigo, pero saltas, se detiene el tiempo en mi respiración, se me para el corazón por un segundo, se me agota la vida, se me pierde la mente en un millón de cosas que se me pasan.
-Te quiero.- Dices mientras caes. Y entonces lo entiendo. Nada de lo que hubiera hecho hubiera cambiado aquello, porque no merezco estar a tu lado y lo sé desde aquel momento, no podría haber sustentado tu vida atada al simple echo de la mía, no podríamos haber sido uno. Pero joder, podrías haber encontrado a otra, podrías haber luchado por tu vida.
Corro lo más rápido que puedo para bajar la escalinata de piedra hasta la orilla del río en el que supongo que está tu cuerpo sin vida, pero no te veo, es demasiado de noche, no hay demasiada luz y supongo que tengo demasiado miedo. Me quedo allí, durante lo que se me hicieron segundos, hasta que aparece un coche de policía y me lleva, no había sido segundos. Llevaba allí sentada mirando las aguas frías durante 3 días, esperando que emergieras del fondo de aquel río, esperando que nada de aquello hubiera ocurrido.
Pero ocurrió.
Silencio, solo oigo el sonido de mis latidos alborotados y mi respiración entrecortada buscando una realidad que escapa de mi compresión, no por favor, no lo hagas. No. Y todo un mundo de sentimientos se me pasan delante de los ojos mientras voy viendo como decides que no puedes seguir esperando algo que no puedo darte, algo que no sé que es, algo que buscas desesperadamente, pero que yo hace tiempo que perdí. Supongo que es eso que quita el miedo, que proporciona sonrisas... ¿Qué sentimiento era ese? ¿Cómo se llamaba? No sé, supongo que quieres que te diga que todo va a estar bien, que no importa nada todo lo que haya pasado. Pero en realidad a cualquiera le da igual lo que yo diga, qué importa ya... No vale la pena nada, pero es que
-No quiero morir.-Susurro en un intento por calmar mis latidos, y los tuyos supongo.
Pero veo como te impulsas hacia atrás y saltas, corro en un intento inútil por agarrarte a la vida que quiero vivir contigo, pero saltas, se detiene el tiempo en mi respiración, se me para el corazón por un segundo, se me agota la vida, se me pierde la mente en un millón de cosas que se me pasan.
-Te quiero.- Dices mientras caes. Y entonces lo entiendo. Nada de lo que hubiera hecho hubiera cambiado aquello, porque no merezco estar a tu lado y lo sé desde aquel momento, no podría haber sustentado tu vida atada al simple echo de la mía, no podríamos haber sido uno. Pero joder, podrías haber encontrado a otra, podrías haber luchado por tu vida.
Corro lo más rápido que puedo para bajar la escalinata de piedra hasta la orilla del río en el que supongo que está tu cuerpo sin vida, pero no te veo, es demasiado de noche, no hay demasiada luz y supongo que tengo demasiado miedo. Me quedo allí, durante lo que se me hicieron segundos, hasta que aparece un coche de policía y me lleva, no había sido segundos. Llevaba allí sentada mirando las aguas frías durante 3 días, esperando que emergieras del fondo de aquel río, esperando que nada de aquello hubiera ocurrido.
Pero ocurrió.
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