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martes, 31 de julio de 2012

Que Lo decida el Viento.

Me desperté con una mezcla de frío y calor en el cuerpo. Por una parte la mañana era caliente, pero por la otra mi alma seguía fría. Me levanté despacio con la rara sensación de no estar sola y sabiendo que no podía haber nadie en casa. Bajé las escaleras y me encontré de frente con una salita totalmente vacía, ni siquiera se oían insectos molestos, estaba vacía. Un sentimiento de tristeza y añoranza atenazó mi corazón y mi garganta, contuve las lágrimas y me despedí de la estancia para adentrarme en la ducha, tal vez el calor y los vapores sosegaran mi mente y, un poquito, mi alma. Salí de la ducha y me envolví en mi albornoz color azul turquesa. Me sentía bien, hacía mucho tiempo que no me sentía tan... Libre, nada me preocupaba en ese momento, iba a dejar que todo siguiera su curso tal y como el destino lo hubiera marcado. Me vestí lentamente sin poder evitar pensar en lo que pasaría en el futuro, en lo que me tuviera preparado las estrellas y en ti, sobre todo en ti. No podía evitar comerme la cabeza pensando en lo que no debía, pensando en lo que pasaría si cambiaran las cosas... Pero no van a cambiar, aparté todo pensamiento de mi mente y seguí arreglándome para salir y olvidar por un rato lo que tan profundo se había quedado, la duda, la duda del "Y si..."
Me preparé y caminé una hora sola, pensando, otra vez me venían las dudas. Así que decidí ponerme la música a todo trapo para ocultar la voz de mi mente y cantar... Solamente cantar. Llegué donde había quedado con mis amigos, al llegar me dí cuenta de que prefería estar contigo. Pasé la tarde entre risas y lágrimas contenidas que nadie vería nunca. Caminé sola, de regreso a casa, con el corazón encogido, comenzó a llover. La lluvia me traía tantos recuerdos... Sobretodo de ella, de aquel verano tan increíble que echaba tanto de menos. Pero era extraño lo bien que me sentía, lo tranquila que estaba, lo de acuerdo que me sentía con el destino. No quería perderte, pero tampoco iba a seguir luchando para tenerte. Si querías olvidar que existo, adelante, si quieres estar conmigo, vuelve. No hace falta nada más, solo dime: "Te perdono" Y ya está.
Por fin llegué a casa, empapada, me sequé el pelo y me cambié de ropa, no quería costiparme. Me senté en la silla de la salita, comencé a ver clara una cosa, no iba a llorar. No tenía ganas de llorar, no por ti, no en ese instante, no, por raro que pareciera, no iba a llorar. Dejaría que el tiempo decidiera y que la tristeza desapareciera lentamente de mi corazón, aunque fuera difícil, aunque te quisiera muchísimo y te echara tanto de menos. No iba estar triste, tenía un millón de cosas por las que sonreír y solo una para llorar.

Saruka

Hoy, treinta y uno de julio pero del año mil novecientos noventa y seis, nació una de las personas más increíble que pueda existir. La he conocido este año, en junio. Sí, es raro que la quiera tanto conociéndola tan poco, pero si la conocierais lo entenderíais. Es impresionante lo rápido que te entra esa chiquilla en el corazón y se busca un buen sitio para quedarse para siempre. Ella ha estado ahí estos meses ausentándome cuando estaba algo depre y dejándome que la aconsejara sobre temas que merecía una leche. Lo sé, me dirá que no le molestaba que le dijera eso, pero yo me hubiera cabreado. Ella es maravillosa cuando me deja sin respiración con uno de sus abrazos mortales que tanto me gustan cuando necesito mimos. Porque me ha hecho feliz cada vez que me hablaba sobre tonterías a altas horas de la madrugada. Porque me sonrojo cada vez que me dices que soy genial, ¡porque tú me ganas por mucho! Me parece que, mi vida, no sería la misma si no estuvieses ahí, que me has cambiado en muchos aspectos y me has hecho ver que todavía queda gente como tú que es absolutamente genial. Gracias por todo y FELICIDADES. Te quiero muchisimo.

viernes, 27 de julio de 2012

Lucho por Seguir Viva

Quiero llegar al lugar
en el que fui feliz,
en el que empecé
a creer, en que todo
iba a cambiar.
Confié en todo
lo desconocido,
supe luchar contra
todo pronóstico,
ahora me das igual.
Saboreé cada aliento,
de esos que te regala
la vida de vez en cuando.
Mandé mil miradas,
de las que innotizan
cada centímetro de ti.
Me quedé con los recuerdos
para recordarte siempre,
para besarte cuando
no estés. Cada molécula
me dice que no lo haga,
pero quiero hacer locuras,
ahora mismo es lo que quiero.
Haré lo que me diga mi corazón
me arriesgaré, para ser feliz.
Contigo o sin ti.
Caminé bajo la lluvia,
esta vez para mojarme
ya no me hace falta olvidarte.
Te marchaste de mí.
Por fin...
Supongo que te
echaré de menos,
alguna tarde a solas.
Pero hasta entonces,
no olvides que
te olvidé.

jueves, 26 de julio de 2012

Océano Vacío.

Miré por mi ventana y fuera vi la lluvia cayendo suavemente sobre los cristales de mi casa de las afueras, era de noche, y hacía frío. Me quedé allí observando la puesta de sol mojada, pensando en las tardes pasadas junto a ti. Me quedé allí, sin hacer nada, solo pensando mientras miraba hacia ninguna parte. Llamaron a la puerta un par de veces hasta que me di cuenta de ello y corrí hacia ella con la mirada puesta en el frente para aguantar mis lágrimas. Abrí la puerta, nadie. Miré a todos los lados, nada. Corrí a la ventana para ver si veía a alguien yendose calle abajo. No llegué a tiempo.
Caminé por mi casa vacía, buscando una lágrima que limpiara mi tristeza y me dejara vivir. Pero va a dar igual, nada me ayudará a volver a conciliar el sueño ni a volver a amar otra persona que no seas tu. Te quería tanto que me dolía cuando me decías "Ahora vuelvo." Me metí en la cama un par de horas más, tal vez consiguiera olvidar que no sé que hacer ahora, que me da miedo seguir adelante.
Desperté con la almohada mojada de las lágrimas que había precisado derramar al acostarme y acordarme que no estabas a mi lado. Me encogí sobre mi misma, pero una voz dentro de mi me dijo: "Levanta, no llores, solo vive y sé fuerte, feliz y ama. Tú te lo mereces." Hice caso a aquello que me había instigado a levantarme y así lo hice. Me lavé la cara y me miré en el espejo, vi algo que no me gustaba y rompí aquel trozo de cristal contra el suelo. Se rompió en mil pedazos y me corté las manos que empezaron a sangran exactamente en el momento en el que salí por la puerta para olvidarme de aquel suceso. No me importaba que siguiera eso allí. Me largué de la casa, no podía seguir allí, todo llevaba tu aroma... Caminé calle abajo y llegué al paseo marino, bajé la cuesta y comencé a pasear por la arena. Me acabé sentando para ver el amanecer. Alguien se acercó por detrás mío, un muchacho moreno, puso sus manos sobre mis ojos y me dijo al oído "¿Quién soy?" Tartamudee al reconocer aquella voz dulce, hacía siglos que no me encontraba con aquel calor sobre mi cuerpo. Dije su nombre en voz alta y se me erizó el pelo de todo mi cuerpo. Pasamos el amanecer juntos, acabé besándole para sentir que ya no quería a nadie más, que ya había olvidado lo que me hacía sentir aquella otra persona y que ya me daba igual lo que él hiciese o dejase de hacer. Él me ayudó a olvidar, él me dio una razón para soñar, él estuvo conmigo el tiempo que pudimos y me hizo sentirme especial.

sábado, 21 de julio de 2012

Ojazos, no Llores.

Las lágrimas surcaron sus ojos azules mientras Lurel se marchaba por la playa, se habían encontrado en el claro en el que estaban acostumbrados a pasar las magníficas tardes de verano que se sucedían en Merchel. Se habían sentado juntos en la orilla de la roca a mirar la impresionante puesta de sol recordando los sucesos acontecidos en esas mismas playas meses antes, sucesos que les habían unido para siempre con un embarazo no deseado por parte de ambos. Pero Lucy no quería abortar, por primera vez algo la ataba a la vida y no quería que ese algo, esa sensación, se desvaneciera por nada del mundo. Lurel no se lo tomó demasiado bien, él insistía en que, a sus veintisiete años, eran muy jóvenes para cuidar a un niño. Lucy reprimió las lágrimas al escuchar que para él, era innecesario que ella dejara vivir aquello que la ataba a la vida. Se levantó para irse, pero él se lo impidió mirándola a los ojos fijamente.
-Ojazos, no llores. Me rompe el alma verte así... Pero... No puedo cuidar a un niño, ahora no.-Dijo él a media voz. Lucy dejó que las lágrimas cayeran suavemente por sus mejillas, buscaba una forma de explicarle a Lurel todo lo que aquello la hacía sentir. Sabía que sería difícil cuidar a su hijo, pero era lo único que ella había deseado en mucho tiempo.
-Esta bien., no me importa que tú no quieras ser su padre, lo cuidaré sola.-Dijo con una fuerza que solo una madre sería capaz de sacar. Lurel la miró a los ojos y luego la besó dulcemente en la frente.
-No es eso cariño, me muero. No quiero que mi hijo pierda a su padre antes de conocerle. Yo sé lo que se siente.-Dijo con un nudo en el corazón que le hizo romper a llorar al lado de una Lucy atónita y con la cara empapada en lágrimas. Se abrazaron y Lurel recibió una llamada de sus padres que le pedían que volviera al hospital, tenía que seguir con el tratamiento contra el cáncer en el que sus padres le habían metido. Antes de irse, Lurel, le dio una contraseña a Lucy y le dijo:
-Esto es una cuenta bancaria de la que nadie tiene constancia, quiero que con ese dinero saques adelante a nuestro hijo. Si me curo te buscaré, si no, que sepas que siempre os he querido y siempre lo haré, esté donde esté.-Dijo Lurel con las lágrimas arrollándole la garganta y besando dulcemente los labios de Lucy que no podía hablar de lo que estaba llorando. Vio como el padre de sus hijas, Clara y Eitre, se marchaba por la playa al encuentro de un tratamiento que solo lo mataría más rápido que el propio cáncer. Las niñas crecieron sanas y sabiendo que su padre las quiso hasta el último momento de su vida. Todos los años, Lucy, Eitre y Clara iban con los padres de Lurel a llevarle flores al cementerio por el Día del Padre, su cumpleaños, Navidad, Año Nuevo... Cada vez que las niñas necesitaban un consejo acudían a ver a su padre, que siempre las mandaba una señal con lo que debían hacer. Siempre las decía que hicieran lo correcto y las quiso desde donde estaba, pero su familia le quería aún más.Querían que supiera que siempre lo recordarían, siempre.

La Vida según Yo :P

Me he dado cuenta de que la vida es cumplir las espectativas que todos y todo tienen de ti, debes sacar buenas notas para tus familiares y ser "guays" para tus compañeros e insultar y dañar a gente que no merece lo que estás haciendo. La cuestión es que la vida tendría que ser como las de los animales: Nacen, crecen, se relacionan, se reproducen y mueren. Vivir lo que el destino quiera que nos toque pero sin atarnos a nada, ser felices con poco y no buscarlo todo, porque todo llega a su tiempo no hay que presionar lo que las estrellas nos tengan preparado. Porque la naturaleza sigue su curso y todo lo que ocurre es necesario... Hasta lo que nos hace daño, porque lo que te hace daño te hará más fuerte. Te lo dice alguien que cada día, el pasado, le hace más fuerte.
También hay que darse cuenta de que los recuerdos nuevos taparan el dolor de los viejos, que la sonrisa que te dedican tus amigos cada día es un gran regalo, que nada vale más que estar al lado de la persona a la que amas. Porque si lo amas, te da igual quien seas para él, lo seguirás amando el tiempo que tu corazón decida, no puedes exigir olvidar algo que te dio tantos momentos felices solo porque ahora te duela recordar, que algún día esos recuerdos formaran las arruguitas que te darán la vida y la muerte.
 Me gusta reírme por cualquier chorrada, como el nombre en tuenti de un nuevo amigo (siempre con respeto), o la típica palabra que, por muy mayores que seamos, nos hace gracia: PENE. Porque nos hace gracia, ya que, es una palabra tabú y nos hace mucha gracia romper los tabúes. Además, ¿A que vienen los tabúes? Los hombre tenéis pene y las mujeres vagina y tetas! Que más dará! Pero claro, los tabúes se han implantado en nuestro subconsciente y no somos capaces de romper lo que han implantado allí. Pero podemos luchar porque nuestros hijos no tengan tan mala suerte como nosotros. Por un mundo mejor para ellos, para una vida mejor. Debemos pensar en nuestro futuro, porque parece cada día más negro con tanto recorte, político corrupto y tanta mierda. Por un pensamiento nuevo que nos de un nuevo futuro. Para una vida más amena, para darle un menor valor a la muerte. Yo creo que lo que tememos de la muerte es no haber vivido lo suficiente, porque nadie quiere vivir eternamente ni morir, queremos vivirlo todo dando descanso a nuestro cuerpo. Para la tristeza de algunos, no creo en el cielo ni en el infierno, lo siento, soy atea. Es mi mentalidad científica la que me impide pensar que hay un Dios. Me da miedo morir.. Pero también vivir y sufrir lo que todavía me quede por sufrir (que, por suerte para mi, es mucho) Que las miradas que lo dicen todo las compartes con las personas que conoces y quieres.
Nada más llegar al instituto intente ser del mundo guay para no soportar lo que había soportado antes y no pude, yo soy una "pringui" y punto, yo soy así y no voy a cambiar por nadie, quien me quiere me querrá por lo loca que estoy y lo buena que soy. Por lo mucho que me conocen y por como me aprendéis a querer (algunos). Porque soy feliz teniéndoos a mi lado sabiendo que me apreciáis por como soy y conociendo a gente maravillosa, porque el dolor no me hará temer la felicidad que, los que de verdad me quieren, me hacen sentir. Me lo paso genial haciendo tontadas con vosotros y estaré muchos años haciéndolo en mi tiempo libre. Ocuparé el resto de mi tiempo en cambiar el mundo con pequeños gestos que cambiaran vuestra forma de ver el mundo y crear un mundo mejor, juntos y con fuerza.

viernes, 20 de julio de 2012

¿De Verdad es Malo ser Bueno?

Eliend salió del despacho de abogados pensando en la mendiga que ayer le había suplicado una limosna y él se había negado, en un primer momento. Para luego retroceder y darle aquella limosna, nunca se había sentido tan bien haciendo algo que nunca había pensado que haría. Le estaba remordiendo la cabeza un hecho del que debería sentirse orgulloso, pero solo se avergonzaba. Así le habían educado, con el pensamiento que hay que trabajar para vivir pero no debería costar tanto vivir, así que, en realidad, no debería parecerle mal lo que había hecho... Pero seguía pensando que no debería haberlo hecho y se marchó a casa en taxi para evitar volver a suministrarle limosna a una persona que, según decía sus padres, "No había luchado por nada en su vida" Cuando en realidad luchaban por el pan todos y cada uno de los días de su vida, luchaban por mantenerse vivos. Bajó del taxi y encontró a una muchacha sucia en sus escaleras. Cuando le vio entrar se enderezó y lo miró, entonces sacó la cartera que llevaba y miró dentro.
-¿Eres Eliend Harriord?- Eliend asintió con terror en los ojos.-Encontré tu cartera en la calle veintinueve y decidí traértela, no creo que te gustara que algún insensato te robase tu dinero.-Dijo la muchacha entregándole la cartera mientras el comprobaba que no había cogido nada, absolutamente nada, aunque se notaba que tenía hambre por como olisqueaba el ambiente que ya olía los estofados de los vecinos.
-No has cogido nada, ¿Por qué? se nota que necesitas este dinero mucho más que yo.- Eliend miró a la muchacha con lástima -¿Quieres venir a comer conmigo? Creo que tendré algo en la nevera que ofrecerte, o si no pedimos algo fuera.- La chica aceptó aunque se moría de vergüenza por dentro.
Subieron las escaleras en una charla incesante en la que se descubrió que Alexis llevaba tres meses sin casa ni trabajo y se había visto obligada a mendigar para conseguir un poco de alimento para sobrevivir. Eliend entristeció al descubrir que aquella mujer era abogada, como él, pero no le había ido bien en la vida. Enseguida se dio cuenta que esa mujer no merecía todo lo que la había ocurrido y la invitó a quedarse unos días para ver si podrían encontrarle un trabajo.
Al final ambos dejaron sus puestos de abogados para montar un albergue para la gente como Alexis e intentar ayudar a la gente que está sola y necesitada. Fueron muy felices juntos y tuvieron tres hijos a los que educaron de tal forma que siempre ayudaran a aquellos que lo necesitaran y que siguieran sus pasos. Pero les dejaron una jugosa herencia para asegurarse de que nunca tendrían que hacer lo que había hecho Alexis. Se casaron en su albergue, los casó un sacerdote rodeados de la gente que les quería.

jueves, 19 de julio de 2012

La Verdad por Delante

Caminó por la calle oscura hacía la ventana en la que solía estar asomada, esperándole, con las mejillas ardientes mientras el sol iluminaba su felicidad. Con sus rizos pelirrojos ondeando al viento mientras las gotas de rocío empañaban su rostro. Nunca se apartaba de aquella ventana, nadie conseguía que se fuera sin verte pasar. Por eso recorres esa calle una y otra vez para rozar con tus dedos el alféizar de la ventana, para recordar lo que esa muchachita te hacía sentir cada día, cuando pasabas por delante de ella, y te sonreía sin esperar nada a cambio, simplemente sonreía.  Nadie tenía una sonrisa como ella, porque ella siempre será única para todos, pero sobretodo para ti. Porque no dudas en escribirle en la ventana:
"Buenos días princesa, espero que hayas dormido bien. Te quiero, James"
Porque sabes que la amas y que no la vas a dejar escapar... Lástima que la gran mayoría de los hombres no sean como tú y duden lo que sienten o mientan sobre ello. Lástima que tú seas único y ella no se dé cuenta de lo que tiene, y te deje escapar.
Me encanta cuando sonríes y se forma esa arruguita sobre tu nariz, me gusta tu sonrisa tontorrona, me gusta tus ojos marrones, pero tú aún la amas y debo olvidarte... Que lástima, porque yo te quiero con toda mi alma. Y te echo tanto de menos... No sé como olvidarte y nadie me ayuda a hacerlo.
Bajaste por la calle y llegaste a la casa en la que empezó todo, acariciaste el alféizar y ella salió, sin vestir, solo con un camisón de raso y una coleta hecha en el pelo. Saludó y se dispuso a irse cuando un azote de valentía te atizó.
-Oye, te echo de menos...-Dijiste con lágrimas en los ojos.
-Yo a ti no.-Dijo ella (imbécil) y cerró la ventana con un sonido seco.
Saliste de allí llorando y acabaste en la puerta de mi casa y bajé con mi bata puesta y medio dormida. Me contaste todo lo que había pasado y lo único que pude hacer es asentir, no puedodecir la verdad, me da tanto miedo... Pero todo cambió en un segundo, un beso en la mejilla que llevó a otro, a otro más y esos ya en los labios. Mi mayor sueño hecho realidad y por fin sería feliz contigo, para siempre.

Sonrisas a Contra Corriente.

Un tiempo soñé.
Un tiempo reí.
Un tiempo pensé,
que siempre sería feliz.
Pero la madurez,
llegó rápido y de
muy mal humor.
Me arrepentí
de no ser niña,
de ya no saber
como sonreír.
De enloquecer
cuando te veía
y no poder estar
cerca de ti...
Me sequé
todo el rostro
lo mojé,
con tu recuerdo.
Me arrepentí
de no sabértelo
decir...
Soñé que era feliz
me desperté y no
te encontré allí.
Me sentí
sola, abandonada,
sin ganas de hacer nada.
Lamenté cada error
cambié tu calor
por la tristeza
y mudé de lugar
para poderte olvidar.

miércoles, 18 de julio de 2012

Después de las Tormentas...

Cantas a la luna,
siempre pensando
"Parece una cuna".
Después de cada gota
pienso que no estás,
pienso que no volverás,
pienso que nadie te querrá
como te quiero yo...
Cada luna nueva
sacas valor de donde,
creo yo, no queda nada.
Ni un suspiro de tu amor,
ni una gota de tu olor,
ni un pensamiento,
de los que dejabas
sobre mi almohada.
Caminas bajo la lluvia
y ves las gotitas
que caen suavemente
sobre mi mente
que se despide de
todos los que no
son como tú.
Así que huyo
siempre a ninguna parte,
porque me da miedo
encontrarte.

La Ruptura del Alma

"-Y con cada puesta de sol te recordaba, porque dejaste una huella importante en su vida vacía y necesitada de amor, porque no dudaste cuando le dijiste "Te quiero", porque tus ojos decían la verdad cuando prometías un para siempre. Por esas razones y muchas más no me extraña nada que no le encuentre sentido a la vida cuando te ha perdido.- Dije al oído del idiota que había decidido marcharse dejándote allí, llorando, sin ganas de nada. Le dije todo lo que tenía que decirle, pero parecía que no le afectaba. Me iba a ir cuando me agarró y me acercó a sí mismo y me asusté. -Mírame a los ojos, sigo queriéndola, pero debo dejarla ir.-Dijo con unas lágrimas en los ojos y tristeza en el corazón.
Nunca sabré por qué dijo lo que dijo, ahora te toca a ti ir corriendo a su casa y preguntarle lo que quieras, yo ya he cumplido como amiga. Recuerda, te quiero y te apoyo."
En ese instante Alma se vistió a toda prisa y corrió al encuentro con la persona a la que quería, al encuentro del amor de su vida. Llegó a la puerta del chico y llamó con todas sus fuerzas. De pronto se abrió la puerta despacio, sin prisa y detrás apareció él, con los ojos llorosos y un arma de fuego en el pantalón.
-¿Por qué me has dejado, si aún me quieres?- Dijo como pudo para no echarse a llorar delante de él.
-Porque me muero.-Dijo y se echó a llorar como un niño desvalido.
-No...-Dijo sin poder contener las lágrimas ya que la sola idea de perderle la hacía sentirse mal.
-Da igual, no quiero sufrir, mañana estaré muerto y no quiero que estés triste por mi, sabes que te amo, solo que no puedo dejar que la gente me vea mal, prefiero morir con la cabeza alta.- Dijo sin permitir un "No" por respuesta así que, Alma, se rindió y solo pidió una cosa.
-Quédate un día más, solo un día conmigo. Mañana puedes hacer lo que quieras, si lo deseas te ayudaré.-Dijo con un nudo en la garganta y un sentimiento de culpa en el corazón.
-Esta bien, pero solo porque deseo seguir contigo, aunque sea solo de alma y así tendrás un recuerdo de mí. Siento que te hayas tenido que enterar así...-Dijo llorando cada vez más.
-Vale, sécate las lágrimas y nos iremos, nos iremos a aquel lugar que tanto te gusta, el de nuestra primera cita.-Dijo con poca gana de nada, pero iba a hacerle feliz, su último día. Al final del día tal vez cambiara de opinión. Llegaron al parque en el que se dieron su primer beso, en el que se dijeron que se querían. Las lágrimas surcaron sus mejillas en un intenso beso que selló para siempre su amor. Eran las 23:59 de la noche cuando se dieron cuenta de que el tiempo pasaba, nada hacía que se separaran ni un instante. Tenían miedo. Miraron la luna con recelo y le dijo:
-¿Ves ese queso gigante que cuelga del cielo?- Asintió.- Pues yo me convertiré en ese queso al morir y te vigilaré y protegeré hasta que encuentres alguien que lo haga por mi. Debes hacerlo, no quiero que malgastes tu vida por mi.- Dijo y le abrazó. Sacó el arma del pantalón, la besó en la frente y se encaminó hacía el río en el que lo perdió de vista mientras ascendía contra corriente. De repente oyó un disparo y se le encogió el corazón, dijo adiós a su amor y se sumió en una depresión que solo Almender pudo arreglar.

martes, 17 de julio de 2012

Un Adiós Sincero

Me quedé allí, mirando el vacío infinito que separaba mi mente de mi alma. Miré debajo de mis pies y vi que solo unos centímetros me separaban de una muerte clara. Pero no quiero apartar mi mirada de aquel vacío que me da tanto miedo y me sube las ganas de saltar. No tengo nada que hacer salvo morir. Él se ha ido y no va a volver, todavía no y nunca volverá a ser como era antes... Las miradas distraidas a sus ojos marrones y las ganas de besarle sin importar nada más... Eso ya no está, ha ido desapareciendo para procurar conservar lo que sé que nunca cambiará esa sensación de comprensión que él siempre me da... De repente noto la presencia de alguien más en el acantilado y me giro... Nadie, solo la sensación de estar acompañada, esa sensación que me acompaña todos y cada uno de los días grises y que no tiene ningún sentido. Por fin oigo unos pasos a mi espalda y me giro, un perro marrón con una mancha blanca en un ojo se me acerca y me lame las manos para llamar mi atención y lo logra. Es una monada de perro que me hace sentarme en la hierba a su lado y a acariciarlo.
-Que cara tienes preciosa, como sabes como hacerme cambiar de opinión.- Digo a la perra que sé que no puede contestar pero que me hace sentirme mejor. La perra sigue por su camino y yo vuelvo a quedarme sola allí, por lo que me siento al borde del precipicio y empiezo a mover mis piernas tranquilamente sobre el vacío. Un vacío desgarrador que podría matarme en un solo instante. En un instante desgarrador que me separaría del dolor. Pero me da tanto miedo... Tanto pánico simplemente desaparecer... Que me ato a una cuerda invisible que me separa de caer y vuelvo a sentir esa presencia tras de mí. El roce del viento que me susurra el avance que debo hacer y la presencia se hace notar con cada ráfaga de aire.
Miré a mi espalda y por fin vi que la presencia era real.
-¿Qué haces aquí? ¿No estabas en Nueva York?- Dije con un hilo de voz casi inaudible.
-Sí, pero me moría de ganas de volver para verte...-Dijo y se sentó a mi lado, La perrita volvió y Éidan sacó una correa.
-¿Es tuya?-Dije atónita, Éidan odiaba los perros.
-Me la compré, para ti.- Dijo totalmente enserio pero en un susurro.
Me acerqué lentamente al hombre que me desvelaba todas y cada una de las noches de luna nueva, cuando el amor sale a la superficie más real. Me acerqué y le besé un beso que me cambió la vida, un beso que me hizo saltar de aquel precipicio, pero no sola, con el chiquillo que desvela mis sueños y hacia un futuro mejor, que compartimos juntos.

domingo, 15 de julio de 2012

La Sangre del Sentimiento.

Paseó sus ojos por el conducto sanguíneo en busca de su grupo de glóbulos rojos para no sentirse tan desprotegida. Vio a lo lejos al eritrocito seis mil millones y corrió hacia él, casi seguro que el resto de su grupo estaría allí. Se equivocaba, aquel eritrocito estaba tan solo como ella y agradeció la compañía.
-Hola, ¿Tú también estas perdida?- Dijo sin apartar la mirada de aquel túnel atestado de microorganismos realizando sus misiones. Ella asintió y continuó a su lado observando lo que otros estaban haciendo. Había unas plaquetas cerrando una pequeña fisura en la vena, unos glóbulos blancos luchando contra algunos virus que pretendían hacerse con las células para alimentarse de ellas y más eritrocitos que no pertenecían al grupo de tres mil millones. Era la más anciana de su grupo y, según la vida de estos organismos, no le quedaba más de una semana de vida. Se mantuvieron andando hasta llegar a los alveolos pulmonares en los que intercambiaron su dióxido de carbono por oxígeno y volvieron a las células para suministrarles el preciado gas que las permitiría seguir viviendo y manteniendo con vida el organismo pluricelular en el que estaban, Laura.
Llegaron, por fin, a juntarse con su grupo y ella perdió de vista al eritrocito que la había acompañado durante aquella travesía que no habría durado más de un segundo y que, para ellos, era un tiempo vital de su existencia. Se sintió sola por la ausencia de aquel ser, nunca había sentido aquella conexión extraña por ninguno de su grupo ni de grupos exteriores al suyo, aunque no se relacionaba mucho con grupos extraños.
Pero se volvieron a juntar y, en aquella ocasión, se quedaron mirándose a los ojos durante unos segundos, no necesitaban ver hacia donde iban, recorrían aquellas venas y arterias todos los días y ya se sabían el camino. De repente, seis  mil millones se acercó a ella y, en un susurro imperceptible para el resto dijo:
-No quiero volver a separarme de ti.- Lo que llevó a la pequeña eritrocito a sentir un calor intenso en su núcleo. Casi se le caen las moléculas que oxígeno que transportaba cuando se le acercó y la besó. Nunca había visto que dos eritrocitos pudieran sentir eso, pero había oído leyendas sobre microorganismos que se juntaban y vivían eternamente por su amor. Leyendas, solo leyendas. Vivieron unos meses más que el resto de los microorganismos de su grupo, lo que probablemente llevaría a aquella leyendas absurdas, pero murieron, juntos en una arteria cercana al cerebro.
 Al mismo tiempo que el amor que Laura sentía por Artur desaparecía.

sábado, 14 de julio de 2012

Solo quiero tus Besos

Es fácil quererte,
porque es fácil
abrazarte,
achucarte,
besarte,
sonreirte...
Es fácil decir
te quiero
cuando lo sientes
tan dentro.
Te susurro cosas
porque no quiero
que oigas todas,
me da miedo
que no quieras
lo que yo quiero.
Me da la nariz
que piensas
que así seré
más feliz...
Te equivocas,
yo quiero solo
tu boca...
Quiero un beso
de esos,
que solo tú
sabes dar.
De esos con
los que sueño.
Hasta al despertar.

La Memoria del Dolor

Se zambulló en el arrecife de coral, buscaba un lugar tranquilo en el que sus pensamientos se ahogaran más rápido. Observó las maravillas que esconde nuestro planeta y deseó que estuvieses ahí... Pero te habías ido con la zorra de tu secretaria y la ira atenazó de nuevo su alma de tal forma que la respiración le faltó y salió, como pudo a la superficie en busca de aire limpio. Sacó la cabeza por encima del mar embutida en su traje de neopreno y respiró ondo, las lágrimas no habían aguantado mucho y ya resaltaban en sus ojos negros detrás de las gafas de buceo. Nadó hasta la isla que hay cerca del arrecife y se sentó en la arena de la playa mientras se quitaba el traje de neopreno y dejaba ver su cuerpo bajo un bikiny negro. Adela era una muchacha de veinte años con un cuerpo de escandalo. Tenía una estatura de uno ochenta, más o menos, era delgada, su pelo rubio resaltaba aquellas piedras de carbón que tenía por ojos y su miel oscura brillaba bajo el sol de medio día. cuando se hubo quitado el traje se sentó sobre la toalla que llevaba en la mochila del oxígeno y miró fijamente el horizonte esperando que la noche llegara y con ella se limpiara su alma. Se quedó allí, sin moverse, hasta que el sol se estaba poniendo y alguien se acercó por detrás y Adela se puso nerviosa.
-Hola.- Dijo una voz vergonzosa a su espalda.
-Hola.- Dijo ella y volvió a quedarse empeñada en descubrir los secretos del sol.
-¿Qué haces aquí, en esta isla, tú sola con este frío y en bikiny?- Dijo la voz tímida que se había sentado a su lado y le tendía una manta para tapar su cuerpo del frío. Ella la aceptó y siguió concentrada en la puesta de sol mientras las lágrimas celebraban una carrera a través de sus mejillas. el muchacho que se había puesto junto a ella la miraba con tristeza  y sentía que debía hacer algo por reconponer los trozos de aquel corazón roto. Así que, cuando hubo reunido el valor suficiente, se atrevió a preguntarle:
-Oye, ¿Te encuentras bien?-Dijo con un hilo de voz mientras Adela giraba su rostro empapado hacia el chico que esperaba que la respuesta se pudiera arreglar.
-No, Pero eso lo averigua un niño de tres años.- Dijo Adela que estaba muy enfadada con el mundo para darse cuenta de que había sido una completa imbécil.
-Vale, si lo sé no pregunto...- Dijo el chico levantándose del suelo para marcharse, en ese momento Adela le agarró del brazo para volverle a sentar.
-Lo siento, un mal día, pero no debería haberlo pagado contigo. Lo lamento, de verdad.- Dijo Adela mientras volvía a empezar a llorar.
-Eh! Adela, deja ya de llorar, seguro que lo que sea tiene arreglo.-Dijo el muchacho que conocía a Adela desde los dieciséis años y la amaba en secreto.
-No, no tiene arreglo. Mi marido me acaba de pedir el divorcio para irse a Las Vegas con su secretaria. No creo que eso tenga mucho arreglo.-Dijo llorando aún más.
-No creo que haya sido culpa tuya, será que tu marido es un poco idiota. Porque teniendo una mujer como tú en mi casa no dudaría en hacerla feliz todos y cada uno de los días de mi existencia terrenal.- Dijo sin aire en los pulmones y con muchas ganas de cumplir lo que acababa de decir.
-Pues, mi marido opina que su secretaria es mejor opción que yo.- Dijo reteniendo sus lágrimas que amenazaban con dejarla sin agua en su cuerpo. Sin poderse contener abrazó al muchacho en un acto desesperado por retenerlas sin mucho efecto. Se quedó allí, llorando sobre el hombro de Diego que se quedó paralizado pero, acto seguido, la abrazó metiendo su rostro en el cabello de Adela. Siempre había amado a aquella chica y ahora la tenía entre sus brazos, un sueño hecho realidad. Cuando dejó de llorar, sus miradas, se encontraron y se fueron acercando despacio, con miedo por lo que estaba sucediendo ahí. Un beso, suave, lento y mágico. Un beso que selló cuatro años de amistad para dar paso a una relación preciosa que duró hasta que Adela se tuvo que mudar para estar con su madre enferma. Aunque siguió amando a Diego.

viernes, 13 de julio de 2012

Gracias

Saqué de mi mochila un folio y mi estuche de rotuladores, necesitaba olvidar que no había nada que hacer, que nada me quedaba y que solo podía esperar a que llegara la muerte. Pero llegaste tú, con tu sonrisa bonachona, luego llegó ella, con su alegría por darme ganas de hacer cosas, luego él, que me dio ánimos que no sabía que estuvieran y por último ella, con su gran forma de hacerme olvidar mi tristeza con solo contarme un secreto (que nunca es muy secreto). Y me levanté de la cama con la misma tristeza con la que me acosté pero con  vosotros recordándome que debo seguir adelante, que no importa lo tristona que pueda estar, que con un abrazo se me escapa una sonrisa, que solo necesito a alguien que esté ahí y me diga que me quiere. Porque es lo que todos necesitamos, una gente genial como la que tengo yo, que esté ahí en tus días grises y te diga: "Oye, puede que haya gente imbécil que no vea lo maravillosa que puedes llegar a ser, pero yo si lo veo y te quiero como eres." Aunque sea mentira. A veces pienso que tengo mala suerte pero, en ese instante, recuerdo todos los momentos increíbles que me habéis hecho pasar y solo tengo ganas de daros las gracias, gracias por aguantarme los días en que solo tenía miedo y ganas de llorar, gracias por decirme que estaréis ahí siempre, gracias, gracias por todo, por vuestro cariño desinteresado y por vuestra forma de hacerme ver que solo necesito un poco de amor para ser feliz. Siempre recuerdo los momentos felices, creo que los tristes quedaron atrás... Pero hay otros recuerdos que, aunque son felices, me da pena que no vuelvan a pasar, porque he ido diciendo adiós a gente que también merecía la pena, gente que estuvo ahí para aguantarme y sacarme mil sonrisas. Pero ahora ya no están y me aguanto, porque con lo que tengo me sobra, que soy afortunada por teneros ahí... Aunque haya días en los que esté triste porque hay gente que ya no está... Aunque los eche de menos. Porque ya sabéis que suelo ser una sensiblera que llora viendo "Pulseras Rojas" El primer día, aunque nadie haya llorado. Yo necesitaba un abrazo fuerte viendo eso, porque me trae tantos recuerdos... Y tanto miedo... Que sí, que no es normal que llore con eso, pero yo soy así. Y sabéis que lloro viendo El Rey León en la parte en la que muere el padre, y la he visto millones de veces. Bueno, que muchas gracias por todo, que os quiero un montón y que no podría seguir si no supiera que estáis ahí para apoyarme. Gracias.

jueves, 12 de julio de 2012

La Estación

David entró en la estación con la mente puesta en lo que iba a decir, ¿Le diría algo o simplemente la besaría? La segunda opción le gustó, pero se decantó por la primera que era mucho más dulce. Había llegado una hora antes de la hora acordada con Sara, prefería mentalizarse del gran paso que debía dar. La quería, no lo podía decir todavía en voz alta pero la quería. deslizó sus dedos por el banco pensando en la sonrisa que aquella muchacha le dedicaba cada vez que se encontraban. No la quería por lo guapa que era, aunque era preciosa, la quería por su dulzura, por su increíble forma de hacer que el mundo entero se sienta mejor solo mirándolo con sus preciosos ojos marrones. La quería por su forma de ser, que era una forma de englobar todo lo que ella le hacía sentir, porque si no se podía tirar la vida enumerando sus impresionantes actitudes. Se pasó los dedos por lo labios... tenía miedo, había besado a algunas chicas pero a ninguna la había querido tanto como a Sara.
De repente sonó en la megafonía la voz de una chica que anunciaba la llegada del tren de Sara a la estación y el corazón de David se aceleró por momentos. Iba a dar el mayor paso que daría nunca. La quería, de eso estaba seguro, y tenía la sospecha de que ella sentía lo mismo, pero un sentimiento de duda atenazó su corazón cuando la gente empezó a bajar del tren. Buscó con la mirada a Sara, era una muchacha de pelo marrón clarito, ojos marrones una suavidad facial que la hacía claramente hermosa. La vio y la sonrió, seguía siendo como la recordaba. Esperó a que ella le viera y después la saludó. Ella corrió a sus brazos y se adelantó a todo pronóstico, plantándole un precioso beso en los labios... David nunca había sentido aquello, la quería y no la dejaría escapar nunca. Se mantuvieron juntos el resto de sus vidas y fueron muy felices.

miércoles, 11 de julio de 2012

Irene...

Empujó a Joan contra la pared para librase de la prisión que este había construido con su cuerpo, pero él la agarró del brazo, en es instante se miraron fijamente a los ojos y Joan trató de abrazar a Irene, pero ella lo apartó con un mal gesto de su lado.
-¿Por qué me odias tanto?- Dijo Joan con un brillo de tristeza en sus ojos marrón oscuro.
-¿Por qué? ¿Quieres que te explique por qué?- Dijo Irene con una ira muy fuerte notable en su voz.
-Me gustaría que me lo aclararas.-Dijo Joan con aire calmado pero tenso al mismo tiempo.
- Porque me gusta tu sonrisa, porque me gusta tus ojos, porque me gusta como me miran tus ojos, porque me gusta tu pelo siempre despeinado, porque me gusta tu forma de reírte con cualquier tontería, porque me gusta tu forma de arreglar mi tristeza con un abrazo, porque me gustan tus abrazos, porque me gusta tu voz, porque me gusta como me hablas, porque me gusta tus silencio cuando esperas que ocurra algo, porque me gusta como me iluminas los días,- Fue diciendo poco a poco Irene y comenzó a llorar.-Porque me gustan tus arruguitas de la frente, porque me gusta que me apoyes en todo, porque me gusta como respiras... Porque me gustas tú. Idiota.-Dijo Irene con el rostro encharcado. Joan se acercó lentamente al rostro de la muchacha hasta acariciar su nariz con su propia nariz y la besó, un beso suave que dijo todo lo que no era capaz de decir con su voz. Se esfumó toda la ira que Irene sentía contra Joan y se convirtió en la bruma que había estado ocultando y que, hace unos segundos, había desbordado sus ojos en forma de lágrimas... Le parecía increíble que Joan también la amaba y fueron felices... Lo que les duró el amor, que se acabó de tanto maltratarlo.

Muerte Dulce.

La noche heló todos y cada uno de mis músculos que buscaban desesperadamente un abrigo en el que acurrucarse y evitar el frío. No se daba cuenta de que todo mi cuerpo temblaba de frío, simplemente me miraba desde su coche  y me invitaba cansinamente que le acompañara dentro de este y hacerle compañía en aquella noche fría. Mi mente estaba dividida, por una parte el frío me suplicaba que aceptara aquella siniestra invitación, pero el sentido común me decía que huyera. Aquella partida la ganó el sentido común.
Corrí calle arriba en busca de algún establecimiento decente que estuviera abierto a esas horas. No encontré nada... Y el miedo luchaba contra mi fuerza natural. Llegué por fin a casa y temí entrar, pero el miedo a quedarme allí fuera, al raso de la noche, me hizo recapacitar y entré. Total, ¿Qué podía perder a aquellas alturas?
La casa estaba vacía, no quedaba nada de lo que ella recordaba... Solo aguantaba la antigua cerradura que le daba la oportunidad de pasar allí las noches siguientes. Acababa de escapar del orfanato y necesitaba algún lugar en el que quedarse. Sus padres se habían ido... Habían desaparecido y nadie tenía ni la más mínima idea de quién era ella. No existían registros de su nacimiento ni de su educación. Esto último era lógico, su madre le daba clase en casa, lo primero no tenía sentido... Aunque no conservaba recuerdos de la infancia más profunda y el miedo atenazó su corazón al sospechar que algo no iba bien. Pasó la noche en su casa, seguía siendo su casa. Nadie la quería para venderla, daba demasiado miedo por la noche. Alsea se tumbó en el suelo poniendo como almohada su mochila en la que llevaba todo lo que había podido rescatar del orfanato. Le había costado mucho escapar y ahora no pensaba volver, nunca más. Aquel sitio le daba miedo, mucho más miedo que su casa de noche. Aún recordaba lo cruel que habían sido los demás niños huérfanos a su llegada. Alsea era una muchacha regordeta, de pelo rojo fuego y los ojos de un intenso color verde, así que era el blanco de la mofa de sus compañeros día sí, día también. Dio un par de vueltas en su cama del suelo y, finalmente, se levantó para ir a darse una ducha, con un poco de suerte no habría cortado el agua, aún. Por una vez, en una larga temporada, tuvo suerte y se duchó. Parece que a los de la empresa de aguas se les había olvidado cortar aquellas cañerías. Pero ella lo agradeció llevaba desde su escapada sin ducharse y empezaba a sentir el tacto sucio. Cuando salió de la ducha se secó el pelo y volvió a acostarse, esa vez se quedó dormida... Para siempre, el gas estaba abierto y se asfixió. Por suerte no sufrió. Sus padres regresaron a casa un año después y la encontraron ahí, comida por los animales... Fue la peor experiencia de esos padres que enterraron a su hija pero la llevaron siempre en el corazón. Se arrepintieron de haberla dejado sola, debían huir para que nadie descubriera que Loret, la madre, no era en realidad la madre de Alsea, si no que era su tía. Pero su hermana, Harriet había muerto en el parto realizado en casa por ella y su esposo, a partir de ahí Alsea fue hija de ellos y Harriet fue enterrada en el sótano.

El Ladrón de Bancos

Cerró la puerta y se sentó a esperar, esperaba una respuesta a aquella pregunta:
-¿Me quieres?- Preguntó Lucas cuando se dio cuenta de que Diana no se daría por vencida hasta que no le contestara.
-Sí.-Contestó Diana que sabía que lo que acababa de decir la ponía en un aprieto.
-Yo también te quiero, por eso debes confiar en mí. Cuando pueda te lo contaré todo.-Dijo Lucas y le dio un abrazo muy fuerte a Diana, ella lo necesitaba.
Llaman a la puerta y de ella entra un hombre trajeado que se lleva a Lucas, le acusan de no se qué robo al banco central. La duda se posó sobre la cabeza de Diana, ¿Sería Lucas culpable de aquella acusación? No le conocía lo suficiente como para responder sin temor a equivocarse. Pero sí para saber que le quería... Había corrido un riesgo al decirle lo que sentía, porque temía con toda su alma que él no la quisiera. Ya la había hecho daño demasiadas veces y su corazón ya no aguantaba remaches, ni parches, ni amputaciones. Si esta vez se rompía, rompería de verdad. Esperó en la ventana hasta que el coche de policía se hubiera ido con Lucas y se metió las manos en los bolsillos para subir las escaleras, tenía esa manía desde muy pequeña, su madre la decía que como se cayera no podría poner las manos y se haría más daño. Dentro de su bolsillo encontró una carta. La abrió, era de Lucas:
Hola Diana:
Solo quería decirte que te amo más que a nadie en este mundo, pero he sido yo el que ha robado ese banco, me gustaría que supieras que lo he hecho porque no tenía opción, mi madre se muere de cáncer y quería poder probar un último tratamiento antes de rendirse, pero no tiene dinero. Siento no habértelo podido explicar todo en persona,  pero la policía no nos hubiera dejado despedirnos. Tranquila, estaré en la cárcel unos cinco años y luego saldré. No hace falta que me esperes, aunque me gustaría que lo hicieras. No te guardaré rencor si decides no esperarme y te casas o te comprometes o cuando salga tienes novio. Tranquila, pero, si lo haces, por favor ven a decírmelo.
Te quiero.
Lucas.
Diana echó a llorar de forma desconsolada y tuvo que pensar bien lo que iba a hacer, le iba a esperar. Iba a esperar a un ladrón al que amaba con todas sus fuerzas, total ¿Quién no robaría un banco si con ese dinero salva a su madre? Por lo menos ella lo haría y por eso sabía que debía esperarle. Porque le quería.