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domingo, 1 de mayo de 2016

Olvido.

Calla la noche, brilla la aurora.
Sale el sol detrás de la oscura
nada, esa que puebla la estrellada
infinidad que ahora desaparece callada,
que ahora se va apagando.

Cuyas luces se están marchitando
mientras tú lloras. Sola
en esta casa vacía de toda
aquella esperanza que buscas,
todo el miedo que apagar.

El miedo te puede a menudo,
te consume desde ese nudo
que agarra con ira tu garganta.
Esa fuerza sobrehumana
que no te deja respirar.

Que te ata, como siempre.
Que te teme, como a veces.
Que te altera, como la noche.
Que te marea, como esa peste.
Que te olvida, como la gente.

viernes, 29 de abril de 2016

Sólo una más.

Una lágrima recorre mi mejilla mientras aprieto mis uñas contra mi brazo. Me empieza a doler. No debería hacer esto pero ya no puedo más. He explotado.
Mil sentimientos invaden mi alma, mil motivos por los que llorar. Y no quiero llorar, no más. Odio llorar porque siempre me hago daño, me tiro largo rato llorando y luego me mata la cabeza... ¿Por qué soy tan débil? A pesar de todo lo que he vivido, de toda mi lucha, a pesar de toda la fuerza que he fingido tener... Una sonrisa desquiciada corta mi expresión. Mientras un yo más fuerte toma el control, clavo mis uñas con más fuerza y vuelvo a calmarlo. Soy yo quien tiene que superar esto, no puedes salvarme cada vez que me quiebro.
Me miro el brazo y un par de llagas sangran débilmente, suelto las uñas por fin. Mi corazón se ha sosegado un poco, pero las lágrimas siguen cayendo por mis mejillas a borbotones. Y me da igual quién me vea. Lo necesito, necesito llorar todo lo que me he tragado.
Pero ese jodido llanto no cesa, sale a raudales por todos mis poros. Esa impotencia, esa ira, esa angustia... Todos esos sentimientos que últimamente me tiñen de un color oscuro. Mucho más que el negro. Un color con el cual, Jueves de la Familia Monster, dejaría su vestido negro para siempre en el armario. Unos sentimientos que me queman por dentro y me hacen sentir un dolor indescriptible.
Y no tengo nada. No hay absolutamente nada que calme mi llanto ahora. Sólo estoy yo, sentada en el suelo, contra la pared, intentando calmar esta angustia. Intentando sosegarme. Clavo de nuevo mis uñas en el brazo. Ese dolor me calma un poco, no demasiado, pero al menos hace que no piense en lo que está pasando. Al menos por un momento vuelvo a la realidad y me despego del abismo en el que me he caído. He tocado fondo de nuevo. Nunca pensé que volvería a sentirme así. Nunca. Es demasiado para mí.

El resto no lo recuerdo. De pronto estaba entrando por la puerta de casa, y ya había dejado de llorar. Aunque el nudo de angustia ataba mi garganta como si pretendiera silenciarme, un nudo que buscaba que no me volviera a hacer daño así, pero que no serviría de mucho.

miércoles, 27 de abril de 2016

Sueños de Otoño.

Las hojas amarronadas caían y plagaban la hierba del tosco bosque. El sol lucía por encima de las copas deshojadas por el otoño, la temperatura de los días anteriores, había descendido de sobremanera. Los animales comenzaban a guarecerse en sus madrigueras y el bosque sólo reproducía el sonido del viento gélido contra las ramas funerarias.
Mis labios ya se estaban amoratando en contraste con mi pálida piel, tenía bastante frío, a pesar de llevar un abrigo largo marrón, y una gruesa bufanda gris.
Arrastraba mis pies por encima de la hierba, pateando con suavidad las hojas caídas. Buscaba un pequeño claro a la orilla del lago para sentarme delante de las aguas mirando a la nada.
Llegué a mi destino y me senté bajo el árbol que tantos azorados momentos había presenciado, aquel silencioso observador. Mi mente se sumió en aquellos recuerdos que ya no volverían a ocurrir. Sus manos acariciando con suavidad mi piel, sus labios dibujando una ligera estela por mi blanquecina clavícula y sus dientes marcando con fiereza mi cuello.
De pronto el frío parecía desaparecer, mientras dejaba mi mente vagar por un tiempo ya perdido en el olvido, un tiempo borrado de un manotazo por las horas.
Recordar los veranos en ese mismo lago, que ahora poco le faltaba para congelarse y dejar a toda esa fauna atrapada, hasta que la primavera le devolviera el calor y, con él, la vida.
No sabía qué había ocurrido para que él olvidara todas aquellas caricias, nuestros cuerpos humedecidos por el agua del lago, fundiéndose en millones de sensaciones; su cuerpo contra el mío, su piel bronceada por el sol, dejando marcas en mi piel, blanca como la cal, y en mi inocente alma. Ese éxtasis de dos corazones encontrados en un lugar sólo de ellos, un escenario que representara aquella tragicomedia que podría haber estado escrita por el mismísimo Bécquer.

Una lágrima descendió mi mejilla extrañándolo y, en ese momento, decidí levantarme y huir de los recuerdos. Regresar a mi confortable casa y esperar que todo aquello volviera a ser el sueño que fue.

sábado, 9 de abril de 2016

Grito de una Futura Madre.

A veces pienso que es mejor no ver la televisión, no ver el telediario que nos dice que la gente sigue igual de gilipollas. Hablando claro. Estoy tan sumamente harta de que se apoyen gilipolleces como la última manifestación por no sé qué famoso basura de tele cinco... Cuando se lucha por nuestro futuro bien que decís cosas como: "No os van a hacer ni puto caso", "Así no solucionaréis nada", "La violencia sólo engendra más violencia"... Y mierdas similares. Estoy muy harta. Porque puede que a vosotros mi lucha, nuestra lucha, os parezca una tontería porque después volvéis a dejar en el poder a los mismos de siempre. Los mismos hijos de puta que ya han demostrado que no saben ser seres humanos responsables, para con sus actos y promesas. Porque estoy harta de que habléis mucho y, sobretodo, critiquéis de más, y luego no hagáis nada. Todo es más cómodo desde el sillón de tu casa o la silla cómoda de tu despacho.
No, no me da la gana de que el día de mañana, mis hijas, mis hijos, mis hijes, les tuyos o les de cualquiera, tengan que sufrir las mismas atrocidades que he sufrido yo. No quiero volver a ver en las noticias a un niñe que se ha matado porque no podía seguir soportando los abusos que estaba sufriendo. No quiero que nadie se mire en el espejo y piense que es horrible porque, una panda de niñatos, así se lo ha dicho. Somos perfectes. Todes.
No quiero que, dentro de unos años, me encuentre a alguno de mis hijes frente al espejo cogiendose los michelines y deseando por todos los medios que eso desaparezca. No quiero que una talla les diferencie del resto. No.
Porque me duele que niñes de todo el mundo estén sufriendo por sus cuerpos cuando, lo que es correcto y lo que no, lo marcan personas que nunca han sufrido por ello. Porque no, porque no quiero que mis hijes pasen por lo mismo que he pasado yo durante toda mi vida. Porque en el momento en el que me salí de mi peso, me insultaron y me vejaron por ello. ¿Por mi peso? ¿En serio? ¿En qué mundo vivimos?
No soporto la idea de que aún hoy se metan conmigo, no lo soporto porque empiezo a quererme, pero aún no me quiero lo suficiente. Aún me miro en el espejo, con mi barriga entre las manos, y pienso: ¿Por qué soy tan horrible?
Y justo después me odio por pensarlo. Porque soy yo y no me merezco ese estúpido juicio de valor dirigido por la opinión pública que tengan de mí. No me merezco ese machaque constante.
Aunque creo que lo primero es que mi familia debería dejar de llamarme gorda día sí y día también, que mi familia se fije en la clase de persona en la que me he convertido y no en mi peso. No en mis pelos en el cuerpo o mis estrías. No.
Estoy muy harta de ver en la televisión a personas "perfectas" triunfar sin una pizca de talento por el simple hecho de ser famosas por su físico. Mientras miles de personas con un talento impresionante están trabajando en algún restaurante de comida rápida. No me parece que sea justo que miles de mujeres inteligentes cada día sean desechadas en una entrevista por ser mujeres. Sólo por eso. Porque el día de mañana tal vez sean madres (si ellas así lo quieren), y es muy caro mantenerlas la baja durante ese período. Me da asco que se nos juzgue por algo tan sencillo como nuestro género, que no sexo, si no género.  Porque una mujer trans es insultada de igual manera que una mujer cis o cualquiera que se salga de los cánones de belleza y normalidad establecidos. Estoy muy harta de que cada vez que se hablan estas cosas en cualquier sitio; lo primero sea llamarnos FEMINAZIS, y lo segundo sea desacreditarnos solo por ser mujeres. Sólo porque tú opinas que estoy equivocada.
Lo siento chicos, (esa rama del género masculino que tira a machista), no podéis llevar la voz cantante en la lucha feminista porque no habéis pasado por lo que se reivindica, no se os ha menospreciado por ser de una forma determinada que ven errónea. (Fuera del movimiento por tallas normalizadas, que ahí sufrimos todes por igual, incluso las personas consideradas dentro del cánon.)
Así que no me da la gana de quedarnos quietos mientras todo a nuestro al rededor sigue igual, cuando seguimos siendo una humanidad superficial y absurda que marca unos patrones y, quién se sale de ellos, es erróneo. No lo quiero en mi vida. No quiero el dolor de saber que mis hijes sufren por algo que yo podría haber evitado.
Así que aquí digo que la lucha continúa hasta que el último de los problemas sea erradicado, desde el hambre hasta la superficialidad. Todos.

Lazo Rojo

Mi mente se rompe en caos,
en miles de esquirlas doradas
que chocan contra la alambrada
en la que se ha convertido mi alma
que separa estos sentimientos de mi mente.

Me quedo ahí parada con los ojos
empapados en llanto encorsetado,
llanto, al fin y al cabo.
Me quedo callada y el mundo
pasa. No se detiene. No para.
Solo continúa y me quedo quieta.
Me quedo en silencio mientras
todo en mí explota.
Y ya no queda nada.
Solo silencio y una yo rota,
una yo sin respuestas castigada.
Una yo con una segunda parada.
Una persona que no se rinde,
pero que tiene miedo,
¿Quién no lo tiene?

Amanece de nuevo por detrás de mí,
las estrellas se ocultan y sale el sol,
yo me encamino sin rumbo y me decido
por seguir aquí, por seguir así.
Tal vez no sea mi mejor decisión,
tal vez vuelva a equivocarme.
Pero quiero equivocarme.
Quiero seguir adelante y quiero
salir de este estúpido agujero y
ser feliz. De una vez. Quiero
que todo lo vivido sea
una señal de mi sendero,
un camino para que otros puedan seguir,
para que otros puedan ser felices.
Ser un ejemplo para ellos,
ese ejemplo que yo busqué y no hallé.
Ese camino que yo marqué y
que nunca me atreví a seguir.

miércoles, 30 de marzo de 2016

Otra Angustia Silenciada.

Llevo mucho tiempo tragandome cosas que me hacen daño, aguantando viento y marea. Quedándome quieta en mitad de la tormenta. Pero llega un punto donde ya no se puede seguir callando, no se puede tragar saliva y seguir hablando mientras te aguantas las ganas de llorar. No, no hay mucho que hacer cuando algo ya te supera, porque tarde o temprano suele ocurrir, que tu fuerza no es suficiente para seguir adelante. Que necesitas algo más. Algo que no sea un simple "lo siento" con los labios fruncidos, apretados uno contra el otro. Una mirada que no mira o un silencio que me acompañe. Un apoyo que no veo desde hace mucho.
Volvemos a lo mismo, a mi puta sensación de estar sola. Una sensación que no entiendo. Pero que lleva acompañándome años.
Desde que ella desapareció de mi vida.
Supongo que se llevó consigo toda la calma que me había dado. Todo el cariño. Todo. Y me dejó vacía por dentro, supongo. No ayuda el no saber cómo seguir por un camino que no entiendo, un camino que yo he elegido, pero un camino al fin y al cabo.
Es cierto, él me regaló mucho, recuperó de mí un amor que no pensaba que volviera a sentir. Creía que ya lo había sentido todo. Que no volvería a pensar en una sonrisa como aquella y sonreír pensando en lo que la quería. Ahora es él el protagonista de esas sonrisas.
Pero a día de hoy, otra vez, el mundo se ha derrumbado ante mí y me siento sola. No sé, simplemente no sé con quién puedo hablar que sea capaz de quitarme esta estúpida sensación de mi corazón. No sé qué hacer. Al fin de cuentas soy humana. Al menos en parte.
Ya sé que ayer escribí algo muy parecido, hablaba prácticamente de lo mismo, pero quería explicarlo. Quería intentar que se me entienda.
No digo que la gente que me rodea no me quiera, pero entenderme cuando digo que no sé con quién hablar. No es que no confíe en nadie, los que sois mi familia os habéis ganado esa confianza, pero simplemente me siento tan rota por dentro... Tan desmadejada en un millón de esquirlas de cristales de colores que me construyen. Un millón de cristales que si los tocas te cortan y si los tiras se rompen. No sé con quién hablar porque ni siquiera sé cómo explicar lo que me pasa. No lo entiendo ni yo.

Angustia.

Lo típico, las tantas de la noche y yo despierta, mirando al techo con la luz apagada y los cascos sonando con alguna canción. De esas de las que me gustan a mí, casi más viejas que yo la mayoría... Yo tumbada con la respiración entrecortada y el latido de mi corazón acelerado. No puedo dormir. Ni siquiera sé si quiero hacerlo...
Llega un punto de la noche en el que,  la línea entre la realidad y los sueños, se hace lo suficientemente fina para poder despegarme de mi mente unas horas, aunque no mucho.  Y no descanso. Hace bastante tiempo que cuando duermo no descanso. No entiendo qué es lo que está roto ahí dentro, no lo entenderé nunca, creo. Tampoco sé si sería útil entenderlo. Aquí en la oscuridad de mi cuarto, mi silencio tiene sentido, mis lágrimas se agolpan en mi garganta y me atragantan. Poco hago más que respirar en un punto de mi agonía que ya hace muy alta mi desesperación. Y entonces me duermo. Al menos una hora, a veces dos. Y mi corazón sólo me llena de angustia y de pesadillas. Pesadillas donde todo mi mundo se desmorona y yo ya no tengo nada. Pesadillas donde mis seres queridos se han olvidado de mí. Pesadillas donde se hace notar mi soledad, al menos la que yo siento. Una soledad que me agobia y agota. Una soledad que me tiene prisionera y que no me deja avanzar, que es unas malditas esposas que sujetan mis muñecas y me dejan marca. Una soledad que ha quemado hace tiempo lo que yo era y me ha dejado una carcasa vacía que a veces me molesto en llenar. Una carcasa que se mueve como si nada más la guiara. Una piel que da una forma insignificante a mi alma, pero que no me representa en nada.
Así que otra noche más de tantas sin dormir, con los ojos puestos en el techo e inundados en lágrimas.

martes, 22 de marzo de 2016

Pray for the World

SIRIA:
Me levanto como cada mañana, muy temprano, aposento mis rodillas en el suelo y comienzo mis rezos. Ni siquiera ha salido el sol, todavía es tan pronto... El cielo que observo por mi ventana solo clarea al contraste con la luz de las estrellas, el resto es infinidad teñida de la más profunda oscuridad. Mis cánticos son lo único que se escucha en toda la casa, mis padres aún no han despertado.
De pronto escucho un gran golpe sordo, como un disparo muy fuerte, mis oídos ya no oyen más, solo un pitido ensordecedor que me impide poder escuchar lo que está ocurriendo a mi al rededor. El miedo se apodera de todo mi cuerpo, no sé qué hacer, ni dónde ir, ni cómo huir. Pero el tiempo no corre en mi beneficio.
De pronto el techo se derrumba sobre mí y ya no oigo nada. No veo nada. No huelo nada. No siento nada. ¿Mis padres se levantarían para el rezo? Sinceramente espero que esto los pillara durmiendo, que no hayan sentido el miedo que yo he sentido. Ya nos veremos más allá de este mundo.

NIGERIA:
Me despierto en mi pequeña chabola, las paredes cada mañana se me hacen más estrechas y agobiantes, mi corazón solo quiere hallar algo por lo que seguir adelante, por lo que seguir viviendo, un día más. Me levanto y veo a mis hijos postrados aún en sus camas, les beso las frentes y salgo en busca de agua. Cuando vuelva los despertaré y pensaremos en qué podemos comer. Aunque no pinta demasiado buena la cosecha este verano y ellos cada vez están más débiles.
Salgo fuera de mi caseta y allí me encuentro con un cielo en proceso de amanecer, una mezcla de añil, azul, negro y morado. Las estrellas como contrapunto en este trozo de tierra donde el miedo está a la orden del día. El silencio no existe en esta parte del mundo, miles de insectos resuenan por todos lados haciendo imposible escuchar mucho más.
Pero eso no lo oigo. No necesito oírlo. Algo choca con fuerza contra la tierra de mi aldea y todo se convierte en llamas y destrucción. Mi último pensamiento antes de dejarme vencer al fuego, es la imagen de mis hijos en sus camas. Y un deseo atronador porque sigan bien.

BRUSELAS:
Por fin me voy de viaje, llevo tanto tiempo esperando esto... Tenía muchas ganas de tomarme unos días y salir de la rutina. Mi avión sale sólo en unas horas, y cada vez estoy más impaciente. Cojo mi coche y me dirijo al aeropuerto cargado con mi maleta y mi equipaje de mano. Van a ser unas vacaciones geniales.
Cuando llego veo a muchos niños correteando por los pasillos, jugando entre las sillas, gritando, riendo, saltando... Me siento a esperar que sea la hora de embarque, con un periódico en el que leo la noticia que es protagonista estos días en todos los medios: Europa abandonando a su suerte a esos refugiados.
Lástima que tengamos un gobierno tan atroz, esas personas no merecen todo lo que están pasando, merecen huir del miedo y del sufrimiento, merecen vivir. Merecen ser felices y poder dar a sus hijos la vida que ellos no han podido tener. De pronto el aeropuerto se llena de un sonido ensordecedor que nos calla a todos al unísono, para luego hacernos correr de miedo, algo ha explotado en alguna parte del aeropuerto. ¿Qué está pasando? Solo pienso en salir de allí, en volver a ver el rostro de mis padres y de mis hermanos, en volver a mi estúpida oficina antes de tiempo incluso, en volver a tumbarme sobre mi cama cansado después de un día duro.
Intento salir pero la gente se agolpa contra las puertas de salida. No hay forma de escapar y el fuego ha empezado a devorar todo a su paso, el humo me quema los pulmones, saco mi pañuelo del bolsillo y veo a una niña, de aquellas que correteaban, asustada a mi lado, tosiendo. Ha debido perder a sus padres entre el gentío. Le cedo mi pañuelo para que respire a través de él y yo me despojo de mi camisa para hacerme otra mascarilla, no me salvará la vida, pero me dará tiempo. Intento que la niña avance entre la gente mientras mis ojos arden por el humo. No queda mucho tiempo, me estoy ahogando. Caigo rendido en el suelo y escucho como la gente corre a mi alrededor, yo me he rendido. Poco a poco cierro los ojos y mi último pensamiento es: ¿Qué hemos hecho? ¿Qué ha hecho el mundo para merecer este dolor? Y por último: La niña. ¿Habrá salido?

No importa tu raza, no importa el color de tu piel, no importa tu religión, tampoco tu condición. Nadie tiene derecho a hacerte sufrir el miedo y el dolor de un atentado. Nadie merece quitarte la vida por tus ideales o por los suyos. Eres una persona y mereces PAZ.

domingo, 20 de marzo de 2016

Silencio.

Cerrar los puños con rabia,
notar el sudor cayendo por tu espalda,
la ira brotando con suavidad de tu pecho.
Ahí mirando la escena, desde fuera y
desde dentro al mismo tiempo.
No pareces estar ahí, todo parece tan irreal...
Pero sí estás, es tu cuerpo, es tu vida.
Y es tu miedo el que descansa
impasible en tu rota garganta,
que grita y se desgañita por ser oída.
Escuchada más bien.
Porque alguien, quién sea, defienda
que lo que gritas no es algo
que deba ser silenciado.
Es algo que hay que gritar.
Algo por lo que todos luchamos
y que no debe callarnos,
ni atormentarnos más.

lunes, 14 de marzo de 2016

Feminazi

Estoy un poco harta de que se nos trate como si fuéramos unas dictadoras sólo por exigir unos derechos que se nos han visto menoscabados, por el mero hecho de tener vagina. Solamente por no atender al modelo Heteropatriarcal que define lo que es "mejor" en la sociedad.
No quiero al típico pesado de turno que venga a darme lecciones de hembrismo, porque no, no existe el hembrismo. No hay una sociedad que te obligue a estar por debajo de la mujer, por el hecho de ser un hombre, no hay una idea generalizada de que eres inferior. Así que lo siento chicos, no hay hembrismo.
Pero también esta es vuestra lucha, también tenéis que plantar cara para que todos vosotros podáis llorar sin miedo, para que no se os menosprecie por realizar "trabajos de chicas". No hay unos trabajos de un género o de otro, y si ahora parece que los hay, es porque la sociedad así los ha impuesto. ¿Cómo empezamos las mujeres en el ámbito laboral? Como cuidadoras, como secretarias, como enfermeras... Por eso se consideran "trabajos de mujeres", pero no es así. Esta lucha también ES para ti, hombre hetero, para que se te permita optar a la custodia de tus hijos, para que no se te descarte sólo por ser un hombre y presuponer que una mujer lo va a hacer mejor.
Colectivo homosexual, bisexual, pan sexual, heterosexual, asexual, Trans y cis. Esta también es vuestra lucha. También se legitiman en ella vuestro derecho a amar. A amar lo que vosotros seáis capaces de amar. Porque no debería ser un condicionante de vuestra validez, que os guste más la carne que el pescado, o que os gusten ambos, o que no os guste ninguno. O que no estéis cómodos con el género que se os ha impuesto, que os sintais de otro, que no tengáis ninguno... Eso no debería definir lo que podéis o no podéis hacer. Porque sois tan válidos como cualquiera. Porque sois personas exactamente iguales a las consideradas "normales". Porque todos somos normales. Nos guste lo que nos guste.
Y mujer, la más machacada en esta lucha, que defiendes no sólo lo que te corresponde por ser tuyo,  si no que defiendes lo de todos tus hermanos, hermanas y hermanes.  Que luchas porque algún día tu voz se escuche igual que la de cualquier hombre, para que tu opinión valga lo mismo.
Para que tus NO sean siempre un no. Para que seas tú quién elija lo que puede o no puede ponerse. Para que seas tú quién elija sobre si se depila o no se depila, sin que nadie te vaya a insultar por ello. Para que tu vagina no sea una pega para contratarte o no, o simplemente una excusa para pagarte menos. Para que tu invalidez no sea una carga por el hecho de ser mujer e invalida. Para que seas tú quién decida si es hermosa o no lo es (Pista: Todes lo somos.), para que vivas una vida que merezca la pena ser vivida. De la manera que desees vivirla, con quién quieras vivirla, cómo quieras vivirla.
Por todo esto se nos ha llamado Feminazis, más de una vez y más de dos. Porque luchamos por evitar que se nos sigan imponiendo cosas que no son así, porque luchamos por evitar que nuestra voz siga sonando más baja que las del resto. Porque eres válide, seas como seas.

martes, 1 de marzo de 2016

Luna Premonitoria.

El silencio rompe con fuerza de mil maneras, estallando estrepitosamente contra mis oídos. Yo miro la lejanía desde mi ventana, ignorando el infierno que se ha desatado a mi al rededor. Yo lo he querido así, esto es culpa mía. Las llamas devoran ávidas todo lo que encuentran a su paso y yo voy cayendo en el suelo, con la sensación de que mi cuerpo se debilita por momentos, con la sensación de la tranquilidad absoluta sobre mi pecho. Justo donde los latidos de mi corazón se van apagando poco a poco, no noto nada, nada llega a entorpecer los sentimientos que mi cuerpo describe. Siento miedo. A pesar de todo soy "humana", tengo miedo de lo que está por venir. De lo que haya después de esta oscuridad que es ahora mi mente. Las llamas han empezado a devorar mi ropa y yo ruedo inconscientemente, aunque esta ha sido mi elección, mi cerebro me quiere viva. Yo no me detengo, tampoco intento huir, solo dejo que mi cuerpo sea devorado lentamente, mientras el fuego quema mi piel y el dolor lacera cada ápice de mi vida.
La oscuridad se hace total. Ya no me queda nada. Todo se ha acabado.

Y de pronto, ante mis ojos observo el horizonte despejado de otro cielo, observo la mirada de otros ojos, observo mi cuerpo intacto. Pero no es mi cuerpo. No el que era hace un momento.
Estoy sentada en lo alto del puente de la ciudad de San Francisco, un puente que se ha construido hace bastante poco, su color rojo brillante da una impresión, recortado contra el cielo, de ser infinitamente más pequeños de lo que nos empeñamos en decir. Los coches convencionales transcurren por debajo de mí y yo por fin me doy cuenta de que he tenido de nuevo otra visión. Una de las que están relacionadas con una de mis muertes, al menos esta no ha sido culpa de Zephyr. Esta ha sido mi elección y me temo que elegí bien. Gracias a eso la vida siguió funcionando tal y como tenía que ocurrir. Todo ha salido como tenía que salir. Y nada ha impedido que yo me encuentre donde estoy.

viernes, 26 de febrero de 2016

Mira Como Vuelo.

Me paro en el camino de mi vida como tantas otras veces, que manía tengo con pararme. Así no vamos a llegar nunca a ninguna parte. Pero me paro. Lo necesito de nuevo, me doy cuenta de que no me queda demasiado de quién fui, quizás algunos pensamientos que tal vez nunca desaparezcan, pero ya no soy la misma ni de lejos. No. Hace mucho tiempo que se fue aquella pequeña inocente que creía en las personas, aquella pequeña de ojos azules como el mar, que tenía ese brillo en la mirada de quién no conoce la maldad, ese brillo que me quitó la experiencia. Porque a estas alturas ya he aprendido que no son errores, que son cosas que tenía que pasar para que madurara y me hiciera la mujer que soy hoy. Muchas veces me han dicho que se sienten imbéciles o inocentes o me han pedido consejos y, desde hace relativamente poco, siempre aconsejo lo mismo: Sé feliz. Cuando las canas cubran tu pelo te vas a arrepentir mil veces más de lo que no has hecho que de aquellos errores. Sí, esos que te parecen tan sumamente horribles. Pero es que eres humano (supongo), te equivocas, es parte de nuestra naturaleza y es parte de ser quienes somos.
Porque lo que hago hoy me enseña a vivir mañana. Me enseña un camino diferente por el que transitar sin miedo a equivocarme, no al menos en el mismo punto donde me equivoqué otras veces. Me enseña el sentido de mis actos, de mis sonrisas, de mis lágrimas. Me enseña que no está todo perdido. Que aún queda mucho juego por delante y que aún me queda mucho que apostar. Porque soy yo. Una cabezona con una sonrisa en los labios que nunca se rinde. Y nunca se rendirá.

martes, 16 de febrero de 2016

Dama Oscura

Con ella el silencio se vuelve ruido,
sonidos palpitantes cargados de sentido,
palabras superpuestas maquilladas
de poesía silenciada.

Sus labios son la primavera,
en ellos encuentras el cielo y la tierra,
los pájaros trinan contentos y todo por
ella.

Sus ojos son el espejo de su alma,
el espejo de la mayor calma,
del deseo hecho carne, una dama
sin nombre que me viste la mente
de ternura y calentura vibrante.

Sus cabellos, que dibujan mil ideas,
que brotan en contacto con su cabeza,
me acarician el rostro mientras
abrazo su cuerpo desmadejado, descuidado.

Mi pequeña princesa.
Mi inspiración y mi tormenta.
Mi pensamiento y mi condena.
Mi muerte que me calienta.

domingo, 31 de enero de 2016

Luna Escamosa.

Camino por el bosque, pisando con cuidado la nieve, está fría. Camino pensando en lo que me toca por hacer. Camino contoneando mi reptiliano cuerpo, contoneando los encantos con los que fui bendecida. Llego a la puerta, sonrío, mirando al portero con mis reptilianos ojos, me permite pasar sin casi dudarlo. Aunque creo que me hubiera dejado pasar igual.
Oigo quejas del resto de la cola, giro las cabezas de mis serpientes y, todas a un tiempo, le sacan la lengua a aquellos que me menosprecian. No, pequeños, no soy cualquiera. Soy de la realeza y he venido a matar al rey.
Me aproximo lentamente por la espalda de mi amigo, le rodeo con los brazos y le beso en la mejilla. Se gira y me mira sonriendo. Sabe lo que quiero hacer, lo sabe perfectamente, aún así se desabrocha la camisa y me lleva al baño. Allí me besa, hacía mucho tiempo que no me besaba, demasiado. Entonces saco la daga que llevo escondida en la liga, mi hermosa daga curva, aquella que mi humano me consiguió. Aquella que se perdió hace tantos años y ha vuelto a mí.
Comienzo a dibujar en su cuerpo con ella, tal y como mi alma me enseña que tengo que hacer. Actuando por puro instinto, actuando por lo que soy y lo que siempre he sido. Entonces me paro y observo mi obra, mi gran obra.
Él sonríe. Mientras se le escapa de su cuerpo cada ápice de todo. Y en el último momento, pone en mi mano algo que en ese instante no reconozco, algo que lo es todo y que brilla por encima de la oscuridad de la que estoy rodeada. Es una piedra, está conjurada, está envenenada, no me la puedo quitar de la mano, se ha adherido a mi piel. Y no es para mí.
No aún.

martes, 26 de enero de 2016

Pequeña Psicópata.

Me quedo mirando como mana de una grieta ese líquido carmesí, de nuevo, como moja con su calidez mis manos y me llena de miedo y alivio.
Me siento en la cama, con la mirada puesta en esa sangre que sale a borbotones y entonces acuden a mí algunas palabras que no debieron agradarme y sin embargo me parecieron las mejores. Que hacía demasiado que no me decían algo así y lo echaba de menos.
A pesar de que mi otra parte no le gusten aquellas palabras.
Que todo lo que tengo es un recuerdo y el deseo de encontrar mi verdad y mi forma original. La sinceridad de mi energía brotando de mis heridas y esa sonrisa plana que es imposible que seas capaz de analizar más allá de lo que quieres que sea. Pero no lo es. No es un espejismo de tu cabeza, soy más peligrosa de lo que parece y sin embargo no me temes. Sin embargo sigues jugando al gato y al ratón sin saber que el gato soy yo.
Aunque prefiero que me llamen serpiente.

sábado, 23 de enero de 2016

Infinito

Tus curvas son mi cielo,
me descubres y te encuentro.
Me pierdes y te pierdo.
Poso mis labios en esa línea que dibujas
y en ella hallo el más puro silencio.
Paz en mi sueño, sonidos callados,
Gritos a contratiempo.

Gemidos por las paredes de la casa,
en cualquier habitación, en cualquier cama.
Sangre entre las sábanas
de otras muchas batallas,
de otras tantas noches entrecaladas,
mojadas en la oscuridad del cuerpo,
en el séptimo cielo.

Silencio ahora perturbante,
antes estridente y doloroso.
¿Me buscas de nuevo?
Pero yo hace mucho que me he ido,
estoy en algún punto de tu infinto.

miércoles, 20 de enero de 2016

Eres más que Tu talla.

Últimamente veo en las redes sociales un movimiento en búsqueda de la igualdad bajo el #Eresmasquetutalla. No está dirigido sólo a las mujeres, pues no distingue géneros, aunque sí es cierto que parece haber tenido más peso en nuestro lado del asunto.
Sin embargo quiero hacer llegar la opinión de que cualquiera es más que su talla, su aspecto o su sexualidad. Todos somos humanos, por lo que todos nos equivocamos y todos nos parecemos más de lo que parece, valga la redundancia.
Si bien es más "común" los desequilibrios alimenticios por parte de las mujeres, los hombres también los sufren y no por ello somos menos culpables. Basta ya de buscar un cánon de belleza que nos distinga en distintos estratos sociales y quién se salga de él ya es erróneo, basta de definir a las personas por su físico.
Personalmente sé que me atrae un físico y después conozco a la persona tras él, pero muchas veces me ha pasado que me he hecho amiga de alguien que no era ningún top model y me ha acabado atrayendo sexual, mental y emocionalmente. Porque somos más de lo que se ve, y cuenta más lo que se tiene dentro que lo que se muestra por fuera. Así hago un llamamiento a las mentes de esta sociedad para que piensen y cambien esto. Porque una persona que sufre abuso por su físico queda marcada para siempre.

"Puede que no sea la persona más atractiva, pero sé jugar mis cartas. Y si quiero, arde Roma en tu cama."

martes, 12 de enero de 2016

Oda a la vida.

Resuena el repiqueteo incesante en mis oídos,
de aquellos tambores tan aburridos,
me quedo en silencio, escuchando,
aquellas luces parpadeantes, candentes.

Cadencia arritmia plagada
de silencios, plagada de nada.
Colores superpuestos, vestidos
de luz, de brillos;
oscuridad sin nombre,
miedo sin hombre.

Lágrima furtiva que mojas
en silencio mis mejillas rojas,
suspiro entrecortado que ahogas
en mi garganta la angustia de ahora.
¿A quién obedeces en tus intentos
incansables, de seguir sufriendo?

Miro el horizonte con los labios rojos de llanto,
me enjuto otra lágrima, que pasa al otro lado,
algo dentro de mí ha cambiado y aquí sigo.
Buscándolo.

jueves, 7 de enero de 2016

Amargas Despedidas.

Veo dibujos por internet y otros lugares, que me hacen preguntarme cómo puede haber gente que hace semejantes maravillas y otra que lleva a cabo masacres. Que ambos pertenecen a la misma especie y que sólo se diferencian en el 1% de su genética y, sin embargo, unos crean y otros destruyen, unos dan belleza y otros oscurecen el mundo, unos dan esperanza y otros la destruyen, unos tratan de avanzar hacia algún futuro mejor y otros... Se estancan en algo que no tiene y nunca tendrá futuro. No comprendo como puede ser que con tan pocas diferencias seamos, al fin y al cabo tan diferentes, seamos polos opuestos, seamos luz y oscuridad enfrentadas que luchan en este mundo por ocupar el lugar que le corresponde. No comprendo la rabia, la ira, el miedo injustificado o el ansia de ser más, que tienen aquellos que matan, hieren o simplemente hacen sufrir a aquellos que se diferencian en uno de cada cien genes de sí mismos. No lo comprendo y jamás lo haré. Puede que sea porque yo aún tengo ese trocito de artista que me hace escribir y esforzarme en dibujar (aunque se me dé mal), que me animan a cantar lo que quiera y gritar por lo que quiera. Ese toque de alma que lucha por seguir viva en un mundo en el que prima más la conformidad, porque es más fácil dejarse llevar que intentar cambiarlo.
Hoy es otra de esas noches sin Luna en las que me pregunto dónde quedaron todas aquellas cosas que quería haber hecho y aún no he hecho, dónde quedaron todas aquellas promesas... Y aquí estoy a las tantas de la noche escribiendo porque no consigo que mi cabeza deje de pensar, no logro dormir, y aquí estoy a oscuras escuchando música tratando de no pensar más en nada de lo que me atormenta. No volver a pensar en nada por unas horas. Aunque últimamente solo tengo pesadillas que no me dejan dormir y que me despiertan mil veces. Pesadillas que cuando Me despierto, se me olvidan, como si no hubieran ocurrido. Y sólo sé que las tengo porque amanezco encharcada en mis lágrimas y con la angustia en la boca del estómago pidiendo que me despierte.

domingo, 3 de enero de 2016

Tinta de Sangre.

Miro fijamente el cielo estrellado, mirando aquella estrella que prometimos mirar cuando estuviésemos lejos el uno del otro. Para que esa estúpida distancia que nos separara pareciera insignificante al lado del hecho de que estábamos mirando la misma estrella, bajo el mismo cielo, observando aquella luz que nos llegaba desde tantos miles de años luz que no se podía comparar con nuestra distancia. Miro el cielo aferrando entre mis manos en colgante con tu nombre, aquel que te dejaste aquí prometiendo volver a por él en cuánto te fuese posible... Pero han pasado cinco años y no has regresado. Sólo he recibido de ti alguna carta y desde hace meses, ni eso. Algo que me tiene realmente preocupada.
En tu última señal de vida me decías que tu sargento te había informado de un posible polvorín enemigo que había que destruir, que tenías tus reservas con hacerlo, pero que tenías que acatar las órdenes... Y yo sabía que seguías allí a fuera, entre algunas paredes mirando a esta estrella, acordándote de aquella que te espera con el corazón envuelto en esperanza...

Se hace tarde y me acuesto en la cama, cierro los ojos y sueño por fin. Hacía meses que no soñaba. Entonces acude a mí tu imagen.
-Pequeña mía, no sé si podrás escucharme, no sé si servirá hablarte desde donde me encuentro. Pero quiero que seas feliz, ¿vale? Yo estoy bien, te lo prometo... Pero no puedo volver. Te quiero más que a nada y seguiré mirando aquella estrella.- Me dice aquella imagen de ti entre susurros.
Me despierto sobresaltada sobre mi almohada, con los ojos empapados y la angustia en la garganta. Me acerco a la ventana, buscando esa estrella, que antes era un punto brillante en alguna parte del cielo y ahora brilla más que ninguna. Que ahora tiene un tono verdoso en su brillo y me hincha de esperanza el corazón. Debo encontrarlo y eso es lo que haré.