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martes, 7 de septiembre de 2021

La Monstrua de todos mis traumas

Quién soy a día de hoy, tiene muchísimo que ver con quién fui, quién me dijeron que debía ser y quién quiero o quería ser. Pero también ha sido un proceso de cambio, un proceso largo que aún sigue pasando. Me declaro monstrua, en todos sus significados. Me declaro la mala de historia, que tantas veces me dijeron que no podía ser y a veces he sido sin querer. Me declaro la deformidad misma de mi cuerpo, la disidencia que me envuelve el alma para dotarla de un nuevo significado más. Me declaro fea, aunque esta declaración aún duela, pero no quiero seguir luchando por encajar en unos cánones que me han impuesto y que no me pertenecen.
Mi cuerpo, mi mente, mi lucha y mi vida. Todo lo que me define está construido sobre la monstruosidad que la sociedad ve en mí. Me dicta y me manda que sea, y yo desobedezco desde la rabia más interna. No, no me da la gana de que ser monstrua siga siendo una mala etiqueta. No me da la gana que la monstrua siga siendo la que siempre pierde mientras el príncipe cishetero blanco normativo, se lleva a la princesa a otra cárcel. Quiero salvarme a mí misma de las garras de ese ideal, no quiero ser la princesa ni quiero que lo sean las demás. Quiero que esa figura pasiva y decorativa del capital, deje de ser el sueño de cualquier niña. La monstrua es libre, es capaz de escapar de ello y ser en libertad. No tiene que rendir cuentas a nadie, no tiene que agradar, tiene que ser ella. Y ella soy yo, ella somos todas las que nos negamos a ceder ante ese ideal, ante ese papel que nunca debió existir, para empezar. 

lunes, 30 de agosto de 2021

Mi mente

Mi mente es otra vez caos,
voces entrecortadas que susurran
que me culpan de todo lo malo.
Mi mente es mi enemiga,
continuamente luchando a oscuras
en esta habitación sola, conmigo misma.
Mi mente es mi tormento,
rayos, truenos y centellas que me anulan
que me sacan de mí y no me concentro.
Mi mente es miedo,
contra todo y contra todo lo que duela
tratando de sobrevivir al viento.
Mi mente quiere dejar de ser,
simplemente dejar de estar aquí.
Simplemente desaparecer.
Pero no puedo y no quiero dar esa victoria,
no quiero permitirle a nadie creer que
me ha vencido, que me ha tumbado.
No dejo de pelear contra mí,
mientras yo mismo pregunto por qué.

domingo, 22 de agosto de 2021

Otra noche más.

Otra noche más, la misma mierda. Yo sin dormir engañandome a mí misma con contenido y entretenimiento solo para no tener que pensar en lo que duele. En esa herida sangrante que tengo abierta en el pecho y que deja que salgan mis demonios de vez en cuando. Otra noche sola, sintiéndome sola.
Quiero tener un horario normal de sueño, pero a la vez me gusta mucho más vivir de noche. Ojalá le gustase a alguien más, ojalá alguien me acompañara en mis insomnios. Y entonces me acuerdo de cómo empecé a hablar con ella... Y se me clavan como un puñal todas esas noches que se durmió al teléfono conmigo, esas noches que la veía dormir y que yo disfrutaba en silencio de su simple compañía. Se me clavan como mil dagas esas noches que pasábamos viendo cosas juntas o esas otras en las que hablábamos de mil temas hasta que nos quedábamos dormidas. Duele, más de lo que me gustaría.
Toda esta puñetera mierda porque no hacerme caso a mí misma: No te ilusiones, es demasiado buena para ti, no va a salir bien.
Y no salió bien, nunca me sale bien, siempre soy la última opción de todo el mundo porque soy prescindible. Porque no valgo, porque soy esa loca, intensa y exagerada que te agobia y que se preocupa en exceso hasta que te pierde. Soy esa gilipollas que se siente sola simplemente porque no sabe cuándo y cómo hablar las cosas. Porque le da miedo decir que quiere a alguien por si vuelven a decirle que no es suficiente.
Otra noche más, la misma mierda.

jueves, 29 de julio de 2021

Serpientes, lunas y deseo

Dicen las malas lenguas,
que hay que olvidar aquellas
viejas y tristes historias 
para escribir otras nuevas.
Pero a veces una vieja historia,
algo que creías que había acabado,
renace de nuevo sin esperarlo.
Vuelves a sentirte de nuevo deseada
vuelves a sentirte de nuevo amada
a sentirte una vez más ilusionada.

Y estás asustada,
da muchísimo miedo,
porque te han roto el corazón
en mil pedazos sin pedir perdón.
Han hecho añicos la ilusión,
las ganas de ser más que dos.
Han destrozado tu autoestima,
esa que tanto escatima,
y te has visto una vez más
vulnerable, sola, triste y asustada.

Y llega ella, con su belleza,
te tiende la mano y te dice
que no estás sola y que ella te desea.
Te valida justo en el momento
que más lo necesitas.
Y otra vez piensas en ella
en lo que fuisteis y lo que te gustaría
volver a ser juntas, volver a tenerla.
Pero asusta y no te atreves,
a pensar en eso que sabes
que puede ser una gran historia
si ambas decidimos contarla.
Juntas, escribiendo cada una nuestra parte,
compartiendo los instantes,
cuidándonos aunque estemos distantes.

lunes, 29 de marzo de 2021

Cicatrices color malva

Y otra vez estoy pensando en lo que me hiciste. En todo lo que me marcaste para el resto de mi vida y todas las cosas horribles que me he dicho por tu culpa. No importa que fuera tu voz quién las decía en mi cabeza, porque la cabeza seguía siendo la mía. Siento rabia, rabia de verte hacer lo mismo otra vez
En otro cuerpo, incluso con otra voz. Porque aunque no seas tú, es tu misma lacra.
Y también siento rabia de saber que sigues haciendo esto a otras tú mismo. De no haber hecho algo más cuando pude, pero sé que realmente no pude, que solo era una niña aterrorizada por todo lo que tenía dentro y no podía explicar. Y siento el fuego quemándome dentro otra vez, las brasas de la fuerza que plantó mi madre al darme la vida, la ira naciendo de mi garganta para gritar otra vez.
No, no me vas a quitar mi vida, no te lo permito. No te permito que vuelvas a hacerme caer justo cuando estoy resurgiendo de mis cenizas, cuando estoy aprendiendo a dolerme y a quererme a partes iguales. Cuando estoy permitiéndome vivir mi vida.
No te permito que vuelvas a arrojarme a las llamas, porque hace mucho que ya no soy esa niña aterrorizada, hace mucho que esta niña está armada. Armada de rabia, de fuerza, de esperanza y del amor que me acompaña. Porque hace mucho tiempo que no te escribía para decirte lo mucho que me doliste y lo mucho que te odio por ello.
Nunca podré perdonarte, tampoco estoy obligada a hacerlo. No quiero perdonarte porque quiero recordarme por qué dolía. Quiero aprender de mis peores momentos y salir adelante a su lado, porque ellas y él sí merecen mi cariño. Porque merecen que sea quién realmente soy y no el amasijo de dolores en el que me habías convertido.
Puede que hoy quede mucho camino que recorrer para no dolerme, para que esto no sea rabia y solo sea una página más en la que hablo de su mirada o de su sonrisa, pero no me rindo porque sé que puedo.
Siempre he podido.

lunes, 15 de marzo de 2021

Depresión

Encontrar en mí un poquito de paz,
no volver otra vez la vista atrás,
no culparme una vez más,
no hasta quedarme dormida llorar.

Quiero conseguir avanzar,
conseguirte encontrar.
Quiero besarte una vez más,
quedarme en la cama
y poderte abrazar.

Quiero dejar de pensar
que todo lo que pensaba
ya no importa, da igual,
que todo lo que sentía
se tiene que ahogar.

No quiero volver a perderme
me importo demasiado para dolerme,
me importo demasiado para dañarme,
me importo demasiado para olvidarme.

Quiero salir de esta depresión
de esta maldita constate sensación
de no valer nada, de no ser una opción,
de no ser suficiente, de no merecer amor.

Quiero luchar contra mis demonios,
pero no puedo, ni quiero
hacerlo sola, sin acompañamiento.
Quiero coger tu mano y romper con ellos.

Romper con mis demonios,
romper con todos tus miedos,
luchar juntas hasta vencerlos
y celebrarnos libres sin miedo.

viernes, 5 de marzo de 2021

Seguimos Aquí-8M

Cojo tú mano, porque estás aquí.
Porque otras ya no, las vimos morir.
Porque otras manos apretaron sus brazos,
las golpearon, las violaron y las callaron.

Cojo el megáfono porque yo sí puedo.
Porque otras no, él las encerró.
Porque otras viven presas 
en cárceles, CIES, psiquiátricos y residencias.

Lucho contra el miedo de estar aquí,
contra mi propia mente y mis pies
pidiéndome huir.
Porque no estoy sola, estoy aquí por ti.

Lucho por mis hermanas, por las lobas,
por las gatas, las perras, las leonas.
Lucho por todas, incluida por ti.
Porque no eres diferente a mí.

Lucho por las trans,
que tantas veces han luchado por mí.
Lucho por las migrantes,
que tantas veces han estado ahí.
Lucho por las racializadas,
que también están aquí.
Lucho por las locas,
las que no dejan salir.
Lucho por las discas,
las que no dejan estar aquí.
Lucho por las putas,
que nunca han sido enemigas de mí.
Lucho por todas,
comenzando por mí.

Porque debemos ponernos a cada una en el centro.
Porque nos merecemos querernos.
Porque nosotras todo lo valemos.
Porque estoy cansada de odiar este cuerpo,
esta mente, estos tormentos, esta vida, a mí.

Luchamos todas juntas,
porque seguimos aquí.

domingo, 7 de febrero de 2021

Reflexión

Hay días grises siempre, pero son mejores cuando no estás sola. La verdad es que llevo unos días mal, no sé, no ha pasado nada específico pero he explotado y no podía más. Me he encerrado en mi mundo, este que he creado con algunas personas maravillosas, y no he querido hablar con nadie más. Me he sentido muy vulnerable y muy prescindible estos días, me he sentido sola aunque no lo estuviera, y me he sentido inútil. Pero la realidad es muy diferente.
La vocecilla de mi cabeza no tiene razón, soy una persona valiosa y merezco que me quieran. Soy una persona atractiva y merezco que me deseen. Soy una persona útil y puedo cambiar el mundo. Soy querida y tengo a mucha gente a mi lado que me quiere. Debo dejar de decirme cosas malas, porque soy mucho más que esa vocecilla. Esa vocecilla ni siquiera soy yo, es él. Todo lo que dejó en mi mente a pesar de que hace muchos años que me alejé de su violencia. Me niego a seguir dejando a esa voz que gobierne mi cuerpo, me niego a que me gobierne la culpa, el miedo, la ansiedad y el dolor. Y me niego a que me hagan sentir celos o envidia de quiénes tengo a mi lado de forma incondicional. Me niego a dejar que pueda conmigo porque yo soy mucho más que todos esos sentimientos.

No es malo caer, no es malo estar mal, no es malo sentirte de forma "incorrecta" en un momento dado. Soy humana y tengo derecho a no ser perfecta, pero debo aprender de mis imperfecciones para crecer y ser mejor el día de mañana. Quiero ser mejor.

domingo, 17 de enero de 2021

1327

Soñarte despierta parece desafiar
las normas que pacté 
con aquella estrella fugaz.
Besar tus labios en mi mente,
casi poderte tocar...

Me quedo ensimismada
mirándote simplemente pestañear,
sonreír, reír, cantar, hablar.
Quiero cruzar un mundo
si con ello te puedo abrazar.

Se me hace tan larga la espera
que sé que cuando nos encontremos
seremos el mismo fuego
en el que un día me prometieron quemar.

Y ahora solo imagino lo que será
cuando por fin nos vemos
nos miramos, me quedo callada
y luego solo me sale besar.

Pensar en lo que queda duele,
pero sé que va a compensar
todas las noches en vela
mirándote a través de la pantalla
sin poder llegar a ti.

lunes, 4 de enero de 2021

H

¿Qué no te haría?
Si en cada sonrisa
que me dedicas 
se esconde toda una vida.

¿Qué no te haría?
Si me muero de ganas
de besar tus heridas.

¿Qué no te haría?
Si cada lágrima
se me clava cual cuchilla
y se me eriza hasta la coronilla.

¿Qué no te haría?
Si cada caricia
es un sueño aunque
aún no sean reales.

De nuevo me siento viva.
Me siento ilusionada.
Me siento como una niña.
Una niña mirándote anonadada.

Surcar tus marcas
se vuelve una fantasía
erótica, porque tú llevas
las riendas en esta travesía.


lunes, 21 de septiembre de 2020

Sangre de cristal.

Se reabren mis cicatrices,
me duele cada célula y me pesa la ansiedad,
me encuentro en la oscuridad,
me alimento de mis ansiedades.
De mis miedos y de mis pesares.

Quiero salir corriendo
pero no encuentro mi energía 
para poder hacerlo.

Tengo miedo, como de costumbre,
pero es un medio animal 
a encontrarme a oscuras
y no poder remontar.
Y simplemente no puedo más.

Quiero esconderme en la cama,
pero sigo teniendo que trabajar.
Quiero dormirme en tu calma,

pero no quiero volver a empezar.
Quiero huir y me vuelvo a encontrar.
Destrozada, destruida, 
un rompecabezas a medio armar.
Con mis ansiedades brotando de mi pecho
y mi llanto llegando al mar.

miércoles, 13 de mayo de 2020

La Pandemia.

Es curioso como me da el pánico a ratos, estar tantas horas completamente sola con mis pensamientos hace que me diga cosas horribles. Me han aislado en mi propia casa, sin poder tocar a mis gatas, sin poder besar a mi pareja y sin poder salir con libertad a estirar las piernas por el pasillo, me han aislado porque creen que me he contagiado (saldremos de dudas, me van a hacer las pruebas, pero es una suposición bastante certera porque tiene toda la pinta) y tengo miedo. Las cosas como son, nos han metido el miedo en todo y yo ya no sé ni cómo tomármelo. Sé que soy fuerte (3 veces he ganado a la muerte) pero a veces me hundo y me da un ataque de pánico porque tengo miedo. Nadie explica nada, nadie te tranquiliza, nadie te dice nada. Solo te dan órdenes y siguen con el ajetreo de cientos de miles de pacientes en la misma situación que yo, están saturadas, es normal no tener tiempo para regalarme unas palabras de calma. Pero una vez más vengo aqui, mi espacio secreto (no tan secreto) donde me desangro un poco y renuevo todo lo malo. Porque sí, tengo miedo de que esto empeore, es normal que me dé miedo pues tengo 5 enfermedades que no sé cómo van a actuar con este virus que poca gente conoce. También tengo miedo de que me queden secuelas, he leído de gente a la que le quedan secuelas, y ya tengo suficiente con las mías. La situación económica tampoco es mejor, mi familia siempre está ahí, pero no me gusta depender de ellas. Sé que si tengo un problema ellas lo solucionarán, pero no quiero llegar a eso.
Y ayer me hicieron muchísimo daño. Ayer le dijeron a mi pareja que me dejara sola en casa y se fuera a un lugar seguro, que se podía contagiar, y eso me hizo tanto daño... ¿Cómo se puede tener tan mal corazón de querer abandonar a una persona cuando más vulnerable se encuentra? Más una persona que se supone que mínimamente tendrías que apreciar, que es la novia de tu hijo. Obviamente él no se ha ido, y se niega a irse como es lógico. Si se hubiera ido no se lo hubiera perdonado jamás. En estos momentos soy todo vulnerabilidad, me siento agotada, me siento dolorida, me siento asustada y me siento sola. Otra vez esa sensación de sentirme sola que se me clava en el pecho y me hace llorar. Echo de menos que Hera se ponga encima mío en la espalda, justo en el punto que más me duele, y se quede ahí ronroneando. Echo de menos que Dalek venga a darme besitos en momentos raros, porque ella es así. Echo de menos acurrucarme con Alex y que me bese la frente. Echo de menos reírnos de vídeos chorras o con nuestros comunist icon de referencia. Y me diréis que de qué me quejo, que por lo menos estoy en mi casa. Creedme que agradezco casa día no estar sola en una habitación de hospital, pero eso no hace menos duro ni menos real lo que siento. Odio que la gente se crea con el derecho a minimizar el sufrimiento de alguien porque "hay gente peor", SIEMPRE hay gente peor. Hay gente que está muerta y por eso no le dices a los vivos que no se quejen, coño.
Los días se me pasan un poco como el día de la marmota, y no solo porque me lo paso casi entero durmiendo, si no porque siempre es lo puñetero mismo una y otra vez. Solo quiero que todo esto acabe, pasar esta puñetera enfermedad, que la gente sea minimamente responsable y volver a mí vida.
Como echo de menos mi vida.
Quiero volver a quedar con mis amigas, a reírme, a jugar a juegos de rol, comer por ahí, ver a mi madre y a mis abuelas, estar con toda mi familia aunque acabemos discutiendo. Quiero volver a todo eso que tenía hace 2 meses y que ahora mismo está en stand-by hasta que todo pase. ¿Cuándo? Pues no lo sé. ¿En qué estado me dejará esto? Estoy segura que volveré a necesitar medicación, así que si mi psicóloga me lee molaría que me llamara. ¿Se irá el miedo? No lo sé. 

miércoles, 29 de abril de 2020

...Y por fin llega el Alba.

Están siendo unos días malos, de los de dolor en todo el cuerpo y cansancio sucio y pesado. De esos días en los que no quiero salir de la cama, porque es el único sitio donde me siento a gusto. Me duele cada musculo de mi cuerpo pero también me duele la cabeza y detrás de los ojos, no es algo únicamente muscular. También me duele el cuello, como un dolor seco y que agarrata mis vértebras hasta que cada movimiento se acompaña de un crujido.
Todo este dolor se hace apabullante, ayer casi ni dormí porque el dolor era insoportable y hoy, aunque me encuentro mejor (al menos lo suficiente para escribir) no me siento descansada ni tengo sueño. ¿Otra vez me ha visitado el insomnio? Supongo que sí, como si las horas que estoy despierta no pensara suficiente en todo el miedo, me paso más horas despierta tropezando con los mismos pensamientos.
¿De qué tengo miedo? Siempre he tenido miedo a la muerte, es uno de mis mayores miedos, uno de los más aterradores hasta el punto de que me causa ansiedad solamente pensar en ello. Me da miedo la muerte y ahora está por todos lados: en la televisión, en Internet, en todas las conversaciones y, por supuesto, en mi insomnio.
Anoche, a eso de las 5 de la madrugada, desesperada por dormirme mientras notaba que la cabeza me dolía tanto que me iba a explotar, solo pensaba que si iba al hospital y me contagiaba, me iban a dejar morir. Se está haciendo demasiado, por mucho que no queramos verlo, por mucho que se haga con toda la buena intención del mundo, se nos está dejando morir a quienes no estamos "sanas" de antes y tenemos menos posibilidades de vivir. Y eso me aterra.
Llevo 45 días aquí encerrada, en esta casa, sin salir a absolutamente nada a la calle, porque tengo miedo. Podría ir a comprar, incluso se me permite pasear por mi discapacidad, pero me aterra salir a la calle. ¿Cómo será cuando tenga que volver a la normalidad de verdad sin opciones? Porque ahora tengo la suerte de tener a mi pareja para que haga la compra o salga cuando es necesario, pero ¿cuándo tenga que volver a la vida normal? 
Y me vuelvo a meter en ese bucle de ansiedad de pensar en cosas que no sé, que no van a pasar y que si pasan tienen solución. Todo por mi miedo patológico a morir, todo por mi terror a no saber qué pasa después porque ¿y si no hay nada? Y otra pregunta absurda qué se escapa de mi control y que es absurdo hacerme, porque solo me duele. Son las 6 de la mañana, y otra noche entera no haciendo nada, con dolor aunque menos y con la mente más o menos en calma. La única manera de no pensar, es encontrar algo que me distraiga, y por eso estoy aquí otra vez: Escribiéndole a la nada. 
Otra noche despierta hasta que llega el alba, y mi cuerpo se rinde a la calma. 

domingo, 22 de marzo de 2020

Cuarentena.

Me rompo y caen
todos mis trozos por la habitación.
Es tarde, mi mente es satén,
es tormenta sedosa y vibrante,
es miedo y es, simplemente es. 
La oscuridad me atrapa y
me silencia sin poder huir.
Sin poder salir de aquí. 
Literalmente, no es una metáfora,
no puedo salir. No me dejan salir.
Estoy presa en mi mente, en mi
cuerpo y en este hogar que construí.
Tengo miedo, he soñado otra vez con él,
quería hacerme daño y yo
simplemente escapé.
Mi mente no sabe qué hacer,
estoy saturada, tengo miedo, 
tengo mil palabras en mi garganta
y mil sentimientos inciertos
que se me atragantan.
Quiero huir, pero no puedo, 
mis piernas responden pero tengo miedo.
Y de pronto mi mano no responde
y se me atraganta más el miedo,
y me duele la espalda, 
otro pinchazo directo al cuello.
Mi cabeza me va a estallar, 
pero estallan las lágrimas primero. 
Me tiemblan las manos, 
duele todo el cuerpo
y es tarde y tengo miedo. 

miércoles, 15 de enero de 2020

Todos los colores del dolor.

Esta mañana me he entretenido (y no he dormido porque soy así de caótica a veces) leyendo a une compa, que vive con fibromialgia, hablar sobre el dolor. No es la primera vez que me detengo a hablar del mío por aquí, pero sí que me ha hecho pensar cómo lo defino yo: uso colores.
¿Sabéis esos mapas térmicos de las pelis de espías donde las zonas más calientes son rojas y se van volviendo amarillas según se enfrían? Pues así defino el dolor. Un dolor apabullante de este que te taladrar hasta el tuétano y no te deja ni pensar, es un rojo fuerte; un dolor de diario, del que noto todo el rato y con el que ya he aprendido a vivir pero eso no lo hace menos doloroso, es naranja intenso y se extiende volviéndose cada vez más amarillento. Un golpe que me doy es amarillo y un pellizco es casi blanco.
Así es como lo veo en mi cuerpo cuando me concentro en mi dolor para situarlo y saber atajarlo, cuando todo está rojo no hay mucho que hacer: pastillas y a dormir, en el mejor de los casos, cuando no tengo que hacer mil cosas para poder seguir viviendo. Pero cuando es cualquiera de los otros colores, se hace un poco más llevadero. Supongo que cuando has experimentado el rojo, el resto es un alivio, pero no debería ser así. Vivir con dolor constante es una tortura, a veces los medicamentos no valen y otras veces no quieres tomarte medicación con el amarillo, para que te haga efecto cuando tengas el rojo carcomiendo tu cuerpo.
Así que sí, compañere, me parece imposible definir el dolor sin caer en ser una escritora melancólica, porque no hay nada tangible o visual en nuestros dolores; y al final tenemos que tirar de arte y poesía para llevarle a los demás lo que sentimos, y es una mierda. Es una mierda que tengamos que buscar formas de definirlo para que nos crean, para que nos escuchen, para que nos lean. Es una mierda que tengamos que saber expresar de forma clara lo que sentimos, mientras vivimos en un mundo de caos y palabras inconclusas. Nada define con exactitud nuestros dolores, probablemente tú entiendas lo que siento exactamente igual de mal que puedo comprender yo el tuyo, pero se hace un poquito más llevadero cuando os leo hablar de ello sin miedo y hacerme pensar en cosas que nunca me había parado a analizar de mi mente. 

viernes, 29 de noviembre de 2019

Te Jodes

Últimamente suelo caer en reprimir mis ansias de cabrearme, de decir las cosas como las siento y como quiero expresarlas, simplemente porque necesito que más gente nos lea. Pero cuando todo mi trabajo es ignorado, cuando el esfuerzo que hago no sirve de absolutamente nada, solo puedo pensar en que he ignorado mi rabia para nada.
Cuando se trata de movimientos sociales, en los que pones la cara para enseñar a la gente a puñetero respetarte, te toca tragar mucha mierda, muchísima, y lo peor de todo es que esperan que la tragues con una sonrisa en los labios. Y estoy hasta los cojones de hacerlo. No tengo que ser amabale, no tengo que soportar que me trates como la mierda, no tengo que aguantar tu paternalismo y que te creas que sabes más que yo solo porque soy joven. No tengo que soportar te mientras tú no te molestas ni siquiera en leer lo que te enlazo o te enseño. Estoy harta de que se me menosprecie, de que se ignore mi trabajo, y que luego nos digan que enfadandonos no vamos a lograr nada.
Perdóneme que me cabree, es que nos están asesinando.
Nos están asesinando bajo el silencio cómplice y bajo la idea absurda de que no podemos cabrearnos, de que la rabia no es el puñetero camino. Creo que el puñetero esclavismo no se consiguió abolir con "por favor" y "gracias". Muchas personas murieron en el camino hasta que se avanzó. Igual en todas las revoluciones sociales, ningún avance se ha conseguido con pasividad y asertividad, y estoy tan agotada de que me digan que mi rabia es incompatible con mi objetivo, la justicia no es nada sin la rabia.
Siento rabia porque cada 6 horas se denuncia una violación en España. Porque llevamos casi 95 mujeres asesinadas por sus parejas o exparejas en lo que va de año. Porque prefieren buscar legalizar la puñetera "muerte digna" antes que dignificar la vida de las personas discapacitadas. Porque la puñetera ley de accesibilidad no se cumple, y aunque se cumpliera, es una ley excasa que sólo prevé una parte minúscula de la accesibilidad que es necesaria a día de hoy. Estoy cansada, cabreada y harta de que se acose a mis compañeras trans y racializadas con excusas de un supuesto "feminismo radical" que no tiene nada ni de Feminismo ni de radical. Peleo cada día contra la idea de rendirme, de dejar de luchar por lo que me parece justo, porque sé que si me rindo me voy a arrepentir muy pronto de haberlo hecho. Pero no me digas que no me enfade, que cuide mis formas, no me digas que sea amable o que no vale la pena. Porque estoy harta.

Toda la vida peleando para que nos dejen ser nosotras mismas, para dejar de estar atadas a unos roles de género asesinos que nos reducen a una puñetera caricatura. Celia Amoros no habló de cómo se nos niega la maldad a las mujeres, para que ahora me vengas con que cuide mis formas que así no consigo nada. Sí, con ira, con rabia y peleando es como se consigue todo en este jodido mundo. Y yo llevo peleando 22 años por todo lo que tengo hasta el día de hoy, y sigo peleando por todo lo que quiero conseguir para el día de mañana.

jueves, 14 de noviembre de 2019

Harta

Llevo unos días malos, otros más a la lista, en los que me encuentro mal. Porque me duele todo, porque estoy cansada y porque la echo de menos. La verdad es que es un todo. Es el no saber y a la vez creer saberlo todo, pero siempre desde el lado más negativo y oscuro de un futuro que aún no existe. Me duele todo y siento que solo le importa a él, como siempre, que es él quien me apoya y me cuida siempre. Pero a la vez sé que no es justo pensar eso, que hay mucha gente que me quiere y que me ayuda, pero la depresión y esa puñetera vocecilla no ayudan. Y me miro en los espejos y me siento horrible, y me culpo, y me destrozo al mismo tiempo. Y caigo, siempre acabo cayendo, y me hundo en la oscuridad de mi mente mientras esas vocecilla me grita que no valgo para nada. Una vocecilla que a menudo me resulta familiar, una vocecilla que he oído mil veces y no solo en mi cabeza. Y siento rabia de que él aún se esconda en los recovecos de mi mente y me siga haciendo daño, de una forma que ni siquiera él controla. Pero todo lo que me hizo dejó mella para siempre, no tiene cura y por eso tampoco tiene perdón. Mil veces he pensado en olvidarlo, en seguir adelante, y simplemente ignorar que eso pasó y que no me importe con tal de que me dejéis verla. Pero entonces me haces daño otra vez conscientemente, a menudo utilizándola para atravesarme el alma y dejarme más cicatrices que sangran. Pero ya no soy la misma niña, no. Esa niña creció y, aunque siente dolor y la echa de menos, también sabe que ella lo vale todo. Por mucho que la vocecilla le diga lo contrario. Por mucho que tú le digas lo contrario. Esa niña creció, se pintó la cara de violeta, y ahora es otra persona, ya no tiene miedo.
Y eso no implica que no puedas hacerme daño, es el problema del maltrato, que siempre está ahí. Claro que dueles y claro que me haces daño, pero ya no me enfrento igual a ese dolor. Ahora lo acepto, soy consciente de que no puedo controlarlo, y voy creciendo. Anclo mis raíces a la tierra y voy tejiendo mi futuro, despacio, sin pausa pero sin miedo. Pensando que en unos años no te quedará nada que hacer para que yo la vea, pensando en que aunque ella me odie por tu culpa, tendré la oportunidad de hablar con ella de igual a igual y sin que tú te metas. Pensando que todo el dolor que siento no vale de nada más que para seguir resistiendo y pensando en ella. No tengo que salvar a nadie, ese no es mi papel, mi papel es estar ahí cuando me necesite. Para eso soy su hermana. Y pelear porque le hagas el mínimo daño posible, que no acabe con las mismas cicatrices que rasgan mi alma.
Siempre que pienso en ti, lo hago porque me viene a la mente alguna de las mil cosas horribles que me has dicho o hecho, siempre que ocupas mi mente es porque me has herido, pero ella no. De ella me acuerdo cada día, pienso en ella cada día, me pregunto qué tal estará y tengo tentación de hablarla, pero me da miedo ser pesada (siempre ese miedo absurdo) y al final me quedo callada pensando en si estará bien. Pero sé que lo está, porque aunque tú sigas siendo el mismo, ella no es como yo, y además ella me tiene a mí y lo sabe. Espero.
Duele, la verdad, duele. Duele saber tanto y no poder decirlo en voz alta sin poner en riesgo muchas cosas, duele estar cansada constantemente, duele tener que hacer mil cosas solo para no pensar. Duele, pero duele el cuerpo y la mente.

sábado, 2 de noviembre de 2019

No te puto pilles.

Me despierto y te echo de menos. 
Y es curioso porque nunca
he despertado enredada en tu pelo.
Estoy todo el día pensando en alargar
la conversación contigo,
En cómo sacar algo de lo que hablar.
Es posible que me haya pillado
entre tanto mensaje de no te puto pilles,
mientras mi cabeza lo repite
porque no creo que tú quieras lo mismo
no creo que quieras estar conmigo. 
Y otra vez la vocecilla aprovecha para
decirme que no soy suficiente para nadie
que él solo se conforma porque tiene miedo.
Pero en ese momento dices algo
que me dice que tal vez sí quieras lo mismo
y al mismo tiempo la vocecilla vuelve
susurrando: "no te autoengañes, no es para ti."
¿Qué quieres, si es que has llegado como
llega todo lo bueno, sin avisar y dando miedo?
Seguiré compartiendo mi tiempo contigo
mientras sigo descubriendo tu mundo
sin pretender que nada entre nosotras cambie
y al mismo tiempo manteniéndome espectante.

sábado, 7 de septiembre de 2019

Me duele.

Y me duele. No sé,
simplemente duele.
Es esa puñetera sensación de siempre
apuntalando mi espalda doliente.
Pero también son esos pensamientos
horribles, pensamientos de que no soy
suficiente.
Que afectan directamente en mi cuerpo,
me desgastan las cucharas,
y me hacen perder el tiempo.

No estoy bien, es una realidad.
Cada vez me duele más, más me hundo.
Pero cada vez intento salir,
porque no me quiero volver a hundir.
Y me apoyo en lo bueno, en tu sonrisa,
en sus ojos, en vuestro cariño
y en todo lo que he conseguido.

Pero a veces no es suficiente, a veces
simplemente me hundo, toco fondo,
y luego floto hasta la superficie
dejándome llevar.
A veces me quedo un poco allí,
en ese fondo oscuro de mi mar.
Y esos momentos son los peores,
porque ni siquiera me dejo llevar.

¿Cuándo dejarás de dolerme?
¿Cuándo dejaré de tener pesadillas?
¿Cuándo tendré una relación normal
conmigo misma,
sin odiarme? Me parece imposible.
Y al final, simplemente me quedo quieta.
Otra vez quieta, esperando mi tempestad.
Otra vez quieta, esperando a que vuelva a flotar.

domingo, 1 de septiembre de 2019

Proserpina de Bernini.

Salgo de la ducha empapada, me enfundo en mi albornoz y entro en la habitación. Allí estás tú, con tu melena medio blanca despeinada, tumbada mirando por la ventana, mientras la luz anaranjada del atardecer empaña tu piel color porcelana cara. Eres como una de esas esculturas de venus tapadas solo con una fina sabana, como una dulce Proserpina esculpida de las manos de Bernini con tu mármol duro y a la vez turgente a los ojos. Todo tu cuerpo en una expresión de paz absoluta mientras observas el paisaje.
De repente dejo de embobarme mirándote y me doy cuenta de que me observas, con esa sonrisa pícara desde la cama. Me gustaría que el metro y medio de habitación desapareciera pero me encamino a la cama sin prisa, dejando que me mires caminar, como si hace dos segundos no te hubiera comido con los ojos. Me siento de espaldas a ti en mi lado de la cama y comienzo a secarme con el albornoz, noto aún tu mirada felina clavada en mí. Y siento como te mueves hacia mi.
De pronto me rodeas por la espalda y me besas el cuello. Esos labios... Madre mía que pecado esconden esos labios y que no daría por rozar los de nuevo, y lo sabes, por mucho que me haga la dura sabes que me muero por morderlos. Me inclino hacia atrás sobre la cama y me besas, y te beso, y te sientas a horcajadas sobre mi cadera, mientras nos fundimos en nuestros labios sin que haya nada más que importe. Ni la habitación, ni el atardecer, ni la noche que nos encontrará en la cama sin ninguna luz mientras me devoras y te devoro.
De pronto no queda ropa, no sé en qué momento te has quitado la fina braga que era tu única cobertura, aunque no la viera antes con la sabana. Y yo ya no tengo nada, ni prisa ni freno, ni miedo, ni nada. Solo tengo un ardiente deseo que emana de mi bajo vientre y te encuentra, te tumbo sobre tu espalda en la cama, desciendo por todo tu cuerpo llenándolo de besos, lametones y mordiscos; hasta que llego a tu vulva. Húmeda, deseosa, salvaje y nativa al mismo tiempo. Ya la conozco, no mucho, pero lo suficiente y me enciende aún más, recorro con mi lengua cada pliegue despertando primero el deseo para luego acercarme a tu clitoris y lamerlo primero suave y luego más rápido, hasta que noto como tu cuerpo se encorba de placer y agarras la sabana y mi pelo. Mientras gimes y gritas y te proclamas diosa en mi boca.