He hecho un pequeño cambio en el blog, ya era hora de una pequeña renovación. (Las obras siguen igual y pretendo seguir mucho tiempo más escribiendo)
Vistas de página en total
martes, 7 de septiembre de 2021
La Monstrua de todos mis traumas
lunes, 30 de agosto de 2021
Mi mente
domingo, 22 de agosto de 2021
Otra noche más.
jueves, 29 de julio de 2021
Serpientes, lunas y deseo
lunes, 29 de marzo de 2021
Cicatrices color malva
lunes, 15 de marzo de 2021
Depresión
viernes, 5 de marzo de 2021
Seguimos Aquí-8M
domingo, 7 de febrero de 2021
Reflexión
domingo, 17 de enero de 2021
1327
lunes, 4 de enero de 2021
H
lunes, 21 de septiembre de 2020
Sangre de cristal.
miércoles, 13 de mayo de 2020
La Pandemia.
miércoles, 29 de abril de 2020
...Y por fin llega el Alba.
domingo, 22 de marzo de 2020
Cuarentena.
miércoles, 15 de enero de 2020
Todos los colores del dolor.
viernes, 29 de noviembre de 2019
Te Jodes
Últimamente suelo caer en reprimir mis ansias de cabrearme, de decir las cosas como las siento y como quiero expresarlas, simplemente porque necesito que más gente nos lea. Pero cuando todo mi trabajo es ignorado, cuando el esfuerzo que hago no sirve de absolutamente nada, solo puedo pensar en que he ignorado mi rabia para nada.
Cuando se trata de movimientos sociales, en los que pones la cara para enseñar a la gente a puñetero respetarte, te toca tragar mucha mierda, muchísima, y lo peor de todo es que esperan que la tragues con una sonrisa en los labios. Y estoy hasta los cojones de hacerlo. No tengo que ser amabale, no tengo que soportar que me trates como la mierda, no tengo que aguantar tu paternalismo y que te creas que sabes más que yo solo porque soy joven. No tengo que soportar te mientras tú no te molestas ni siquiera en leer lo que te enlazo o te enseño. Estoy harta de que se me menosprecie, de que se ignore mi trabajo, y que luego nos digan que enfadandonos no vamos a lograr nada.
Perdóneme que me cabree, es que nos están asesinando.
Nos están asesinando bajo el silencio cómplice y bajo la idea absurda de que no podemos cabrearnos, de que la rabia no es el puñetero camino. Creo que el puñetero esclavismo no se consiguió abolir con "por favor" y "gracias". Muchas personas murieron en el camino hasta que se avanzó. Igual en todas las revoluciones sociales, ningún avance se ha conseguido con pasividad y asertividad, y estoy tan agotada de que me digan que mi rabia es incompatible con mi objetivo, la justicia no es nada sin la rabia.
Siento rabia porque cada 6 horas se denuncia una violación en España. Porque llevamos casi 95 mujeres asesinadas por sus parejas o exparejas en lo que va de año. Porque prefieren buscar legalizar la puñetera "muerte digna" antes que dignificar la vida de las personas discapacitadas. Porque la puñetera ley de accesibilidad no se cumple, y aunque se cumpliera, es una ley excasa que sólo prevé una parte minúscula de la accesibilidad que es necesaria a día de hoy. Estoy cansada, cabreada y harta de que se acose a mis compañeras trans y racializadas con excusas de un supuesto "feminismo radical" que no tiene nada ni de Feminismo ni de radical. Peleo cada día contra la idea de rendirme, de dejar de luchar por lo que me parece justo, porque sé que si me rindo me voy a arrepentir muy pronto de haberlo hecho. Pero no me digas que no me enfade, que cuide mis formas, no me digas que sea amable o que no vale la pena. Porque estoy harta.
Toda la vida peleando para que nos dejen ser nosotras mismas, para dejar de estar atadas a unos roles de género asesinos que nos reducen a una puñetera caricatura. Celia Amoros no habló de cómo se nos niega la maldad a las mujeres, para que ahora me vengas con que cuide mis formas que así no consigo nada. Sí, con ira, con rabia y peleando es como se consigue todo en este jodido mundo. Y yo llevo peleando 22 años por todo lo que tengo hasta el día de hoy, y sigo peleando por todo lo que quiero conseguir para el día de mañana.
jueves, 14 de noviembre de 2019
Harta
sábado, 2 de noviembre de 2019
No te puto pilles.
sábado, 7 de septiembre de 2019
Me duele.
Y me duele. No sé,
simplemente duele.
Es esa puñetera sensación de siempre
apuntalando mi espalda doliente.
Pero también son esos pensamientos
horribles, pensamientos de que no soy
suficiente.
Que afectan directamente en mi cuerpo,
me desgastan las cucharas,
y me hacen perder el tiempo.
No estoy bien, es una realidad.
Cada vez me duele más, más me hundo.
Pero cada vez intento salir,
porque no me quiero volver a hundir.
Y me apoyo en lo bueno, en tu sonrisa,
en sus ojos, en vuestro cariño
y en todo lo que he conseguido.
Pero a veces no es suficiente, a veces
simplemente me hundo, toco fondo,
y luego floto hasta la superficie
dejándome llevar.
A veces me quedo un poco allí,
en ese fondo oscuro de mi mar.
Y esos momentos son los peores,
porque ni siquiera me dejo llevar.
¿Cuándo dejarás de dolerme?
¿Cuándo dejaré de tener pesadillas?
¿Cuándo tendré una relación normal
conmigo misma,
sin odiarme? Me parece imposible.
Y al final, simplemente me quedo quieta.
Otra vez quieta, esperando mi tempestad.
Otra vez quieta, esperando a que vuelva a flotar.
domingo, 1 de septiembre de 2019
Proserpina de Bernini.
Salgo de la ducha empapada, me enfundo en mi albornoz y entro en la habitación. Allí estás tú, con tu melena medio blanca despeinada, tumbada mirando por la ventana, mientras la luz anaranjada del atardecer empaña tu piel color porcelana cara. Eres como una de esas esculturas de venus tapadas solo con una fina sabana, como una dulce Proserpina esculpida de las manos de Bernini con tu mármol duro y a la vez turgente a los ojos. Todo tu cuerpo en una expresión de paz absoluta mientras observas el paisaje.
De repente dejo de embobarme mirándote y me doy cuenta de que me observas, con esa sonrisa pícara desde la cama. Me gustaría que el metro y medio de habitación desapareciera pero me encamino a la cama sin prisa, dejando que me mires caminar, como si hace dos segundos no te hubiera comido con los ojos. Me siento de espaldas a ti en mi lado de la cama y comienzo a secarme con el albornoz, noto aún tu mirada felina clavada en mí. Y siento como te mueves hacia mi.
De pronto me rodeas por la espalda y me besas el cuello. Esos labios... Madre mía que pecado esconden esos labios y que no daría por rozar los de nuevo, y lo sabes, por mucho que me haga la dura sabes que me muero por morderlos. Me inclino hacia atrás sobre la cama y me besas, y te beso, y te sientas a horcajadas sobre mi cadera, mientras nos fundimos en nuestros labios sin que haya nada más que importe. Ni la habitación, ni el atardecer, ni la noche que nos encontrará en la cama sin ninguna luz mientras me devoras y te devoro.
De pronto no queda ropa, no sé en qué momento te has quitado la fina braga que era tu única cobertura, aunque no la viera antes con la sabana. Y yo ya no tengo nada, ni prisa ni freno, ni miedo, ni nada. Solo tengo un ardiente deseo que emana de mi bajo vientre y te encuentra, te tumbo sobre tu espalda en la cama, desciendo por todo tu cuerpo llenándolo de besos, lametones y mordiscos; hasta que llego a tu vulva. Húmeda, deseosa, salvaje y nativa al mismo tiempo. Ya la conozco, no mucho, pero lo suficiente y me enciende aún más, recorro con mi lengua cada pliegue despertando primero el deseo para luego acercarme a tu clitoris y lamerlo primero suave y luego más rápido, hasta que noto como tu cuerpo se encorba de placer y agarras la sabana y mi pelo. Mientras gimes y gritas y te proclamas diosa en mi boca.