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sábado, 7 de septiembre de 2019

Me duele.

Y me duele. No sé,
simplemente duele.
Es esa puñetera sensación de siempre
apuntalando mi espalda doliente.
Pero también son esos pensamientos
horribles, pensamientos de que no soy
suficiente.
Que afectan directamente en mi cuerpo,
me desgastan las cucharas,
y me hacen perder el tiempo.

No estoy bien, es una realidad.
Cada vez me duele más, más me hundo.
Pero cada vez intento salir,
porque no me quiero volver a hundir.
Y me apoyo en lo bueno, en tu sonrisa,
en sus ojos, en vuestro cariño
y en todo lo que he conseguido.

Pero a veces no es suficiente, a veces
simplemente me hundo, toco fondo,
y luego floto hasta la superficie
dejándome llevar.
A veces me quedo un poco allí,
en ese fondo oscuro de mi mar.
Y esos momentos son los peores,
porque ni siquiera me dejo llevar.

¿Cuándo dejarás de dolerme?
¿Cuándo dejaré de tener pesadillas?
¿Cuándo tendré una relación normal
conmigo misma,
sin odiarme? Me parece imposible.
Y al final, simplemente me quedo quieta.
Otra vez quieta, esperando mi tempestad.
Otra vez quieta, esperando a que vuelva a flotar.

domingo, 1 de septiembre de 2019

Proserpina de Bernini.

Salgo de la ducha empapada, me enfundo en mi albornoz y entro en la habitación. Allí estás tú, con tu melena medio blanca despeinada, tumbada mirando por la ventana, mientras la luz anaranjada del atardecer empaña tu piel color porcelana cara. Eres como una de esas esculturas de venus tapadas solo con una fina sabana, como una dulce Proserpina esculpida de las manos de Bernini con tu mármol duro y a la vez turgente a los ojos. Todo tu cuerpo en una expresión de paz absoluta mientras observas el paisaje.
De repente dejo de embobarme mirándote y me doy cuenta de que me observas, con esa sonrisa pícara desde la cama. Me gustaría que el metro y medio de habitación desapareciera pero me encamino a la cama sin prisa, dejando que me mires caminar, como si hace dos segundos no te hubiera comido con los ojos. Me siento de espaldas a ti en mi lado de la cama y comienzo a secarme con el albornoz, noto aún tu mirada felina clavada en mí. Y siento como te mueves hacia mi.
De pronto me rodeas por la espalda y me besas el cuello. Esos labios... Madre mía que pecado esconden esos labios y que no daría por rozar los de nuevo, y lo sabes, por mucho que me haga la dura sabes que me muero por morderlos. Me inclino hacia atrás sobre la cama y me besas, y te beso, y te sientas a horcajadas sobre mi cadera, mientras nos fundimos en nuestros labios sin que haya nada más que importe. Ni la habitación, ni el atardecer, ni la noche que nos encontrará en la cama sin ninguna luz mientras me devoras y te devoro.
De pronto no queda ropa, no sé en qué momento te has quitado la fina braga que era tu única cobertura, aunque no la viera antes con la sabana. Y yo ya no tengo nada, ni prisa ni freno, ni miedo, ni nada. Solo tengo un ardiente deseo que emana de mi bajo vientre y te encuentra, te tumbo sobre tu espalda en la cama, desciendo por todo tu cuerpo llenándolo de besos, lametones y mordiscos; hasta que llego a tu vulva. Húmeda, deseosa, salvaje y nativa al mismo tiempo. Ya la conozco, no mucho, pero lo suficiente y me enciende aún más, recorro con mi lengua cada pliegue despertando primero el deseo para luego acercarme a tu clitoris y lamerlo primero suave y luego más rápido, hasta que noto como tu cuerpo se encorba de placer y agarras la sabana y mi pelo. Mientras gimes y gritas y te proclamas diosa en mi boca.

Nuria

Otra vez tengo el corazón a mil.
Te miro a los ojos,
Y no sé qué hago aquí.
Me muero de ganas de lanzarme
De besarte cada cicatriz,
Me muero de ganas de comerte
Y de hacerte un poco más feliz.

Quizá no sirva de nada,
Quizá sea otra historia inacabada.
Quizá nos encontremos en la cama,
Y juntas nos volvamos calma.
Esa calma que no tenemos ninguna,
Que nos arrebataron desde la penumbra.
Esa calma que hace tanta falta y que
Se encuentra en ti, desnuda.

Y me pierdo en tus lunares,
En esas constelaciones interestelares,
De tu piel color porcelana y
De esa clara mirada.
No puedo evitar morirme de las ganas.
Y a la vez me da miedo cagarla.

Me da miedo apresurarme de nuevo,
Sentir mucho y que se quede todo en miedo.
Ser una gota más de lluvia que empañe
Tu cara, tu melena, tu casa asturiana.

¿Y qué me importa el miedo?
No puedo seguir parando,
No quiero quedarme quiera ahí en medio.
Quiero lanzarme a la aventura y...
Cagarla o que la disfrutemos juntas.

sábado, 11 de mayo de 2019

Pasado que no olvido.

A veces me pregunto qué habría pasado si las cosas hubieran sido diferentes, ya no sería lo mismo. Me pregunto qué habría pasado si hubiera permitido que lo que me parecía mal, simplemente pasara, y que no me importara porque era un amigo o qué habría pasado si simplemente hubiera seguido tragando y tragando hasta convertirlo en parte de mí.
Quizá muchas cosas seguirían igual, seguiría teniendo a mi lado a personas que llegué a considerar familia... Pero lo pienso, y no quiero eso. La lealtad que yo doy, el compromiso para con quienes quiero y quienes considero familia, va muchísimo más lejos de lo que esas personas me demostraron jamás. Y aunque hay cosas que echo de menos, personas que extraño, esas personas (tal y como yo las recuerdo, con nuestras vivencias y nuestros recuerdos) ya no existen. O al menos espero que no existan, porque ya ha pasado muchísimo tiempo, e igual que yo he madurado, espero lo mismo del resto. Y espero que esas personas a las que realmente quise, y aún a día de hoy aprecio, sean terriblemente felices y que sus vidas se hayan convertido en todo aquello que un día me dijeron que querían. Ojalá un día ver a esas personas y tomarme un café o algo, y que me cuenten todo lo felices que están siendo.
Yo la verdad es que lo soy, aunque echo de menos esa felicidad inocente que tenía, esas ganas irracionales de lanzarme a la vida sin paracaidas porque sabía que ahí estaban esas personas (o al menos eso creía). Y admito todos y cada uno de mis errores, todos ellos siempre están presentes, es lo que tiene tener ansiedad. Que repites una y otra vez conversaciones que pasaron hace mucho tiempo, que ya nadie recuerda. Nadie salvo yo, que sigo fustigandome con el qué habría pasado si las cosas las hubiera enfrentado de forma diferente. Pero, no sé, no he parado ni un momento de evolucionar. Aún lo sigo haciendo. Y las cosas en las que creo van cambiando, a mejor espero. Pero tengo muy claro que hay cosas que no cambio por nada del mundo: mi hermana, a la que pienso cada día y echo de menos; a mi madre, quien aunque me saque de quicio a veces siempre me protege y siempre me quiere; a Alex y sobretodo el hecho de acostarme cada día a su lado como una vez nos prometimos bajo la atenta mirada de tantas personas que ya no están. Y esa pequeña familia que tengo ahora, mis amigas, las de aquí y las que no he visto jamás en persona. Quiénes me enseñan cada día que la evolución es algo constante.
Y tal vez en unos años otra vez esas personas se vayan, tal vez salgan de mi vida, tal vez cambie de nuevo y las cosas cambien. Pero ahora mismo me gusta quien soy, con mi cabezoneria, con mi ego, con mi agresividad cuando algo no me parece justo. Con todo aquello que me echan en cara y que yo adoro, porque me da alas.
No voy a pedir perdón por defender todo aquello en lo que creo, por defender a quien quiero y por enfadarme cuando debo hacerlo. No merece la pena creer que algo podría haber sido diferente, pero muchas noches me las paso pensando justamente en eso, en como podría haber mantenido mi vida como estaba y es que pienso: no valía la pena, solo te querías morir. Si precisamente recuerdas a esas personas con cariño, es porque eran las únicas personas que te sacaban de esos pensamientos de cortarte las venas. Ahora nunca tengo esos pensamientos, ahora solo me da miedo morir, he pasado de un extremo al otro. No lo había pensado. Hacia tanto tiempo que no me dejaba llevar y escribía sin guía todo aquello que me desborda... Lo echaba de menos, y esto sí sana y sí es importante mantenerlo.

lunes, 10 de diciembre de 2018

Girl Bang

Tenía miedo.
El miedo atenazaba su alma cada vez que entraba en casa, oía su voz, la sentía en lo más ondo de sus cicatrices.
Ella tenía miedo, luchaba con ese demonio que se acostaba cada noche con su torturado cuerpo, que no aceptaba un no, que no aceptaba su mera rebeldía.
Y un dia ella se vistió de violeta, con esos ojos azules que podían cambiar el mundo. Decidió hacerlo. Cambió primero lo que tenía cerca, se deshizo de lo que dolía, no quería a nadie cerca que la quisiera un poquito menos de lo que ella se quería.
Cambió el mundo, simplemente con un no que siempre había estado en su cabeza, con una locura convertida en fiereza. Cambió el mundo y se dio cuenta de todas las que aún estaban muertas.
Cambió su vida y le dio una vuelta, luchando para que todas pudieran.
El monstruo de su armario había entrado fingiendo ser la rosa más bella, pero ella ya no le tenía miedo.
El monstruo iba a temerla a ella.

martes, 27 de noviembre de 2018

Aquelarre Feminista.

Me levanto cansada, como cada día, me duele todo, soy un amasijo de músculos agarrotados y frío. Estoy cansada. Me levanto, me preparo, como y me voy a trabajar. Así cada día. Así es la puñetera rutina agotadora y caníbal. Solo quiero huir lejos, que no haga falta que me muera de dolor cada día para tener algo que comer, que no sea necesario sufrir o ignorar las exigencias de mi cuerpo para tener una vida digna. Poder obedecer los reclamos de mi alma y de mi mente, que no haya dolor, que no haya miedo, que no tenga más que salir adelante con una sonrisa y toda mi fuerza.
No sé si conocéis la Teoría de las Cucharas, pero cada día a mí se me agotan antes de la hora de irme a la cama, cada día acabo tan cansada que no descanso durmiendo. Cada día no sueño porque mi cuerpo necesita un estado de absoluto sueño para poder regenerar mis fuerzas. Me noto cada vez más dolorida y me refuerzo en mi dolor, no dejo a mi cuerpo descansar porque no tengo tiempo. Recuerdo al conejo blanco con su reloj cada vez que pienso que no tengo tiempo, que no me queda tiempo, que solo me queda esperar y crecer como persona para poder llegar a descansar sin miedo algún día. Que la lucha se pare un momento, porque hemos conseguido avances reales. Que yo pueda sentarme a un lado del camino y ver como mis compañeras luchan por mí de vez en cuando. Estoy en un punto de mi vida donde quiero avanzar, quiero conseguir cosas, quiero luchar y ser libre y quiero que todas mis compañeras lo hagan conmigo. Pero contando con mis problemas y los de ellas, que sea una lucha de autocuidados, que no nos dejemos en el tintero a ninguna, que no nos olvidemos que sufrimos diferente pero la raíz es la misma.
Pero en pocas puedo confíar que vayan a luchar por mi discapacidad.
Pocas he conocido que reconozcan las problemáticas que sufrimos las mujeres discapacitadas, y muchas son las que nos tutelan como si nuestra voz no les importara, como si nuestro sufrimiento no valiera, como si fuéramos unas exageradas y no supiéramos lo que decimos. Hoy sé que tengo unas compañeras increíbles, lo sé porque estoy luchando cada día con ellas, porque son maravillosas y porque escuchan y pelean por mí cuando mi cuerpo no puede. Hoy tengo una red de apoyos que hace unos años no hubiera imaginado nunca tener, porque la verdad es que las guerras no se cubren a solas, las guerras se ganan en aquelarre.
Sé que mis compañeras no me leen por aquí, porque desconocen mi pasado cursi donde escribía cuentos románticos de lo más tóxicos, porque ese pasado, aunque me pertenezca, no es lo que quiero que sepan de mí.
Conocen de mí mi tenacidad, mi cabezonería, que no me paro ante nada ni nadie y que si tengo que decirte cuatro cosas te las digo. Que hace mucho tiempo que no tengo miedo y que las pastillas a veces hacen que se me olviden algunas cosas. Saben que lucho por ellas y por mí, que no me olvido de ninguna, que siempre escucho y que intento comprender. Conocen de mí lo útil, no lo que ya no existe. Y tal vez no sirva de nada que os explique todo esto, no lo hago por vosotras, lo hago por mí. Necesito recordarme que no estoy sola, porque a menudo se me olvida y trato de tirar por todo, agotando aún más rápido mis cucharas. Se me olvida que puedo apoyarme en el resto y desquitarme esta carga.
Por eso gracias, gracias a mis compañeras que cada día pelean porque no sea tan cabezona y las deje ayudarme, gracias por no dejarme agotarme, y conservar mis cucharas.

martes, 23 de octubre de 2018

Cambio.

A veces me acuesto con la extraña sensación de que estoy cambiando algo, que no está todo perdido, que el mundo es un poco más bonito. No entiendo del todo lo que estoy haciendo, no comprendo hasta que punto realmente estoy cambiando algo o si realmente lo estoy haciendo. Pero quiero seguir luchando.
Me leo por aquí, cuando aún era una niña, y me doy cuenta de lo muchísimo que he cambiado sin traicionar ni un solo momento en lo que creo y en lo que creeré siempre. Me gusta lo que soy, me quiero tal y como soy. Me he hecho fuerte con este blog, he crecido y he sacado todo el dolor que tenía dentro, todo el maltrato, toda la violencia, toda mi ira y todo mi sufrimiento. He sacado de mi todos los puñales que me han lanzado y he aprendido de ellos escribiendo estas letras. He demostrado a quienes querían hacerme daño que no me iba a callar aunque quisieran que lo hiciera, he peleado y he vencido. Y aún hoy sigo teniendo algo de miedo, pero son otros miedos distintos.
Miedo que ella no me dé la oportunidad de ser su hermana aunque esté lejos.
Miedo a que todo lo que he hecho para mi salud mental, no sea suficiente.
Miedo a que me traicione mi pasado y acabe recayendo en un pozo aún más hondo... Aunque siempre acabo saliendo.

Llevo muchísimos años escribiendo, empecé haciéndolo en papel, historias romanticonas y que ahora no escribiría ni harta de vino, historias que me gustaría poder borrar. Y ahora son las 10 de la mañana, me he levantado a preparar un millón de cosas de mi propia asociación de mujeres, en mi propia casa, con mi pareja y mi mejor amiga; y escribo esto con mi gata pequeña no dejándome leer la pantalla porque le llama la atención ver cómo aparecen las letras en ella. Y la otra gata tumbada en alguna parte del salón. Todo es diferente, las personas que comenzaron este camino, la mayoría, ya no están. Nuestros caminos se separaron hace muchísimo y solo deseo que sean felices. Pero las personas que me acompañan ahora, me han hecho ser quien soy, me han enseñado a caminar y me han apoyado cuando no podía más. Mis miles de cicatrices han sanado, o al menos eso espero, y me siento realmente fortalecida por la vida que he vivido. Y quizá aún me queden muchos sueños en el tintero, quizá aún no haya terminado de crecer, pero sé que no estoy sola y que nunca lo estuve aunque la oscuridad no me dejara ver quien me acompañaba.
Siempre estaré escribiendo, no os quepa la menor duda, nadie podrá callarme nunca. Ahora necesito escribir de lo que estoy aprendiendo para que otras aprendan, para que otras sepan que no están solas que yo sigo la lucha. Pero este siempre será mi oasis, donde destriparme y sangrar sobre estas letras, donde contaros (aunque no sé si me queda alguien por aquí) cómo estoy, cómo he crecido y que aún tengo ganas de saber qué me depara el futuro
Sé que muchas personas que antes me leían, no saben que cuando empecé esto, estaba completamente rota. Había pensando en acabar mi vida y estaba tan destrozada que era o escribir, o morir. Pero esto me cambió la vida. Me cambió a mejor, me hizo ver aquí una salida de todo lo que estaba pasando, una salida de todo el miedo. Empecé con apenas 15 años, acababa de sufrir una gran pérdida para mí, ya os he hablado de ella, la mujer que me demostró que no estaba rota, que amaba y que la amaba a ella. Esa pérdida fue una herida muy profunda que dolía cuando respiraba. Porque ella no solo era mi amiga, era mi apoyo y era quien me escuchaba cuando no podía seguir. Pero no me merecía: Porque yo valgo más que ese dolor.
Cuando pienso en ella, no siento ira, no estoy para nada enfadada. Siento curiosidad. Curiosidad de saber cómo le va la vida y si está bien, si ha cambiado tanto como yo y si la vida le ha regalado una evolución tan bonita como la mía. Me pregunto qué habría pasado si ella se hubiera quedado. ¿Seguiría siendo yo? Pero sé que el cambio ha sido necesario.

Hoy quiero dejaros estas letras, aunque no sé quien me sigue leyendo, para que encontréis aún en mí un refugio al que huir mientras estáis aprendiendo.

lunes, 22 de octubre de 2018

Mujer y Discapacidad

Hace un tiempo que he empezado a informarme sobre lo que implican mis discapacidades sobretodo a la hora de escribir el artículo de Violencia de Género y Discapacidad (sí, sigo escribiendo pero lo hago más de forma divulgativa y algo menos emocional, no me desgarro como hago aquí), aprendiendo lo que implica ser neurodivergente y ser también diversa funcional en una sociedad capitalista que nos relega socialmente.
Me he dado cuenta de muchísimas cosas que nunca me había planteado. Me he dado cuenta de que el feminismo, no lo veo igual que una mujer neurotípica y sana, porque a la vulnerabilidad de las personas discapacitadas se suma el machismo. Hablamos de que nuestra visión subjetiva del mundo se pone en duda constantemente, por el hecho de ser discapacitadas. Nuestras vivencias dejan de valer lo mismo porque "¿qué vas a saber, si estás loca?", nos hacen luz de gas y lo peor es que nos la hacen sobre una base verídica. Nos la hacen con toda la aprobación social, ya que realmente lo estamos.
Debemos de conseguir alzar la voz por encima de quienes nos silencian, debemos pelear por ser escuchadas en nuestros propios espacios y crear espacios sanos para nosotras al mismo tiempo. Porque un feminismo que no lucha por nosotras, es un feminismo inútil que no va a liberar a las mujeres que más lo necesitamos.

Sí, estamos locas, y sí, nos matan también.

El machismo nos afecta por igual que a cualquier compañera sana, pero a ese machismo hay que sumarle la impresión constante de que "exageramos". Cuando hablamos de nuestras vivencias, añaden un "eres una histérica/exagerada" y con eso nos desacreditan por completo. Nuestras vivencias ya no son válidas sólo porque estamos enfermas o nuestra mente funciona diferente.
Se nos cuestiona nuestra forma de actuar, nuestra forma de vivir, nuestra forma de explicar lo que nos ocurre, se nos cuestiona todo. No sólo por ser mujeres (que de base ya se nos va a cuestionar), también por tener papeles médicos que dicen que no estamos sanas.
Una violación a una persona neurodivergente no se va a ver igual de real que a alguien neurotípica, porque se la va a tachar de loca. (Y mira que a una mujer neurotípica ya le cuesta que la tomen en serio y la crean)
Una diversa funcional, a la que su marido maltrata y hace sentir una mierda por su diversidad, tiene que lidiar con no ser capaz de salir del maltrato sola, porque es que "¿Qué hago así? Soy una inútil, nadie me va a querer." E incluso, ese marido va a recibir cierta indulgencia social, porque "¿Qué va a hacer si ella no sabe valerse por sí misma? a veces explota"
El maltrato pasa a ser algo típico en nuestras vidas, pasa a ser una moneda de cambio para tenernos atadas, mientras la sociedad sigue aprovechándose de nosotras.
Mientras ese marido que nos maltrata, decide sobre nuestras vidas. Incluyendo cuando quiere terminar con ellas.
El 13% de las mujeres asesinadas por violencia de Género en España, tenían al menos una discapacidad reconocida, porcentaje presumiblemente más elevado si se tiene en cuenta que muchas mujeres no cuentan con dicho reconocimiento oficial. Sin embargo, las organizaciones dedicadas a la prevención de este tipo de agresiones aseguran que estas mujeres están invisibilizadas en los programas nacionales y regionales de sensibilización. No se nos escucha y tampoco se nos tiene en cuenta, ni siquiera en los espacios que deberían ser nuestros.
El Instituto de Ciencias Políticas y Sociales (ICPS) de la Universidad Autónoma de Barcelona inició un estudio sobre género y discapacidad, después de que una unidad de los Mossos d’Esquadra les alertara de que, generalmente, este sector poblacional no llega nunca a denunciar.
A fecha 31 de octubre de 2016, los datos oficiales muestran que el 65% de las personas solicitantes de atención eran mujeres, en su mayoría con más de 65 años. En cuanto a las prestaciones reconocidas a las personas beneficiarias (856.452 en total), la prestación económica vinculada a la asistencia personal es anecdótica, ya que solamente supone el 0,51% del total, al igual que sucede con las prestaciones relacionadas con la prevención de la dependencia y promoción de la autonomía personal, que se quedan en el 3,54%.
En muchos casos las mujeres con discapacidad intelectual desconocen que la situación vivida de violencia es un delito denunciable; en segundo lugar, a pesar de reconocer la gravedad de los hechos, ignoran los medios y fórmulas para ejercer su derecho a denunciar; y en tercer lugar, cuando se llega a formular una denuncia, a menudo se les atribuye a priori una falta de credibilidad totalmente injusta; apuntan las investigadoras del ICPS.
No se nos cree por considerar que estamos locas o que somos tontas.
La lacra de la Violencia de Género en todas sus formas, es algo que debe ser atajado horizontalmente desde el feminismo, hay que luchar por todas las mujeres, no solo por unas pocas que tienen la opción de ser escuchadas. Nuestro feminismo como discapacitadas no ocupa ningún espacio en la esfera social, no ocupa ningún lugar si no somos nosotras mismas quienes creamos esos espacios.

Conclusión

La Ley Medidas de Protección Integral contra la Violencia de Género aprobada en 2004 asumía que todos los recursos facilitados por las instituciones públicas debían ser accesibles para todas las mujeres. Sin embargo, no se está cumpliendo la normativa, ya que no existe coherencia entre el derecho vigente y la experiencia diaria de las mujeres discapacitadas. Y la problemática no es única de España, no existe ley vigente en Europa tampoco que supla esta lacra y nos proteja.
Así mismo, las instituciones y nosotras desde Rebelión Feminista, vemos necesario que se lleve a cabo una formación en materia de Violencia de Género y Discapacidad a la par que dar una visibilización a través de las estadísticas y de los programas de concienciación contra la violencia. Es necesario que se nos nombre, porque cuando algo no se nombra, no existe.
Además de todo esto es necesario que se nos incluya en el discurso feminista, que se nos oiga porque ya tenemos nuestra propia voz para hablar de lo que nos está asesinando. Es necesario que hablemos del machismo institucional al que nos enfrentamos nosotras, es necesario que hablemos del machismo que sufrimos en los hospitales y centros de salud, es necesario que hablemos del paternalismo que sufrimos en nuestros hogares cuando hablamos de la violencia que sufrimos. Es necesario que se traten las problemáticas machistas en todos los ejes de opresión.

miércoles, 25 de abril de 2018

Dolor.

Hoy escribo, por primera vez aquí, sobre el dolor físico.
Hoy escribo, con el insomnio velando mi cama,
Por una vez no por culpa de mi atormentada alma.
Pero sí por un fantasma que me consume,
me devora y me destruye.
Hoy escribo sobre el miedo del dolor, del dolor del miedo, de la oscuridad.
Hoy escribo con mi cabeza llena de drogas para intentar no sentirlo.
Hoy escribo atropelladamente unos versos sin sentido.
Y me duele. Sólo noto eso, dolor en toda mi espalda y mi pierna. Dolor.
Sólo noto el frío del nervio quejándose y el calor del músculo inyectandole sangre.
Sólo noto mis impulsos nerviosos chocando contra la pared que los destruye y duele.
Quiero dormir y sé que caeré dormida de agotamiento cuando el dolor mitigue.
Pero mientras escribo estos versos en un intento de apaciguarme.
Y me sorprende nunca haber escrito sobre este dolor tan común aquí.
Tal vez lo tengo tan normalizado, que no me parecía relevante.
Tal vez me daba miedo hablar, que alguien pudiera juzgarme.
Estoy peleandome cada día con mis dolores,
Pero hay personas a las que no les parece suficiente.
Hay personas que juzgan mis dolores sin haber notado nunca algo parecido.
Hay personas juzgando mi vida; como si fueran la protagonista.

miércoles, 14 de febrero de 2018

San Valentín

Te miro a los ojos,
y sé que no eres mía.
Que la libertad nos hace dos,
pero eres con quien quiero pasar mi vida.
Acaricio tu espalda,
beso tus cicatrices marcadas.
La lluvia choca contra el cristal,
y tú me miras, callada,
¿Por qué callas?
Me gusta más cuando gritas,
cuando desgarras
toda la realidad con tus palabras.
Me gusta cuando no sabes
Que decirme, y me besas.
Me gusta cuando la nieve
cubre la calle y me la lanzas.
Cuando tus ojos se llenan de lágrimas
viendo alguna serie o película,
porque tus sentimientos
te hacen humana.
Cuando te duermes, y yo
me quedo mirándote en silencio.
Cuando la distancia se vuelve
inexistente entre nuestros cuerpos.
Porque no necesito ser tu media naranja,
Tú ya eres una fruta entera,
y me encanta saborear tu jugo en mi boca,
conocer tus miedos y volverte loca.

jueves, 4 de enero de 2018

Invierno.

Me va el corazón a mil,
a pesar de que aún estoy
demasiado lejos de ti.
No me quiero ni imaginar,
lo que será verte,
poderte abrazar.
Me muero de ganas,
la verdad es que no sé qué pensar.
Llegaste a mi vida,
como llega todo lo bueno,
sin avisar, simplemente abriendote paso.
Como el frío del invierno,
como el viento gélido que eriza mi piel,
llegaste a mi vida, erizandola también.
Llegaste y ya no veo primavera.
Llegaste y te convertirse en ella.

martes, 10 de octubre de 2017

Texto Sin Nombre

Hoy vengo a rescrebajarme como otras tantas veces ya he hecho, vengo a dejar escrito mis fuerzas y mis debilidades, vengo a esculpir en cada letra mi realidad y que la disfrutes. Porque al fin y al cabo, escribir es la forma más hermosa de mostrar. Tal vez no lo entiendas, quizá sólo me entienda yo, pero pensar en esculpirte en cada frase, pensar en relatar tus trazos más suaves en los versos más candentes, soñar con acariciarte en un soneto... Se me hace erótico a la par que hermoso. Se me hace un misterio para mi alma y para mí. Llevo un tiempo queriendo escribir algo de lo que solía escribir antes, alguna historia bonita de las que suelen emocionar, pero no me salen otras palabras que no sean tú y tu sonrisas. No me salen otras palabras que la felicidad de estar cumpliendo un sueño, de la realidad de que tú estés en él. Tal vez no lo entiendas, tampoco es algo que sea capaz de entender yo del todo, pero soñarte despierta se hace más llevadero cuando sé que te tengo si cierro los ojos.

lunes, 2 de octubre de 2017

Raquel.

No puedo dormir, otra noche en vela soñandote despierta. Sí, a ti, pequeña Cenicienta de cabellos marrones y ojos color tigre. Sí, te sueño despierta mientras pienso en lo que es rozar mis labios con los tuyos, lo que es tenerte entre mis brazos, lo que es oír tu voz en mi oído. Te sueño y pienso en todo lo que me queda contigo. Porque aún queda mucho viaje, aún queda mucho por delante, quizá esto no vea la luz en unos cuantos días, porque no quiero apresurarme. Porque tus sonrojadas mejillas, me emocionan y me avivan. No quiero apresurarme porque me da miedo vivir la vida, porque ésta me ha dado la oportunidad de tenerte y no quiero desaprovechar con carreras absurdas, voy a tomarme el tiempo necesario de descubrir tus piezas y encajarlas. Voy a tomarme el tiempo necesario de descubrir tus inquetudes y tus pasiones. Voy a tomarme el tiempo necesario de desnudarte cuando sea preciso y ayudarte a vestirte cuando así me lo pidas. Voy a tomarme el tiempo necesario de que sean tus labios los que me cuenten que me han encontrado. Voy a soñarte despierta cada rato, como hago con la vida que he planeado junto a él y ya he hecho cierta. Voy a comerte a besos cada verso que salga de tu boca y voy a recitarte en mi piel lo que me toca. Voy a rozar con mis dedos tu espalda, y voy a cubrirte de besos, de poemas y de palabras.

sábado, 30 de septiembre de 2017

Bi-sibilidad

Te dicen que no vales
Que estás rota.
Te dicen que estás confusa,
Que se te nota.
Te dicen que cómo va a ser,
si hace nada estabas con aquel.
Te dicen que si te va más une,
No te puede atraer le otre.
Que nada de lo que siento,
Puede suceder.
¿Y qué quieren si mi amor,
No entiende de género,
No entiende de versos,
Sólo entiende de amor?
Si las sonrisas se encuentran,
Sean de una o de otro.
Si los labios que acaricio,
No me importa su nombre.
Si las noches entre sábanas
Me saben a poco si me atan
Si me reducen a una norma,
Que está mal; que no es verdad,
Una norma que nos mata.
Una norma que
Hay que eliminar.

jueves, 14 de septiembre de 2017

Miedo a la Oscuridad.

Otra noche a oscuras, con miedo a la oscuridad.
Aunque SÍ es cierto que hoy es un poco diferente, menos lúgubre, ÉL está a mi lado. Va a hacer un mes que pasamos bajo el mismo techo, entre las mismas sábanas, compartiendo el calor de nuestros cuerpos. Y sin embargo hoy tengo miedo.
Y no es por él, está dormido, roncando plácidamente a mi lado.
Simplemente tengo miedo de la inutilidad de mi cuerpo, de mis movimientos torpes al andar, del dolor que me apuntala desde  la nuca a la planta del pie.
Tengo miedo de mi enfermedad, que me devora de nuevo, como un huracán que arranca cada brizna de hierba de cuajo, como el vendaval que se lleva volando las casas, sin ni siquiera esfuerzo. Tengo miedo de mi cuerpo; de mí misma, y ese es sin duda el peor miedo de todos los que existen.
Estar en silencio en la noche, a oscuras como ya dije, intentando contener las lágrimas de mi miedo para no despertarle. Intentando calmar mi mente aterrorizada que intenta devorarme, arrebatarme la piel a tiras y dejarme indefensa ante lo que temo.
Mañana, esa es mi meta hoy, llegar mañana al hospital y ser capaz de hablar sin que se me atraganten las palabras, hablar sin que el miedo atenace mi alma. Hablar sin romper a llorar después de aguantar los calambres que me inmovilizan la pierna y la espalda.
Y después de ser capaz de explicar lo que me duele, obtener una respuesta. Algo que también me da miedo, que quien me atienda no tenga respuestas a lo que me pasa, a esto que me duele, que vuelvan a dejarme indefensa de nuevo sin ninguna opción de saber algo más en claro. Y lamentablemente esta es la opción más probable, que quien me atienda no sepa que decirme, que no sepa cómo tratarme, que me diga que me tome lo que yo crea conveniente y libere urgencias de un paciente. Que vuelvan a invisibilizar el dolor que siento, porque total, ¿Qué importo si no tengo dinero? ¿Qué importo si tampoco puedo conseguirlo? ¿Qué importo si lo que tengo no lo entienden ni los médicos?
No sé si este texto verá la luz, si lo estás leyendo, en parte es un grito de auxilio. Una llamada de atención a la gente autosilenciada, alzaros y luchad por quienes no podemos, ayudadnos a mejorar el mundo que conocemos. Porque sin vosotros, nuestro mundo está perdido; porque nosotros no podemos luchar solos.

miércoles, 14 de junio de 2017

Luna.

Es gracioso, por una vez estoy en blanco.
Tú, piel de porcelana, has conseguido nublar mi mente con miles de hormonas que entrechocan con mis ideas, con miles de sentimientos confusos y tormentosos que no soy capaz de entrelazar en estas líneas. Que no soy capaz de expresar.
Llevo unos días queriendo escribirte esto, queriendo darte un pedacito de mis letras, un pedacito de mi alma, porque eso son mis textos para mi. Aquí estoy, borrando y escribiendo una y otra vez, sin saber cómo contarlo. Y no te voy a engañar, es la primera vez que me pasa esto. Joder, yo me expreso muy bien, siempre lo he hecho (aunque seguro que habrá muchos a los que no les guste que me lo diga a mí misma), pero me has dejado sin palabras. Has llegado a mi vida por sorpresa, como ha llegado siempre todo lo bueno, has llegado y la has puesto patas arriba. He descubierto cosas de mi, que no sabía, porque las han susurado tus labios. He aprendido que cada surco de mi piel, es mío, y eso sabemos ambas que lo hemos aprendido juntas, gracias a él. Hemos aprendido que cada curva es nuestra, que cada herida sangra, pero acaba curando. Hemos aprendido a vivir, a pesar de seguir improvisando.
Tengo miedo; como siempre que hago algo como esto, porque nunca sé si valdrá, si será suficiente, o si será demasiado. Pero es mío y lo dejo aquí, aunque no sirva de mucho, para que cuando me eches de menos, tengas un pedacito de mi alma en prosa esculpida en cada letra.

martes, 30 de mayo de 2017

Piel.

Realmente mi piel es parte de mi historia.
En ella llevo marcados los recuerdos de aquellas caricias, los besos rebuscados y las miradas.
Tiene marcado también las aventuras y los riesgos. Y sobretodo mis batallas, las que he ganado y las que he perdido también.
Mi piel es mi papel, sobre el que escribir las letras de este maravilloso cuento. Las letras que son cicatrices, que son arrugas, que son estrías o que son tatuajes hechos a conciencia para contar algo.
Mi historia la cuentan 5 cicatrices, dos tatuajes (de momento) y toda una lluvia eléctrica de estrías en mi tripa.
Aún soy joven, aún no tengo arrugas, no que marquen el paso del tiempo.
Entonces, si cuentan lo que soy, cómo soy, ¿por qué me juzgan sin pararse a mirarlas? ¿Por qué no leen en ellas lo que hay escrito, todas esas palabras? ¿Por qué juzgas mi dolor según lo que tú quieres entender y ves a simple vista? Mi historia se sigue escribiendo, sigue marcando cada surco de mi piel, y tú sigues juzgando aquello que no eres capaz de ver o entender.
¿Qué esperar de un hijo sano de esta enferma sociedad?

lunes, 29 de mayo de 2017

No Te Temo.

En la cama en silencio dibujo
con las entrañas mis miedos.
En las sábanas blancas, van quedando
arrebujados todos los sueños.

Me curo las cicatrices,
esas que no duelen,
esas que hace años me hiciste
sin importarte si dolias,
si hacías sangrar.
Sin importarte las horas
que llevaste a marchitar.
Sin importarte las lágrimas
que fui a derramar.

Y aquí estoy, otra noche,
acordándome del miedo.
Acordándome de ti,
y de como ahora te enfrento.
Porque lo siento (en verdad no),
ya no te temo; ahora soy libre.
Ahora soy yo.
No te tengo miedo, ya no.
Ahora soy valiente, ahora soy mejor.

martes, 23 de mayo de 2017

Lucha.

Te despiertas un día,
y tu techo ya no es blanco ceniza,
ahora manantiales lilas
recorren y manchan tus mejillas.

Un día te das cuenta,
de que no estás sola, que somos cientas.
Te das cuenta de la red que nos une
y que nos da libres riendas.

Una tarde cualquiera,
te sientas a un lado de la acera,
a observar como funciona esa enrejada línea.
Y descubres en ella grietas.

Un amanecer se viste,
con esos colores tristes
de aquellas que ya no sonríen,
de aquellas que ya no viven.

Y en el medio del miedo de tu alma,
encuentras también la calma,
encuentras valor y ganas.
Y luchas, por todas y cada una de tus hermanas.

viernes, 5 de mayo de 2017

Future.

Con las llagas de mi piel al aire,
con mi vida convertida en baile,
con tu sonrisa siempre aquidistante.
Contigo forjando una vida, nuestra.

Me levanto de la cama un día más,
con el miedo apuntalando mi alma
y tu mirada en lo más hondo de mi corazón.
Me levantó y suena nuestra canción.

Queda cada vez menos tiempo,
cada vez menos segundos,
para compartir nuestra vida juntos.
Para ser felices en nuestro mundo.