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viernes, 1 de mayo de 2026

Noche de tormenta eléctrica

Siento ira. Una poderosa rabia que brota
del fondo oscuro de mi reptil boca.
No puedo comprender la inhumanidad
de aquellos que deberían cuidar.
No me entra en la cabeza esta
maldita certeza constante de culpar
de todo a aquello que no saben, no ven,
no entienden y tampoco quieren entender.

Soy gorda, habito esta piel.
Tengo muy claro el desliz
qué, según tus normas trucadas,
alguna maldita vez cometí.
Pero al mismo tiempo no comprendo
donde queda ese intenso sentimiento
de querer cuidar y proteger la vida
de aquellas personas que también te cuidan.

Estoy muy harta de aguantar malas formas,
malas praxis, malas palabras, malas tornas;
que se vuelven fácilmente en mi contra.
Estoy cabreada de tener que poner una sonrisa,
porque lo contrario es que se me niegue si quiera la brisa.
Porque significa no tener piedad con esta chica,
asustada, herida, compungida, hecha trizas.

Y volverme a preguntar si quizá
no seré yo quién equivocada está.
Volver a dudar de mi cuerpo, de mi mente, de mí.
Volver a sentir que soy una farsante mientras me desangro delante de ti.
Mientras todo lo que soy, cae aquí.
Mientras lloro sin entender lo que ocurre así.
Mientras todo mi cuerpo me grita que huya al fin.

No voy a dar la satisfacción de ignorar lo que soy,
no voy a conceder el privilegio de la duda nunca más.
¿Queréis que me esconda, que no ocupe lugar?
Pienso destruir hasta los cimientos aquello que soléis amparar.

No voy a permitir que hagáis trizas este cuerpo,
esta mente, estos síntomas, estos sentimientos...
A mí. No sois dueños de mi cuerpo.
No sois dueños de mis sueños.
No sois dueños de mi universo.
No sois nadie que deba transigir.

Hoy me nombro dueña de mis tormentas,
dueña de las cadenas que me sujetan,
dueña de las tetas que me gusta lucir,
dueña de la tripa que aún me avergüenza.
Dueña y señora de quién soy y de quién fui.